Pequeñas gotas de agua
"Plot" "plot"
Sentía un frío inmenso recorrer mi cuerpo. Mi mejilla estaba húmeda, algo goteaba y caía sobre ella. Un hormigueo en mis pies y un olor húmedo se apoderaban de mis fosas nasales. Escuchaba susurros de voces a mi alrededor, algo que hacía que el lado de mi cama se hundiera. Algo con un tacto rústico y grueso tocaba mi mejilla, enviando miles de escalofríos por todo mi cuerpo. Mi respiración se volvió acelerada y entrecortada; podía escuchar los latidos de mi corazón a mil por hora. Luego empecé a sentir un frío en mi oreja, una respiración tranquila y amenazadora. Su mano bajaba lentamente hasta posarse en mi cuello, dando caricias que pronto se convirtieron en un agarre intenso. Mi cuerpo empezó a temblar, el aire dejó de circular por mis pulmones y su respiración se aceleró. Empecé a perder la conciencia y, cuando ya creía que desfallecería...
Mis ojos se abrieron de golpe, encontrándome sola en mi habitación. Una pequeña gotera caía en mi mejilla y una respiración agitada que me pertenecía.
-¡Oh cielos! -exclamé, riéndome de mi imaginación-. Te estás volviendo loca, Hellen... -me dije, empezando a reír.Me senté en la cama, tratando de calmar mi respiración. La habitación estaba oscura, apenas iluminada por la luz tenue de la luna que se filtraba a través de las cortinas. El silencio era casi absoluto, roto solo por el sonido constante de la gotera.
"Plot" "plot".
Me levanté lentamente, mis pies descalzos encontrando el suelo frío. Caminé hacia el baño, encendiendo la luz y mirando mi reflejo en el espejo. Mis ojos estaban abiertos de par en par, la piel pálida y sudorosa.
-Es solo una pesadilla... -me repetí, salpicándome la cara con agua fría para despejarme.
Regresé a la cama, pero la sensación de inquietud no desaparecía. Miré alrededor de la habitación, tratando de encontrar algo fuera de lugar. Todo parecía normal, pero la sensación de ser observada persistía. Decidí revisar la casa, comenzando por la cocina. La madera del suelo crujía bajo mis pies con cada paso. La cocina estaba en silencio, la nevera emitía un zumbido suave y constante. Me dirigí al salón, encendiendo una pequeña lámpara. La luz amarilla proyectaba sombras largas y deformadas en las paredes, haciendo que el ambiente se sintiera aún más opresivo.
Caminé hacia la ventana, corriendo ligeramente las cortinas para mirar afuera. La calle estaba desierta, las casas vecinas oscuras y silenciosas.
"Todo está bien", me dije, tratando de convencerme.
Sin embargo, la sensación de ser observada seguía ahí, como si algo o alguien estuviera esperando en las sombras.Regresé a mi habitación, cerrando la puerta tras de mí. Me metí bajo las mantas, tratando de recuperar la sensación de seguridad. El sonido de la gotera seguía,
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Un recordatorio constante de que no estaba sola en la casa. Cerré los ojos, intentando relajarme. Lentamente, el cansancio comenzó a vencerme y, finalmente, me quedé dormida.
A la mañana siguiente, la luz del sol inundaba la habitación. Me sentí un poco más tranquila, aunque el recuerdo de la noche anterior seguía fresco en mi mente. Decidí investigar el origen de la gotera y subí al ático, un lugar que rara vez visitaba. El polvo y las telarañas cubrían todo, y el aire era denso y difícil de respirar. Caminé con cuidado, buscando el origen de la filtración.
En una esquina del ático, encontré una fotografía antigua. Mostraba a una familia desconocida, con rostros serios y vestimenta de principios del siglo pasado. La atmósfera sombría de la imagen me hizo estremecer.