Una historia inefable para el amor (Libro 2)

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Sinopsis

Giovanna, mejor conocida como Gigi, es la guitarrista de MalaVentura. Su talento es equiparable a su belleza exótica con la piel cubierta de tatuajes, cintura pequeña y carnosos labios carmesí. Es una mujer amada por sus admiradores con la capacidad de elegir al hombre que quiera para una noche de sexo o para caminar al altar. Sin embargo, sus elecciones han sido a base de culpa y la verdad está por tirar de sus tobillos sin importar lo rápido que corra hacia la persona que alejó por miedo al amor: Nicolás. Nicolás se encuentra consternado al enterarse de la situación de Mailén, no puede parar de preguntarse por qué no fue sincera con él. Intenta sobrellevar el silencio que la rodea y la distancia que impone entre ellos sin una explicación convincente. Sus sentimientos por Mailén son más fuertes que nunca y está dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. El lanzamiento de los nuevos álbumes está en puerta, así como la gira internacional. Nicolás tendrá más trabajo que cualquiera de los otros chicos al ser bajista tanto de Gray como de MalaVentura. Sus compañeros cuentan con su compromiso y responsabilidad para sacar adelante los conciertos. Mailén se encuentra en la posición más complicada de su vida cuando su secreto ha sido revelado. Pese a ser una mujer fuerte, también es el eslabón más débil y un cazador la ha identificado como la presa perfecta para desbaratar aquello por lo que todos han luchado por tantos años.

Genero:
Romance
Autor/a:
Lena Mossy
Estado:
Completado
Capítulos:
42
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+
Esto es una muestra

Gigi

I don’t think you’re alone

I’m just a simple man

It’s you who started

It’s you who started this all again

And it’s you who ended

And it’s you who ended this all

That’s just the way it is

The Hurt Is Good — The Chain Gang Of 1974


El maquillaje negro prevalece embarrado sobre el rostro de Nicolás. Las gotas de agua caen por los mechones que cuelgan sobre su frente y sus ojos rojos e hinchados por el llanto destacan sobre los restos de pintura.

No ha comido ni dormido por casi un día. Todavía viste la ropa que llevó a Calliope y apenas si habla con nosotros. Me costó toda mi capacidad de convencimiento traerlo al baño público para que se retirara el maquillaje del rostro o se maltratará su piel. A él no le interesa eso, creo que no le importa nada más que Mailén y eso tan bello que me duele.

Aparto la lágrima de mis ojos. El movimiento lo hace mirarme en el reflejo del espejo y suspira.

Traje conmigo varios desmaquillantes, mientras decido con cuál empezar él se saca la playera negra y se queda sólo con el pantalón. Ni se percata de que su cuerpo todavía produce algo en mí, que mi mirada recorre sus músculos y los tatuajes que muchas noches besé.

No espera a que le indique cuál producto usar. Elige el frasco azul, el que se usa con un poco de agua y aplica una porción generosa en sus manos para luego pasarla por su cara y cuello. Supongo que sabe de esto, lo han maquillado varias veces para los eventos, pero nunca presté atención a cómo se retiraba la pintura en casa. Intenté no interesarme en todos esos pequeños detalles que conforman la vida de Nicolás porque no quería enamorarme y, de todas formas, fallé.

No sé qué daría porque fuera él quien caminara conmigo hacia el altar.

Se retira la loción con agua y seca su rostro con toallas de papel. Sólo han quedado algunos rastros alrededor de los ojos y eso los retira con crema y más papel; no se detiene hasta que su rostro está limpio.

Las alas de ángel de Mailén están a un lado de Nicolás. No las ha soltado desde que nos marchamos de Calliope. Su mirada está en ellas, como si Mailén estuviera ahí.

En silencio se coloca la playera, peina su cabello con los dedos y me regala una mirada triste. Recoge las alas y se marcha, sin decir más, sólo con el silencio sobre sus hombros como único compañero incondicional.

Guardo las cremas y me contemplo en el espejo con el intenso color blanco de la pared a mi espalda. Ya no visto como catrina, yo sí me he marchado a tomar un baño, comer y descansar. Traté de convencerlo para que hiciera lo mismo y ni me miró.

Es doloroso pensar que lo tuve para mí, incluso cuando lo aparté y herí; Nicolás me quería. Si tan solo hubiera sido más madura, si tan solo la culpa no me asfixiara, entonces estaría con él. Mailén habría llegado a nuestras vidas, pero ellos no estarían juntos. Nicolás no la amaría, sólo sería una compañera más de trabajo.

Y, ahora, Nicolás me odiaría si supiera lo que pasó antes de que ella perdiera el conocimiento. Mailén me pidió que fuera por él, se sentía mal y la ignoré, pensé que era una mentira para escapar de la conversación… ¡Me evitó tantos días! Aun así, sé que no es una excusa, debí reaccionar y ayudarla antes. Debí ser una buena persona.

¿En qué me he convertido? Siempre causo daño sin desearlo, ¿por qué?

Limpio las lágrimas que han caído con una de las toallas de papel y abandono el baño. Los pasillos del hospital están fríos, ¿en cuánto tendrán la temperatura de los aires acondicionados? Su silencio también es avasallador. El sonido de mis zapatos bajos es el único que resuena sobre el inmaculado piso mientras avanzo por el laberinto sin fin de rincones tristes.

La sala de espera me recibe con las miradas rápidas de quiénes están ahí. Nicolás ha regresado a su silla, Aura está a su lado y recarga la cabeza en el hombro del chico. Nidia y Mike se toman de las manos mientras permanecen sentados. Dimas está de pie, recargado en la pared, y conversando en el celular. Los demás van y vienen por ratos, no nos quedamos aquí todo el tiempo. Incluso los papás de Nicolás vinieron un momento y se marcharon, no tiene sentido que todos estemos aquí.

—¿Quieres un café? —pregunto a Nicolás al sentarme a su lado.

Él asiente, cabizbajo. Las alas están sobre su regazo, sus manos con las uñas recién pintadas de negro destacan sobre el color blanco. Supongo que Mai se las pintó antes de la fiesta.

—Te acompaño —me dice Aura.

La escritora deposita un beso en el hombro de Nicolás y se incorpora. Ella pregunta a los demás, pero nadie desea un café.

Nos dirigimos a la cafetería, que sólo está a unos metros de la sala de espera, y pedimos tres cafés. Cuando nos los entregan, tomamos los sobres de endulzantes y los aplicamos. Yo tomo dos para Nicolás, sé que así bebe su café negro.

—Lo conoces bien —comenta Aura.

No controlo las lágrimas, sólo caen.

Ella toma dos de los vasos de café y los coloca en una mesita, entonces me agarra de la muñeca y me obliga a tomar asiento.

—Tenemos que llevarle su café —sollozo mientras intento apartar las lágrimas de mi rostro.

—¿Qué pasa, Gigi?

—Es por Mailén, obviamente —miento en parte. Claro que me deprime todo esto, pero también verlo tan enamorado de alguien que ya no soy yo.

—¿Segura?

Su mirada dulce se clava en mis ojos, no me cree. Sabe que estoy mintiendo, es esa habilidad que tiene para leer entre líneas a las personas.

—Aura…

Ella toma mis manos, sonríe y dice:

—Todavía lo quieres…

Y no lo controlo más. El llanto escapa, las lágrimas pesan tanto como la culpa con la que vivo y sacuden mi cuerpo.

Aura se mantiene firme sobre mis manos. Su agarre me obliga a no volar hacia un mar de tristeza que espera por mí.

—Soy la peor persona del mundo…

—No, Gigi, no… —me calma—. No podemos mandar sobre el corazón…

—Pero ahora, ¿para qué? Ya no hay marcha atrás, ¿entiendes?

—¿Lo entiendes tú…? —Ella suspira y baja la mirada, creo que no me gustará lo que dirá—. Nicolás está muy enamorado de Mailén, Gigi… Creo que, aunque ella… —duda. Toma aire y continúa—: Creo que, aunque ella no lo logre, él seguirá enamorado por muchos años de Mailén.

Asiento. Lo sé, claro que sí. Podía verlo en sus ojos ilusionados cuando Mailén entraba al estudio de grabación y en esas miradas que compartían luego de un beso rápido. Están enamorados, tiene su propia historia de amor, y yo no quiero ser la villana.

—Me voy a casar… —digo con una sonrisa chueca—. Con un buen hombre al que también lastimé, ¿qué clase de persona soy?

—¿También…?

Aparto las lágrimas de mis mejillas. Necesito soltarlo o me estrangulará.

—Mailén y yo estábamos hablando sobre Nicolás… Ella empezó a sentirse mal, pero no le creí y…

El llanto me vence. Aura me cobija entre sus brazos y besa mi cabello. Se queda así por largo rato hasta que mis lágrimas merman con el calor que me brinda su cariño.

—Giovanna… No lo hiciste con maldad, no te culpes… Estoy segura de que Mailén no te guarda rencor.

—Si sobrevive… —Odio decirlo. Me duele pensar en que Nicolás podría perderla, es de lo más extraño—. Quiero que esté bien porque…

Me aparto. Aura sonríe y sé que no necesito decir más, me entiende.

—Mailén estará bien.

Eso me tranquiliza, no quiero que le pase algo malo; Nicolás no soportaría perderla. Él es un niño grandote, no sabe manejar esas cosas, no está listo para semejante pérdida.

—Vamos, tenemos que llevarle su café —recuerdo.

Recogemos los vasos y regresamos a la sala de espera. Nicolás acepta su café con una sonrisa débil y vuelve a sumergirse en sus pensamientos. Sólo transcurren unos minutos hasta que por fin sale uno de los médicos.

Mailén fue sometida a una cirugía que se extendió por un par de horas. Por la mañana terminó, pero no permitieron que pasáramos a verla, nadie. Sin embargo, Nicolás y sus tíos permanecieron aquí desde la madrugada.

El médico explica que Mai ha reaccionado, está despierta. La sonrisa de Nicolás es tan genuina que logra contagiarme, también llora de alegría y abraza con fuerza las alas maltrechas.

—Sólo puede pasar uno —advierte el médico—. ¿Están sus padres?

No quisieron llamarlos, no sé por qué. Creo que se llevan muy mal.

—Soy su tío —evade la pregunta Mike—, ¿puedo verla?

El médico acepta y le pide que lo siga. Nicolás se queda rezagado con la ilusión de haber sido él, aunque creo que comprende que eso le correspondía a Mike.

—Iré a casa a comer —avisa Dimas con una mano sobre el hombro de Nico—. Llámame si necesitas algo.

Nicolás se gira y lo abraza, Dimas responde el gesto con un cariño fraternal tan fuerte que parece emanar a borbotones de ellos.

Si Dimas no hubiera salido a fumar, no sé qué habría pasado. Yo no sé nada de primeros auxilios, sólo estaba gritando como loca por ayuda, pero él supo qué hacer.

Él rompió la blusa ajustada para liberarla de toda presión y ahí notamos que tenía una cicatriz por debajo de la clavícula.

—Esa cicatriz es de marcapasos —me dijo él mientras presionaba sobre el pecho de ella.

Llamé a la ambulancia, dije lo del marcapasos y luego los comuniqué con Dimas, a quién le dieron más indicaciones.

Dimas la salvó. Yo sólo la puse en peligro, incluso la empujé contra la pared, ¿qué me sucedió? Estaba tan enojada, furiosa, ¡detesté que ella me viera tan vulnerable! Y luego descubrió que provoqué el accidente de Karam, en unos minutos desentrañó toda la mentira, me bloqueé.

Aura toma mi mano, creo que adivina el rumbo de mis pensamientos.

—Ella está bien —me dice.

Asiento por compromiso.

Nicolás y Dimas permanecen abrazados un rato más. Es cierto que hemos pasado por tanto juntos que somos una enorme familia disfuncional. La vida en una gira te hace conocer la mejor y la peor parte de tus compañeros, si continúas a su lado después de eso, es porque los amas.

—Gracias… —murmura Nico cuando se aparta.

Dimas sonríe.

—Tienes que aprender primeros auxilios.

—No sabía…

—Ella quiso mantenerlo en secreto —comenta Nidia a unos metros—. Deben entender que no es fácil…

Nicolás desvía la mirada hacia la mujer y hace un asentimiento casi imperceptible.

Dimas se despide de todos y se marcha. Nosotros volvemos a tomar asiento en espera de más noticias, así es esto, una espera que parece interminable con paredes blancas que consumen la culpa gris de nuestros pechos.

Nunca imaginé que Mailén pudiera padecer algo del corazón, ¡es tan alegre! No me parecía el tipo de mujer para Nicolás, demasiado madura para él, pero resultó ser la mujer ideal. Creo que Nico no podría ser feliz al lado de alguien más, ni de mí. Nuestro momento ha quedado en la historia, yo misma lo sepulté.

Las lágrimas caen en silencio. Me sobresalta el sentir un brazo sobre mis hombros y el inconfundible calor del cuerpo de Nico. Si supiera lo que hice no me abrazaría, nunca, pero tampoco quiero decirle. Permito que me envuelva con su calor, como las noches en que dormíamos juntos cuando él hacía planes para nosotros y yo sólo reía porque sabía que mi destino estaba al lado del hombre que lastimé.

Si tan solo hubiera aceptado su amor cuando me lo ofreció…

Nicolás se preocupa al sentir mi cuerpo sacudirse con los sollozos, gira más hacia mí y me abraza por completo contra el calor de su pecho. Mis dedos se aferran a su playera, inhalo el aroma de su ropa y entierro el rostro en su cuerpo. El dolor que me consume es tan grande que ni todas las lágrimas en mi vida lo aliviarán, porque sé que lo he perdido y tampoco quiero que él sienta lo mismo que yo si Mailen no lo logra.

En este instante creo que es posible morir de amor. Mi pecho duele, como si me hubieran propinado un golpe fuerte, y no encuentro un final para mi llanto.

Nicolás me besa en el cabello y acaricia mi espalda, sólo es un caballero. Lo conozco, sé que si esto fuera porque siente algo por mí sería de otra forma, porque él es de los que te besan siempre que puede, como si temiera que fuera la última oportunidad de sentir tus labios. Mailén y él se besaban en todo momento, me dolía tanto verlos.

—Gracias por estar con ella —me dice cerca del oído.

Un susurro cerca de ti, pero para alguien más; es de las cosas más doloras que he sentido en la vida.

Busco un poco de espacio. Empujo suave su cuerpo e intento sonreírle en medio del llanto.

—Mailén estará bien, Nico… Ella no te dejará.

Como yo.

—Gracias, Giovanna…

Aura emite suelta una ligera exclamación que nos hace girar el rostro hacia la entrada de la sala de espera. Una chica de cabello rizado y oscuro está de pie ahí. Viste con un sencillo vestido blanco con flores que deja entrever un vientre ligeramente abultado, está embarazada. La mirada de la chica sólo está sobre Nicolás y lo mira con tanto amor que me da una pista de quién se trata.

—¿Teresa? —pregunta Aura sin controlar la sonrisa—. ¡Dios mío! Estás embarazada…

Teresa esboza una sonrisa y toca su vientre.

—Sí, un poquito…

Aura la envuelve en un abrazo fuerte. Teresa responde igual.

—Te ves preciosa… ¡Tenía tanto tiempo sin verte!

La exnovia de Nicolás se aparta, pero permanecen sujetándose las manos.

—Bueno, yo te he visto en la televisión, redes sociales, ¡en todos lados!

—¡No digas eso que me avergüenzo!

—¡Siempre te ves preciosa!

Aura vuelve a abrazarla muy fuerte, se nota que fueron buenas amigas.

—Mailén está despierta. —Nos avisa cuando termina su abrazo con Aura—. Jacobo está con ella ahora mismo.

—Jacobo es su esposo, es cardiólogo y el médico de Mailén —explica Nicolás—. Ella fue a hablar conmigo cuando…

No termina la frase, se queda sin fuerzas.

Teresa lo sujeta de la mano y lo conduce hasta las sillas donde toman asiento. Nosotras nos quedamos de pie. Nidia no se une, sino que se queda rezagada en el rincón con la mirada perdida y sin prestar atención a nada de lo que sucede alrededor.

—Soy un estúpido, nunca noté…

—No eres estúpido, Nico —interrumpe Teresa—. Mailén es muy fuerte…

—¿Ella estará bien…?

—Sí, claro que sí —su sonrisa se amplía—, pero ya no puedo decirte más porque Jacobo me recordó que es su paciente, debemos respetar su privacidad.

Nicolás asiente, pero no parece aliviado con la respuesta. Por el contrario, mira a Teresa con un dolor tan grande como si acabara de enterarse de lo que pasó Mailén.

—Perdóname, Teresa.

Aura toma mi mano y me aparta, no me deja tiempo de reaccionar. Nos alejamos hasta el costado de Nidia, donde nos sentamos, y desde aquí no se puede escuchar bien de qué hablan.

—¿Qué pasa…? —inquiero.

—Es un momento privado entre ellos.

Nicolás recarga la cabeza en la pared sin apartar la mirada de la mujer a su lado. Sus mejillas están cubiertas de lágrimas. Teresa igual ha empezado a llorar, mas ella no borra la sonrisa y parece decirle algo que intenta calmarlo.

—Fueron el primer amor del otro —suspira Aura—. El primer amor no se olvida.

No tiene que decir el nombre de Dimas para saber que habla de él, lo sé porque he recordado a Bruno. Mi exesposo me engañó, pero todos los días le dedico unos minutos a su recuerdo. Pienso en esos momentos en que creí que éramos felices y envejeceríamos juntos, cuando creía que el pecho me explotaría de amor. Luego me engañó y todo se fue abajo, creo que todavía no me he levantado por completo de ese tropiezo.

Pronto me volveré a casar y me gustaría tanto que fuera con la persona que amo. Si Nicolás caminara a mi lado hacia el altar sería la mujer más feliz del mundo.

—Tienes que dejarlo ir…

Las palabras de Aura capturan mi mirada. Ella me observa.

—No es tan fácil…

—Lo sé, pero debes intentarlo…

No sé qué más decirle, así que permanezco en silencio.

Nicolás y Teresa conversan por un rato en voz baja hasta que un médico entra a la sala de espera y la chica se levanta para saludarlo. Lo presenta como Jacobo, su esposo, y el cardiólogo a cargo de Mailén. Es un hombre de mediana estatura, piel aceitunada, cabello castaño y una barba corta bien cuidada.

—Mailén necesita reposo… Su tío permanecerá con ella —nos informa. Nicolás parece devastado al saber que no podrá verla—. Y la debemos tener bajo observación unos días.

Nidia dice que irá por ropa para Mai y Mike, mientras tanto Teresa aprovecha para presentarle a su esposo a Nicolás.

—Él es Nicolás, bajista de Gray y… —ríe. Jacobo menea la cabeza—. Mi ex, ya sabes la historia.

Nicolás se sonroja y extiende la mano hacia el médico para saludarlo.

—Mucho gusto, Jacobo…

—Tu novia es una mujer muy fuerte… —dice Jacobo cuando rompen el saludo.

Los ojos de Nicolás brillan, eso produce saber de ella.

—Ella está bien —dice Nico como si necesitara confirmarse aquello—. ¿Cuándo podré verla?

—Quizá en un par de días, por ahora queremos mantenerla bajo control y sin que se esfuerce.

Jacobo se disculpa, debe regresar con Mailén, y se despide de su esposa con un beso corto en los labios. Nicolás sonríe al verlos, creo que entiendo el motivo; es feliz por ellos. Sabe que lo que hizo no la marcó para toda la vida, sino que lo superó y siguió adelante sin él.

—Yo iré por ropa —informa Nidia con su bolso ya en el hombro. Ella tampoco se ha movido de aquí, tiene el saco a rayas de Beetlejuice para cubrir su traje revelador de belly dance—. ¿Vienes, Nico?

—Claro.

Abandonamos la sala de espera y nos encaminamos hacia la salida principal. Yo tengo tanto por hacer, revisar cosas de la boda, ver a Karam y lo único que quiero es ir con Nicolás. No deseo apartarme de él.

El automóvil de Nico está cerca de la entrada, así que la despedida es muy rápida. Sólo nos quedamos Aura y yo con la atención puesta en el BMW que sale del estacionamiento.

—Estás a tiempo de detener la boda, Gigi.

Niego sin apartar la mirada del auto que se incorpora al tráfico.

—Ya no creo que exista alguien para mí, Aura —suspiro y busco su mirada—. No todos nacimos para tener una historia de amor.

—Gigi…

—Nicolás está enamorado de Mailén… No me queda nada ahí.

—Pero eso no quiere decir que debas casarte con un hombre que no amas… ¿Y si se entera?

—No lo hará, confía en mí.

Aura no lo hace, tiene esa mirada escéptica que no aparta ni cuando nos dirigimos a su Jeep.

Ella no entiende, nadie lo hace. Pero Karam es un buen hombre. Su hijo no me acepta, creo que en el fondo nota que no amo a su padre, pero con el tiempo sé que tolerará nuestra relación.

Karam ya habla de planes a futuro y en esos momentos escucho sin opinar. El único destino que me gustaría planear va camino a casa de Mike a buscar ropa para su novia, ya nuestras vidas no volverán a cruzarse, sólo avanzarán paralelamente.

Nicolás será feliz con Mailén. Yo intentaré serlo con Karam. Nuestra historia ha finalizado, no tiene un final feliz, sólo un final.

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