A la mierda, eres mía

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Sinopsis

A veces, la posesión no se trata solo de control, sino de reclamar lo que ya es tuyo. Amara Blake nunca pensó que se enamoraría de Jace Knight, el chico malo del Reino Unido, de corazón frío y con fama de romper corazones. Pero cuando el hermano mujeriego de su mejor amiga de repente la reclama como suya, nada volverá a ser igual. Marcada por su toque, envuelta en su camisa y atrapada en una red de deseo posesivo, Amara lucha por mantener su independencia, incluso cuando su corazón traiciona cada una de sus reglas. En un mundo donde el amor es un campo de batalla y las líneas entre el deseo y la propiedad se desvanecen, ¿podrá Amara sobrevivir a la obsesión devoradora de Jace sin perderse a sí misma? Sumérgete en este embriagador romance badboy-good girl lleno de pasión cruda, giros emocionales y la emocionante tensión de “eres mía, te guste o no”.

Genero:
Romance
Autor/a:
Sarie Writes
Estado:
Completado
Capítulos:
38
Rating
4.3 8 reseñas
Clasificación por edades:
16+

Prólogo: El espacio entre ellos

Amara Blake siempre había sido una observadora.

No era de las que se quedaban a un lado esperando a que las vieran. Ella miraba de cerca, memorizando cada detalle, cada gesto y cada palabra que no se decía.

Se le daba muy bien. Había perfeccionado esa habilidad tras años de sentirse fuera de lugar, como una pieza de un rompecabezas que casi encaja, pero no del todo.

Era el tipo de chica que no estaba hecha para habitaciones ruidosas, luces brillantes o pasillos llenos de gente.

Ella prefería las bibliotecas tranquilas, estudiar hasta tarde y el relajante sonido de las páginas al pasar.

La vida en la universidad era caótica, intensa y emocionante. Pero ¿las fiestas? No, gracias.

El mundo de Amara giraba en torno a las clases de psicología y los ensayos sobre la mente humana. Tenía sueños mucho más grandes que el pequeño pueblo que había dejado atrás.

No era ninguna ingenua. Sabía exactamente quién era Jace Knight mucho antes de oír su nombre en los pasillos de la residencia.

Era el típico chico malo que todas conocían. Era peligroso de esa forma que te revuelve el estómago y te acelera el pulso.

Chaquetas de cuero, sonrisas de lado y una reputación que corría como la pólvora.

Era el tipo de chico que rompía las reglas y los corazones. Nunca se quedaba lo suficiente para arreglar el desastre que dejaba.

Amara no se hacía ilusiones con él.

Él era sinónimo de problemas, y los problemas eran lo último que ella quería en su vida.

Aun así, no podía evitar fijarse en él.

¿Cómo no hacerlo?

Había algo magnético en Jace. Se notaba incluso al otro lado de un aula llena o cuando su risa sonaba demasiado fuerte en la cafetería del campus.

Él no solo entraba en una habitación, sino que se adueñaba de ella.

Y a pesar de toda su chulería y su encanto arrogante, había una sombra en su mirada.

Se le veía algo reservado, como si cargara con un peso que nadie más podía ver.

Amara se sorprendía a sí misma preguntándose qué historias habría bajo esa apariencia tan dura.

¿Solo estaba actuando como un chico malo?

¿O de verdad estaba tan roto como decían los rumores?

Se decía a sí misma que parara de pensar en eso.

Él no era su problema.

Ella ya tenía sus propias batallas.

Tenía sus propios sueños que cumplir.

Para ella, la psicología no era solo una carrera. Era un mapa para entender a personas como Jace.

Gente que parece salvaje y rebelde por fuera, pero que sufre por dentro.

Era una fascinación que guardaba bajo llave.

Porque ella era muy precavida.

Cuidaba mucho su corazón.

Tenía cuidado con quién confiaba.

Y sobre todo, tenía cuidado con los problemas que traía Jace Knight.


Los días de Amara eran un equilibrio constante entre clases, el trabajo en la biblioteca y las noches enterrada entre libros.

No tenía tiempo para distracciones.

Mucho menos para una que vestía de cuero y olía a peligro.

Pero el destino siempre encuentra la forma de poner tu mundo patas arriba.

Todo empezó con algo pequeño.

Un encuentro casual en la biblioteca.

Jace estaba apoyado en las estanterías, dándole vueltas a un libro como si fuera un objeto de una obra de teatro para la que nunca hizo el casting.

A ella le sorprendió verlo allí. No es que él encajara en ese sitio, pero de alguna forma se coló como una sombra.

Sus miradas se cruzaron por un segundo.

Él sonrió con suficiencia.

Ella apartó la vista.

Sin embargo, el momento se quedó grabado, como si fuera una promesa silenciosa.


El campus era un escenario donde los rumores y los secretos bailaban a sus anchas.

El nombre de Jace se escuchaba por todas partes, mezclando la admiración con la advertencia.

Las chicas que lo perseguían hablaban de su encanto y de sus cicatrices.

Los chicos envidiaban esa seguridad que parecía salirle sin esfuerzo.

¿Y Amara?

Ella estaba tranquila manteniéndolo a raya.

Hasta que dejó de estarlo.


Una tarde fresca de otoño, Amara estaba en la sala de estudiantes con los auriculares puestos, concentrada en una grabación.

No lo oyó acercarse.

—Blake.

Su voz era ronca pero suave, como una mezcla de lija y seda.

Ella se quedó helada y el corazón le dio un vuelco.

Se quitó los auriculares y levantó la mirada.

Allí estaba él.

Tan cerca que ella podía ver la pequeña cicatriz sobre su ceja.

Había un rastro de vulnerabilidad en sus ojos, aunque intentaba ocultarlo con una sonrisa burlona.

—Hola, Knight.

Ella mantuvo la voz firme, con cautela.

—¿Qué quieres?

—Nada —dijo él, levantando las manos como si se rindiera—. Solo quería saludar.

Amara parpadeó, sorprendida por la presión que sintió en el pecho.

—Hola.

La palabra sonó rara, como si estuviera pisando cristales rotos.

Él se rio. Fue una risa profunda y sincera que no pegaba con la imagen de tipo duro que ella tenía de él.

—Estudias psicología, ¿verdad?

Ella asintió, sintiendo curiosidad a pesar de todo.

—¿Alguna vez piensas en qué es lo que hace que la gente funcione de cierta forma?

—De eso se trata la carrera.

Él se encogió de hombros.

—Supongo que yo también tengo curiosidad por eso.

Amara lo miró fijamente, queriendo creer que había algo más bajo la superficie.

Pero también sabía que era mejor no involucrarse.


Pasaron los días y los dos seguían cruzándose en los pasillos y cafeterías. Intercambiaban palabras rápidas, sonrisas incómodas y bromas ligeras.

Jace era como un rompecabezas que Amara no podía dejar de intentar resolver. Y como todo rompecabezas, algunas piezas cortaban.

Era frustrante e irritante, pero extrañamente... fascinante.

Él desafiaba todo lo que ella creía saber sobre él, y sobre sí misma.

Se decía que solo era un juego.

Una distracción pasajera.

Pero los juegos siempre pueden volverse peligrosos.


Una noche, Amara estaba en el balcón de su habitación, envuelta en una manta por el frío.

Su teléfono vibró: era un mensaje de Jace.

«Nos vemos mañana».

El corazón se le aceleró.

No sabía si era por esperanza o por miedo.

O quizás por ambas cosas.

Porque aunque quería mantener las distancias y veía las señales de peligro como luces de neón...

No podía negar que el espacio entre ellos se estaba cerrando.

Y a veces, cuando estás al borde del abismo, la caída es inevitable.


El chico malo.

La chica buena.

La línea que los separaba era más delgada de lo que se atrevían a admitir.

Y la noche no había hecho más que empezar.