Realidad prestada

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Sinopsis

En un mundo donde los sueños parecen más reales que la vigilia, un joven se adentra en una frontera difusa entre lo tangible y lo imaginario. Cada encuentro, cada sombra y cada recuerdo parecen formar parte de un rompecabezas que no le pertenece, como si viviera una realidad ajena. Pero ¿qué ocurre cuando la línea entre lo prestado y lo propio se borra? “Realidad Prestada” es un viaje inquietante y poético que mezcla lo onírico con lo cotidiano, donde el mayor peligro no está afuera, sino en perderse dentro de uno mismo.

Genero:
Mystery
Autor/a:
M.E.R.V 1
Estado:
Completado
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1


REALIDAD PRESTADA.

Muchas personas se quejan de lo que viven, lo que experimentan, pero ¿qué pasaría si todo esto es solo un sueño y en algún momento clave despiertas? ¿Quién puede asegurarte que esto es real o no lo es?

¿Y si no hay alguien escribiendo las páginas de tu vida, tal cual como quien escribe esta historia?

CAPÍTULO I (BECKA)

Jhon salía a caminar siempre por las mañanas, pues le gustaba sentir el frío viento matutino en sus mejillas, esa cálida y relajante sensación de los primeros rayos de sol frotando su piel. Era casi un éxtasis para él. Era un chico tal vez raro, pues no disfrutaba de otras actividades que los jóvenes a su edad morirían por realizar; siempre encerrado en su casa… solo. Pero por encima de todo esto había algo que consternaba a los demás: él siempre hablaba solo, mirando a lo profundo de algo inexistente. Sus ojos parecían observar algo, o a alguien.

Yo siempre lo observaba por la ventana. Disfrutaba verlo salir por esa puerta todas las mañanas, siempre a las 5:45, solamente unos minutos antes de que el sol saliera. Verlo me llenaba de una felicidad que no puedo explicar, y muchas veces fantaseé con hablarle, pero sentía que él no quería acercarse a mí. Juro haber hecho intentos para llamar su atención: me cruzaba en su camino mirándolo fijamente, pero solo pasaba a mi lado sin más, como si no existiera, siempre murmurando. Me daba algo de miedo, pero la curiosidad era más grande. ¿Qué tanto murmuraba? ¿Por qué siempre veía hacia su derecha al caminar, como si alguien lo acompañara? No podía esperar más por algo que no iba a pasar.

—Mañana hablaré con él.

Pero ¿qué le diría? "Hola, soy Becka, siempre te observo por la ventana". No, no, eso solo lo alejaría, pues pensaría que soy una loca o, peor, una acosadora. Creo que ser natural es lo mejor que puedo hacer.

Solo lo saludaré y le diré que caminar acompañado siempre es mejor que caminar solo. Le diré que comparto su gusto por observar el amanecer. Sí, eso de seguro romperá el hielo.

Al día siguiente me levanté como de costumbre, me bañé y me apliqué mis productos de limpieza. Un buen aroma causa una buena primera impresión, o eso dice mi madre.

Tomé mi café y salí tan solo un minuto antes. Me senté en el andén, fingiendo que veía algo en mi celular hasta que lo viera. Y como si fuera una alarma precisa, allí salió, a las 5:45 como siempre. Guardé mi celular y, con una sonrisa en mi rostro, tomé valor y me acerqué a él.

—¡Hola! ¿Te llamas Jhon, no? Soy tu vecina —señalé la casa en la que vivía—. Veo que te gusta caminar solo a estas horas y, pues, me recomendaron que debía hacer más ejercicio. ¿Te parece si te acompaño?

Él solo me observó fijamente, con una expresión que podría interpretarse como de confusión. Miró a su derecha, como siempre hacía, pero esta vez suavemente asintió con su cabeza mientras no me volteaba a ver.

—Está bien, pero ¿puedes caminar a mi izquierda? —Estas palabras me confundieron un poco. ¿Por qué específicamente debía caminar a su izquierda? No le tomé mucha importancia, me puse a su lado tal como decía y continué.

—Me llamo Becka —pensaba presentarme formalmente, a lo que me interrumpió para decir—: Lo sé.

¿Él sabía quién era yo? ¿Acaso también me observaba? ¿También sabía de mí? No debo pensar en ello, me dije para mí misma mientras ligeramente me sonrojaba.

La conversación continuó un poco tosca. Él no parecía tener la intención de hablarme o conocerme. ¿Acaso había sido un error acercarme?

Después de 20 minutos, vi algo que me dejó perpleja. Lo escuché murmurar:

—Espérate, aún no.

Solamente dijo aquellas palabras.

—Disculpa, ¿me decías algo? —dije como quien finge que no escuchó.

—No, lo siento, no dije nada.

Lo notaba incómodo, como si se estuviera cohibiendo de algo. Cada cierto tiempo, lo volteaba a ver y notaba que volteaba a ver a su derecha, y de a ratos asentía o negaba.

¿Qué significaba todo aquello? Con cada minuto a su lado, solo me interesaba más en él. La curiosidad me carcomía.

En clases de psicología nos enseñaban a observar a los pacientes: desde sus gestos, acciones y palabras. Todo siempre significaba algo, pero no podía ahogarlo con preguntas incómodas. Necesitaba ganarme su confianza antes.

Esta situación se repitió día tras día. Con el pasar de cada día sonreía más, lo veía más normal.

Como siempre, acostumbré a verlo.

Observaba al horizonte, sintiendo la brisa y los rayos de sol matutino. Y aunque a veces era incómodo verlo voltear a su derecha, y asentir o negar, sin haberle preguntado nada, trataba de restarle importancia a aquel hecho. Además, siempre me negaba que lo hacía, siempre negaba que murmuraba. Pero hubo algo dentro de mí que no me dejaba en paz.

¿Lo veo con ese interés como a un chico? O ¿es meramente curiosidad por una mente extraña y conductas anormales? Así que, a raíz de esta situación, tomé una decisión. Entre mis cosas viejas, tomé una libreta de notas y un lápiz.

Tomaría nota de todo, basándome en lo aprendido en la facultad. Eso me daría una versión más clara de quién es Jhon y de esa misteriosa forma de negar y asentir al ver a su derecha.

Esa noche no pude dormir bien. Sería la primera vez que hacía un experimento de este calibre. Digo, ya había visitado varias veces el centro psiquiátrico del pueblo con algunos amigos por mandato de los profesores. Según ellos, es necesario verlos, observarlos para así poder entenderlos y ayudarlos.

Sí. Esa sería mi misión: entender a Jhon y, dependiendo de la situación, ayudarlo. Así que tomé la libreta y empecé por lo que ya conocía: su nombre, edad y factores visibles. Y así quedó: "Paciente masculino de 20 años de edad, con posibles conductas alucinativas. Misión 1: analizar". Y así fue el final de aquella noche. "Mañana será un día diferente", me dije para mí misma.

Pero ¿cómo haría para que él no se enterara? No quisiera que me viera como una amenaza, o que pensara que lo considero loco, ni nada por el estilo. Así que tomaría notas mentales y en las noches pasaría todo a aquella libreta de notas. De esa manera, no se alejaría de mí.

Al día siguiente, como aquellas mañanas, mi rutina fue la misma: me desperté, tomé un baño y apliqué mis productos, tomé mi café y salí. Pero esta vez algo había cambiado: salí como siempre para esperarlo, y él ya estaba allí afuera.

¿Por qué? Su rutina se había mantenido intacta por meses. ¿Habría cambiado algo? No le tomé mucha importancia y me acerqué a él para empezar nuestra caminata matutina. Esta vez estaría pendiente de cualquier cosa que hiciera, y no debía olvidar nada para mis notas.

—Hola, Jhon, ¿cómo amaneces hoy? Veo que saliste unos minutos antes de lo acostumbrado.

Esa simple frase que solo vi como una pregunta cualquiera para iniciar una conversación, tuvo un impacto visible en él. Su rostro fue el mismo que el del primer día: ¿confusión? ¿nervios?

—¿Te pasa algo, Jhon?

Me miró, volteó a su derecha rápidamente y volvió a verme ya más calmado y con una sonrisa.

—No, nada, perdón, no pude descansar bien anoche.

Tenía la curiosidad del porqué, pero agobiarlo con preguntas fue algo que noté que no era buena idea. Esa mañana nada iba igual. Yo lo observaba, sabía todo lo que hacía, pero algo en él parecía negarse a ver hacia su derecha. De hecho, era como si se hubiese dispuesto a no hacerlo aquella mañana. Cada que intentaba, meneaba levemente su cabeza y parpadeaba como quien intenta volver en sí después de tener recuerdos profundos.

—El paciente muestra signos poco visibles de alguna especie de negación, se intuye que intenta desviar su mirada hacia su lado derecho, ¿por qué?

Todo esto era importante, debía registrarlo todo. Para el resto del día, intenté seguir tomando notas mentales de sus gestos y acciones, pero entonces en un momento dado cambió su mirada. Era más calmada.

—¿Te pasa algo hoy, Becky? Te siento distraída, sueles hablar más.

¿Qué había pasado? Él nunca se interesaba en lo que pensaba o sentía, y ¿por qué me dijo "Becky"? De hecho, casi siempre era como si me evitara e intentara que me mantuviera callada. ¿Qué había cambiado? Pero pensarlo mucho no ayudaría, debía aprovechar este momento.

—¡Wow! Pensé que no te gustaba hablar. ¿Acaso me cambiaste al Jhon de siempre?

Esa suave sonrisa se diluyó instantáneamente como si lo hubiera ofendido. La mirada de Jhon se endureció, pero sentí que no era él quien me observaba, casi como si me juzgara. Miró hacia su derecha fijamente y en ese momento, cuando habló, su voz era la misma, pero había un eco extraño en cada palabra.

—Sueles verme fijamente, como si me estudiaras, y prefiero no darle mérito a eso, pero estás más rara que de costumbre, casi como si anotaras cada acción que tomo.

¡Espera! ¿Acaso lo sabía, o solo era una frase cualquiera, pero la sentí personal por mis acciones recientes? No, no, era imposible que lo supiera, casi estúpido de hecho imaginarlo. Pero pensar mucho me haría ver nerviosa. No debo pensar en ello, me dije para mí misma, pero ya lo estaba pensando.

Engañar era parte de mis talentos. Confiaba en poder engañar a cualquiera si me lo proponía. Al final, vivir con padres estrictos te enseña muchas cosas si quieres divertirte realmente.

—¿Qué dices? ¿Tomar notas? Pff. ¿Quién soy? ¿Jung anotando todo en un diario? Solo pienso que sueles verte atractivo cuando te quedas callado viendo el paisaje.

De seguro con esto lo convenzo. De todos modos, ¿qué chico no se sentiría nervioso después de decirle que se ve lindo?

Jhon no rió, ni respondió con esa incomodidad tímida que esperaba. En lugar de eso, se quedó quieto, con esa media sonrisa que me incomodaba porque parecía ver a través de mí, como si observara algo más allá.

No miraba el amanecer, ni el suelo, ni siquiera a mí. Sus ojos estaban clavados en el vacío a su derecha, como si allí hubiera alguien más.

Y entonces, lo vi. Ese leve asentir con la cabeza. Esa pausa demasiado prolongada. Como si diera una respuesta muda… a una voz que yo no alcanzaba a escuchar.

CAPÍTULO I (JHON)

El ruido del reloj nunca se calla. Tic, tac, tic, tac… a veces siento que no marca la hora para mí, sino para él. Me levanto, me visto, pero no decido yo; él me dice qué ponerme, qué pensar, cuándo callar. Becka cree que me observa en silencio, pero en realidad yo también la observo… con sus ojos.

No me gusta que me miren desde lejos. Puedo sentirlo… la ventana, sus ojos. Pero no me incomoda. Él siempre me dice: "Déjala mirar, es parte del juego". Y entonces sonrío, aunque yo no quiera.

Becka cree que es su idea acercarse a mí, pero en realidad, todo comenzó mucho antes.

A veces pienso que si cierro los ojos, el mundo dejaría de existir. Porque ¿qué prueba tengo de que todo esto es real, si es mi mente jugándome una broma?

Él me responde siempre lo mismo: "La realidad es un pacto débil, Jhon". Y yo le creo. Quizá Becka también deba creerlo.

Odio a los psicólogos, siempre quieren encontrar un problema donde nunca lo hubo, y yo no estoy mal. Él siempre me dice: "Cállate", que no les diga lo que ellos quieren escuchar, que si les digo, estaré allá junto a las otras personas con trastornos de aquel hospital psiquiátrico. Y ¿quién querría estar allí?

—Siempre me demuestras que no estoy loco, ves cosas que yo no veo, pero jamás me dices cómo.

Volteé a verle, siempre a mi derecha. Solo es un observador, jamás hace nada, más que tomar el control en pequeños momentos para su diversión.

Solo observa y habla. Después de la pérdida de mi padre lo conocí. Su nombre sigue siendo un misterio para mí, de hecho, todo de sí es un misterio para mí.

Nadie entiende cuando hablo con él. Piensan que estoy hablando solo, pero ¿cómo podrían? Él está aquí, frente a mí, más real que cualquiera de ellos. Dicen que el silencio es ausencia… pero para mí el silencio es su voz. La escucho incluso cuando no dice nada.

Al inicio era exasperante su voz, siempre allí, murmurando solamente, y no le entendía nada, no hasta que fui a aquel psicólogo y su voz se hizo clara por primera vez.

Él fue quien me dijo de aquella vigilante, siempre estaba allí en esa ventana observándome, curiosa de mí, o de ti. Jamás supe, y te niegas a decírmelo.

No quiero acercarme a ella. ¿Y si no entiende como los demás? ¿Y si por su culpa acabo encerrado en ese pabellón, como me advirtió Él? No se lo perdonaría. No a ella. No a mí mismo.

Días, semanas y luego meses, siempre estaba observándome. ¿Es que no se cansaba? ¿No se aburría? Eso pensaba siempre al salir a las 5:45. Fue una rutina que tomé de mi padre al fallecer, pues siempre lo hacía y aquello me hacía sentir más cerca de él, sentía que disfrutando de aquel hobby suyo, sería una manera de estar a su lado.

Pero aquella mañana fue diferente. Salí como siempre y allí estaba, no dentro observándome, esta vez fue diferente. Estaba allí en aquel andén, viendo su celular. ¿Por qué estaba afuera? ¡Espera! ¿Se está acercando? No importa, la ignoraré como siempre y seguiré con lo nuestro.

—Hola, ¿Te llamas Jhon, no? Soy tu vecina.

Señaló su casa como si no lo supiera. ¿Acaso es estúpida? Me observa siempre y piensa que no sé quién es, a veces creo que me acosa. Seguía hablando, pero no escuché nada hasta el final. ¿Acaso pretendía acompañarme?

No me animaba la idea, pero parece ser que es parte de tu entretenimiento. Verte tan entusiasmado por la idea, solo ahí observando. ¿A esto te referías con "déjala observar, es parte del juego"? Eres cruel, a veces siento que no solo mueves mis hilos sino también los hilos de los demás, haciendo que todo coincida para tu diversión, pero como siempre no puedo hacer más que seguir a tus caprichos.

Y allí estabas tú queriendo que esto pasara. Asentí brevemente, casi olvidando que ella estaba allí. No debía actuar extraño o le generaría dudas sobre el hecho de que yo te veía, y sí, lo sé, no te gustaría que ella ocupe tu lugar. ¿Qué tal si le haces algo?

—Díselo, Jhon, dile lo frágil que es la realidad, dile que hay más allá de todo eso que no ve.

Mi costumbre a siempre estar solo me hizo responder por error: "Espérate, aún no". ¡Mierda! ¿Lo dije en voz alta? Solo fingiré que no dije nada. Esta situación era estresante. ¿Por cuánto más podría mantener esta fachada en la que nadie me acompaña? Pero ella siempre me observaba. ¿Ya lo sabría?

—Me llamo Becka.

Pero antes de que continuara, por instinto le dije que ya sabía, cosa que fue un error, vi una ligera emoción en su rostro, se sonrojó. Era obvio que veía algo en mí que le interesaba, y no podré negarlo, era atractiva, algo extraña y misteriosa, pero aun así en el fondo disfrutaba saber que me observaba.

A veces me pregunto… ¿qué harías tú sin mí? No, mejor dicho… ¿qué haría yo sin ti? Aunque no siempre me respondas a mis preguntas, sé que siempre me escuchas. Estás ahí, parloteando cada cosa que pasa como quien narra una historia, dándome consejos de qué hacer para que todo vaya acorde a tus caprichos, y yo solo puedo asentir a ello. A fin de cuentas, cuando no quiero hacer tu voluntad, tomas el control.

Poco a poco empecé a disfrutar su compañía. Becka nunca se callaba, y su voz menguaba esa otra voz, por lo que en cierto modo su presencia me generaba una extraña paz. Pero a veces llegué a pensar que notaba tu presencia, pues en más de una ocasión me preguntaba si yo murmuraba algo, pero yo solo estaba en silencio, siempre escuchándola a ella. ¿Por qué me preguntaba si hablaba?

Día tras día, al salir, ya estaba allí con su sonrisa torpe de siempre, como si su vida fuera perfecta, pero él me decía cosas de ella también, qué hacía, qué pensaba. La situación me hacía sentir loco, y justo cuando eso pasaba, también me decía lo que yo pensaba o iba a hacer. Y entonces entendía que en realidad no te entendía.

Pero un día fue diferente. "Ella cree que estás loco, Jhon, ella es eso que tanto odias, hará que te encierren, no debes dejar que me escuche". Repetía eso una y otra vez, pero no lo veía mover su boca esta vez. ¿Acaso eran mis pensamientos esta vez? ¿La situación constante en realidad me estaba volviendo loco? ¿Cómo sabría diferenciar qué palabras eran reales y cuáles no?

Pero yo lo sabía, no, mejor dicho, tú lo sabías que ella estaba allí, creyendo que podría ayudarme, pero la realidad es que nadie puede. Ellos creen que invento, que es mi cabeza jugando conmigo. Pero dime, ¿cómo se explica que me mires de esa forma? "Siempre miras, nunca apartas los ojos".

Cuando me observas, siento un peso… no me molesta, pero es extraño. Es como si tus ojos no fueran tuyos, como si fueran… de todos. Becka cree que soy raro por hablar con alguien que no ve… pero tú y yo sabemos la verdad, ¿no? Tú estás aquí, no importa lo que ella diga.

Entonces se me ocurrió una solución: estar fuera antes de que ella salga, y con suerte eso la despistará un poco. Ignoraré todo lo que él diga, haré que no lo escucho, pero romper esa costumbre suponía un reto. Ya hacía más de 7 años desde el fallecimiento de mi padre. Desde entonces, siempre estás ahí para mí. ¿Cómo podría ignorarte totalmente? Pero debía intentarlo.

Y entonces así fue. Salí antes y esperé. Unos minutos después, ella salió, tan linda como siempre, con ese olor a frambuesa que hacía que disfrutara más su presencia, su cabello torpemente amarrado y su café en mano. Despejé cualquier pensamiento y me acerqué yo esta vez.

—Hola, Jhon, ¿cómo amaneces hoy? Veo que saliste unos minutos antes de lo acostumbrado.

¿Acaso ella ya lo sabría? Mi corazón se aceleró. "Rápido, piensa en algo que decir", pensaba, pero nada venía a mi mente.

—¿Te pasa algo, Jhon? —Su pregunta denotaba preocupación. ¿Acaso se preocupaba por mí realmente? ¿En serio puedo confiar en ella? Con todo esto y para no mantener más el silencio, solo inventé una mentira: "No, nada, perdón, no pude descansar bien anoche". ¿En serio fue lo mejor que pude decir? Pero al menos esa simple respuesta borró esa expresión en su rostro, había funcionado.

Esa mañana fue la más difícil que pude tener en mucho tiempo. Fue difícil ignorar su voz, constante, diciéndome qué hacer. Pero antes de voltear a verle, recordaba lo que me había negado a hacer y volvía a ignorarle de nuevo, para otra vez escuchar a Becka y su dulce voz, aunque hoy no hablaba tanto como siempre.

Pero algo cambió. Frunció el ceño y denotó una expresión de molestia. Jamás lo había visto enojado, y por primera vez rompió su modo de actuar, pues a pesar de que siempre hablaba y observaba, esta vez, y por primera vez, extendió su mano para tocarme. La sensación era casi real, me confundía y fue allí cuando vi que mi cuerpo no respondía.

En su rostro se vio una sonrisa algo extraña y entonces entendí que no era yo quien tenía el control. Nunca lo tuve. "Te pasa algo hoy, Becky? Te siento distraída, sueles hablar más". ¡Espera! ¿Yo dije eso? Podía sentir los nervios, algo no andaba bien, pero no podía hacer nada para evitarlo. Esta vez era yo quien solo podía observar. ¿Acaso habíamos cambiado papeles?

"¡Wow! Pensé que no te gustaba hablar. ¿Acaso me cambiaste al Jhon de siempre?". Mis intentos por decirle que no era yo con quien hablaba… si le hubiese explicado esto antes, tal vez se hubiese percatado, pues era inteligente, yo lo sabía, él lo sabe. Y entonces noté que cada palabra que salía de su boca también salía de la mía al unísono.

—Sueles verme fijamente, como si me estudiaras, y prefiero no darle mérito a eso, pero estás más rara que de costumbre, casi como si anotaras cada acción que tomo.

Obvio, él lo sabía, siempre sabe todo. Sentía que ella estaba en peligro, pero ¿cómo podía avisarle? ¿Habría algo que pudiera hacer?

—¿Qué dices? ¿Tomar notas? Pff. ¿Quién soy? ¿Jung anotando todo en un diario? Solo pienso que sueles verte atractivo cuando te quedas callado viendo el paisaje.

Lo dijo muy calmada mientras reía. No se había percatado de nada, y al verlo, su enojo solo parecía aumentar, y entonces me soltó.

Los nervios eran tantos que solo pude sonreír asustado. ¿Qué había sido aquello? ¿Siempre pudo tomar control de mi cuerpo? ¿Por qué hasta ahora? Muchas preguntas invadían mi mente, muchos sentimientos mi corazón: miedo, angustia, una sensación de colgar de un hilo mientras alguien se posa con una tijera, teniendo el control de cuándo puedo o no caer.

La volví a ver y vi la confusión en su rostro. Ella no sabía qué había pasado, el peligro que esto representaba, y todo porque le ignoré. Sentí cómo la respiración me temblaba, cómo cada latido golpeaba en mi pecho, pero no era mío el movimiento de mis brazos, ni el temblor de mis piernas; era ella, o tal vez él… o tal vez algo más que nunca había tenido nombre.

Becka me miraba con los ojos abiertos de par en par, sin entender lo que acababa de pasar, y mi voz —o la suya— susurró detrás de mí, con esa calma que helaba la sangre:

—¿Crees que alguna vez tuviste control, Jhon?

Y entonces el mundo pareció detenerse. El sol se volvió más intenso, las sombras más largas, y por un instante sentí que todo lo que conocía, todo lo que había sido, se deshacía. Porque si no podía confiar ni en mi propio cuerpo… ¿cómo podía confiar en la realidad?

Becka dio un paso hacia mí, con cuidado, con duda, mientras yo solo podía mirar, impotente. Y en el fondo, una pregunta giraba sin cesar en mi cabeza:

¿Quién observa a quién?

El tic-tac del reloj siguió, pero esta vez no era él quien marcaba el tiempo. Era algo más… algo que siempre había estado allí, esperando, sonriendo detrás de la fachada de mi vida.

Y yo solo podía sentir… que la partida había comenzado.