Prólogo
La ciencia es impredecible. La mayoría de veces sale según lo planeado, pero siempre queda una mínima probabilidad sin asegurar, y cuando eso ocurre, cualquier cosa puede ocurrir. He ahí la impredecibilidad de la ciencia, englobando cualquier rama.
Año 2018, Madrid, España:
La nueva cura contra el cáncer está en desarrollo, y todo apunta a que saldrá según lo esperado, en otras palabras, los datos científicos indican que tiene que salir bien. Sin embargo, contra todo pronóstico, un cambio repentino en alguna variable aún no encontrada, provocó que el virus con el que estaban trabajando mutara, creando una nueva enfermedad que se expandió rápidamente.
Esta gran pandemia dejó al mundo reducido a menos del 1%. Esta baja población hizo que no se pudiera propagar más, pero eso no significa que se extinguiese, pues una de las biólogas que trabajan en aquel proyecto cuidó unos ejemplares del virus para poder crear una cura.
Esos experimentos, en lucha contra la nueva enfermedad, costaron mucho trabajo, pero al fin consiguió un resultado, o por lo menos eso aseguró.
Y como siempre, existen personas que se apoderan de los descubrimientos de otros, pero esta vez al intentarlo no robaron nada. Aunque esto no resultó favorable para la bióloga, esa gente tenía otros planes por si no conseguían lo que querían.
En un intento de proteger sus resultados, creó algo más a parte de la cura, algo que nunca antes se había visto fuera del cine y la fantasía, jugó con la naturaleza. Pero ella creía en sus conocimientos, y se apoyó en todos los intentos fallidos para poder crear lo que años más tarde resolvería todo.
Sacrificó no solo años de su vida, también amigos y familia sin saber si la perdonarían por todo lo que hizo en sus investigaciones. Y lo consiguió.
Ahora solo queda esperar, esperar a que los resultados den su fruto, esperar que todo vaya según sus planes, esperar a que la encuentren en su escondite, y rezar para que todo su alrededor que tenía antes de la Gran Catástrofe se recomponga de nuevo.