Bienvenida a Blackwoods- Chapter 1
El sol, que hasta hace un momento brillaba en lo alto, había desaparecido tras la mas absoluta oscuridad. Nubes grises y negras se arremolinaban sobre el cielo de Darkwoods, como si estuviera entrando en otro mundo…uno muy distinto del que estaba huyendo.
El viaje en autobús se estaba haciendo eterno. Tan solo quedaban unos minutos para llegar al pueblo y mi estómago seguía revuelto. No había desayunado por culpa de los nervios. Mudarse desde la ciudad en la que crecí hasta un lugar tan solitario en la otra punta del mundo era suficiente para provocarle ansiedad a cualquiera…pero yo no tenía otra opción.
Tenía que reconstruirme. Empezar de nuevo, aunque no supiera muy bien cómo.
Elegí este lugar porque me resultaba extrañamente familiar. Culpo a mi mente soñadora, pero era demasiada coincidencia que sus paisajes se parecieran tanto a los de mis sueños recurrentes y esto me pareció una señal. Algo dentro de mí decía que tenía que venir aquí.
Lo curioso era que, en un pueblo tan pequeño, hubiera una sede especializada de arte: la Nevvia- Residenza d´Arte, un taller transformado en campus donde cursaría mi carrera… y lo mas curioso aún es que me hubieran aceptado. Eso me dio el empujón que necesitaba. Al menos podría centrarme en mi carrera como artista. Tal vez ese seria mi nuevo comienzo.
Mientras el autobús se adentraba cada vez más en el bosque, me costaba mantenerme quieta en el asiento. Sentía un cosquilleo en las manos y, justo al dejar atrás el cartel de bienvenida, algo cambió. Fue como si se rompiera algo dentro de mí, como si atravesásemos una barrera invisible.
Un dolor punzante me estalló en la cabeza y lo que antes era un hormigueo se transformó en una corriente eléctrica que se extendía por todo mi cuerpo. Miré a mi alrededor, aturdida: la gente dormía o conversaba sin preocupación, ajena al caos que se desataba en mi interior.
Yo, en cambio, me retorcía en silencio, incapaz de respirar con normalidad. Las lagrimas se agolpaban en mis ojos, furiosas por salir, recordándome lo sola que me sentía.
Mi cabeza palpitaba como si mi cerebro estuviera intentando enviarme imágenes aleatorias que no entendía. Posiblemente estuviera sufriendo un ataque de ansiedad o tal vez eran mis primeros delirios con veintiún años.
Volví la vista hacia la ventana con dificultad, obligándome a respirar hondo. El dolor comenzaba a disminuir, pero aún necesitaba distraerme.
El paisaje me ayudaría a no pensar. El bosque estaba precioso: las hojas de los árboles, rojas y marrones por el otoño, junto al cielo encapotado, componían una imagen que parecía sacada de un cuento oscuro de los hermanos Grimm. Un bosque encantado, pero con secretos ocultos esperando a ser liberados.
Llegamos a la parada del autobús y bajé a toda prisa para coger mi maleta y estirar las piernas. La lluvia comenzaba a intensificarse, dificultando aún más el camino. En cuanto puse un pie en el suelo, sentí como las piernas todavía conservaban el eco de aquella electricidad.
Cogí mi pequeña maleta y me dirigí hacia la universidad. Allí viviría hasta terminar la carrera. Mi nuevo hogar serían los dormitorios de la residencia. Pequeños, sí, pero con la promesa de un lugar seguro y tranquilo. Tenía fe de que todo esto me ayudaría a dejar atrás aquello de lo que estaba huyendo.
El camino resultó más complicado de lo que esperaba. No pensé que la universidad estuviera tan escondida en la profundidad del bosque. Solo se podía acceder a pie y el tiempo no ayudaba. Me temblaban las manos, sin saber si era por el nerviosismo o por el frio helado de la lluvia. Cada vez caía con mas intensidad, como si el cielo estuviera descargando toda su furia. El agua me impedía ver con claridad por donde iba. Según el gps del móvil faltaban apenas unos minutos para llegar, pero yo no distinguía nada. Las gotas se colaban en mis ojos y, empapada hasta los huesos, no estaba teniendo precisamente el mejor inicio de mi nueva vida.
Al menos estaba viva.
Aceleré el paso, deseando encontrar pronto refugio, pero fue una mala idea: tropecé y caí de bruces al chocar contra algo…¿un árbol? Eso creí. Mis rodillas dolían por el golpe y la maleta había salido disparada de mis manos. Al mirar hacia arriba no vi nada por la maldita lluvia, todo era un borrón gris y frio. Estaba segura de que había chocado contra algo duro, pero frente a mi no había nada. Quizás solo me había enredado contra alguna raíz y había caído. Sin embargo, el dolor en mi nariz me advertía que si que me había golpeado contra algo de frente… ¿Los árboles se mueven? ¿Me estaré volviendo loca?
Un relámpago iluminó todo el bosque, arrancándome de mis pensamientos. Me incorporé con rapidez y seguí con mi camino hasta que, por fin, llegué a un claro y ahí estaba lo que sería mi nuevo hogar. El edificio se alzaba con la silueta de un castillo, digno de un rey, y si ya impresionaba con la poca visibilidad que dejaba la lluvia, ¿ cómo sería de impresionante cuando parase de llover y saliera el sol? Si es que en algún momento salía.
En la puerta me esperaba una señora alta, enfundada en un traje color vino. El cabello gris, recogido en un moño impecable, y su expresión dura e intimidante me provocaron un escalofrío. La mirada mordaz que me lanzó parecía advertirme que esa iba a ser mi ‘cálida’ bienvenida.
Buenas tardes, ¿es usted la señorita Lily Davies? Mi nombre es Apolonia Smith, soy la directora de esta institución. La puntualidad es una de las reglas más importantes. Como es una recién llegada y nueva en el pueblo, esto le será un aviso. Espero que no llegue tarde en su primer día de clase porque será sancionada. La responsabilidad y la puntualidad dicen mucho de alguien que quiere convertirse en algo importante.
Su voz áspera al pronunciar aquel discurso de bienvenida me hizo comprender cuán aterradora podría ser esta mujer en un futuro. Ahora si que estaba nerviosa. Si no fuera porque estaba empapada me habría erizado con tan solo escucharla.
-S-sí, soy yo-respondí, intentando mantenerme firme-. Lamento llegar tarde, señora Smith. La lluvia me ha dificultado el camino y venía con el tiempo justo. No volverá a suceder, directora.
Mi voz titubeaba. No quería dar una peor impresión de lo que ya estaba dando, pero el miedo se filtraba sin que pudiera ocultarlo.
-De acuerdo, Davies. Coja sus cosas y acompáñeme dentro. Le daré sus horarios en mi despacho, así como la llave de su habitación. Ha tenido suerte… o no, según por donde lo mire. Le ha tocado sola en la habitación. No tendrá compañera de cuarto, aunque le vendría bien hacer amigos que la guíen por los bosques. Si llega a perderse… considérese muerta.- Hizo una breve pausa, ladeando apenas la cabeza-. No seria la primera vez que alguien nuevo llega y se pierde en las profundidades del bosque. Ya puede intuir cómo acabó el destino de esas personas.
Aquella última frase amenazaba mi cordura. ¿Había salido de un infierno para meterme en otro? ¿Perderme en el bosque y morir…?¿Qué clase de vía de escape había elegido? Todo esto me estaba desbordando.
Tenía miedo de que la maleta se me escurriera de las manos por mi temblor involuntario. Intentaba mantener mis nervios bajo control para que la directora no los notara, pero estaba segura de que podía percibir mi miedo.
Me quedaba claro de que debía socializar pronto. Si cierto era que me gustaba tener mi espacio para mí sola, no me gustaba la idea de perderme y morir después de haber luchado tanto por sobrevivir. Después de la charla con toda la información que debía de saber y las normas salí del despacho de la directora para irme a mi habitación. Mañana empezaría las clases y aún tenía que deshacer la maleta y ducharme. Aunque había amainado la tormenta aún seguía lloviendo, así que me quedaría aquí dentro y comería algo en la cafetería del edificio.
La directora me había señalado en un papel donde estaba mi habitación. Los pasillos de piedra, perfectamente labrados, eran tal cual me los imaginaba: fríos y solemnes. Se imponían como un portal al pasado, haciéndome imaginar que aquel corredor era transitado por nobles engalanados y orgullosos señores de las tierras. La experiencia hubiera sido mejor si hubiera llevado un vestido largo y corset ajustado en mi cintura. Una breve imagen cruzó mi mente: yo, vestida con un largo vestido azul profundo, riéndome junto a un hombre a mi lado. Al segundo siguiente estaba devuelta en la realidad; me imaginación había volado.
Al entrar a mi habitación vi una cama pequeña junto a un gran ventanal desde el que podía ver un lado del bosque. La estancia era pequeña, pero suficiente para mi sola. Las vistas que ofrecía la ventana eran hermosas; las siluetas de los grandes árboles se distinguían un poco más nítidas y mostraban lo extenso que era el bosque. Sabía que la mayor parte del terreno de Blackwoods era bosque, pero no era consciente de la certeza de aquello.
Un movimiento en los árboles captó mi atención. Parecía que algo se desplazaba entre las sombras, pero no lograba distinguir qué era. Tal vez algún animal buscando refugio. Una punzada en mi cabeza me hizo cerrar los ojos bruscamente. Mis músculos se retorcían y solo deseaban un alivio. Necesitaba ducharme y dormir: mi cuerpo estaba estresado de todo el viaje.
Me tumbé un rato en la cama y, sin saber cómo, me quedé dormida al instante en que mi cabeza tocó la almohada. Un nombre surgió en mi mente, o quizás lo había oído en un susurro durante la noche. Me desperté sobresaltada por una brisa helada que me recorrió el cuerpo. Cuando abrí totalmente los ojos para ver de donde venía aquel frío noté que el ventanal estaba ligeramente abierto. No recordaba haberlo abierto; lo único que se me ocurrió es que el cierre estuviera roto. Me levanté y lo cerré con fuerza, asegurándome de que por nada en el mundo se abriese. Este lugar aún era desconocido para mí y no me fiaba aún de lo que me rodeaba.
Aún me quedaban tres horas para levantarme y yo quería seguir durmiendo. Al volverme hacia la cama vi una sombra que se reflejaba en la pared. Rápidamente me giré hacia la ventana para ver que había sido, pero no encontré ni tan solo un animal. Estaba en un lugar bastante alto, así que era imposible que alguien pudiera escalar hasta allí; probablemente se trataba de la sombra de algún pájaro o murciélago.