𝐏𝐑Ó𝐋𝐎𝐆𝐎
—Mei, por favor. Déjame entrar—toco la puerta, mientras la música está todo volumen y apenas me permite escuchar sus gritos detrás—. Mei, fue una broma, ni siquiera fui yo.
Inclinó la cabeza hacia arriba, con la mano sobre el marco de la puerta, la puerta se abre; mostrándome a mi amiga, en llantos y el maquillaje todo embarrado.
—¡Siempre la cagas, Jun!—me grita—. ¡Quieres que todo se trate sobre ti!
—Mei...—intento hablar.
—¡Estás tan deprimida por la perra de tu madre que se esmeró en hacer que tu hermano te arruinara la vida, que no te fijas que tus acciones afectan a los demás!
Eso fue un golpe bajo y es notorio por el cosquilleo en mis mejillas por las lágrimas que han empezado a deslizarse por ellas.
Mei, está molesta y lo entiendo, Mitsuya a terminado con ella, pero eso no fue mi culpa...
—Perdóname.
—¡Vete a la mierda, Jun. Esta es mi fiesta y se supone que estás aquí para apoyarme! —exaspera, pasando sus dedos por debajo de sus ojos—. ¡Mi novio me termino y tu solo debiste divertirte junto a mi, pero no, solo quieres hacer que todo esto se trate de ti!
—Mei, podemos solucionarlo... hablaré con Mitsuya y...
—¡No quiero que hables con él!—me interrumpe—. Yo solo quería pasarla bien, pero lo haz arruinado todo.
Hago un ademán para volver hablar, pero ella me estrella la puerta justo en la cara. El corazón me palpita con fuerza, sorbo mi nariz y limpio mis lágrimas.
—Mei—vuelvo a toca, pero no hay respuesta. — Yo solo... ¡Mei!
—¿Ella se encuentra bien?—pregunta Emma, acercándose. Frunzo el ceño y masajeo mi nuca con brusquedad.
—¿Ves algo que este bien aquí?—indago, furiosa—. ¡¿Lo ves?!
Pasó ambas manos por mi rostro, dándome la vuelta para marcharme. No puedo estar ni un segundo más aquí.