Prólogo

La oscuridad llegó con el crujir de la madera.
Una puerta rota. Un grito ahogado.Y los pasos pesados de soldados atravesando nuestra casa dormida.
—¡De rodillas! —la voz retumbó en las paredes como un golpe seco.
Mis padres obedecieron. Mi hermana temblaba a mi lado, con los ojos llenos de lágrimas. Uno de ellos la señaló.
—A la pequeña. Es ella.
Otro soldado ya la sujetaba por el brazo.
—¡No! —grité.
Me lancé hacia ellos.
—¡Llévenme a mí! ¡Déjenla!
Fue instinto.Fue miedo.Fue amor.
Y funcionó.
Me subieron al hombro como si fuera un saco de carne inútil.Mi hermana gritaba mi nombre mientras me alejaban.Yo me giré, una última vez.
Entonces lo vi. El soldado levantó el arma con un destello, tan raro como mágico. Apuntó a mi hermana.
Un fuerte sonido me hizo cerrar mis ojos.
No hubo tiempo para gritar. Solo luz. Y después... una aguja en el cuello. El mundo apagándose. El silencio cayendo como un telón.
Una oscuridad se apoderó de mí.