Silencio en la montaña
Era una noche de junio, cálida pero ventosa. En mi pueblo, el aire fresco empieza a soplar a partir de las seis, levantando el polvo de las calles y haciendo que las puertas rechinen si no están bien cerradas. A mí siempre me gustó esa brisa, me hacía sentir tranquila. Pero esa noche, el viento no traía calma. Soplaba fuerte, como si tratara de advertirme de algo.
Veníamos del cierre de campaña de unos políticos, un evento al que asistimos como familia. Mi papá había tomado de más, como solía hacerlo, mis padres pelearon de camino a casa. Mi mamá, con mi hermano de nueve meses en brazos, caminaba rápido, tratando de ignorarlo. Yo, con apenas seis años, iba a su lado, sin entender del todo lo que ocurría, pero sintiendo en el aire esa tensión que ya me resultaba familiar.
Nuestra casa estaba en lo alto de una montaña. Desde ahí, se veía todo el pueblo, las luces titilando en la noche, algunas casas aún con música, otras ya dormidas. Entramos en silencio excepto por el viento. Mi hermano y yo dormíamos en el cuarto de mis padres, un espacio grande con un ventanal enorme que daba hacia el pueblo. Nuestra litera estaba junto a la ventana y junto a su cama; yo dormía arriba, mi hermano abajo. A pesar de ser un bebé, nunca lloraba en la noche, y mamá lo revisaba de vez en cuando.
Pero esa noche estaba demasiado cansada. Se quedó dormida con él en la cama. No sintió nada. No escuchó nada.
Él me llamó por mi nombre. Su voz era baja, pero firme. Me pidió que bajara de la litera.
—Ana, mira si ya se acabó todo por la ventana.
Yo obedecí. Baje, con mis pies descalzos sobre el suelo frío. El pueblo se veía tranquilo, como si nada malo pudiera ocurrir.
A lado de mí, él seguía acostado en la cama.
Y entonces, mi infancia terminó.
Sentí su mano acariciando mi pelo, no era raro el amaba mi pelo largo, pero su mano bajo, rozando mis pompis, me tense.
Murmure— papi.
Susurró—Shh princesa sigue mirando.
No cuestione seguía ahí tenía miedo por primera vez en la vida papá me daba miedo. Su mano subió acariciando mi espalda pero después se cruzó para enfrente acariciando mi abdomen su mano bajaba y subía lentamente. estaba paralizada, me quise mover. no pude, mi cuerpo no reaccionaba seguía con la mirada fija a las luces del pueblo.
Susurro—acuéstate con papá princesa.
Negué con la cabeza, pero no le importo. su mano bajó más hasta llegar a mi centro, yo no sabía, no tenía idea de nada, me asusté, quería gritar mi voz no salía.
Susurré—no...
Susurró en mi oído— shh no cuestiones a papá, esto no es malo, te hace mujer.
Yo no sabía que era ser mujer, no quería ser mujer. yo era una niña que no sabía que sucedía.
Empezó a mover sus dedos, mis lágrimas rodaron quería moverme pero estaba paralizada no podía mi mirada fija en las luces que ya veía borrosas por las lágrimas hasta que la tomó de sus pequeña mano
Susurro—no me gusta, no quiero.
El apretó más fuerte pero no la dejo gritar le tapó la boca
—no te estoy diciendo si quieres lo vas a hacer.
La subió a la cama con la boca tapada la metió abajo de las sábanas su mano se movía más ella sollozaba.
Susurró en su oído— vas a hacer lo que papi pida sin llorar.
Murmuró aún con la mano de él en su boca—no papi por favor.
Con su otra la atrapó de las mejillas— Cállate.
La bajó por debajo de las sábanas no sabía que pasaba de repente sentí algo blando, grande. pero no me gustaba, el lo metió en mi pequeña boca. las lágrimas más salían pero mamá no se despertaba, ahora que lo pienso tal vez le dio algo de tomar por que nunca despertó.
Me maltrató tanto que deje de recordarlo pequeños fragmentos aparecían en mis sueños solo recuerdo cuando desperté en mi cama bañada por que mi pelo estaba húmedo mamá seguía dormida y él ya no estaba el sol estaba entrando por la ventana pensé que era mi un sueño una pesadilla pero una niña como iba a saber de eso si nunca lo había visto ni siquiera en la tele nadie se lo platico.
Mamá despertó muy tarde mi pelo estaba seco ya mi mirada fija en la ventana mis lágrimas salían solas mi mamá me habló—Ana princesa...
Recordar ese apodo lo repudie grite con desprecio.—no me vuelvas a llamar así no me gusta.
Mi mamá no entendía —amor pero así te decimos se acercó más a la cama tratando de voltearme pero me negué.
—pues olvídalo no quiero que nadie me llame así lo odio.
—está bien tranquilízate vamos a comer levántate
Susurre—No tengo hambre.
Mi mamá se resignó, no comí en todo el día pero al llegar la noche él llegó me hice la dormida mi mamá le contó que no quise comer que no me pare en todo el día el con todo el descaro del mundo...— déjala a lo mejor le dolieron los pies por lo de ayer.
Idiota, grandísimo idiota. me acurruque más con la cobija no quería verlo, pero él se acercó y me acarició el pelo, me calle. mi mirada en la ventana recordando todo, me acurruqué más las lágrimas salían solas hasta que se quitó....
Pero solo recuerdo eso con el paso de los días solo me hacía más rebelde no quería que nadie me tocara, me irritaba que me hablaran mi cambio fue drástico, pero nadie se cuestionó nada dando por hecho que era una niña “mimada” y “consentida”.+