Prólogo
El tablón escolar de avisos apesta a madera podrida, todo gracias a la falta de mantenimiento. En el hay tres fotos con los rostros de tres chicas. Tres personas desaparecidas que son el tema de conversación en cada casa de este maldito pueblo. Karla, la primera; una víbora con sonrisa de miss universo. Giselle, la segunda; una zorra con cara de ángel. Y Nevae… la lider, ella era básicamente como una combinación de las otras dos. Una completa perra.
”El cuarteto de las putas” eso es lo que susurraban ahora.
Como si yo no supiera que Karla se acostaba con el novio de cualquiera solo para sentir que existía. Como si no hubiera visto a Giselle hacer lo que fuera ,solo para no sentirse inferior a Karla o Nevae, y lidiando con problemas que nadie se imaginaba. Y Nevae, como si no supiera que me causo el mayor daño de todos. Ella que decía ser mi mejor amiga y se atrevió a clavarme el cuchillo en la espalda metiéndose con mi novio.
Cuando Karla se esfumó, todo el pueblo salió en su búsqueda. La policía abrió investigaciones y revolvieron nuestras vidas como buitres hambrientos: mensajes, lockers, diarios. Querían pistas, culpables, respuestas… pero lo único que encontraron fueron secretos.
Secretos que deberían haber quedado enterrados.
Giselle desapareció dos días después y el pueblo enloqueció. Con dos chicas menos y ninguna pista relevante, la policía hablo de un asesino en serie, o de alguien que posiblemente nos odiaba tanto para matarnos.
Dos días después, Nevae fue la última. La vieron por última vez discutiendo con logan, mi ex novio. Después de eso, fue como si la tierra se la hubiera tragado.
Desapareció sin dejar rastro.
Y entonces, yo me convertí en la principal sospechosa.
No era justo, ni mucho menos era algo lógico. Pero las pruebas me apuntaban a mi, las tres eran mis amigas, dos meses antes habíamos peleado y yo era la única que quedaba en pie. Y lo mas extraño. Las desapariciones se detuvieron justo cuando me pusieron bajo vigilancia.
Mi vida paso de ser perfecta a ser un completo caos en un abrir y cerrar de ojos, y no solo por los secretos que habían desenterrado. En la escuela recibía insultos, empujones, miradas que no podía ignorar, y constantes mensajes en mi casillero en donde me deseaban la muerte, todo eso por ser una lista de sospechosos.
Hasta que ocurrió lo que todos esperaban y algo que los policías querían.
Apareció un cadáver cerca del lago.