UNDER THE BEAT (ONESHOT SOPE)

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Sinopsis

La ciudad vibra con los latidos del underground: batallas de rap, duelos de baile y almas que buscan liberarse bajo las luces rotas. Yoongi, con sus versos directos y su rabia silenciosa, lleva años desahogándose en el escenario. Hoseok, pura energía y entrega, domina cada paso como si fuera su última presentación. Nunca hablaron. Nunca se acercaron. Hasta hoy. Una premiación inesperada, un comentario atrevido de Jimin, una conversación a media noche y una invitación que podría cambiarlo todo. Bajo la música, el sudor y los silencios, hay algo latiendo. Algo que suena como ellos. Algo que se baila, aunque dé miedo. ✨ 𝐎𝐍𝐄𝐒𝐇𝐎𝐓 𝐄𝐒𝐂𝐑𝐈𝐓𝐎 𝐏𝐎𝐑 𝐌𝐢𝐧𝐬𝐮𝐧_𝟗𝟒 ✨ 🚫 𝐏𝐫𝐨𝐡𝐢𝐛𝐢𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐩𝐢𝐚𝐫, 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐫 𝐨 𝐭𝐫𝐚𝐝𝐮𝐜𝐢𝐫 𝐬𝐢𝐧 𝐦𝐢 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐬𝐨. 📤 𝐒𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐫 𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐥𝐚𝐜𝐞 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐫𝐞𝐩𝐨𝐬𝐭𝐞𝐚𝐫𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐢 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐚𝐣𝐞𝐧𝐚. 💜 𝐑𝐄𝐒𝐏𝐄𝐓𝐀 𝐄𝐋 𝐓𝐑𝐀𝐁𝐀𝐉𝐎 𝐃𝐄 𝐋𝐎𝐒 𝐄𝐒𝐂𝐑𝐈𝐓𝐎𝐑𝐄𝐒 💜

Genero:
Romance
Autor/a:
MinSun_94
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Oneshot


El mundo underground de la ciudad tenía su propio pulso, un latido constante que se sentía en las paredes de ladrillo, en el eco de los pasos y en el susurro del viento nocturno. Cada mes, en un lugar distinto —un callejón, un parque, una vieja fábrica abandonada—, se armaba la reunión de los rebeldes urbanos: la competencia underground más esperada, donde no solo se peleaba por el título, sino por la dignidad y el respeto.


No era solo una batalla de rap. No era solo un concurso de baile. Era todo un universo en el que se mezclaban:


Batallas de gallos, donde los versos se lanzaban afilados como cuchillas, enfrentando a los mejores raperos del barrio.


Competencias de baile urbano, donde cada paso, cada giro y cada salto eran una declaración de estilo y corazón.


Acrobacias en bicicletas, con saltos imposibles y piruetas que dejaban a todos sin aliento.


Batallas de beatbox, donde las voces imitaban percusiones y sintetizadores, creando paisajes sonoros sin instrumentos.


En los alrededores, había puestos de comida que llenaban el aire con aromas de carne asada, fideos picantes y el dulce de las frituras. En otros puestos, gorras, camisetas y accesorios con logos hechos a mano se vendían a precios simbólicos, símbolos de pertenencia a aquella tribu urbana.


Cada evento era una fiesta de expresión, donde las reglas las dictaban la pasión y la autenticidad.


En ese mundo, dos figuras destacaban sin saberlo: Yoongi, el rapero underground conocido como SUGA, y Hoseok, el bailarín imparable apodado J-HOPE.


Ambos eran leyendas en sus áreas, con estilos y talentos diferentes, pero compartiendo un mismo espacio y una misma pasión.

Y cada mes, cuando se armaba el evento, se encontraban siempre… pero nunca se hablaban.


Yoongi se aseguraba de estar presente en todas las competencias de baile para verlo a él, admirando en secreto la energía de Hoseok, sus movimientos fluidos y la manera en que se adueñaba del escenario sin esfuerzo aparente. Hoseok, por su parte, siempre buscaba las batallas de rap para escuchar a Yoongi, apreciar la furia y precisión con la que escupía sus versos, sintiendo esa conexión inexplicable.


Pero entre ellos había una distancia silenciosa, un muro invisible que ninguno se atrevía a derribar.


Aquella noche, el evento estaba en pleno apogeo. Las luces neón coloreaban el aire y la música retumbaba en el cuerpo de los asistentes. El círculo para la batalla de gallos ya estaba armado, y la gente se apretaba para ver el enfrentamiento que todos esperaban.


Yoongi apareció, capucha baja y mirada fija, listo para su batalla contra Namjoon, su amigo y rival de años. Namjoon, con esa sonrisa confiada y sus movimientos relajados, lo saludó sin perder la actitud.


—¿Listo para perder? —bromeó Namjoon, haciendo girar el micrófono con destreza.


Yoongi simplemente escupió al suelo, tomó el micrófono y se paró frente a él. La música empezó a sonar, lenta y potente, y la batalla arrancó.


Verso tras verso, los dos se midieron como viejos gladiadores. Rimas precisas, golpes de ingenio, metáforas que quemaban y al mismo tiempo tenían ritmo. La gente rugía, algunos saltaban, otros grababan con sus teléfonos, pero la atención se centraba en esa coreografía de palabras que no necesitaban ningún acompañamiento más que el beat.


Namjoon soltó una última línea y miró a Yoongi con una sonrisa franca.


—Bien, Suga, esta ronda es tuya. Pero si sigues mirando tanto a Hoseok, te voy a acabar.


Yoongi frunció el ceño.


—¿Qué? ¿Que me acerque o que lo deje de mirar? —preguntó con sarcasmo.


—Que lo dejes de mirar tanto... o que vayas y te acerques antes de que me harte de verte paralizado —bromeó Namjoon, dándole un codazo en el costado.


Yoongi soltó una pequeña risa, y giró la cabeza hacia donde había estado Hoseok minutos antes. Pero el bailarín ya no estaba.


—Se fue —murmuró, casi para sí mismo.


Namjoon lo miró divertido.


—Pues no pierdas tiempo. Que la competencia de baile va a empezar y no queremos que te pierdas el show.


Yoongi asintió, tomando un trago de la botella de agua que alguien le alcanzó.

Y sin apartar los ojos de la salida, caminó hacia el área donde Hoseok solía brillar.



El área destinada para la competencia de baile era un espacio abierto entre edificios viejos, con luces colgando que formaban un techo improvisado de destellos amarillos y naranjas. El suelo estaba marcado por siglos de pisadas, de giros, caídas y saltos; un tapiz de historia urbana que había visto crecer a cientos de bailarines, pero ninguno con el talento de Hoseok.


El murmullo de la multitud se volvió un silencio expectante cuando J-Hope apareció en el centro del círculo. Su camiseta blanca contrastaba con la oscuridad de la noche y la gorra que llevaba al revés, dejando escapar mechones de cabello que se movían con cada movimiento.


Cuando la base comenzó a sonar, Hoseok se transformó.

Sus movimientos eran fuego líquido, cada salto, cada giro, cada caída controlada parecían contar una historia que nadie más podía narrar. La gente alrededor se dejaba llevar, algunos aplaudían, otros grababan con sus teléfonos, pero todos estaban hipnotizados por su energía desbordante.


Yoongi lo observaba desde la sombra, con los brazos cruzados y la respiración contenida. Era imposible no sentir esa mezcla de admiración y... algo más profundo, algo que apretaba el pecho cada vez que Hoseok lo miraba aunque fuera un segundo.


En un momento, Hoseok giró con una sonrisa, sus ojos buscando entre el público, y se encontraron con los de Yoongi. Fue un instante fugaz, pero en ese momento, el tiempo pareció detenerse. Una corriente eléctrica pasó entre ellos, silenciosa pero intensa.


Después de la última vuelta, Hoseok terminó con una pose espectacular y la multitud estalló en aplausos. Respirando con fuerza, se acercó al borde del círculo, pero Yoongi ya no estaba ahí.


Jimin, que lo había seguido discretamente, le dio un codazo y susurró:


—Creo que alguien te dejó plantado.


Hoseok rió, un poco frustrado pero también divertido.


—Parece que sí. Será mejor que lo encuentre antes de que se me escape.


Jimin levantó las cejas y sonrió.


—No te preocupes. Cuando ese tipo se decida, será como un verso perfecto. Y tú sabes que la espera vale la pena.


Hoseok asintió, sin dejar de mirar hacia la salida, donde la sombra de Yoongi se había desvanecido.




La competencia de baile había terminado, pero la energía del lugar seguía tan encendida como si recién comenzara. Unos DJs se turnaban para mezclar beats que hacían vibrar las mesas de plástico y las botellas de soju mal tapadas. Alrededor, el humo de las parrillas se mezclaba con el aroma embriagante del tteokbokki picante, las empanadas fritas, los fideos humeantes y el aceite que chisporroteaba en los woks.


Entre los puestos de comida más concurridos, estaba el de la señora Jeon, que atendía con una eficiencia asombrosa mientras gritaba órdenes al fondo, a su hijo: un chico de ojos grandes, cabello oscuro y músculos marcados por las horas entre ollas y cuchillos: Jungkook.


Jimin se abanicaba con un volante doblado del evento mientras se sentaba con Hoseok en una mesa no muy lejos del puesto. Ambos habían competido, ambos brillaban. Y ambos sabían que, en algún rincón, estaban siendo observados.


—¿Me estás escuchando? —preguntó Hoseok, quitándole el volante de la cara.


—Sí, sí. Que casi te torciste el tobillo, pero que nadie lo notó porque bailas como si el suelo fuera una pista de fuego. ¿Algo así?


Hoseok frunció el ceño.


—Te estoy hablando de Suga —confesó en voz baja—. Lo vi mirándome. Y no fue la primera vez.


Jimin se giró disimuladamente hacia otra mesa, a unos metros. Ahí estaban sentados Namjoon y Yoongi, compartiendo una bandeja con carne picada, arroz y huevos fritos.


Yoongi tenía los codos en la mesa y el rostro medio cubierto por la manga, como si intentara pasar desapercibido. Pero sus ojos no se despegaban de Hoseok. Y Hoseok, aunque hacía como que no, lo sabía.


Jimin bufó y se giró hacia el puesto.


—¿Sabes qué? Me harté de ustedes dos. Si nadie da el primer paso, pues yo sí.


Hoseok levantó una ceja, confundido.


—¿Qué vas a…?


Pero antes de que terminara la frase, Jimin ya estaba llamando a Jungkook con una sonrisa pícara.


—¡Oye, Jeon! ¿Me regalas más kimchi o solo sirves sonrisas en esa cocina?


Jungkook se giró, se limpió las manos con un trapo, y caminó hasta la mesa con una ceja levantada.


—¿Y tú? ¿Siempre coqueteas por hambre o esta es una emergencia?


Jimin soltó una risa limpia, encantadora, y le dio espacio para sentarse a su lado.


—Hoy estoy sediento... de atención.


Hoseok puso los ojos en blanco, pero no dijo nada. Lo que sí notó fue cómo, desde la otra mesa, Yoongi había dejado de comer y ahora parecía masticar más el aire que el arroz.


—Tsk —masculló Namjoon, que también lo notó—. Si frunces más el ceño, vas a terminar rapeando con la frente.


Yoongi se forzó a mirar su comida.


—No me importa.


Namjoon levantó una ceja, divertido.


—¿No? Entonces deja de mirarlos como si ese chico le estuviera robando tus versos.


Yoongi apretó los labios.


—No son mis versos.


—Pero te gustaría que fueran. A estas alturas, te veo mirar a Hoseok como miras una pista que sabes que vas a destrozar… solo que no te atreves a dar el primer paso.


Yoongi no respondió. Jungkook se rió por algo que dijo Jimin, y el sonido rebotó en su pecho como un golpe suave pero molesto.


Hoseok lo notó también, y bajó la mirada al plato que apenas había tocado.


“Idiotas”, pensó Jimin mientras se servía más kimchi. “Dos idiotas perfectos para frustrarse mutuamente.”


---


Minutos después, un anuncio sonó por los altavoces improvisados.


—¡Atención, atención! —gritó una voz joven con eco distorsionado—. ¡En cinco minutos, se anunciarán los ganadores de cada categoría! Todos los participantes deben acercarse al escenario del estacionamiento principal. ¡Repito, cinco minutos!


La zona se volvió un pequeño caos de personas organizándose, limpiándose el sudor, buscando sus mochilas y compañeros.


Jungkook se levantó.


—Debo volver a ayudar a mi mamá.


Jimin le guiñó un ojo.


—Fue un placer, chef.


—Cuidado, que yo sirvo caliente —respondió Jungkook con una sonrisa antes de desaparecer entre el humo.


Hoseok tomó su botella de agua y se levantó sin decir nada.


—¿Vamos? —le preguntó a Jimin.


—¿A ver si al fin uno de esos dos idiotas se acerca? Claro que sí —murmuró el rubio mientras caminaban entre el gentío.


Desde la otra mesa, Namjoon ya se había levantado, palmeando a Yoongi en el hombro.


—¿Te vas a quedar sentado o vas a recoger el reconocimiento que te ganaste? Porque si no vas, te lo robo.


Yoongi gruñó, pero se levantó al fin. Con pasos lentos, siguió a su amigo en dirección al escenario, justo detrás de Hoseok y Jimin.


La distancia entre ellos era mínima.


El deseo contenido, casi palpable.


Y la noche, lejos de terminar… recién empezaba a calentar.



El escenario principal, armado con luces parpadeantes y grandes altavoces, vibraba con la emoción del público. Era ese momento del evento que todos esperaban: la premiación. Un presentador con voz ronca y estilo callejero anunció con energía los nombres de los ganadores de cada categoría, mientras la multitud se agolpaba frente al escenario para ver de cerca a sus ídolos urbanos.


Yoongi, desde su lugar entre la gente, tenía la mirada fija en una sola dirección: Hoseok. Lo había perdido de vista después de su batalla de gallos con Namjoon, pero lo encontró otra vez entre la multitud. Hoseok reía junto a Jimin, de pie unos metros delante de él, y sus movimientos eran como una coreografía natural incluso al estar quieto.


Por un impulso —de esos que rara vez permitía a sí mismo—, Yoongi se acercó. Tenía la mano extendida, a punto de tocar el hombro de Hoseok para, finalmente, hablarle por primera vez, cuando:


—¡Y ahora, el ganador de la batalla de gallos underground de esta noche! ¡Nuestro SUGA! —gritó el presentador, provocando gritos y aplausos.


Yoongi se quedó congelado por una fracción de segundo, con los dedos casi rozando la chaqueta de Hoseok, quien no parecía haberse dado cuenta. Namjoon, desde el costado del escenario, silbó fuerte y le hizo un gesto con la cabeza.


—¡Vamos, no te hagas el tímido! —gritó con una carcajada.


Con una exhalación pesada, Yoongi dejó caer la mano y se giró hacia el escenario. Subió los escalones con paso tranquilo, el rostro inexpresivo como siempre, pero por dentro, había un leve temblor en su pecho. Recibió la placa con su nombre grabado y un sobre con el premio monetario. Levantó el trofeo con una mano, la otra metida en el bolsillo de su sudadera, y el público coreó su nombre: "SUGA, SUGA, SUGA".


Apenas bajó del escenario, el presentador tomó el micrófono de nuevo.


—Y ahora, la categoría de danza urbana... ¡El sol andante, nuestro J-HOPE!


El nombre fue recibido con gritos aún más fuertes. Hoseok subió al escenario con una energía completamente distinta a la de Yoongi. Sonreía ampliamente, hizo un pequeño paso de baile al recibir su trofeo y hasta tiró un beso al público. Su presencia era luz pura.


Yoongi lo observó desde abajo, embelesado, con el trofeo aún entre sus dedos. Y aunque se sentía algo fuera de lugar entre tanto entusiasmo, sus ojos no se apartaban del cuerpo que danzaba incluso cuando solo caminaba.


Cuando Hoseok bajó del escenario, Jimin lo abrazó efusivamente. Pero en cuanto se soltaron, y con el trofeo aún en la mano, fue Hoseok quien dio el primer paso esta vez.


Se acercó a Yoongi. Sus ojos brillaban por la emoción, por la adrenalina de haber ganado, y por algo más que aún no se atrevía a poner en palabras.


—Felicidades, "Suga" —dijo Hoseok con una sonrisa traviesa al bajarse del escenario—. Te rifaste, fue brutal tu lírica. Casi sentí lástima por Namjoon… casi.


Yoongi alzó una ceja, divertido por la audacia en su tono.


—¿Casi, eh? —respondió, acercándose apenas—. Me esforzaré más la próxima vez.


—Mejor. Quiero ver de lo que eres capaz cuando realmente te esfuerzas —le dijo Hoseok, guiñándole un ojo.


Yoongi no pudo evitarlo, sonrió, relajado por primera vez en la noche.


A unos pasos de distancia, Jimin se encaminaba de nuevo al puesto de comida. No porque tuviera hambre. Más bien, tenia una excusa para volver a ver a Jungkook, le había dejado sus mochilas mientras recogían los premios. Jimin no se andaba con rodeos. Si Yoongi y Hoseok seguían con esa tensión sin resolver después de tantos eventos compartisos, al menos él aprovecharía su oportunidad.


Mientras tanto, Yoongi miró a Hoseok con algo más que interés. El ruido del escenario empezaba a disiparse, y el bullicio de la feria urbana volvía a llenar el ambiente. Aromas dulces de canela, azúcar quemada y fruta fresca inundaban el aire.


Yoongi desvió la mirada, pero sus labios temblaron levemente como si fuera a sonreír. No lo hizo. No del todo. En lugar de eso, preguntó con voz rasposa:


—¿Vas a quedarte un rato más?


Hoseok asintió.


—Supongo que sí. La noche todavía está buena... y parece que mi acompañante no querrá irse temprano—dijo, mirando hacia el puesto donde Jimin ya estaba coqueteando con Jungkook descaradamente.


Yoongi, por primera vez en mucho tiempo, soltó una pequeña risa.


—Entonces… tal vez te invite algo.


—¿Tal vez? —Hoseok arqueó una ceja—. ¿Eso es lo que haces cuando quieres acercarte a alguien?


Yoongi lo miró directo a los ojos.


—No suelo querer acercarme a nadie.


El silencio entre ellos se cargó de tensión. Hoseok, sin dejar de sonreír, rompió esa tensión con un guiño provocador.


—Entonces estoy honrado… supongo.


—¿Te gusta lo dulce? —preguntó, medio girándose hacia los puestos.


—¿Me estás invitando un helado? —bromeó Hoseok, claramente disfrutando la tensión juguetona.


—No, te estoy premiando por tu presentación. Es injusto que solo te den un trofeo y un par de billetes —respondió Yoongi, con un tono entre seco y misterioso pero con aires de broma haciendo reír a Hoseok.


Caminaron juntos hasta uno de los puestos que ofrecían helados artesanales, uno de esos lugares que servían los sabores más extraños: helado de matcha con mochi, o de mango con chile.


—Yo quiero de vainilla con dulce de leche —dijo Hoseok con decisión—. Sencillo, pero confiable. Como yo.


Yoongi sonrió, pagó por los dos helados sin discutir, y cuando Hoseok tomó el suyo, lo miró de reojo.


—¿Y tú? ¿Cómo eres?


Yoongi lamió su helado de coco con chocolate negro antes de responder.


—Difícil de leer. Pero adictivo, dicen por ahí.


—¿"Dicen"? —Hoseok entrecerró los ojos, divertido—. ¿Y tú les crees?


—A veces. Pero me gusta más cuando lo comprueban por sí mismos.


La pausa que siguió fue casi cinematográfica. Un pequeño grupo pasaba corriendo al fondo, gritando por un show de acrobacias que estaba por comenzar.


El beat grave de una pista de trap llenaba el ambiente desde uno de los escenarios. Las luces de neón brillaban como estrellas artificiales sobre sus cabezas, y Hoseok mordió su helado sin quitarle la vista de encima.


Por fin se había animado a dar el primer paso coqueteando sutilmente, Jimin tenía razón, si no lo intentaba después estaría arrepentido porque solo coincidían en estas competencias cada mes.


Se sentaron en una banca, los pies colgando, sin prisas.


—¿Desde cuándo me has estado viendo? —preguntó Yoongi.


—Desde la primera competencia. — admitió Hoseok tocándose el oído nervioso—. Al principio, solo venía por la música y por bailar. Pero recuerdo que Namjoon te presentó… y cuando empezaste a soltar esas rimas sobre corrupción y desigualdad, supe que eras diferente. Que no solo rapeabas por presumir, sino porque había fuego detrás de cada palabra. Siempre pensé que eras increíble. Me encanta cómo no te da miedo hablar del gobierno, de la mierda que nadie se atreve a nombrar.


Yoongi dejo su helado por un segundo. Lo miró con un dejo de sorpresa y una intensidad que Hoseok sintió hasta en los dedos.


—No esperaba eso —admitió el rapero—. Namjoon me arrastró a ver una competencia de baile esa misma vez. Yo estaba en plan “esto va a ser una pérdida de tiempo”… pero entonces saliste tú. —Lo miró con una media sonrisa, como si pudiera ver en su mente aquel recuerdo—. Y no pude apartar la vista.


El silencio que siguió fue cómodo, cargado de una tensión nueva, agradable, casi eléctrica.


Hoseok bajó la mirada, jugueteando con el helado.


—Si lo sabías desde el inicio, ¿por qué tardaste tanto?


—Supongo que no sabía cómo acercarme a alguien que brilla tanto.


—Idiota. Podrías haber empezado con un “hola”.


—Bueno, gracias por lo de idiota tal vez lo merezco —dijo Yoongi, encogiéndose de hombros


Rieron juntos.


En el mundo de la calle, donde todo era ritmo, fuego y sudor… nació una chispa nueva. Una historia escrita con pasos y versos. Y en esa noche calurosa, Min Yoongi y Jung Hoseok por fin se dejaron ver. Por fin, se encontraron.


Hoseok todavía estaba hablando con Yoongi, su sonrisa tímida pero constante, cuando unos pasos veloces rompieron el ritmo tranquilo de la conversación. Antes de que pudieran reaccionar, una figura apareció de golpe entre ellos, saltando como un niño travieso entre sus amigos.


—¡BU! —exclamó Jimin, apareciendo con una sonrisa traviesa en el rostro.


Ambos dieron un respingo, especialmente Hoseok que casi suelta el vaso de helado que tenía en la mano.


—¡Hijo de... Jimin! —exclamó Hoseok llevándose una mano al pecho—. ¿Quieres matarme de un susto? Un día de estos me va a dar algo por tu culpa. ¿No podías llegar tranquilamente? — pregunto con falsa molestia.


—¿Y perderme la oportunidad de interrumpir esta escena sacada de un kdrama? —replicó Jimin sin una pizca de arrepentimiento—. No, gracias. Yo me alimento del caos y las miraditas furtivas. Toma, tu mochila —añadió, extendiéndosela con una sonrisa ladina—. No me esperes esta noche.


—¿Qué? ¿A dónde vas ahora? —Hoseok frunció el ceño al tomar la mochila, claramente desconcertado.


Jimin no respondió de inmediato. En lugar de eso, se giró sutilmente hacia el puesto de comida donde Jungkook —con una camiseta blanca ya algo sucia de tanto moverse— ayudaba a su madre a recoger el puesto. Con una mirada cargada de intención, se mordió el labio inferior antes de volver a mirar a Hoseok.


—Digamos que el chef Jeon cocina bien… —dejó caer con una sonrisa ladeada, cruzándose de brazos—. Y esta noche, va a cocinar conmigo.


Yoongi levantó una ceja, divertido, mientras Hoseok entrecerraba los ojos en un gesto que decía claramente “no quiero saber más detalles”.


—¡Jimin, por Dios! —protestó, ya sintiendo el calor en las mejillas.


Pero Jimin no tenía intenciones de detenerse. Se acercó un poco más, como si estuviera por contar un secreto, pero lo dijo lo bastante alto como para que ambos lo oyeran:


—Tal vez no pueda caminar bien hasta pasado mañana... —guiñó un ojo con descaro y lanzó un beso al aire antes de alejarse con pasos ligeros—. ¡Diviértanse, chicos!


—¡Eres un desvergonzado! —gritó Hoseok, rojo hasta las orejas, viendo cómo su mejor amigo trotaba rumbo a Jungkook, quien justo se limpiaba las manos con un trapo antes de sonreír al verlo venir.


Yoongi soltó una carcajada, ronca y breve.


—¿Siempre es así? —preguntó, aún con la sonrisa pintada en los labios.


—Peor —suspiró Hoseok, cubriéndose el rostro con una mano mientras negaba suavemente con la cabeza—. Es como si viviera en un drama de adolescentes, solo que con menos censura y más insinuaciones sexuales.


Yoongi sacó su celular en ese momento, revisando una notificación. Tras leerla, frunció apenas los labios antes de volver a guardarlo.


—Namjoon se fue. Le surgió algo con uno de sus alumnos. —Se encogió de hombros antes de alzar la mirada hacia Hoseok—. Parece que me abandonó.


La música que antes vibraba por todos los rincones había bajado su volumen. Algunos puestos ya estaban cerrando, las luces disminuían su intensidad, y el aire tenía ese sabor a final de evento: dulzón, relajado, más íntimo.


—Bueno, por suerte, no estás completamente solo —dijo Hoseok, casi sin pensar, y luego se tensó al darse cuenta de sus propias palabras.


Yoongi lo miró, y por primera vez desde que comenzaron a hablar, su expresión cambió a algo más suave… más íntimo.


—Y espero no estarlo por el resto de la noche —dijo, con voz baja, rascándose la nuca con una fingida indiferencia, pero sus ojos estaban clavados en los de Hoseok.


El bailarín parpadeó, sorprendido por lo directo del comentario, pero luego se mordió el labio inferior, disimulando una sonrisa.


—¿Qué estás sugiriendo? —preguntó, entre divertido y nervioso.


Yoongi levantó una ceja. La calle ya no estaba tan iluminada como antes, y la sombra de los faroles caía sobre su rostro haciendo que su expresión se viera más intensa, más oscura… peligrosamente atractiva.


—Estoy sugiriendo que... —hizo una pequeña pausa y dio un paso más cerca— si no tienes prisa, podrías venir a mi departamento. Hay aire acondicionado, buena música… helado de café en el congelador. —Sonrió levemente—. Y, claro, un sofá decente donde podrías sentarte a descansar de tanto moverte.


Hoseok soltó una carcajada ante el intento de excusa casual.


—¿Helado de café? ¿Eso es todo tu repertorio de seducción? Acabamos de comer helado.


—Te sorprenderías de lo efectivo que puede ser.


Hoseok negó con la cabeza, pero su sonrisa era cada vez más amplia. Miró a su alrededor: el evento prácticamente había terminado. No quedaba nadie que le interesara saludar, y con Jimin fuera del departamento… bueno, la noche era suya para decidir.


—Está bien, Suga —dijo, usando deliberadamente su alias, con una chispa desafiante en los ojos—. Muéstrame ese helado milagroso del que tanto presumes.


Yoongi lo miró con un dejo de satisfacción y chasqueó la lengua.


—Creí que nunca lo dirías.


Ambos comenzaron a caminar hacia la salida del recinto, dejando atrás el murmullo de los últimos puestos que se apagaban y las luces que empezaban a extinguirse. El aire era cálido, húmedo, pero no incómodo. La ciudad parecía más tranquila a esa hora, como si supiera que lo mejor de la noche apenas estaba por empezar.


La calle por donde caminaban ahora estaba desierta. Cruzaron dos manzanas hasta un edificio modesto de departamentos. Subieron por unas escaleras metálicas que resonaban bajo sus pies hasta llegar a un segundo piso. Yoongi abrió la puerta con una llave colgada de una cadena metálica y empujó con la cadera.


El interior era pequeño, pero acogedor. Luces tenues, una pila de vinilos junto a una tornamesa, un sofá gris con cojines desordenados, una pared llena de pósters viejos de conciertos y protestas sociales. Había también varios cuadernos, una laptop abierta y un micrófono en una esquina.


—Bienvenido a mi madriguera —dijo Yoongi, mientras dejaba las llaves en un platillo cerca de la entrada.


Hoseok entró despacio, como si pisara terreno sagrado.


—Es más artístico de lo que imaginaba —comentó, mientras observaba un mural pintado directamente en la pared, con frases como “La rabia es música en estado puro” y “Nadie nos va a callar”.


—Soy un romántico con actitud antisistema —bromeó Yoongi, y luego fue directo al refrigerador—. ¿Listo para el helado?


—Sorpréndeme.


Unos minutos después, ambos estaban sentados en el sofá. Hoseok sostenía una taza con helado de café y Yoongi lo observaba de reojo mientras lamía su propia cuchara.


—Debo admitir que esto está... —Hoseok hizo una pausa para saborear— increíble.


—¿Ves? Te lo dije.


Pasaron unos segundos en los que sólo se escuchaba el sonido de las cucharas y el murmullo de la música que salía baja desde la tornamesa.


—Por cierto… —Hoseok dejó su taza sobre la mesita y se giró hacia él—. Espero que también beses como rapeas. O que esas habilidades tuyas para soltar palabras sirvan al menos para tener una lengua interesante. —Le guiñó un ojo, juguetón.


Yoongi parpadeó, completamente fuera de guardia.


—¿Qué?


—Nada, solo digo. Eres muy bueno con la lengua… para hablar. Me da curiosidad cómo te va con... otras cosas.


—¿Y tú esperas hablar así sin consecuencias?


—Solo si estás dispuesto a demostrarlo —retó Hoseok, sin retroceder ni un centímetro.


El silencio que siguió fue breve, porque en menos de dos segundos Yoongi dejó su taza sobre la mesa, se inclinó hacia Hoseok, lo tomó de la nuca y lo besó.


Ferozmente.


Como si hubiera estado esperando todo ese tiempo por ese momento.


La lengua del rapero era tan ágil como su lírica, firme y dominante, pero al mismo tiempo se tomaba su tiempo para saborear. Hoseok gimió contra su boca, completamente envuelto en el calor de su aliento, en el roce de sus labios, en la mano fuerte que apretaba la base de su cuello.


Cuando se separaron, los dos jadeaban, sin dejar de mirarse.


Yoongi sonrió, seguro, con los labios apenas húmedos.


—¿Cumplí tus expectativas?


Hoseok lo miró con las pupilas dilatadas y asintió lentamente.


—Las destrozaste.


Yoongi se echó a reír, relajado ahora que el hielo se había roto —o más bien derretido— por completo.


—Y eso que aún no he empezado con lo bueno.


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📝: Este es un one-shot autoconclusivo, pero si tiene buena aceptación (likes, comentarios y guardados), podría liberar capítulos especiales:

💋 Especial #1: Lo que pasó después del beso entre Hoseok y Yoongi.

💿 Especial #2: más detalles de la pareja secundaria Jimin y Jungkook.

🏙️ Especial #3: Un encuentro donde todos se cruzan: la fiesta, la música y algo más...

Así que si te gustó, no olvides dejar tu ❤️, agregarlo a tu biblioteca y comentar. ¡Me ayudas muchísimo a seguir creando!


Escrito por: Minsun_94