El Vampiro y la bruja.
Diario de Vladislao (El Vampiro)
Fecha: 10 de Mayo, Año 2196 (Día 72.500 de nuestra unión)
Ubicación: Un castillo en los Cárpatos. Niebla perpetua.
Lilith ha comenzado a coleccionar objetos efímeros.
No son reliquias, ni grimorios ancestrales. Son cosas ridículas: billetes de cine de estrenos de hace tres semanas, una flor silvestre arrancada de un campo que será urbanizado el próximo mes, una servilleta arrugada con la receta de un restaurante que acaba de cerrar. Cosas condenadas al olvido, a la extinción.
Hoy me ha exigido que use un cepillo de dientes de bambú. "Para que se degrade rápido," me ha dicho con esa sonrisa que ahora me parece una mueca. Mi cepillo de colmillos de plata, que ha durado cinco siglos, ahora yace descartado.
Ella busca la muerte en cada detalle. Yo la busco en cada noche, la busco en la caza, la busco en la preservación de mi linaje. Pero esta forma de destrucción lenta que ella practica... me exaspera.
Le recordé la promesa en 1697, bajo la Luna Roja en Alejandría: Tú harás que mi no-vida sea bella, y yo haré que tu vida no tenga fin. Juramos desafiar al Padre Tiempo juntos.
Me temo que para ella, "desafiar" significa encontrar formas de perder. Y yo no sé perder.
Bitácora de Lilith (La Bruja)
Fecha: 19 de Diciembre, Año 2196 (Día 72.713)
Ubicación: Una cabaña de madera en un bosque escandinavo (construida para durar diez años).
Anoche Vlad me encontró llorando. Fue patético.
No lloraba de tristeza, sino de envidia. Habíamos detenido nuestro coche (un modelo clásico de 1950, por supuesto, porque él detesta lo nuevo) frente a una fiesta de Navidad. Vimos a un anciano con un suéter ridículo reír a carcajadas mientras bailaba con una mujer de la misma edad.
Al anciano le quedaban, con suerte, cinco o diez años de vida. Su risa era imperfecta, su cabello escaso, su movimiento torpe. Era efímero y por lo tanto, precioso.
Vlad me abrazó, ofreciéndome la comodidad de nuestra existencia perfecta. "No envidies su decadencia, mia strega. Nosotros no envejecemos. Somos la perfección."
Ahí está nuestro abismo. Él ve la perfección en la permanencia. Yo la veo en la desaparición.
La vida se define por el final. Una flor es hermosa porque se marchita. Un beso es valioso porque es un instante. Nuestra unión, sin un horizonte terminal, se ha vuelto un paisaje plano, un ritual sin significado. No hay emoción si no hay riesgo de perderlo.
Hoy he comenzado la extracción de la Esencia del Tiempo Robado. Es un proceso lento. El antídoto a la vida eterna que me dio. Una gota al día durante un año. No puedo decírselo. Me encadenaría.
Diario de Vladislao (El Vampiro)
Fecha: 1 de Junio, Año 2197 (Día 72.844)
Ubicación: Un palacio moderno en Tokio.
La incomunicación es el nuevo sabor de la no-vida.
Ella ya no me mira. Me escanea. Como si estuviera buscando fallas, grietas en la pared de piedra en la que me he convertido.
Le pregunté sobre su pequeño ritual nocturno: se sienta frente al espejo y pasa horas observando la piel de su mano, buscando alguna arruga inexistente, alguna línea de expresión que delate el paso de los siglos.
—¿Qué haces?
—Practico la paciencia, Vlad. Es la única virtud que no poseemos.
Le dije que la paciencia es la herramienta del mortal. El inmortal solo necesita la persistencia.
Me miró con lástima. Me lo dijo directamente: "La persistencia es lo que nos está matando, Vlad. Siempre el mismo argumento, la misma cama, la misma posesión. Ya no quedan secretos entre nosotros, solo rutinas."
Le contesté: "El único secreto que importa, Lilith, es que, por fin, somos invencibles."
Ella giró la cabeza, observando la ciudad bulliciosa, ajena a nuestra conversación. "Invencibles e invisibles. Nos hemos vuelto tan grandes que hemos dejado de ser importantes."
Temo que tenga razón. El mundo sigue girando, y nuestras decisiones de ayer son notas a pie de página en los libros de historia. Nos hemos convertido en nuestros propios dioses, y como todos los dioses, estamos aburridos de la eternidad.
Mañana le regalaré esa estrella. Quizás la inmensidad del espacio exterior le recuerde que, al menos, existimos.
Bitácora de Lilith (La Bruja)
Fecha: 28 de Agosto, Año 2197 (Día 73.049 de nuestra unión)
(Continuación del extracto anterior)
Ubicación: El ático polvoriento en Praga.
La estrella, tirada sobre la mesa, me resulta ofensiva. Es su versión de una disculpa, su intento de ofrecer un universo entero cuando lo único que yo le pido es un final.
Mi dolor se ha solidificado en una conclusión ineludible: para que él me ame de verdad, necesita la posibilidad de perderme. Y para que yo lo ame de verdad, necesito la certeza de que mi tiempo es limitado. Nuestra inmortalidad compartida no es un regalo; es una trampa.
Hoy es el día. Anoche, mientras él vigilaba el amanecer (ese ritual vacío que repite), me bebí el contenido restante del frasco. El Esencia del Tiempo Robado. No hubo fuego, no hubo dolor. Solo un suave respiro en el centro de mi pecho. Sentí, por primera vez en siglos, que el tiempo había vuelto a fluir en mí.
Dejé la estrella y la nota para él.
—Sabes que no puedo más, Vlad. No por ti, sino por mí.
El corazón se me encogió al ver su expresión. No de ira, sino de genuino desconcierto. Él no entiende la belleza del adiós. Nunca lo hará.
Le mentí. Le dije que lo tomaría al momento. Pero la verdad es que mi cuerpo ya estaba desvinculándose de su esencia. La sangre vampírica ya no corre en mí. Solo un vino de vida limitada.
Me preguntó por qué. Me aferré a la verdad esencial:
—Tú me diste la eternidad para que te amara para siempre. Y yo te amé hasta que la eternidad se terminó.
Ese es el quid para mí: el amor necesita un plazo para tener valor. Mi amor por él expiró cuando supe que no podía.
Diario de Vladislao (El Vampiro)
Fecha: 29 de Agosto, Anochecer (El día 73.050 en que esta agonía comenzó)
(Continuación del extracto anterior)
Ubicación: El ático de Praga. Todavía.
Encontré el pergamino y la estrella. Quemé ambas. En un acto de rabia pueril, arrojé el té de la mañana que ella había dejado. Lo hice solo para escuchar el tintineo del cristal al romperse, algo frágil.
Ella me mintió. Revisé el ático con la velocidad de mi linaje. No había polvo de mortalidad en el suelo, ni rastros de conjuro reciente. Ella no tomó la poción aquí.
Pero sí se fue.
Mi mente de siglos se aceleró. No tomó la poción para morir. La tomó para desaparecer. Para que la perdiera para siempre y yo, su testigo eterno, me quedara solo con el recuerdo de la mujer joven que la había amado.
Y entonces, lo entendí. El quid definitivo.
Ella sabía que la única cosa que me aterra no es el sol, ni la cruz, ni la estaca. Es la irrelevancia.
Mi propósito era ser su testigo eterno. Al volverse mortal, ella me convirtió en su futuro verdugo. Yo, un ser que trasciende el tiempo, ahora estoy condenado a saber que ella morirá. Y que el único final que le queda a mi existencia es buscarla para ver el último aliento, para demostrarme a mí mismo que, a pesar de todo, aún puedo participar en la realidad del fin.
Se ha convertido en el único misterio que me queda por resolver.
Tomé el viejo cepillo de plata y, por primera vez, no limpié. Lo rompí por la mitad. Me miré en un fragmento roto del espejo.
Y sonreí.
Lilith, mi amor. Me has devuelto la caza. Me has devuelto el deseo. Me has dado un motivo para viajar, para moverme, para desear la siguiente noche con la esperanza de encontrarte.
Me has dejado la tarea de buscar a la única mujer en la historia que decidió su propia fecha de caducidad.
Y lo haré. Te encontraré en tu decrepitud, en tu fragilidad. Y cuando te encuentre, mia strega, no te llevaré de vuelta a la eternidad. Simplemente me sentaré a tu lado, como te sentaste tú junto a mí, para ser testigo de tu fin.
La soledad del resto de mi existencia, sabiendo que tú has muerto, será el verdadero "para siempre" que me has dejado. Es un regalo brutal, mi bruja.
Y solo por eso, te lo agradezco.
Ahora, a comenzar la búsqueda. El reloj ha empezado a correr para ti. Y, por primera vez, ha empezado a correr de nuevo para mí.