I-EL MIEDO DE MIS ANFITRIONES
Punzante, tan fuerte y marcado, toda esta habitación apesta a eso, a las reacciones químicas que causa la noradrenalina en sus cuerpos... tan sutil su respiración, pobres, creen que no puedo percibir su miedo al verme, al escucharme respirar, al contraer mis músculos y hacer zumbar mis placas duras como el acero.
Una vez yo apestaba a ese sentimiento, al miedo, al peligro, a la debilidad, lo frágil que era un cuerpo blandengue de nueve años que tuvo que soportar horrores más allá de la comprensión que podía tener un simple niño, mi cognitivismo no era tan desarrollado como para entender lo que pasaba en su momento, pero si lo sabía mi cuerpo, mi adrenalina me mantuvo viva, el constante grito en mi cabeza que me ordenaba correr y esconderme, lo sentí tan vorazmente al ver cómo se comían a mi perrito en las calles oscuras y caóticas, lo experimenté de forma visceral cuando le dispararon a mis padres a quemarropa enfrente de mí... Miedo, tan natural, tan real y tan propio de un ser vivo consciente y que busca sobrevivir, pero, ¿qué pasa cuando no sientes miedo, sólo hambre constante?, ¿consumir en vez de preservar?, el concepto de "La Humanidad", está tan manchado y flácido, una idealidad tan pasada de moda y descontinuada, contada por cuentagotas muy pequeño y qué, con cada paso de los milenios, siglos, décadas se va extinguiendo por su propia representación, una serpiente que devora su propia cola y se auto destruye bajo una capa de sádica satisfacción maliciosa.
Jadeo por un momento para regular mi febril temperatura, mis dientes vibran con su retracción, saboreo sutilmente el aire de mi entorno con el suave balanceo de mi lengua, aún persiste el miedo, pero no en mí, no, no, no... Sino de ellos, todos estos soldados que no dejan de apuntarme, como si meras balas de nieve milímetros o de cinco coma cincuenta y seis por cuarenta y cinco milímetros van a hacerme cosquillas en mi piel blindada, recubierta de incontables escamas reforzadas, y placas de hueso, osteodermos bien colocados como una armadura anti-tanques...
—Solo vengo a conversar, no veo la necesidad de apuntarme, caballeros, no es que muerda... Tan duro—. Me atrevo a decir como mi fisionomía bucal me lo permite, al menos no perdí mi capacidad de reírme, oh, no, en ese aspecto sigo siendo la misma hija de puta burlesca y sardónica como hace siete años.
—¿Acaso les comió la lengua el gato?, porque yo no, aún...
—¡¿Quién demonios eres?!— Pobrecito, está temblando, se le nota al hombre, su corazón late con tal avivéz y su miedo... huele exquisito, casi siento hambre...
—Tranquilo, no pienso matarlos si es lo que temes, digamos que soy una aliada temporal, bueno, si no me disparan, claro está. —Respondí con cierta tranquilidad, no me preocupa un grupo de nuevos ingresados en la BSAA, no es que estén preparados completamente, —exijo hablar con sus superiores, en particular, estoy buscando al agente de la SAO y uno de los asesores principales de su sede, el Capitán Chris Redfield, estoy segura que hay mucha información que quisieran obtener la rama Norteamericana de la BSAA, después de todos, una B.O.W. racional no toca a la puerta con intenciones pacíficas normalmente, como yo...
Tengo que admitir que pude esbozar un intento de sonrisa, a juzgar por las expresiones colectivas, llenas de ese rico olor, y esas muecas y arrugas de pavor en sus tiernas pieles pálidas ante el miedo... Definitivamente mataré algo después de hablar con mi viejo camarada y antiguo superior...
No hubo movimientos, sólo la misma reacción de apuntarme con las armas, vinieron refuerzos, claramente había una cierta, inquietud, por decir lo más bajo en sus acciones, obvio, no todo el tiempo ves a un monstruo de más de tres metros, escamosa como un dragón, cola tan larga y afilada con una cuchilla en la punta, además, de seguro mi cara debe ser tan agradable a la vista, mejor no abro tanto mi boca...
Emití un ronco siseo, usando las protuberancias sobresalientes de mis clavículas y mi pecho reforzado, me permite crear siseos y zumbidos de varias entonaciones, mantuve mi cola baja como muestra de mi honesta voluntad. No le temo a nadie aquí, puedo causar caos en toda una base entera sin muchas complicaciones, tengo una regeneración celular tan voraz que, a penas identifico el dolor externo de algún daño.
—Quiero hablar con sus superiores, estoy aquí en paz... Lo digo en serio.
—¿¡Un demonio cómo tú, en paz!?, ¡estupideces!
—Hm, le recomiendo mantener sus ofensas sosas para usted, Cabo... No es mi primera vez aquí en esta sede, antes, trabajaba como un viejo soldado de campo, agente de la SAO, con el honor entre los SOU y fuerzas especiales de contingencia. -Recité sin ánimos a discusiones triviales, el tiempo apremia y yo necesito moverme antes de que todo empeore.
—¿¡C-cómo puedes siquiera hablar, qué cosa eres!?— definitivamente los humanos son tan, fastidiosos.
—Como dije, vengo a hablar con el capitán Redfield y los demás superiores de esta organización. —reafirmé con más frustración, para mí suerte, yo investigué bien, y sé que Chris, se encontraba en la sede, y no tardé en verlo aparecer junto a una docena más de soldados y, la agente Valentine... Dios, que nostalgia, espero no recibir una paliza de su parte...
Shock y estoicismo, fue lo primero en adornar sus valerosos rostros, la confusión y la adrenalina vino después, apuntarme fue instintivo, y no me molestó. —Agentes, se ven bien, no les han afectado estos últimos siete años... Y con mi inconveniente en Tatchit, no aparecí antes, pero, vengo a cooperar, y solicitar la ayuda de la BSAA. —Dije, de forma lenta y con cada palabra pausada y firme, tuve el atrevimiento de encorvar mi imponente figura en una breve reverencia, mi mano dominante suspendida hasta llegar al costado de mi izquierda del pecho, dónde estaría mi corazón principal, mis ojos tan oscuros como un abismo y rojos como la sangre latente en mis iris daban un aspecto feroz e inhumano, la ausencia de labios y la ruptura de mis pómulos no permiten fonéticamente que pronuncien con audacia mi dialecto materno, ni mi acento conserva su original forma, después de todo, ¿cómo pronunciar bien con mejillas cortadas?, dientes externos e internos en hileras haciendo filas como sierras, y mandíbula que puede expandirse para engullir mejor y perforar el hueso, y que mis mandíbulas superiores ocultan como un carnoso manto, dientes sorpresa para desgarrar sin piedad...
—Capitán Redfield, agente Valentine, solicito una audiencia con ustedes en privado y también pido su apoyo para buscar una cura... Porque el virus C no es la amenaza más peligrosa que hay todavía, se avecina algo muy malo...
—(...)—