Capítulo unico
En lo alto del cielo, las estrellas intentaban iluminar la oscuridad de la noche y la Luna llena que se imponía en lo alto del cielo era testigo de cómo una operación militar se llevaría a cabo en una de las propiedades que se encuentra en la periferia de la ciudad, un terreno conocido, como la Ciudadela. A pesar de aparentar ser un complejo departamental para la clase media, por dentro, contaba con todos los objetos de lujos e instalaciones de entretenimiento que una persona pudiera desear en su casa.
En el camino principal que lleva a la mansión corrían a toda velocidad y con las sirenas apagadas, 6 camionetas negras con el emblema de la Policía Militar y en el interior de la camioneta que dirigía al convoy se encontraba el líder de la operación, el Sargento Daniel Martínez, mirando por la ventana como si estuviera contemplando el paisaje nocturno, pero en sus adentros recordaba aquel día, que podía describirse como… infortunio.
«A lo largo de su infancia Daniel vivía junto con su familia que se dedicó al cultivo de los campos familiares, pero un día mientras se encontraba sentado sobre una de las ramas del árbol que estuvo lejos de la casa, vio como un convoy de 8 camiones corrieron a toda velocidad por el camino que llevaba a la entrada de la casa.
El chico no sabía de dónde provenía esas camionetas y como cualquier chico de su edad la curiosidad por lo desconocido lo llamaba así que decidió bajarse de la rama y correr por un pequeño bosque, que era el camino más rápido para llegar a su casa.
Pasaron algunos minutos, Daniel pudo visualizar el final del bosque y ver a lo lejos su casa rodeada por varios hombres armados con armas del ejército. Aquella escena hizo que el temor invadiera a Daniel por completo y decidiera esconderse detrás de en uno de los árboles.
Después de un tiempo, que para Daniel fue una eternidad, pudo observado varios hombres salieron por la entrada principal su hogar. Algunos se abrochaban el cinturón mientras que otros solo sostenían sus armas en las manos, pero lo que todos esos hombres tenían en común era una gran sonrisa impuesta en su rostro. Una sonrisa que para un niño como Daniel pensaría que ese hombre estaba feliz, pero para los adultos que ya conocían la malicia y la oscuridad del humano, ese tipo de sonrisa expresaba lujuria y malicia.
—Ufff. Que rico —expreso uno de los hombres que salían de la propiedad—. De verdad que esas viejas fueron unas bestias… unas fieras en la cama.
—Ni que lo digas —respondió su compañero de alado—. Esos cuerpos tan esbeltos y suculentos no eran solo de adorno.
Mientras ellos platicaban entre si sobre lo que habían hecho adentro de la casa, atrás de ellos caminaba un hombre que vestía un traje de vestir muy ostentoso, sus zapatos eren tan oscuros como la oscuridad de la noche y brillaban como una moneda de oro mientras que su traje negro estaba igual de liso que una tela fina de ino, y sosteniendo una pistola en su mano derecha. Aquel hombre estaba hablando por teléfono por unos minutos hasta que decide cortar la llamada y llamar la atención de todo su alrededor.
—¡Ya basta de risas y de niñerías! —grito el hombre a todo pulmónؙ—. Agarren sus cosas y súbanse a las camionetas... ¡Nos larguemos de este lugar!
—¡Si señor!
Todos los hombres corrieron hacia las camionetas mientras que el hombre que estaba de lado derecho del líder saco un pequeño dispositivo de su bolsillo.
—¿Destruiremos todo el terreno jefe?
—Solo esta casa Gerardo.
El líder respondía a su colega mientras se separaba del y se dirigió hacia la camioneta.
—Ocuparemos estos campos para aumentar la producción de la mercancía.
Gerardo decidió no preguntar más y solo asintió, presiono el botón que tenía el aparato que había sacado y corrió hacía la camioneta donde se había subido su jefe. Después de que todos los hombres estuvieran a bordo, todas las camionetas corrieron a toda velocidad hacia la entrada de la propiedad para salir de la propiedad.
Mientras tanto, Daniel no sabía lo que eso hombre buscaban dentro de su casa, lo único que le importaba era salir de su escondite y acercarse a su casa para buscar a sus padres. Pero cuando se separó del tronco y quiso acercase a su casa una explosión se produjo dentro de la casa, ocasionando que todo el lugar explotara y el saliera disparado del lugar…»
En la realidad, uno de los agentes que estaban dentro de la camioneta se acercó a Daniel y lo movió un poco.
—Sargento… Sargento.
Esa acción hizo que Daniel despertara poco a poco mientras se agarraba la cabeza con una mano y la movía de un lado a otro.
—¿Que sucede Herrero?
—Nos estamos acercando al lugar objetivo.
Daniel levanto de nuevo su rostro con su típica mirada fría y sin emociones, miro hacia un lado donde estaba una pequeña escotilla y vio que ya estaban cerca de la mansión.
—¿Los escuadrones están listos?
—Sí señor. Todos los escuadrones están en posición y listos para iniciar a su señal.
Daniel agacho un poco la mirada y vio de nuevo su pistola y la agarro con fuerza la empuñadura. Luego tomo su comunicador y dio la orden:
—Que todos los escuadrones se movilicen… comiencen con la operación “neblina”.
Con la orden del Daniel, todos los agentes salieron de las camionetas y avanzaron hacia el interior de la mansión donde fueron recibidos por los centinelas y los disparos de sus armas de asalto, que intentaban proteger el lugar. Mientras que en los tejados había francotiradores disparando a los agentes que estaban desprotegidos en los lugares abiertos, los agentes disparaban a los sicarios que se intentaban refugiar detrás de las paredes de las distintas habitaciones.
Después de 30 minutos de lucha, que para los sicarios como los agentes de policía parecía una eternidad, los agentes lograron eliminar a los guardias y acordonar el lugar para proteger la mansión, en caso de que los sicarios hubieran pedido refuerzos.
Afuera del edificio se encontraba Daniel subiendo los pequeños escalones que señalaban la entrada de la mansión y que era vigilado por 2 agentes postrado en los lados del marco. Ya dentro se podía ver como algunos agentes caminaban por todo el interior de la mansión. Algunos corrían hacia una zona para vigilar el perímetro, otros solo miraban las habitaciones para encontrar alguna cosa sospechosa que los podía ayudar en futuros operativos.
—Sargento.
Daniel miro hacia donde lo habían llamado y vio al agente Herrero corriendo hacia él.
—¿Qué sucede Herrero?
—Señor —Saludo el agente a Daniel—. Lo encontramos… está en la habitación principal.
Después de escuchar aquella noticia, los ojos de Daniel se dilataron y su mirada se volvió mucho más sombría de lo normal.
—Llévame.
El agente asintió y camino hacia el interior de la mansión mientras era seguido por su superior.
Durante todo el trayecto, la adrenalina se apodero del cuerpo de Daniel. Las manos le temblaban y su frente junto con sus axilas le sudaban como si hubiera corrido un pequeño maratón. Su mente estaba nublada por la tristeza, el odio, la ira… por varios sentimientos negativos que había guardado durante todos estos años y que no dejaban que el buen juicio lo ayudara a tomar una buena decisión.
Al final del camino, el sargento vio la puerta de la habitación principal siendo custodiada por dos agentes que estaban fuertemente armados.
—Agente Herrero.
—Señor.
—Que nadie entre a la habitación, sin importar cualquier ruido que escuche. ¿Quedo claro?
—¡Si señor!
Daniel puso su mirada en los guardias.
—Ustedes también retírense.
Los guardias solo asintieron y se retirar del lugar junto con el agente Herrero, dejando solo a Daniel enfrente de la entrada.
Daniel abrió la puerta y vio que en su interior estaba un hombre que parecía estar en sus 50 y vestía un traje negro costoso, sentado en una silla que estaba en medio de la habitación. Aquel hombre levanto lentamente la mirada y al ver el rostro de Daniel una gran sonrisa apareció en su rostro. Cualquier persona diría que esa sonrisa transmitía fuertes sentimientos y ambiciones que habían formado la mente de aquel hombre.
—Que sorpresa. No espera que el “Demonio” viniera a visitarme personalmente –El hombre acerco el cigarro que tenía en su mano derecha para darse un toque. — Es un honor conocerlo.
—Déjate de estupideces —Daniel grito con fuerza–. Solo con escuchar tu voz me da nauseas, Víctor Roviera.
—No hace falta que seas tan formal —Víctor le dedico una gran sonrisa a Daniel—. Te daré permiso para que me llames como… “El tiburón”
—Eres repugnante —Daniel le regreso el gesto con una mirada de asqueado—. Después de muchos años por fin te atrape.
—Mmmm —Víctor puso la mano libre sobre su barbilla—. Porque ese odio. ¿Te conozco de algún lado?
—No puedo creer que tengas una capacidad para recordar tan baja —Daniel se acercó aún más a Víctor—. Campos San Rafael… te recuerda algo.
Cuando Daniel pronuncio aquel nombre, los ojos de Víctor se agrandaron un poco.
—Ya veo —la típica sonrisa burlona de Víctor regreso a su rostro—. Jajaja. ¡Con que tú eres el niño de la hermosa mujer con quien me divertí en esa podre casa de campo hace años!
Con cada palabra que escuchaba salir de la boca de Víctor hacia que la mirada de Daniel se volviera aún más oscura.
—Ahora lo recuerdo. Les había propuesto una muy buena oferta a tus queridos padres a cambio de sus tierras, pero ellos no aceptaron ninguna de mis propuestas así que mejor opte por una… solución más práctica y… entretenida.
Aquella afirmación hizo que la ira que estaba conteniendo Daniel en su interior comenzara a manifestarse.
—Eres un maldito —Daniel tomo su pistola y con mango le dio un fuerte golpe a Víctor en la cabeza—. ¡Un parasito de la sociedad que se mantiene a expensas de los demás y se divierte torturando personas y violando mujeres!¡Eres un enfermo!
—Jajaja —Víctor volvió a escupir a un lado—. Talvez tengas razón, pero hay algo que yo no tengo y tú sabes lo que es. Yo… no soy… Débil…
Aquella frase fue el punto de quiebre de Daniel y decide tomar su arma, pegar el cañón a la frente de Víctor y preparar el disparo.
—Excelente ¡Excelente! —La risa de burla de Víctor se volvió más fuerte y autoritario—. ¡Dispara ahora! O será que el pequeño tiene miedo.
Con cada segundo que pasaba y las constantes burlas de parte de Víctor, el deseo de Daniel de matar aquel hombre se hacía más y más fuerte. De chico todas las noches tenia pesadilla sobre aquellos hombres que habían entrado a su casa acercándose a su madre con una de lujuria, agarrándola de las muñecas y jaloneándola con fuerza, acostándola en el piso y rompiéndole la ropa, aflojarse el cinturón con lentitud y bajarse la bragueta del pantalón mientras que su padre lo ataban en una mesa y lo mutilaban como si fuera un cerdo en el matadero.
Por esa razón Daniel decidió ingresar a la policía militar, en busca del responsable de la muerte de sus padres y cobrar venganza con sus propias manos.
Con todo eso en mente Daniel estaba listo para accionar su arma y dispararle a Víctor en la cabeza, pero repentinamente y como si fuera una señal divina, una frase que su padre siempre me decía cuando era niño.
«Recuerda hijo, no importa que tan enojado este poner una situación que te ocurra. Siempre piensa con la cabeza fría para que puedas tomar la decisión correcta»
Hasta ahora, Daniel había recordado que sus padres intentaron inculcarle las buenas costumbres y siempre hacer lo correcto, sin importar las atrocidades que las personas pudieran cometer.
Aquel recuerdo provocaba que su ira despareciera mientras bajaba un poco su arma.
«¿Qué diría mis padres?», pensó Daniel, «Estoy siendo lo correcto»
La mente de Daniel se estaba convirtiendo en una gran tormenta de pensamientos y conflictos ideológicos, por lo que decidió bajar por completo su arma y caminar lentamente hacia la puerta.
—Como me imaginaba —El tono de voz de Víctor más burlona e irritante—. Solo eres un agente vestido de payaso que no tiene los suficientes huevos para matar al responsable de la muerte de sus padres.
Aquel comentario fue suficiente para llamar la atención de Daniel mientras se detenía a unos cuantos pasos de estar enfrente de la puerta. Del otro lado de la puerta, el lugar estaba en total silencio… pero fue interrumpido por el ruido del disparo dentro de la habitación.