Prólogo
Meses antes
Aim se había convertido en la escritora más popular de la web gracias a una historia que superó los veinte millones de visualizaciones. Nadie sabía quién era en realidad, hasta que su mejor amiga, Mali, decidió que ya era hora de mostrar su rostro al mundo.
—Tendrás muchas chicas enviándote mensajes —dijo Mali por videollamada, sonándose la nariz.
—¿Mensajes de qué tipo?
—Del tipo “me enamoré de ti”, no del tipo “amo tus libros”.
Aim dejó escapar un suspiro de fastidio.
—Solo soy una escritora encerrada con su tableta.
—Exacto, y así no conocerás a nadie. Cambia la foto del perfil y sal con alguien, aunque sea una vez.
Y así lo hizo. Desde ese día, el caos comenzó.
Pronto empezaron a llegar mensajes, confesiones de amor y todo tipo de propuestas. Mali, agotada de tanto caos, decidió clasificarlas con apodos: la abogada 1, la empresaria 15, la idol 23, la intensa 36… y así sucesivamente. Aim salió con varias, una tras otra, pero todas terminaron igual.
—Next —decía después de cada cita.
Ninguna lograba interesarla. Ni las abogadas con discursos eternos, ni las idols con encanto de escenario, ni las empresarias que solo hablaban de trabajo. Aim ya había cerrado la puerta al amor desde su última relación, y solo encontraba refugio en escribir.
Hasta que enfermó.
El cuerpo empezó a dolerle, las rosetas rojas aparecieron en su piel y, cuando menos lo esperaba, terminó en la sala de urgencias. Allí, conoció a la doctora Bamrungwadee Chaisiri, la dulce doctora Bam.
Era la residente más amable del hospital, con una sonrisa serena que contrastaba con su mirada profunda y concentrada. Aim la observó durante la revisión médica, intentando no parecer tan fascinada.
—¿Puedo preguntarle algo, doctora? —dijo con una sonrisa torpe.
—Claro.
—¿Me va a atender todos los días?
—Sí. Por ahora soy la residente encargada de tu caso.
—Qué suerte la mía.
Había conocido al amor de su vida a los veinticuatro años, justo después de una pandemia, y en un hospital… cuando pensó que ya no volvería a enamorarse.