La canción que no sabía que necesitaba.

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Sinopsis

VIRE, un grupo idol en ascenso, se muda a su primera casa compartida tras el éxito de su último comeback. Para Nari, de cabello azul y actitud descarada, esto significa estar más cerca que nunca de Ren, el integrante reservado y talentoso que lleva meses resistiéndose a sus constantes insinuaciones. Entre ensayos intensos, composiciones nocturnas y la presión constante de mantener su imagen pública, la tensión entre ambos se vuelve cada vez más difícil de ignorar. Cuando el grupo recibe la oportunidad de participar en una competición de dúos, Ren y Nari deberán trabajar juntos más íntimamente que nunca, componiendo una canción que termine reflejando más de lo que pretendían mostrar. Pero en el mundo del K-pop, donde cada gesto es observado y cada relación es escrutada, ¿es posible ser honesto sobre lo que realmente sientes? ¿Qué estás dispuesto a arriesgar por amor cuando todo lo que has construido está en juego? Una historia sobre encontrar el valor de ser auténtico, la música que nace del corazón, y descubrir que a veces la mejor canción es la que no sabías que necesitabas escribir.

Genero:
Romance
Autor/a:
Arunesk
Estado:
Completado
Capítulos:
13
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1 • La nueva casa.

El sol de primavera se colaba por los enormes ventanales del salón mientras las cajas apiladas esperaban su destino. No había muebles aún, sólo una mesa en el centro, varias botellas de agua y cuatro chicos desperdigados por el suelo, como si hubiesen cruzado un desierto.

—¿Esto es vivir solos? —resopló Bin, tumbado boca arriba sobre una alfombra enrollada—. ¿A esto le llaman libertad? Me están doliendo músculos que no sabía que tenía.

—Deja de quejarte, que sólo has traído dos cajas —le replicó Soo, sin mirarle, mientras abría cuidadosamente una caja etiquetada como frágil.

Su tono era seco, pero no sonaba molesto. Ya todos sabían que Soo siempre parecía más enfadado de lo que realmente estaba.

El teléfono de Nari vibró sobre la mesa. Una notificación iluminó la pantalla: @StarNewsKR: “VIRE se muda a su nueva residencia grupal tras el éxito de su último comeback...”

Nari frunció ligeramente el ceño y puso el móvil boca abajo sin leer más. Algunos hábitos nunca cambian.

—Podemos dejar las cajas y los muebles para después. Lo urgente es organizar las habitaciones —declaró Soo con voz firme, como siempre que sentía que el grupo necesitaba dirección—. Won vendrá mañana temprano para revisar el contrato de la casa y hablar del horario de promociones.

Ren soltó un suspiro silencioso. Ni un día de descanso.

Nari se levantó del suelo y se sacudió el polvo del pantalón ancho. Llevaba su cabello azulado recogido con una pequeña pinza, y su camiseta le caía sobre un hombro, dejando a la vista su fina clavícula.

—¿Ya están las habitaciones asignadas? —preguntó con curiosidad, mirando a Soo.

—Sí, el mánager nos ha mandado el plano. Cada uno tiene su habitación. Individual. —Soo levantó una ceja—. Y no, no se puede intercambiar. Órdenes directas de la empresa.

—Qué dictador —murmuró Ren desde el fondo, sin alzar la voz. Estaba apoyado en una pared, con los brazos cruzados y el cabello un poco húmedo aún, recogido a medias en una coleta improvisada.

Nari le miró de reojo, adoptando una postura para captar la atención de Ren.

Ren no le había mirado a él en todo el día. Hasta que vio su ridícula postura. Sabía que Nari siempre intentaba captar su atención. Podía sentir su presencia como si fuese electricidad. Como si su cuerpo tuviese memoria.

Como si sus ojos no necesitasen verle para saber exactamente cómo le quedaba ese pantalón ancho, que se le deslizaba apenas por la cintura. Lo intentaba, y cada vez le costaba más protegerse de las insinuaciones de ese pitufo.

No podemos permitirnos esto, se recordó a sí mismo. No ahora que estamos en la cima.

Fue Bin quien interrumpió el hilo tenso que acababa de formarse.

—¿Entonces repartimos habitaciones ahora o qué? Porque si vamos a estar aquí toda la noche, al menos quiero saber dónde voy a desplomarme.

—Ya están marcadas. Toma —Soo les pasó una copia del plano que traía consigo, y los cuatro se dispersaron para investigar.

La casa no era enorme, pero sí moderna. Techos altos, espacios abiertos, una cocina integrada al salón, y cuatro habitaciones individuales en línea con sus respectivas puertas enfrentadas. Además, una sala de producción equipada con todo lo necesario para que trabajasen sin salir de casa. Había dos baños completos, uno al final del pasillo y otro junto al salón. Todo en una sola planta.

—Oye, la sala de producción está mejor equipada que nuestro antiguo estudio —comentó Bin, asomando la cabeza desde una puerta—. Hasta tiene piano digital nuevo.

—La empresa no escatima cuando hay dinero por medio —murmuró Soo, revisando los equipos de sonido con ojo crítico.

......

La habitación de Nari era la segunda de la izquierda. Se dejó caer en el colchón envuelto en plástico y fijó la mirada en el jardín interior iluminado por el sol.

Vivir solos. Por primera vez compartiendo un espacio.

Todos juntos.

Y él.

Su teléfono vibró de nuevo. Esta vez no era una noticia.

Mensaje de un número que había eliminado hacía meses, pero que su memoria recordaba perfectamente.

“He visto las noticias. Enhorabuena por la nueva casa.”

Nari apagó el móvil sin responder y lo lanzó sobre la cama.

Ren. Ojalá estuviese en su cama en lugar del plástico.

Un nombre que retumbaba en su pecho, una presencia que sentía sin verle, una historia que apenas comenzaba a escribirse en esas paredes.

......

En la habitación de enfrente, Ren se pasó una mano por la nuca, incómodo.

—¿Todo bien? —preguntó Soo desde la puerta. Compartían pared ahora. Literal y figuradamente.

—Sí. Sólo estoy cansado —mintió, como cada vez que sentía la garganta cerrársele sin motivo.

—Descansa entonces. Mañana Wong va a traer el cronograma completo de promociones. Va a ser intenso.

Soo se dirigió a su habitación.

Ren se había prometido mantener la distancia. Pero Nari se lo ponía realmente difícil.

Control. Disciplina. El grupo es lo primero.

—¿No vas a estar demasiado solo en una habitación tan grande? Puedo hacerte compañía. —Nari se apoyó en el marco de la puerta, mirándole fijamente.

—Vete, pitufo.

—¡Oye! Como vuelvas a llamarme así te vas a... —Nari se quedó mudo cuando se encontró con Ren justo delante. Un solo salto había bastado para acortar la distancia.

—¿A qué? —Nari tragó saliva. Ren estaba demasiado cerca.

—Si me dejases hacerte alguna de mis perversiones no estarías tan amargado. Eso seguro.

Sin más se fue, con las orejas rojas y un pequeño tropezón. Aun así, Nari no tenía intención de rendirse con Ren.

Ren curvó sus labios en señal de victoria.

Pero por dentro, su corazón latía demasiado rápido para ser sólo una victoria.