JUNO | DANDADAN

Sinopsis

Adore me, Hold me and explore me…

Genero:
Romance
Autor/a:
Mar✨
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Inicio

“¿Qué es lo que tienes, chico? No lo sé... pero hay algo en ti que me atrae con fuerza, como si el destino mismo me empujara hacia ti. No puedo ni quiero alejarme. Quiero ser tuya para siempre... y que tú solo me pertenezcas a mí. Toma mi mano, y caminemos juntos, sin mirar atrás, por siempre.”










¿Qué es lo peor que le puede pasar a una adolescente hoy en día?

La respuesta es sencilla: romper con tu primer novio. .

Momo Ayase hundía la cara en su pupitre, los sollozos amortiguados por la manga de su suéter. A su alrededor, el ambiente en el aula era de todo menos solemne. Tres pares de ojos la miraban como si observaran un documental en vivo sobre el drama adolescente japonés.

—Te lo dije claramente: no te metieras con ese idiota —resopló Muko mientras, sin perder la compostura, se aplicaba brillantina en el párpado. Su estilo gyaru brillaba tanto como su gloss.

—Además, ¿qué tenía de bueno ese patán? —bufó ___ mientras se acomodaba el flequillo y rodaba los ojos con teatralidad.

—Se... se parecía mucho al actor Ken Takakura —murmuró Momo entre lágrimas, apenas alzando la voz.

Las tres amigas se quedaron en silencio por un instante. Luego Miko, que hasta ese momento había observado todo con cara de terapeuta cansada, suspiró hondo.

—Tú no aprendes, ¿verdad? —le dijo con resignación mientras se dejaba caer sobre el pupitre de al lado—. Eres un caso clínico, Ayase.

—¡Era guapo! ¡Y olía bien! —insistió Momo, levantando apenas la cabeza, su cara todavía un cuadro de tragedia adolescente.

—Sí, claro, también olía a estupidez —murmuró Muko sin despegarse del espejo de mano—. A la próxima, tráenos referencias y una carta de recomendación antes de salir con alguien.

___ asintió como si estuvieran en una reunión de negocios, y Miko simplemente le pasó un pañuelo a Momo con la experiencia de quien ha sobrevivido al menos tres rupturas y dos dramas por chat grupal.

Así empezaba otro lunes en la secundaria, donde los corazones se rompen, las amigas opinan sin filtro, y Momo Ayase... vuelve a jurar que esta vez sí aprenderá la lección.

Spoiler: no lo hará.

- ¡QUE TIENE QUE ME GUSTEN LOS HOMBRES FORMALES COMO KEN TAKAKURA! - se levantó de su asiento y dijo en voz alta mientras las otras tres chicas la miraban.

- Esos hombres ya se extinguieron - dijeron las otras tres en un tono de resignación.

Momo tan solo volvió a sentarse y recostarse sobre su pupitre mientras suspiraba, fijo su vista en ___ quién le hizo un gesto con la cabeza para que salieran del salón un poco. Ayase solo volvió a suspirar y se levantó y juntas salieron.

- Enseguida volvemos - dijo ___ en cuanto cruzaron la puerta.

Momo Ayase caminaba arrastrando los pies por el pasillo como un fantasma despechado, con la cabeza gacha y el alma más rota que su delineador después de llorar por tercera vez en una hora. A su lado, su mejor amiga, Kurasagi, caminaba tranquilamente bebiendo de un pequeño cartón de leche de fresa. Si a Momo se le acababa el amor, a ella no se le acababa la paciencia... pero estaba cerca.

—Jamás volveré a encontrar a un Ken Takakura en esta vida... —dramatizó Momo, arrastrando las palabras con más pesadez que sus zapatos—. ¿Por qué carajos nadie me consuela?

—Intentamos hacerlo, pero es que tú también te esfuerzas, ¿eh? Ese tipo era un baboso —replicó Kurasagi encogiéndose de hombros y dándole otro sorbo a su leche con total impunidad emocional.

Al pasar frente al aula del grupo C, algo captó su atención. Al fondo, un chico de gafas redondas era bombardeado con bolitas de papel mientras leía una revista, completamente imperturbable. Era como si viviera en su propio universo donde los ataques eran parte de la atmósfera.

Kurasagi se detuvo. Momo ni se dio cuenta.

Sin dudarlo, la castaña se separó de su amiga y entró en el salón. Caminó decidida hasta sentarse de lado frente al pupitre del chico, apoyando su codo en su mesa y su barbilla en la mano. Su mirada, afilada como cuchilla nueva, fue directa a los chicos que lo molestaban. Silencio. El tiempo se congeló.

El chico, visiblemente sorprendido, la miró como si acabara de presenciar un evento sobrenatural. Nadie. Nadie jamás se le había acercado sin lanzarle una botella, un comentario cruel o una exhalación con desprecio.

Kurasagi desvió la mirada hacia él y esbozó una sonrisa curiosa.

—¿Podrías mostrarme qué estás leyendo? —preguntó con tono suave mientras tomaba la revista sin esperar permiso.

Ojeó un par de páginas mientras los bullies regresaban lentamente a sus asientos, confundidos. Ella murmuró entre dientes, sin levantar la vista:

—Bola de pendejos...

Le devolvió la revista y se levantó como si nada.

—¿Acaso todos los hombres de este mundo son basura? —refunfuñó mientras salía del aula y retomaba su camino.

Unos metros más adelante, Momo seguía arrastrando los pies como si ensayara para un videoclip dramático. Ni siquiera se había dado cuenta de la breve desaparición de su amiga. Kurasagi aceleró el paso hasta volver a su lado.

—Agh... ¿cómo voy a desquitar todo este estrés? —se quejaba Momo, frotándose los ojos con el dorso de la mano.

—¡___ KURASAGI! —El grito resonó por el pasillo, haciéndolas detenerse.

Ambas se giraron y vieron al chico de gafas redondas plantado en la entrada del aula, sujetando su revista con ambas manos como si contuviera el secreto del universo.

—¡YA SÉ LO QUE TE GUSTA! —gritó, temblando.

—¿Eh? ¿De qué estás habl—? —intentó preguntar Kurasagi, pero fue interrumpida.

—¡YA SÉ LO QUE TE GUSTA! —repitió, esta vez con más volumen y menos vergüenza.

—Te oí la primera vez, tarado —bufó ella, cruzándose de brazos. Momo solo parpadeaba confundida.

—Esa es la única razón por la que alguien como tú me hablaría... —murmuró el chico, abrazando la revista como si fuera una almohada emocional.

—Oye... creo que te estás confundiendo, no estoy buscando nada en estos momen— —volvió a interrumpirla abriendo la revista y empujándola casi contra su nariz.

—¡Me refería a esto! —apuntó emocionado—.“¡EL PRESIDENTE YA FUE A MARTE! ¡Toda la verdad sobre el Proyecto Pegaso!”

—¿Qué... qué rayos estás diciendo, rarito? —intervino Momo con el ceño fruncido.

—¡Te encanta el ocultismo, ¿verdad?! —continuó el chico como si estuviera en una convención de conspiraciones y ellas fueran sus primeras asistentes.

—No soy fan de los ovnis ni de los extraterrestres —dijo Kurasagi con un gesto de aburrimiento—. Vamos, Momo, ya vámonos —la tomó del brazo e intentó escapar, pero el chico se les paraba enfrente a cada paso, como NPC mal programado, balbuceando cosas del Área 51, el monstruo del Lago Ness y teorías sobre un satélite espía con forma de paloma.

Hasta que Momo explotó.

—¡¡¡YA CÁLLATE, PENDEJO!!! —le gritó, al borde de una crisis emocional—. ¡ACABO DE TERMINAR CON MI NOVIO Y NO ESTOY DE HUMOR PARA ESTAS MAMADAS! ¡ESTOY HARTA DE LOS ADOLESCENTES OTAKUS! ¡POR ESO NO TIENES AMIGOS!

Y sin más, se dio la vuelta y se fue, taconeando de puro coraje.

La revista cayó de las manos del chico, que se quedó congelado, como si acabara de recibir una cachetada emocional nivel final de telenovela.

Kurasagi miró la escena con una mezcla de incomodidad y culpa.

—Lo siento... ella no quiso decir eso —murmuró con una mueca incómoda. Aunque, claro, todos sabían que sí lo había querido decir. Lo gritó con el alma, de hecho.

Se inclinó, recogió la revista como si recogiera los pedazos de dignidad del chico, y la sacudió antes de extendérsela.

—Ten.Por primera vez, él la miró directamente. Parecía más confundido que emocionado. Ella agregó con calma:

—No creo en ovnis ni en extraterrestres... pero sí en los fantasmas.

—Ay por favor... —empezó a reírse por lo bajo, pero pronto se le escapó una carcajada sonora—. ¿¡Cómo van a existir los fantasmas!?

—¡Oye! ¿¡Por qué te burlas de mí si solo te estaba siguiendo la corriente!? —frunció el ceño y apretó el puño, indignada como si le hubieran insultado a su abuela.

Así comenzó una pelea absurda entre dos personas que claramente no sabían cuándo rendirse. Ella defendía a capa y espada a los fantasmas. Él hablaba de ovnis como si le pagaran por ello.

Mientras el debate paranormal subía de tono, dos figuras bajaban las escaleras como si fueran reporteras de chismes escolares: Miko y Muko.

—Mira tú... —dijo la rubia mientras sacaba su celular y tomaba una foto con una sonrisa pícara—. ¿Quién diría que le gustaban los otakus?

—Vaya... —agregó Miko, dando un sorbo a su cartón de jugo como quien ve un documental sobre la fauna exótica del pasillo B—. Parece que para ellos el resto del mundo dejó de existir.

—Bien —la castaña se plantó firme, cruzando los brazos como una general de guerra escolar—. ¿Entonces por qué no apostamos?

—¿Apostamos? —repitió él, alzando una ceja como si se tratara de un desafío de vida o muerte.

—Sí. Si yo pruebo que los fantasmas existen, serás mi esclavo. ¿Ok?

—¡Perfecto! —respondió con emoción casi infantil—. Y si yo demuestro la existencia de los ovnis... digoFANIS—remarcó con toda la seriedad del mundo—, si logramos ver uno, tú serás mi esclava. ¿Quedó claro?

Ambos se estrecharon la mano con determinación. Un pacto sellado por la ignorancia y el entusiasmo adolescente.Ninguno de los dos imaginaba lo que acababan de firmar con esa apuesta ridícula... ni lo mucho que les cambiaría la vida.