Ojos color miel

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Sinopsis

Esta historia trata de 2 jovenes que se enamoraron y pasaron bastantes desafios. Y a presar de todo aún tratan de estar bien. Autora:Ambar Roque

Genero:
Romance
Autor/a:
Son cha cha
Estado:
En proceso
Capítulos:
18
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Ojos color miel

Todo comenzó con una amistad inquebrantable entre dos chicas: Emma y Arlen. Eran inseparables. Se buscaban de día y de noche, compartían risas, fiestas, series, películas y antojos de toda clase. Vivían intensamente su juventud, sin filtros ni reservas.

En el barrio donde vivía Emma abundaban las lenguas venenosas: vecinas curiosas y personas que murmuraban a espaldas, criticando lo “excesivamente demostrativo” de su amistad. Pero a ellas no les importaba. Emma era extrovertida, carismática y le encantaba coquetear, hablar con chicos y ser el centro de atención. Arlen, en cambio, era más tranquila, reservada, observadora. Una chica de apariencia dulce, pero con una mente clara y aguda.

Un día, por casualidad, compartieron una salida con una vieja conocida en común, y fue ahí donde conocieron a dos chicos que marcarían un antes y un después en sus vidas: uno de ellos lo llamaban Nino, y al otro, simplemente “Ojos color miel”.

Ojos color miel era gracioso, amable y hablador, un alma chispeante que parecía tener palabras para todo. Desde el principio mostró interés por Arlen, aunque su forma de acercarse era algo torpe: la molestaba, le lanzaba bromas, buscando provocarla. Ella, tímida y callada, no sabía cómo reaccionar, pero poco a poco, entre discusiones juguetonas y sonrisas disimuladas, algo empezó a crecer.

Emma, por su parte, se sintió atraída por Nino: alto, moreno, de sonrisa encantadora y silencios misteriosos. Tuvieron algunas conversaciones, planes para verse… pero todo quedó en el aire. Nino era un picaflor, un alma libre que no se quedaba mucho tiempo en un solo lugar. Emma lo intentó olvidar, aunque su orgullo tardó en sanar.

Mientras tanto, Arlen y Ojos color miel comenzaron a conectar de verdad. Él era delgado, de cabello negro rizado, sonrisa dulce y mirada cálida, con unos ojos que parecían hablar por sí solos. Arlen, en ese entonces, tenía el cabello rizado, fino, oscuro; una piel clara, ojos achinados y una belleza que no buscaba ser vista, pero que no pasaba desapercibida. A él le fascinaba verla molesta —decía que era adorable cuando se enojaba—, y a ella, en el fondo, le gustaba esa atención disfrazada de juego.

Porque ya sabes… del odio nace el amor. Y ese dicho, en su caso, no se equivocaba.

Durante cinco meses compartieron como amigos, aunque todos sabían que entre ellos pasaba algo más profundo. Sin embargo, había un problema oscuro que ensombrecía a Arlen: tenía una pareja llamada Carlos.

Carlos era controlador, celoso, y emocionalmente abusivo. No le gustaba que Arlen tuviera amigos ni siquiera mujeres. Se burlaba de su cuerpo, la menospreciaba y hasta llegó a levantarle la mano. Exigía cosas que ella no quería dar, y su presencia era una jaula disfrazada de relación.

Y lo peor aún estaba por descubrirse: su mejor amiga, Emma, había estado enredada con él. Mensajes, besos… incluso algo más. La traición fue como una daga en el pecho. Arlen se derrumbó, pero también despertó. No solo dejó a Carlos, lo sacó de su vida por completo. No porque aún lo amara, sino porque finalmente entendió que merecía algo mejor.

Y lo mejor llegó.

Un mes después de sanar sus heridas, empezó una relación con Ojos color miel. Él fue luz después de la tormenta: detallista, protector, atento. Se veían todos los días, compartían paseos, comidas, charlas largas y silencios cómodos. Era un amor puro, de esos que no necesitan adornos porque se siente hasta en el aire.

Se amaron. Tal para cual.

O... tal vez, aún se aman.

Continuará.