La desesperación del amor 🌹

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Sinopsis

“A veces el amor llega cuando menos lo esperas. A veces, justo cuando el mundo parece derrumbarse.” Aitana vive en un pequeño pueblo costero, cuidando a su abuela enferma, la única familia que le queda. Su vida gira en torno a turnos en la cafetería local, recetas caseras y noches en vela junto a la cama de su abuela. Todo cambia cuando llega Elías, un joven arquitecto que busca restaurar una casa abandonada frente al mar. Lo que comienza como una amistad incómoda se transforma en un vínculo profundo, marcado por secretos, decisiones difíciles y una promesa que podría cambiarlo todo.

Genero:
Drama
Autor/a:
Yisel Aismar
Estado:
Completado
Capítulos:
56
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capitulo 1 : la casa del acantilado

🏡 La casa del acantilado


El viento soplaba con fuerza esa mañana, como si el mar quisiera contarle algo a Aitana. Ella caminaba con paso firme por el sendero de tierra que llevaba a la vieja casa del acantilado, la que todos en el pueblo evitaban. No por miedo, sino por respeto. Decían que allí vivió una mujer que esperaba a su amor hasta el último día, mirando el horizonte como quien espera que el tiempo se arrepienta.

Aitana no creía en esas historias. Tenía otras cosas en qué pensar: la tos de su abuela Carmen, que no cedía ni con los tés de jengibre ni con los rezos de las vecinas. El dinero que no alcanzaba. El cuaderno de poemas que había guardado en una caja, como si escribir fuera un lujo que ya no podía permitirse.

Pero ese día algo era distinto. Frente a la casa, un hombre observaba el mar. Alto, con chaqueta gris y expresión de quien carga más preguntas que respuestas. Aitana se detuvo, incómoda. Él se giró lentamente.

—¿Vas a entrar? —preguntó él, señalando la puerta entreabierta.

—¿Y tú quién eres? —respondió ella, sin moverse.

—El nuevo dueño. O eso dice el contrato. Aunque creo que esta casa aún no ha decidido si quiere que la habiten.

Aitana frunció el ceño. No le gustaban los enigmas. Ni los forasteros que hablaban como si conocieran el alma de las cosas.

—Pues suerte con eso —dijo, girando sobre sus talones.

Pero antes de alejarse, escuchó su voz otra vez, más suave:

—¿Cómo se llama el lugar donde el invierno florece?

Ella no respondió. No sabía que esa pregunta se quedaría rondando en su mente durante semanas. Ni que ese hombre, Elías, iba a cambiarlo todo.