Capítulo 1
—¡Mark! —gritó Melanie desde el otro lado de la puerta mientras la golpeaba—. Abre la puerta, renacuajo de mierda. ¡Sé que tienes mi laptop!
—Mamá dijo que podía usarla porque rompiste la pantalla de la mía, ¿te acuerdas? —respondió él mientras cerraba el sitio porno por el que estaba navegando.
—La has tenido todo el día. ¡Necesito usarla!
—¡Estoy ocupado! —gritó él, revisando el historial del navegador para borrar los videos que había estado viendo.
Se detuvo al ver uno llamado: "La hermana mayor lo hace mejor". Él no había visto ese. ¿O sí? Le resultaba familiar. Vio que la fecha era de ayer. ¿Lo habría visto anoche cuando usaba la laptop de su hermana para su ensayo?
Sintió la tentación de hacer clic; después de todo, le gustaban esos videos. Era raro, considerando que la única forma en que querría tocar a su hermana de manera inapropiada sería para ahorcarla. Bueno, la mayoría de las veces. A veces sí pensaba que era bastante sexy. Luego ella hacía alguna pesadez y él volvía a tener ganas de matarla.
—Huy —gruñó Mark al ver otros títulos de hermanos y hermanas a lo largo de la semana.
—¡No voy a esperar más! —anunció Melanie entrando en su cuarto.
—¡Melanie! —gritó él, girando en la vieja silla de oficina que le había dado su papá—. ¡Qué carajos, no estoy vestido!
Estaba sentado en su escritorio en boxers y no había nada cerca para agarrar y taparse.
—¡Ay, qué asco! —Melanie arrugó la cara—. Es repugnante que estés ahí sentado en ropa interior. ¿Y si entrara mamá?
—Mamá y papá van camino a New Hampshire. No volverán hasta el domingo por la mañana —Él rodó los ojos—. Y mamá tocaría la puerta.
Pensó en levantarse y agarrar sus jeans de encima de la pila de ropa en la cómoda. Pero al ver que ella estaba asqueada, decidió quedarse así; supuso que eso la sacaría de allí más rápido.
—A ella sí le abrirías, pero a mí me ignoras —Ella caminó por el cuarto hasta el escritorio.
—Mira quién habla —Mark señaló el pecho de ella—. Ponte un maldito sostén, cochina.
Melanie se miró la camiseta blanca sin mangas. Sus pechos no eran grandes, pero sí más que suficientes para llenar una mano y resaltaban mucho. Sus pezones se notaban a través de la tela fina.
—Ponte unos pantalones, pervertido —respondió ella, señalando su entrepierna que, al igual que sus tetas, se marcaba bien en los boxers ajustados—. Nadie quiere ver esa cosita.
—Claro que es pequeña, se está escondiendo de ti —Él sonrió con sarcasmo—. Apuesto a que a tus novios solo se les para cuando estás de espaldas.
—Qué gracioso, imbécil —replicó ella—. Al menos yo tengo algo de verdad, tú solo tienes tu mano.
—¿Esa es la cosa de verdad que oigo zumbar tan fuerte cuando llego tarde del trabajo? —Se rio al ver la cara que puso ella.
—¡Idiota! —Ella se cruzó de brazos—. ¿Por qué siempre eres tan malo conmigo?
—¿Y por qué tú siempre eres tan perra? —preguntó Mark.
—Porque siempre te burlas de mí —Lo miró fijamente y sus grandes ojos azules empezaron a aguarse—. Siempre eres tú el que empieza.
—Ay, vamos, Melanie. No finjas que te duele, si ni sentimientos tienes.
—No soy fea —sacó el labio inferior en un puchero—. Siempre haces chistes sobre mi fealdad, como recién, diciendo que los tipos solo me cogen en pose de perrito.
—A lo mejor piensan que es por tu cara y no notan la diferencia —Mark empezó a sonreír, pero se detuvo cuando ella bajó la cabeza.
—Eso no tiene gracia. No soy un perro —le dijo—. Yo no digo que seas feo.
—Eh, sí que lo dices —le recordó Mark.
—Estoy bromeando, creo que eres muy lindo.
—¿Ves? Y... ¿qué dijiste? —preguntó confundido—. ¿Acabas de decir que soy lindo?
—Lo eres —Ella le dedicó una sonrisa extraña—. Eres un tipo guapo, hermanito.
—Vale, ¿qué quieres? —La miró con sospecha.
—No, en serio —continuó ella—. Tienes ese pelo negro ondulado y esos ojos oscuros tan intensos.
—¿Intensos? —Su hermana estaba tramando algo.
—Sí, como de esos que te invitan a la cama —Melanie le lanzó una sonrisita coqueta, de esas que usaba con los chicos de la escuela—. Muy sexy.
Mientras Mark la miraba como si estuviera loca, ella misma se preguntó por qué carajos había dicho eso. Decirle a su hermano que tenía mirada de alcoba. ¿De dónde había salido aquello?
—Vamos, Mark —Se acercó a él y se puso entre sus piernas—. ¿De verdad crees que tu hermana mayor es fea?
—Bueno, no, en realidad no.
—¿Crees que soy linda?
—Yo... —Mark se detuvo y parpadeó, mirándola como si acabara de fijarse bien en ella.
Su hermana mayor era una chica atractiva. Tenía el pelo largo, rizado y rubio oscuro suelto y revuelto, como si hubiera estado durmiendo antes de entrar. El maquillaje de sus ojos estaba un poco corrido. De pie allí, sin sostén, con esa camisetita y unos shorts de jean cortos, le recordaba a esa frase de "recién cogida". Como si acabara de estar con un novio y se hubiera tenido que levantar de la cama.
¿Recién cogida? Mark frunció el ceño. Le encantaba esa expresión y ese aspecto, ¿pero ver a Melanie así? Sus ojos siguieron recorriendo el cuerpo de su hermana y notó que ella lo observaba con una sonrisita sexy.
¿Sexy? Pues sí, lo era. Ella lo miraba como miraba a Bill, el amigo de la escuela al que siempre molestaba diciendo que se lo iba a tirar algún día. Melanie había pasado mucho tiempo en la playa este verano y sus piernas largas estaban muy bronceadas.
Los shorts lucían bien esas piernas, pero le hacían mejores cosas a ese culito tan caliente que tenía. Mark tenía que admitir que su hermana mayor tenía un trasero y unas piernas de infarto. ¿Y en cuanto a lo demás? Sus tetas también estaban muy ricas. Ni grandes ni pequeñas, perfectas. Y justo ahora sus pezones, muy duros, se marcaban en la camiseta.
Ella estaba entre sus piernas y esos pezones le quedaban a la altura de los ojos. De pronto, se imaginó a Melanie levantándose la camiseta para él. Se vio acariciándolos, chupándolos. Las tetas de su hermana pesada. Su hermana, bajando a sus rodillas, sacándole la polla y...
Mark estaba duro. Su verga estaba caliente y pulsaba contra su pierna, apretada por la ropa interior.
—Eres muy sexy, hermana —susurró, sorprendido por sus propias palabras. Sin embargo, no estaba tan sorprendido por la erección rabiosa entre sus piernas. O por la imagen de bajarle los shorts y hundir su cara entre sus muslos bronceados y suaves.
—¿Eso crees? —Ella le dio una gran sonrisa.
—Claro que sí —Él le devolvió la sonrisa—. Mírate, eres hermosa. Tienes esas piernas larguísimas y —sin poder evitarlo, se lamió los labios— tus tetas se ven increíbles.
—Hmm —ronroneó ella, apretándose los pechos con las manos sobre la tela—. ¿Te gustan las tetas de tu hermana, Mark?
—Son perfectas, como todo lo demás —No bromeaba. Dios, su hermana mayor estaba buenísima. Tan buena como cualquiera de esas "hermanas" de las películas con las que se hacía pajas.
—¿Por eso tu polla está tan grande y dura? —Ella señaló su entrepierna. Un escalofrío lo recorrió cuando ella pasó su lengua rosada por sus labios carnosos y sensuales. Mark apostaría a que esos labios eran suaves y deseó besarlos. Esos y los labios húmedos de su coño.
—Sí —le confesó—. Me pones duro, Melanie. Tan duro que a veces me la jalo pensando en ti —¡Vaya! ¡No debía haberle dicho eso!
—Tu polla no es lo único que está duro —Ella puso las manos en los brazos de él y los apretó.
—Mi hermanito ya no es tan pequeño, ¿verdad? —Se mordió el labio inferior—. Tú también tienes un cuerpo muy caliente, Mark.
—No tanto como el tuyo, hermana —Él empezaba a sudar y frotaba las yemas de sus dedos, imaginando sus pezones entre ellos—. ¡Dios, mira esas tetas! —¡Estaban tan cerca!
—¿Quieres verlas? —Melanie se levantó la camiseta lo suficiente para que Mark viera solo la curva inferior de sus pechos.
—Oh, sí.
—¡Pídelo por favor! —Ella se rio y él sonrió. De verdad amaba su risa... y a ella.
—Por favor —Imitó mal su puchero, haciéndola reír de nuevo—. Por favor, hermanita. ¿Dejas que tu hermano vea tus lindas tetas?
—Ya que lo pediste tan amablemente —Se subió la camiseta del todo, dejando sus pechos al aire.
Melanie soltó un grito de placer y sorpresa cuando, antes de que la prenda terminara de pasar por sus tetas, la boca de Mark ya estaba en su pezón derecho. Con un gemido, ella se quitó la camiseta y la tiró a un lado.
Agarrando el pelo de su hermano, Melanie hundió la cara de él contra su teta, arqueando la espalda para ofrecérsela. Mark pasó al otro pezón. Esta vez jugueteó con la lengua alrededor primero, antes de metérselo en la boca para succionar.
—¡Sí, chupa las tetas de tu hermana! —gimió ella—. Piensas en ellas todo el tiempo, ¿verdad?
—Mmm-hmmm —asintió él mientras volvía al otro pezón y le acariciaba ambos pechos—. Y no solo en tus tetas, hermana.
Soltándole las tetas, Mark siguió lamiéndole el pezón mientras le desabrochaba los shorts. Melanie soltó una risita y movió las caderas, ayudándole a bajar los pantalones ajustados por sus muslos. Mark los soltó y ella hizo un movimiento sexy, dejando que cayeran al suelo junto a sus pies descalzos.
Él pasó las manos alrededor de ella. Ella chilló cuando él le agarró el culo y lo apretó fuerte. Su boca dejó los pechos y le besó el vientre suave.
—Dios, eres tan sexy, Melanie.
Sus dedos se engancharon en el hilo dental rojo de ella. Pero antes de que pudiera bajárselo, ella lo empujó hacia atrás en la silla.
—No es justo, tú te llevas toda la diversión —Se puso de rodillas entre sus piernas, agarró sus boxers y tiró de ellos—. Déjame mostrarte con qué me he estado excitando yo.
Mark levantó las caderas, permitiendo que Melanie se los bajara, y vio cómo su polla larga y gruesa saltaba libre.
—¡Mierda, mira qué polla! —Melanie la agarró y la apretó, haciéndolo gemir—. ¿Todo esto es para tu hermana mayor?
Continuará...