~•Miseros recuerdos•~
Repaso una y otra vez esos pecaminosos recuerdos y me pregunto si fue entonces, en el resplandor de aquel verano cálidamente remoto, cuando empiezo a recordar ese día en el que sentí algo por mi hermano.
No quiero decir que él me gustaba pero en él podía ver esos ojos tan brillantes llenos de confianza que tenía mi amor.
Puedo jurar que son la misma persona con esas amigables sonrisas y ojos de alegría. Ella nunca me vio como yo a ella pero mi corazón nunca la dejo de amar.
Ella era la mejor, era lista, bella, graciosa y perfecta en sus estudios. Y yo juraba que sentía algo por mi, que era de verdad que no veía solo lo del campeón de un famoso título si no una persona a quién querer pero... Al parecer nunca le fui suficiente.
¡Pero que importa ella si encontré la reencarnación de su alegría.!
Alguien tan alegre como un Pikachu que emana esa felicidad, risas he hermosura.
Pero me estoy saliendo del tema de cómo ocurrió ese momento definitivo de amor que me dió el.
Allí, en mi habitación, a pocos centímetros de nosotros, nos quedábamos tendidos con paz y silencio, él como siempre hablándome de cosas con su hermosa sonrisa. Descansado en nuestro paraíso sin molestías que lleguen, quedarnos callados era lo mejor.
Pero de repente.
Su mano, medio oculta en la sábanas, se deslizaba hacia mí, sus bellos dedos morenos como las hojas secas del otoño o como las ramas de canela, se acercaban cada vez más a mi cuerpo, ¿Acaso me encontraba en mis más remotos sueños?; Entonces su rodilla iniciaba una cautelosa travesía como lo haría un pokemon casi por atacar y saltar en la yerba alta.
Unos centímetros fueron suficiente para rozarnos los labios; Esos contactos incompletos producían en nuestros cuerpos, una chispa encendiendo una vela.
Un estado de desesperación tal que ni aun con el castigo mas grande y la posible juzgacion de la sociedad, bajo la que yo estaba en constante contacto.
Cual me aferraba, y prefería parar este paraíso que me encontraba, siendo tocado por las más bellas manos, y viendo su frágil cuerpo como la de un Flebebe; Sí .. Este sin dudarlo un segundo es el más bello infierno en el cual sus garras me han apresado.
Entre algunos tesoros perdidos durante los vagabundeos de mi cabeza, en el cual tuve de salir cuando me hablaba de alguna pregunta para salir en la televisión.