🔥 The Seven Knights 🔥

Sinopsis

Bts oneshots

Genero:
Erotica
Autor/a:
SeokJinmyLover
Estado:
En proceso
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Una Noche con los Siete

Las luces de la ciudad no podían competir con el brillo dorado que se escapaba por los ventanales de “The Seven Knights”. Un club nocturno exclusivo, oculto entre callejones y neones, donde cada noche parecía escrita por una mano mágica. Era un rincón donde lo real y lo irreal se confundían con tragos caros, cuerpos en movimiento y música que vibraba en la piel.

Naz no estaba del todo convencida de entrar.

—¡Esta noche no te puedes echar para atrás, Naz! —le dijo Angie, ajustándose el escote frente al espejo retrovisor del Uber—. No acepto un “no”, ni un “me da vergüenza”.

—Vamos, Naz —dijo Ari, retocándose los labios frente a un espejo de bolsillo—. No puedes vivir en Nueva York sin haber pisado este lugar.

Tasha suspiró desde su lugar, sacando brillo a su delineado—: Yo solo necesito que ese hombre me mire, y caiga. Esta noche lo amarro.

—Es... demasiado —murmuró ella, mirando la fachada. El letrero era sobrio, “The Seven Knights”, grabado en acero negro con luces suaves que pulsaban como un latido. Ya había una fila de gente bien vestida esperando entrar.

—Demasiado perfecto, querrás decir —añadió Tasha con una sonrisa pícara—. Nos lo vas a agradecer.

Y Naz, con su vestido negro sencillo y esa fragancia suave que apenas decía “estoy aquí”, cruzó la puerta detrás de ellas.

“The Seven Knights” no era cualquier club. Era el club. Y esa noche sería su primera vez dentro.

Lo primero que la golpeó fue el aroma. No a alcohol, sino a madera noble, especias exóticas y algo floral que no supo identificar. Las paredes eran de piedra oscura con detalles dorados, el techo abovedado con lámparas colgantes en forma de antorchas de cristal. Al fondo, la pista iluminada por luces violetas pulsaba al ritmo de una música envolvente, una mezcla de lo tribal y lo electrónico, como si el alma del lugar tuviera su propio DJ interno.

Y ahí estaban ellos.

Los siete.

Detrás de la barra, Kim NamJoon servía tragos con una precisión quirúrgica. Impecable en camisa blanca arremangada, con gafas redondas que no disimulaban unos brazos fuertes ni una sonrisa que prometía pecados con erudición. A su lado, Jeon JungKook hacía malabares con una botella, robándose miradas con ese estilo entre niño rebelde y dios griego de barrio. JiMin servía tragos con destreza.

Naz no alcanzó a seguir el ritmo de sus amigas. Cada una ya tenía su objetivo claro:

Angie coqueteaba sin vergüenza con NamJoon y JungKook, bailando entre ambos como si estuviera eligiendo entre dos sabores de helado.

Más allá, Jung HoSeok estaba ya en la pista, moviendo la cadera con una camiseta negra ajustada y una chaqueta suelta que volaba con sus pasos. Su cuerpo era una declaración de guerra a cualquier sentido del equilibrio emocional.

Ari le lanzó una mirada como quien escoge postre.

—Mío —susurró—. Aunque... —miró hacia una esquina del escenario, donde Kim TaeHyung afinaba la guitarra para el live set de medianoche—. Qué difícil.

Tasha, en cambio, ya tenía los ojos sobre un rincón más oscuro. Min YoonGi, con camisa negra desabrochada en los primeros botones, tocaba el teclado mientras encendía un cigarro. Su mirada era puro hielo… y fuego si te atrevías a acercarte.

—Indiscutible —dijo ella. Se entendían sin hablar. Era como si cada nota que tocaba fuera una caricia para ella.

Naz los miraba, sobrepasada. ¿Quiénes eran esos tipos?

Entonces lo vio.

Kim SeokJin.

Vestía un traje vino tinto, camisa negra, sin corbata. Alto, seguro, con ese andar como si la pista fuera su reino. Su rostro era perfecto, pero no de una forma lejana, sino como si la belleza se hubiera vuelto traviesa. Estaba charlando con unas chicas, pero cuando levantó la vista... la miró.

A ella.

Naz.

Y sonrió.

Un segundo.

Dos.

Y caminó hacia ella.

—Primera vez, ¿no? —dijo, su voz grave como un susurro que alguien diría en la oscuridad de una cama—. Se nota. El lugar te está mirando.

Naz tragó saliva.

—¿Yo estoy mirando al lugar o el lugar me mira a mí?

Él rió. Una risa rica, profunda. Tomó su mano con suavidad, pero con firmeza.

—Ven. No se disfruta “The Seven Knights” desde las mesas.

Y la condujo al corazón del lugar: la pista privada, la zona reservada solo para quienes el club elegía.

Las luces bajaron. La música se volvió más lenta, más cruda. Un ritmo tribal, sensual.

Bailaron.

Al principio, ella apenas sabía dónde poner las manos. Pero él la guiaba. Se movía con una precisión salvaje, sin romper jamás la elegancia. Sus cuerpos empezaron a hablar ese lenguaje que va más allá del habla, del pensamiento, de lo correcto.

Cuando él la tomó por la cintura, y bajó por su espalda hasta el borde de la cadera, Naz sintió cómo se abría una puerta en ella que había tenido cerrada por mucho tiempo.

SeokJin la giró, la pegó a su pecho, su aliento contra su cuello.

—Estás temblando.

—No estoy asustada.

—Lo sé. Estás viva.

La llevó por pasillos escondidos del club, donde cortinas de terciopelo rojo ocultaban pequeños salones privados. El suyo estaba iluminado solo por velas. Había una cama baja, cojines por doquier, y en el aire flotaba incienso de sándalo.

Él cerró la puerta. Caminó hacia ella. Le quitó el abrigo sin decir nada. Se acercó más. Muy cerca.

—Si me dices que me detenga, lo hago. Pero si no me dices nada…

Naz no respondió.

Él sonrió, y la besó.

No fue un beso tierno. Fue uno con hambre. De esos que te dejan sin aire. Sus manos le rodearon la cintura, la atrajeron contra él. Naz sintió su cuerpo firme, su pecho contra sus pechos, su pierna entre las suyas.

SeokJin la hizo girar. La apoyó contra la pared. Subió sus brazos por encima de la cabeza y se los sostuvo con una mano. Con la otra, empezó a acariciar desde su muslo hacia arriba, lento. Subió por el tajo del vestido hasta colarse por debajo. Su dedo rozó la parte interna del muslo, provocando que Naz cerrara los ojos y soltara un gemido suave.

—Estás temblando —le susurró cerca del oído.

—Quiero que sigas.

La soltó. El vestido cayó al suelo. La dejó solo en ropa interior: encaje negro. A SeokJin le brillaron los ojos.

—Perfecta —dijo, y se quitó la chaqueta. Luego la camisa. Luego todo lo demás. Su cuerpo era real, masculino, sólido. No un modelo de revista. Un hombre.

La empujó suavemente hacia la cama. Ella cayó de espaldas entre las sábanas, jadeando.

Se arrodilló entre sus piernas. Le quitó la ropa interior con una calma que contrastaba con el fuego de su mirada. No decía mucho. Actuaba. Tocaba. Probaba. Exploraba.

Primero con los dedos. Con lentitud. Con precisión. Acariciando su centro húmedo mientras la miraba directo a los ojos. Le gustaba verla morderse el labio. Gemir. Retorcerse. Cuando ella estaba al borde del orgasmo, se detuvo.

—Todavía no —dijo, y se subió sobre ella.

La penetró de una sola vez.

Naz ahogó un grito. Él soltó un gruñido contra su cuello.

Se movió con fuerza. Rítmico. Sin prisa pero sin pausas. Cada embestida la hacía arquearse, gemir, gritar su nombre. Él no dejaba de mirarla. Le sujetaba el rostro, los muslos, la cintura. Dominante, pero atento. Fuerte, pero sensual.

Cambió de posición. La puso encima. Naz se dejó llevar. Se movió sobre él con torpeza al principio, pero SeokJin la guió, tomándola de las caderas, marcando el ritmo. Y cuando ella se vino, se vino gritando su nombre. Fuerte. Desinhibida. Sintiéndose viva como nunca antes.

Él la abrazó, la giró y terminó dentro de ella con una intensidad que la dejó sin aliento.

Las manos de SeokJin eran artistas. El lenguaje de su cuerpo era poesía sucia.

Y cuando Naz, aún jadeando, se atrevió a mirarlo a los ojos y sonreírle con complicidad, él acarició su mejilla con el dorso de los dedos.

—¿Sabes? —susurró—. El club elige a quién quiere. No tú al club.

Ella rió, acurrucándose en su pecho.

—¿Y tú? ¿Quién te eligió a ti?

—Las noches solas. El deseo de hacer que alguien tiemble. Como tú.

Pero no había terminado.

Él se incorporó. Tenía el cuerpo de un dios griego y el hambre de un hombre que había esperado demasiado.

Y cuando se metió en la cama con ella, la besó de nuevo.

—¿Estás bien?

—Estoy… —jadeó—. No sé ni dónde estoy.

—Estás conmigo.

Y entró en ella.

Lento.

Profundo.

Perfecto.

Ambos gemían.

Ella no sabía si llorar o reír.

Él la abrazaba, le hablaba al oído:

—Eres mía ahora… ¿lo sabes?

Ella asintió.

El segundo orgasmo casi la dejó inconsciente.

Después, estaban entrelazados.

SeokJin le acariciaba el cabello.

Naz temblaba todavía.

—¿Esto fue real?

—Muy real —dijo él, besándole la frente.

Y justo cuando ella cerraba los ojos…

—Mañana —dijo él—. Te espero de nuevo.

—¿Mañana?

—No he terminado contigo, Naz.

Ella sonrió.

Y entendió que esa noche, no solo había perdido la ropa… había perdido el corazón.

—🔥—

Horas después, al salir, sus amigas la esperaban en la acera, despeinadas, risueñas y sin aliento.

—¿Y tú, Naz?

Naz simplemente se acomodó el cabello con una sonrisa de diosa recién ungida.

—No sé ustedes, pero yo... me enamoré de un caballero.

Y Ari rió:

—Ya, pero ¿cuál de los siete?

Naz miró hacia atrás, y vio a SeokJin apoyado en la entrada, con las manos en los bolsillos y esa sonrisa que decía nos volveremos a ver.

—El mío —dijo, y caminó hacia el amanecer.

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