El susurro de la rosa y sombras

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Sinopsis

En los callejones húmedos de la Londres victoriana, donde la lluvia borra las huellas y los faroles apenas iluminan la niebla, una joven de cabellos escarlata corre entre la vida y la muerte. Su nombre es Elise, una doncella marcada por la tristeza y armada con una daga de rosas negras, cuyo destino la arrastra a un baile sangriento contra criaturas de sombra. Pero Elise no está sola en su lucha. Desde lo profundo del infierno, un príncipe demonio la observa con fría fascinación; desde lo alto del cielo, un ángel de alas blancas la contempla con una obsesión cruel. Dos miradas eternas fijas en una simple mortal… que quizá no sea tan frágil como parece. Entre lluvia, fuego y lágrimas, Elise descubrirá que su alma guarda un secreto capaz de atraer la atención de lo divino y lo maldito. Y en ese susurro, escondido entre rosas y sombras, nacerá una historia de danza, dolor y revelaciones prohibidas.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Josie
Estado:
En proceso
Capítulos:
33
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1 La rosa de la tormenta

Londres, época victoriana.

Durante la revolución industrial y bajo el vasto dominio del Imperio Británico, la ciudad respiraba entre humo, lujo y miseria. Las calles empedradas brillaban bajo la lluvia, y los faroles de gas proyectaban su luz temblorosa, iluminando apenas los callejones oscuros. La luna, pálida y distante, se asomaba entre nubes pesadas que ocultaban las estrellas, mientras pequeñas gotas caían y formaban coronas efímeras en el suelo húmedo.

Entre la penumbra avanzaba una joven. Su cabello rojo escarlata caía en ondas, semejando llamas indomables que desafiaban la oscuridad. Sus ojos azules, tan profundos como un mar en tempestad, brillaban con melancolía bajo el reflejo de la lluvia. La piel trigueña de su rostro estaba perlada de gotas, y en sus mejillas ruborizadas se confundían lágrimas con agua.

Vestía un corset blanco ajustado bajo una falda negra, medias de red que se ceñían a sus piernas y pequeños botines de cuero que golpeaban el empedrado mojado. Una rosa negra adornaba su cabello, sujetando aquellas ondas carmesí que resplandecían bajo la luz mortecina. En su cintura descansaba una daga de empuñadura ornamentada: rosas talladas en hierro negro con toques rojos, como si estuvieran manchadas de sangre eterna.

Ella parecía una visión trágica, una rosa arrojada a la tormenta.

Y mientras la ciudad dormía, más abajo, en lo más profundo de la tierra, allí donde los humanos corruptos eran devorados por su propia avaricia, una presencia despertaba. Entre ecos de gritos y lamentos, un joven demonio observaba desde su reino de sombras. Su cabello dorado caía como oro derretido sobre sus hombros, y sus ojos grises, fríos y crueles, tenían la fuerza suficiente para estremecer hasta el alma más pura. Su piel, blanca como la porcelana rota, estaba marcada por cicatrices profundas: heridas que contaban la historia de guerras, traiciones y castigos sin fin.

Él era Kaelen, el príncipe de las cicatrices.