La media noche
-Todo el tiempo me he preguntado sí mi existencia realmente valió la pena -
Dije mirando hacia el cielo nocturno que parecía comprender mis sentimientos.
-Mi vida ya no tiene ningún sentido, nadie más me necesita... mi hermano se ha ido, me ha abandonado y no lo he visto en años no sé sí está vivo...-
Me detuve un momento para sacar un cigarro de mi bolsillo, lo encendí y le dí una fuerte calada como sí eso me liberara de mi sufrir, caminé en silencio por la calle sola,mis botas sonaban con cada paso que daba, hasta que me detuve en una esquina para fumar tranquila.
-La noche está tan tranquila pero fría deber...-
No había terminado mi frase cuando sentí un frío metal chocando con mi cabeza, intenté quedarme consiente pero sentí un líquido resbalando por mi frente, solo pasaron segundos para que ya no pudiera controlar mi propio cuerpo. Mis ojos se sentían tan pesados que no pude mantenerlos abiertos y me desmayé.
No sé cuánto tiempo pasó para que despertara pero en cuanto recuperé la consciencia, sentí una presión en mis manos, miré y efectivamente estaba sentada en una silla con mis manos atadas en el respaldo de la silla, estaba moviendome intentando desatarme hasta que escuché una voz repugnantemente familiar.
-¿Cuánto tiempo no, Emily?, pensé que no te volvería a ver jamás.-
Dijo ese hombre que conocía tan bien como la palma de mi mano o al menos eso creía pues hace tiempo había dejado todo a atrás incluído a él.
-Dejate de rodeos y dime,¿Qué quieres de mí,Liam?.-
-A pues verás, tengo un trato para ti que estoy seguro que no vas a rechazar.-
Dijo Liam con ese tono de voz que más bien parecía un ronroneo de un gato en celo, dios como odio cuando utiliza ese tono de voz, Liam intentó acariciar mi mejilla pero giré mi rostro.
-Te conviene que aceptes mi tacto o se pondrá mucho peor para ti.-
¿Enserio este hombre me estaba amenazando?, es patético pero en cierta parte tenía razón yo estaba en desventaja y odio eso tanto como lo odio a él.
-Me estás causando dolor de cabeza, así que mejor dime de una vez lo que necesitas de mí, no estoy para tus juegos liam.-
Dije sin intentar disimular mi asco cuando dejé de resistirme a su tacto, mi cuerpo tembló ligeramente por lo fría de su mano contra mi mejilla.
-Siempre eres tan tajante con tus palabras,hace que mi corazón duela-
Dijo con un claro tono de sarcasmo en su voz.
-sabes que siempre he admirado tus habilidades, eres como un zorro tan astuto y escurridizo, tan inteligente -
Me susurró al oído, su aliento caliente golpeando con mi oreja me causó un escalofrío.
-Quiero que estés a mi lado como una de mis empleados en mi organización, quiero que me ayudes a gobernar todo, sé que con tu ayuda lo podré hacer.-
Me quedé sorprendida,¿Quién se creé él para pedirme que trabaje para él?, pero sí lograba trabajar con el podría tener beneficios porque conocía muy bien que su"organización" ya se había extendido hasta ser una maldita mafia y solo tal vez ganando poder podría investigar el paradero de mi hermano.
-¿Tengo oportunidad de rechazar?-
Dije mirandolo con desprecio.
-No, no tienes.-
-Al menos lo dices, bien como no tengo opción, está bien me uno a ti solo con una condición.-
Lo miré fijamente intentando intimidarlo, pero era imposible este hombre no se intimida por nadie.
-¿Qué condición?-
-Quiero estar entre tus filas principales, no quiero ser una simple empleada, además te he estado investigando y sé que tienes una mansión para los miembros principales así que quiero tener mi propia habitación ahí.-
Lo dije esperando que lo rechazara lo cuál adiviné pues Liam soltó una risita burlona que irritó mis nervios.
-¿Eres tonta?, sabes que eso solo se consigue teniendo años en la organización y tú solo llegas y lo pides, estás loca mujer.-
Sabía que era cierto estaba pidiendo demasiado pero él era el que estaba buscando mi trabajo así que tiene que adaptarse a mis peticiones.
-Está bien, cumpliré todas tus peticiones pero... debes cumplir con todo lo que te pida y a todo me refiero a todo, cada exigencia por más difícil que sea o sí no te quitaré todo así como estoy a punto de dártelo.-
Se acercó tanto a mí que podía sentir su respiración en mis labios, podía oler su perfume y un ligero olor a alcohol, supongo que era su manera de querer intimidarme porque siendo honesta no daba miedo, al momento de pensar en que me daba más ternura que miedo solté una risita lo cuál no pasó desapercibida por él.
-¿De qué te ríes?-
Preguntó con esa voz no tan masculina pero no tan infantil,esa misma voz que tiene desde la adolescencia.
-De nada que te deba importar, ¿así que ahora tengo que firmar un contrato?-
Dije sin mirarlo directamente porque sabía que sí lo veía solo podía reírme y eso lo pondría molesto, aunque la idea de verlo molesto era tentadora pero prefiero no arriesgar la posición de poder que me estaba dando.
-No, no tienes que firmar nada aquí, te llevaré a la mansión para que puedas conocer tu lugar de trabajo y vida desde ahora, te aseguro que te la pasarás muy bien.-
Dijo guiñándome un ojo provocando que le diera una sonrisa burlona, suspiré pues desde hoy tendría que volver a soportar su presencia y ahora como mi jefe.
-Te voy a desatar, no hagas ninguna estupidez, emily.-
Se acercó para desatar mis muñecas, cuando cortó la cuerda estiré mis brazos y me levanté de la silla, ahora de pie se veía claramente que aún seguía siendo más alta que él.
-Bien,¿ahora qué sigue?, ¿tengo que arrodillarme ante ti por darme trabajo?
Dije con un tono de sarcasmo y burla, mirandolo de arriba a abajo más de una vez.
-No te preocupes después te podrás arrodillar todo lo que quieras.-
Me dijo con un tono juguetón y burlón mientras me devolvía la mirada, juzgando mi cuerpo. ¿Era mi imaginación o había utilizado doble sentido?, ojalá y solo haya sido mi imaginación.
-sigueme.-
Lo seguí por el oscuro callejón, saqué mi teléfono para revisar la hora y eran las dos de la madrugada,eso explica lo solo de las calles, caminé hasta el final del callejón donde ya estaba una lujosa limosina negra esperando por nosotros.-
-Demasiado lujo, no era necesario.-
-Queria impresionarte, después de todo al fin me reúno con una vieja amiga de la infancia.-
Dijo abriendo la puerta para que yo pasara.
-No me impresionas, conozco todos tus trucos.-
Dije subiendo a la limosina tomando asiento en los lujosos asientos de piel, la limosina era hermosa por dentro tenía una mesita con todo tipo de bebidas costosas que solo había visto una vez en mi vida.
-¿Así que eres un alcohólico?.-
Solté sin pensarlo.
-¿Te parece que lo soy?-
Dijo con una ceja alzada,con un tono que parecía suave nada comparado con sus tonos de gato en celo.
-Solo un poco, hueles a alcohol -
Murmuré como sí esa confesión pudiera destruir todo.
-Sí lo soy, solo unas pocas noches.-
Soltó una pequeña risa, un intento patético de querer romper la tensión entre nosotros que inmundaba el interior de la limosina desde el momento en el que nos sentamos.
-Lo suponía, pero no es como sí me importara, eres un adulto después de todo -
Alcé los hombros y lo miré de reojo.
-Pero se escucha como sí te importara-
Me susurró al oído con ese tono tan meloso como repulsivo que tanto odio pero siempre usa.
-Ay, ajá, no me importas lo único que me importa es el dinero que me harás ganar -
-Siempre eres así, pareciera que no tienes sentimientos-
Dijo fingiendo dolor, dios ese hombre es tan bueno actuando, que repulsivo es.
-Sí los tengo solo que no para ti-
Me apoyé contra la ventana de la limosina, para mirar el paisaje boscoso claramente ya habíamos salido de la ciudad.
Tardó varios minutos en contestar dónde el único ruido que se escuchaba era el motor de la limosina sonando de fondo, la atmósfera se sentía tan incómoda pero estaba cómoda sin tener que hablar con él.
-Ya hablé con todo el personal y están felices de recibirte, tus tareas las discutiremos al llegar pero te advierto que no serán tan fáciles, tendrás que ganarte todo -
Dijo con un tono más serio casi profesional, ni siquiera me miró para decirlo pero así me gusta más, es más torelable.
-Está bien, siempre y cuando no abuses demasiado de tu posición -
Dije con un tono de voz más áspero, lo miré de reojo y ví como asintió ligeramente.
Pasó aproximadamente una hora, una hora del viaje más incómodo y extrañamente tranquilo que he tenido hasta que la limosina se detuvo enfrente de un gran portón, el portón se abrió dejando a la vista una mansión enorme que más bien parecía castillo, avanzó hasta quedar unos metros adelante de la enorme entrada de madera, la limosina se detuvo y Liam bajó, salí enseguida de él.
-Bienvenida al corazón de Brahman-
Dijo con energía estirando su mano señalando la enorme mansión.