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Sinopsis

Una muestra de la maldad humana y la mente infantil. ... Adéntrate en una colección de historias donde la infancia y la preadolescencia se convierten en un lugar consumido por el dolor, el trauma y la incomodidad. Desde tropezar en medio de un pasillo hasta situaciones familiares que dejan marcas imborrables. Prepárate para descubrir experiencias que, tal vez, nunca tuviste que descubrir en primer lugar. ADVERTENCIAS: Esta historia contiene acoso/abuso sexual, bullying, maltrato físico y/o emocional, inseguridades, suicidio, ansiedad y maltrato infantil.

Genero:
Horror
Autor/a:
Gabriela A.R
Estado:
Completado
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Espejo

Bum, bum, bum.

Me despierto de golpe. Mis manos y mi frente están completamente empapadas de sudor, y siento como si mi corazón quisiera salirse del pecho.

Tardo unos segundos en reconocer mi habitación en medio de la oscuridad. El silencio, en vez de calmarme, solo aumenta mi angustia. Gateo en la cama hasta poder sentir la pared fría y comienzo a tantear hasta encontrar el interruptor. La luz blanca me aturde los ojos por un momento, pero logro adaptarme a ella.

Mi corazón se calma un poco. Respiro profundo y me levanto hacia el espejo que tengo en mi habitación. Comienzo a revisarme el rostro, empapado en sudor. Mis ojos, decorados con ojeras oscuras y notorias, revelando mis noches en vela. Mis labios, resecos que muestran mi poca preocupación por mantenerme hidratada, y mi piel, repleta de espinillas grasosas que me recuerdan mi adicción por la comida grasosa, todo esto es un recordatorio de mi flojera y mi falta de dinero.

«Al menos mi nariz es bonita.»

Agarro los dos extremos de mi camisa y la aprieto hacia mi espalda solo para observar mi cuerpo: mis pechos pequeños y sin gracia, la grasa de mi abdomen que me hace parecer embarazada, mi inexistente cintura y mis glúteos flácidos. Las lágrimas comienzan a salir de mis ojos y hago todo lo posible para que mis sollozos no los escuchen mis padres, que están durmiendo en el cuarto de al lado. Entonces empiezo a notar como mi reflejo se distorsiona hasta tal punto que no logro reconocerme en él; todo mi cuerpo parece ser tachado con una equis roja y unas voces me susurran:

“Te ves asquerosa.”

“No importa lo que hagas, tu cuerpo es la prueba de la mala genética.”

“Con razón te dicen que eres graciosa, porque bonita no eres.”

“Te verías mejor si tuvieras más pecho o trasero.”

Cada comentario me afecta más y más, como si mil agujas se incrustaran en mi piel hasta llegar a mis huesos. Duele demasiado.

Decido darle la espalda a mi reflejo y salgo de mi habitación hacia el baño para lavarme la cara, esquivando la mirada en el espejo.

Edad: 12 años.