HEREDERA DE LLAMAS:Tierras de fuego y sombra

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Sinopsis

Arrenis cree conocer su historia, su linaje y su destino. Pero la verdad es mucho más oscura de lo que jamás imaginó. Sus padres guardan un secreto que cambiará su vida para siempre, uno que solo descubrirá cuando enfrente a aquellos que siempre consideró sus enemigos: los Oscuros. En tierras llenas de secretos ancestrales, deidades olvidadas y fuerzas ocultas, Arrenis deberá desentrañar su verdadero origen. En su camino, conocerá a un misterioso joven, un guardián de la noche... o eso creía. En realidad, él es el único heredero al trono de Helenia, y su destino está más entrelazado con el de Arrenis de lo que ambos podrían imaginar. Los secretos han permanecido ocultos demasiado tiempo. Ahora, es momento de enfrentarlos. ⚠️ Esta historia contiene contenido violento,lenguaje ofensivo,tortura y contenido +18 explícito. No se permiten copias,ni adaptaciones de este libro. Disfrutas de esta historia 🫶🏻

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Aya
Estado:
En proceso
Capítulos:
12
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Pre cap

Año 26 de la rebelión de Helenia...

El aire huele a libros viejos, tinta y madera. Huele a la biblioteca de mi padre. Todo está en penumbra, salvo por el parpadeo de las velas sobre la mesa y la tenue luz del amanecer filtrándose por la enorme ventana.

—¿Papá? ¿Estás ahí? —mi voz resuena en la habitación silenciosa.

—Aquí estoy, hija —responde con calma.

Avanzo unos pasos y lo veo sentado junto al escritorio, pero no está solo. Frente a él, un hombre de cabello rubio y porte elegante se reclina en su asiento con aire de superioridad. Su mirada se posa en mí por un instante antes de que una sonrisa calculada cruce su rostro.

—¿Te interrumpo? —pregunto con cautela, sintiendo la tensión en el aire.

Mi padre niega con la cabeza, pero su mandíbula está tensa.

—El señor Tyrriel ya se iba —dice con tono seco.

El hombre se pone de pie con movimientos medidos, como si cada gesto estuviera calculado.

—Buenas tardes —saluda con una leve inclinación de cabeza—. Piénsalo bien, Merrek Me retiro.

Sin más, se aleja con pasos firmes, desapareciendo por la puerta de la biblioteca. El silencio que deja tras de sí es pesado, casi sofocante.

Mi padre suspira y me indica que me acerque.

—Hija mía, ven.

Pero yo no pienso dejar pasar esto.

—Algo pasa, y esta vez no me lo vas a ocultar. Ya no soy una niña, cuéntamelo —exijo, cruzándome de brazos.

Él me observa un momento antes de responder.

—Las cosas se están complicando en el reino. Anoche, los oscuros saquearon y quemaron casas en los pueblos cercanos a la frontera con Ganden. El rumor se ha extendido y ahora toda la ciudad teme que nos ocurra lo mismo.

Frunzo el ceño.

—¿Y qué tienes que ver tú con eso? No trabajas para el rey Synar ni para su corte —digo, desconcertada.

—Es cierto, pero como traductor de las cartas provenientes de las Tierras Antiguas, me confían información que nadie más debe saber. Sin embargo, lord Tyrriel no vino por eso.

Las Tierras Antiguas... hogar de los oscuros, la nación enemiga con la que hemos estado en guerra durante 119 años. Su idioma, el Zidane, es conocido solo por unos pocos en el reino. Según los historiadores de la corte, solo dos personas lo dominan: uno de ellos es mi padre.

Desde que era niña, él me ha contado historias sobre los oscuros, sobre su cultura y su pasado. Me dijo que, cuando era adolescente, tuvo un mejor amigo de esas tierras, pero que con el tiempo, la relación entre Deliris y los oscuros se volvió imposible.

—Algo está pasando, y no me gusta nada —murmuro. Los oscuros no matan sin razón. Siempre han luchado para protegerse, no para destruir sin sentido. Y si atacaron, significa que algo los ha obligado a hacerlo.

Mi padre asiente, pensativo.

—Estoy intentando averiguar qué hizo Synas para provocar que quemaran un pueblo entero.

Mi mente sigue dando vueltas al asunto, pero algo más me inquieta.

—¿Por qué vino ese hombre a hablar contigo? No parecías muy contento —pregunto con recelo.

Mi padre resopla con frustración y pasa una mano por su rostro.

—Al parecer, en el reino se ha empezado a hablar de la belleza de las hijas de los Mirak, y el idiota de Tyrriel cree que unos cuantos fajos de oro me harán casar a Elodine con su hijo mayor. Ni en mil años permitiría que se casara con alguien a quien no ame.

La furia en su voz es evidente. Pero mi mente sigue atrapada en los oscuros, en la masacre, en la guerra que nunca terminó realmente.

¿Qué pudo haber hecho nuestro reino para despertar su ira después de 26 años de aparente paz?

No confío en ellos. No hay razón alguna para masacrar y quemar hogares enteros, para asesinar niños y familias sin piedad.

Esto no se quedará así.