Capitulo 1 : la casa del acantilado
🏡 La casa del acantilado
El viento soplaba con fuerza esa mañana, como si el mar quisiera contarle algo a Aitana. Ella caminaba con paso firme por el sendero de tierra que llevaba a la vieja casa del acantilado, la que todos en el pueblo evitaban. No por miedo, sino por respeto. Decían que allí vivió una mujer que esperaba a su amor hasta el último día, mirando el horizonte como quien espera que el tiempo se arrepienta.
Aitana no creía en esas historias. Tenía otras cosas en qué pensar: la tos de su abuela Carmen, que no cedía ni con los tés de jengibre ni con los rezos de las vecinas. El dinero que no alcanzaba. El cuaderno de poemas que había guardado en una caja, como si escribir fuera un lujo que ya no podía permitirse.
Pero ese día algo era distinto. Frente a la casa, un hombre observaba el mar. Alto, con chaqueta gris y expresión de quien carga más preguntas que respuestas. Aitana se detuvo, incómoda. Él se giró lentamente.
—¿Vas a entrar? —preguntó él, señalando la puerta entreabierta.
—¿Y tú quién eres? —respondió ella, sin moverse.
—El nuevo dueño. O eso dice el contrato. Aunque creo que esta casa aún no ha decidido si quiere que la habiten.
Aitana frunció el ceño. No le gustaban los enigmas. Ni los forasteros que hablaban como si conocieran el alma de las cosas.
—Pues suerte con eso —dijo, girando sobre sus talones.
Pero antes de alejarse, escuchó su voz otra vez, más suave:
—¿Cómo se llama el lugar donde el invierno florece?
Ella no respondió. No sabía que esa pregunta se quedaría rondando en su mente durante semanas. Ni que ese hombre, Elías, iba a cambiarlo todo.