Capítulo único
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Nota: Día 17 y aquí pues… Se va a tratar de humillación como tal, así que no se busca ofender a nadie con esto. Si les gustó el degenere no olviden dejar un comentario y voto en apoyo.
Estaban en la gira Zimmer 483, dirigiéndose de Zürich hacia Frankfurt en el tourbus, pero empezó a llover conforme seguía el camino, era de madrugada, y los truenos iluminaron la noche, haciendo que Bill se levantara de un brinco de su cama.
El sonido volvió a resonar y Bill se estremeció, se fijó en su celular, eran las 2:30 am, podía hasta escucharse los ronquidos de Georg, Bill tragó saliva, bajándose de su litera y yendo en dirección hacia la de Tom, corriendo la cortina, observando a su hermano de espaldas, con una camiseta vieja y pantalón de chándal, con las rastas sueltas sobre la almohada, Bill se subió a la litera de su gemelo, haciendo que se hundiera ese lado, conforme corría la cortina de nuevo, para ocultarlos, metiéndose debajo de la colcha de Tom, y abrazándolo siendo la cuchara más grande, con el de rastas de inmediato posando su mano encima de la de su gemelo.
—¿No estamos muy grandes para que vengas a dormir conmigo por los truenos? En septiembre cumpliremos dieciocho, Billy llorón y miedoso —comentó Tom para luego bostezar, pero sin dejar de tomar por la mano a Bill.
—Cállate, que a ti te da miedo volar —refutó Bill contra el cuello del mayor, frunciendo el ceño.
—Estás en mi territorio, o te callas o te pateo de aquí —advirtió Tom, y Bill permaneció en silencio, porque sabía que era cierto.
Tom se regía bajo las reglas de Bill al ir a su cuarto, litera o donde fuera, pero si Bill iba al suyo, pasaba así… Bill tenía que ceder, Tom entendió el silencio como aceptación, en lo que volvía a sonar otro trueno, con Bill apretándose más fuerte contra su hermano, escondiendo su rostro en el hombro del de rastas.
Tom tamborileó los dedos por encima del brazo de Bill.
—¿El bebé Bill quiere una canción de cuna para que calme sus nervios y se ponga a dormir? ¿Tal vez deba cantarteDer Mond Ist Aufgegangenen la versión de Nena? —cuestionó Tom, en el mismo tono burlón, en lo que Bill seguía temblando levemente por el cielo lleno de relámpagos, haciendo alusión a la canción de nana tradicional alemana, pero que la cantante favorita de Bill había hecho su propia versión, sólo por molestarlo, es decir, Tom sí cantaba, aunque en escasas ocasiones y no para calmar a Bill, al menos no desde que eran unos niños.—Te aferras tanto como a tu consentida manta de bebé… Bebé Billy, bebé llorón, el ratoncito llorón… —siguió hablando el de rastas, en lo que pasaba ahora sus cortas uñas por encima de los brazos de su gemelo—, ¿qué diría Charlotte de verte así llorando por los truenos otra vez? Seguro sería peor que yo… —acotó el rubio, en lo que Bill lo apretaba más, aún mojándole la camiseta por estar llorando frente al terror por los truenos, pero igualmente cómodo al sentir el aroma de Tom, incluso aunque estuviera burlándose a costa suya, el abrazarlo, sentirlo, e incluso tener su trasero contra su entrepierna, lo estaba distrayendo lo suficiente para poder calmarse pese a todo, incluso aunque sus lágrimas traicioneras estuvieran cubriéndole el rostro, manchando la camiseta de su gemelo.
Tom estaba sintiendo cómo el llanto de Bill menguaba, aunque seguía temblando ante cada resueno en el cielo, apretándolo más por la cintura, en lo que percibía cómo estaba endureciéndose contra su trasero.
—Oh… Billy, Billy… Billy no está bien, ¿no? Billy está llorando como niño… Pero se le está parando como hombre… Oh, Billy, tan enfermo y retorcido, ¿te excita abrazar a tu hermano mientras tienes miedo? No hay justificación alguna para esto, Billy, ya no eres un niñito que se le para accidentalmente, ¿no? Vamos a cumplir dieciocho años pero te sigue prendiendo el culo de tu gemelo, tan enfermo… Tan asqueroso, Billy —farfulló Tom, en lo que mecía su trasero contra la erección de Bill, quien se mordió los labios, al sentir cómo es que su gemelo estaba haciendo que se pusiera más duro con el incesante movimiento sobre su dolorida polla—. Sigue creciendo… Eres tan patético… ¿Qué vas a decir ahora, Billy? ¿Qué es un accidente? ¿Qué es normal por las hormonas? ¿Qué es porque no tenemos a nadie cerca y mamá no nos deja tener novias? Ya no hay excusas… Ambos nos hemos acostado con personas y sigues poniéndote así de duro por tu hermano mayor —siguió hablándole, en lo que Bill seguía manteniendo su frente contra el hombro de Tom, casi haciéndose sangrar los labios para no soltar un gemido por la forma en que el de rastas seguía insultándolo pero meciéndose contra él, haciendo que su pene estuviera por completo erguido en lo que los glúteos de Tom seguían frotándose contra él—. Tan enfermo el pequeño Billy… No estás bien de la cabeza, uhm, ¿verdad? No estás bien, Billy… No es normal que te excite tanto tu hermano, que no puedas disimular al verlo en el escenario, siempre detrás suyo… Siempre cantándole, terminas con una erección al final de los conciertos, “es por la adrenalina y emoción por el público”, dices y repites, pero sabes que no es así, ¿cierto? Sólo buscas engañarte… Eres tan patético y estúpido, pudiendo tener a quien quieras, cualquier groupie, fuera hombre o mujer, pero no… Te excita tu gemelo… Narcisista y retorcido, ¿eh?
Tom mismo estaba excitándose al sentir la dureza de Bill entre sus nalgas, así que esto era para prenderlos a ambos, incluso por sobre la ropa, que era tan ligera, ambos estaban estaban sólo con pantalones sin ropa interior puesta, y por ello es que Tom estaba percibiendomuy biena su gemelo detrás suyo…
—Y te gusta que te hablen mal, ¿no? Siempre en dominio de ti mismo, insultando al resto, pero también te excita que te diga lo patético y asqueroso que eres, como un perro faldero que soporta todo para tener una migaja de atención de su dueño, ¿no? Eso es lo que eres, Billy, un perro necesitado de afecto de tu gemelo, ¿no? Quién lo diría… Te demuestras como un león, cómo un rey, dueño del escenario… Seguro de sí mismo, y aquí sólo eres Billy, quien se muere por el culo de tu hermano mayor, ¿no te da vergüenza? ¿No, verdad? Porque así de sucio eres… Qué te encanta ser tratado mal, ser humillado y denigrado para que te deje que me la metas, ¿cierto? Todo lo que harías por eso… Porque te deje meter tu asqueroso pene en mi interior, ¿no? —inquirió Tom, apretando sus nalgas alrededor del miembro de Bill.—¿Te imaginas lo que diría la prensa? No sólo Bill Kaulitz tiene fama de maricón sino maricón por su gemelo… Debería ponerte una soga amarrada a tus collares de perro, totalmente desnudo, hacer que des un paseo de mi mano a cuatro patas, que me lamas las manos y pies… Que seas un perrito todo el día, para finalmente ponerte boca arriba, acariciarte el pene con mis pies… Porque ni siquiera mereces que te toque con mis manos, ¿sabes? Sería darte más atención de la mereces —acotó el de rastas, con Bill moviéndose detrás suyo, friccionándose contra el trasero de su gemelo, y Tom le pellizcó el brazo con fuerza, haciéndolo chillar—. No te frotes, Billy, quieto —advirtió el de rastas.
Bill chasqueó la lengua pero obedeció, deteniendo sus movimientos.
—Y no chasquees más la lengua o no tendrás nada de mí, no voy a soportar tus insolencias, pequeño y patético Billy, recuerda tu lugar, aquí eres un perro que debe ser obediente si quiere un premio, y sólo yo tengo el control aquí —le habló Tom en tono firme y Bill jadeó ante ello, porque sabía que le gustaban estos momentos, así no pudiera hablar, tal cual perro con bozal, uno imaginario, porque más que nada era que Bill no podía decir nada, a menos que Tom lo autorizara—. Ok… Lo captaste, te diría buen chico, pero sería mentirte, no eres un chico bueno, Billy… Porque un chico bueno no se excitaría con su gemelo, ¿sabes? Pero tú eres un perdedor que se prende más con su hermano, o, ¿será que nunca la puedes poner bien dentro de otra persona? Qué lamentable… Qué humillante ser tú, que tiene que follarse a otros pensando en su hermano, y aún así lo hace mal… Qué miserable debe ser tú… —agregó el de rastas, retomando sus movimientos encima de la entrepierna de Bill, quien soltó un gemido que amortiguó mordiéndose el labio inferior—. ¿Quieres que te deje tocarme más allá de tu abrazo? ¿Quieres tener algo más de mí? Tienes que rogar, Billy, suplica que quieres metérmela, di: “Soy Billy y no estoy bien porque quiero que mi gemelo me deje meterle el pene” —ordenó.
Bill sabía que ahora sí debía hablar.
—Soy Billy, y no estoy bien porque quiero que mi gemelo me deje meterle el pene —repitió la frase Bill.
—”Tom es mi amo, dueño de mi pene asqueroso, y sólo él controla mis orgasmos”, dilo —instó Tom.
Bill apretó sus dientes en lo que Tom seguía meciéndose, haciendo que Bill se aferrara a la cintura del mayor luchando para no frotarse de vuelta.
—Tom es mi amo, dueño de mi pene asqueroso, y sólo él controla mis orgasmos —repitió Bill, sabiendo que era humillante y que agradecía que nadie pudiera oírlo decir aquello porque estaban hablando en voz baja.
—Toca premio para el mariquita incestuoso que eres, Billy… —barbotó Tom, en lo que separaba de Bill, haciéndolo que se echara sobre la litera, bajándose los pantalones, y sentándose sobre la cara del menor—. Cómete mi culo… Come, Billy, cómetelo —ordenó, y el aludido comenzó a lamerlo por dentro, casi ahogándose por la forma en que Tom se apoyó, pero sí disfrutando el sabor del interior de su gemelo, quién no le tocaba el miembro, pero no era necesario, Bill incluso sin ser tocado estaba muy duro, mientras Tom seguía presionando su trasero contra su cara, en lo que Bill dejaba lamidas, saboreando su almizcle y gozando con que Tom se lo permitiera, en lo que el de rastas estaba emitiendo ruidos que amortiguaba con sus labios apretados, porque sí le gustaba cómo Bill lo estaba comiendo por dentro—. Tanto te gusta lamerlo… Debería tener un pastel para embarrarlo y que lo comas de mi trasero… ¿Eso te gustaría, no? Comer culo con pastel, todo lo que puedas comer de allí… Billy, mi enfermizo y retorcido, Billy… —soltó en un jadeo, sin tocarse porque iba a venirse si lo hacía, y aún tenía que alargar este momento.
Tom mismo tuvo que quitarse encima, acezado, en lo que sujetaba el lubricante y lo ponía sobre el vientre de Bill.
—Ahora, bájate los pantalones, y tócate solo —indicó Tom, y Bill obedeció, todavía una parte suya quería protestar porque era más que dominante en el sexo, pero no, esto era así porque así se regían cuando iba al cuarto de Tom.
Bill se estaba acariciando el miembro con el lubricante, observando a Tom desnudo de la cintura para abajo viéndole, sintiendo que estaba tan cerca de venirse.
Tom le dio un palmotazo sobre la erección, haciéndolo sisear, y ubicó un anillo vibrador en el miembro de Bill, sobre la base, colindando con sus testículos, el de cabello negro gimió, porque sabía que con aquel aparato no iba a poder correrse.
—Recuerda, Billy, soy dueño de tus orgasmos… Y no los tendrás todavía —acotó Tom con una sonrisa, en lo que se sentaba sobre la polla erecta de Bill, quien gimió al sentir aquella calidez envolverle, juntamente con la vibración del anillo, que estaba repercutiendo contra la dureza de Bill pero también contra los esfínteres de Tom, haciendo que el de rastas se espigara, en realidad se sentía más que bien, aunque Tom no iba decirlo en voz alta, observó a Bill desde arriba, relamiéndose los labios—. Ahora estás dentro mío… Llenándome con tu inmundicia, asqueroso, enfermo y retorcido… —masculló, en lo que comenzaba a empalarse a sí mismo, acariciándose la virilidad, en lo que buscaba su propia próstata—. Ooh… Billy, mi juguete sexual, el peor de todos… —acotó el de rastas, en lo que seguía apretándolo con su interior, Bill no podía tocarlo, y sólo se acrecentaba más su deseo al estar palpitando dentro de Tom, sin poder moverse ni correrse, en lo que observaba al de rastas dar botes encima suyo—. Eres tan inútil… Sí… No puedes ser funcional con nadie más que con tu hermano, eres una mariquita que está obsesionado con el culo de su gemelo… ¿No? Maldito enfermo… —siguió diciéndole, sin dejar de dar botes sobre Bill, y masturbándose encima suyo, quebrándose para sentirlo más, gozando cómo lo llenaba, pero no se lo diría.
A Bill le costaba mantenerse callado, quieto y con las manos apretadas contra la sábana, al sentir cómo Tom quemaba fuertemente, era tan delicioso, estrecho, y se moría por correrse aunque físicamente no pudiera hacerlo por el anillo alrededor de su miembro. También sus manos escocían por tocar a Tom de las caderas, muslos o del culo para guiarlo sobre su polla, pero no, era parte de ello el que Tom guiara todo en este punto.
Si Bill quería correrse debía obedecer.
Tom siguió tocándose y moviéndose de arriba abajo, o adelante hacia atrás, haciendo que ambos estuvieran tan cerca de venirse, pero Tom disfrutando en demasía porque no estaba usando un anillo, así que su erección que palpitaba contra su mano podía tener una culminación, a diferencia de la polla henchida de Bill, que parecía que iba a explotar en cualquier instante pero no podría hacerlo, por más que Tom lo apretara, por más que el anillo vibrador haciendo que la unión de sus cuerpos fuera más intensa, precisamos el anillo evitaba la eyaculación, así que Tom se vino con fuerza sobre el vientre de Bill, para levantar la camiseta del menor y esparcir su semen encima de su vientre y luego con dedos metérselos a la boca, aún apretándole la polla con su culo alrededor, Bill casi se atora por la forma profunda de meterle los dedos a la garganta, en qué Tom se levantaba y le quitaba el anillo.
—Ahora, córrete pero chupando mis dedos con semen —ordenó Tom, en lo que seguía introduciéndole los dedos en la boca, y Bill encontró la culminación, algo atragantado por los dedos de su gemelo, pero por fin pudiendo tocarse y viniéndose con fuerza contra su puño, con el permiso de Tom.
Después el mayor le quitó los dedos y miró con diversión.
—Y así te distraje de los truenos, Billy —masculló Tom, ubicándose al lado de su gemelo, dejándole un beso sobre los labios, que Bill le correspondió, para luego abrazarse ambos y cubrirse con la colcha.
—Te amo mucho, Tom —musitó contra los labios de su gemelo.
—Yo más, Bill, por eso hago lo que sea que me pidas, incluso algo así —arguyó Tom, ubicando su rostro contra el cuello del menor, y Bill asintió.
—Sí, yo después te lo recompensaré con todo lo que quieras —susurró Bill, haciendo movimientos circulares con sus dedos en la espalda baja del de rastas.
—En realidad, me divierto un poco al hacerlo —confesó Tom, riéndose contra el cuello de Bill.
—¿Sólo un poco? —inquirió Bill sonriendo de vuelta, Tom le besó el cuello.
—Bueno, bastante —cedió Tom como quien confiesa una travesura—. Aunque me gusta más cuando estás a cargo.
—Está bien, Tomi. Lo importante es que ambos lo disfrutemos, y bueno, no despertamos a nadie, sólo que sí te azotaré fuerte para que te sientas más tranquilo y en equilibrio cuando lleguemos al hotel, ¿está bien? Te jalaré bien del cabello, ahorcaré también y haré que no puedas sentarte de tanto que te lo meteré. ¿Eso te gustaría? —preguntó Bill, y Tom gimió ante ello.—Lo tomaré como un sí.
Tom se mordió el labio inferior deseando que llegaran pronto al hotel.