El último respiro de una mariposa

Sinopsis

Giyuu aprendió a sobrevivir sin esperar nada del mundo. Shinobu aprendió a sonreír aunque doliera. Dos almas heridas, dos respiraciones distintas… pero el mismo deseo de proteger lo que aman. Entre mariposas y agua, el amor también puede doler y sanar.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Las hermanas Kocho

Mi nombre es Shinobu Kochō, conocida como el Pilar más débil del clan de Cazadores de Demonios: el Pilar de la Mariposa.

— ¡Shinobu, ven rápido! Mamá y papá nos están esperando —me gritó a lo lejos una niña de cabellos negros y ojos grandes de color rosa.

Era Kanae Kochō, mi hermana mayor. Años después se convertiría en el Pilar de la Flor y en la mujer más fuerte que he conocido.

— ¡Voy, hermana! —respondí corriendo hacia ella.

— Eres muy lenta, Shinobu —decía riendo desde la casa.

— Lo siento, es porque soy pequeña. Mis piernas son demasiado cortas.

— Eso no es verdad. Tu tamaño no debe ser un limitante; y si lo es, siempre debes buscar la forma de compensarlo con otras cualidades tuyas. No lo olvides. Ahora ven, que papá y mamá nos esperan para cenar.

Kanae tomó mi mano y me guió hacia el interior de la casa con esa calidez que siempre la caracterizó.

Ahí estaban nuestros padres, preparando la mesa para la cena. Todo se sentía seguro: el ambiente, el olor de la comida recién hecha, mi familia unida, Kanae y yo felices.

Y a veces me pregunto: ¿cómo dos niñas inocentes, con una familia tan cálida, terminamos convirtiéndonos en Pilares?

La respuesta es sencilla: demonios.

Aquella misma noche nos arrebataron a nuestros padres.

Yo dormía cuando Kanae tomó mi mano y me llevó hacia una esquina de la casa. Antes de comprender lo que ocurría, vi la sangre y escuché la voz agonizante de mamá. Papá ya estaba muerto.

Kanae me cubrió con sus pequeños brazos temblorosos mientras un demonio irrumpía en nuestra casa. Cuando acabó con ella y parecía que sería nuestro final, fuimos salvadas por el Pilar de la Roca.

Gyomei Himejima era un hombre enorme, de músculos marcados y presencia imponente. Con un solo movimiento acabó con aquel demonio que quería destruirnos.

Al asegurarse de que estaba muerto, se acercó a nosotras. Su mirada parecía perdida, como si no pudiera vernos realmente.

— Lamento llegar tarde —dijo con voz grave.

Kanae lo miró y, reconociendo su fuerza, se inclinó respetuosamente.

— No lo lamentes. Mi hermana y yo te estamos agradecidas.

— No pienso dejarlas solas —respondió él—. Sé que el Patrón y su esposa sabrán qué hacer con ustedes.

Así fue como Gyomei nos llevó ante el Patrón, el hombre más amable que he conocido y a quien le debo tanto.

Nos dio un hogar, y tanto él como su esposa e hijas nos trataron con amor.

Dos años después, Kanae comenzó a entrenar para convertirse en cazadora. Quería agradecerle al Patrón y unirse a la causa del clan.

Ella se iba todas las mañanas a entrenar al templo de los Pilares. No cualquiera tenía permitido hacerlo, ni siquiera los cazadores comunes, pero el Patrón nos permitía entrar; después de todo, había sido nuestro hogar durante esos dos años.

Y aunque ahora tuviéramos nuestra finca, gracias a Kanae, ella nunca dejó de entrenar.

— Tu técnica ha mejorado, Kanae. Eres más fuerte —la felicitó el Patrón.

— Muchas gracias, Patrón —respondió ella inclinándose.

— Creo que estás lista para la etapa final. Pero quiero que lo sepas: no todos sobreviven.

— Lo sé. Aun así, estoy lista. Le debo tanto a usted y a Gyomei que lo menos que puedo hacer es ayudarlos a vencer a Muzan.

— No tienes la obligación de hacerlo, Kanae. Pero tampoco puedo prohibirte tomar esta decisión. Si te sientes preparada y sabes lo que arriesgas, cuentas conmigo.

— Gracias, Patrón. Por todo lo que ha hecho por mí y por Shinobu. Hablo por ella, y sé que piensa lo mismo.

Si algo me pasa, me gustaría que la cuidara. No tiene a nadie más después de mí.

— Cuenta con ello —respondió con solemnidad.

Recuerdo que aquella mañana Kanae salió de casa y no regresó durante una semana.

Me quedé sola en la finca de las mariposas, esperando, sin atreverme a acudir al Patrón. Ya había hecho demasiado por nosotras; no quería ser una carga.

Fue una semana dura, llena de silencio y soledad.

Cuando por fin volvió, corrí a recibirla entre lágrimas. Estaba sucia y agotada; me asusté.

— ¡Hermana! ¿A dónde fuiste?

— Estoy aquí, Shinobu. Todo está bien.

— ¿Qué te pasó? ¡Mira cómo vienes!

— Entremos, tengo mucho que contarte.

Fue entonces cuando me confesó haber superado la etapa final. Había sido elegida como cazadora y debía partir en misiones lejos de casa.

Aunque al principio me dolió, aprendí a aceptarlo.

Y en esa soledad, busqué distraer mi dolor. Poco después decidí seguir sus pasos y comencé mi propio entrenamiento.

Con el tiempo, ambas nos convertimos en cazadoras. Pero Kanae llegó a ser el Pilar de la Flor, y a menudo me llevaba con ella a las reuniones.

Allí conocí a los demás Pilares: Kyojuro Rengoku, el Pilar de la Llama; Tengen Uzui, el Pilar del Sonido; Gyomei, el Pilar de la Roca; y Sanemi Shinazugawa, el Pilar del Viento.

— Has traído a tu hermanita otra vez —comentó alegremente Kyojuro.

— Sí, espero no moleste —respondió Kanae con una sonrisa.

— No molesta, pero recuerda: ella aún no pertenece aquí —replicó Sanemi.

— ¿Quién dice que no pertenece? —intervino Kyojuro—. Yo veo mucho potencial en Shinobu.

Sanemi siempre se mostraba incómodo con mi presencia. Más tarde supe, gracias a Tengen, que estaba enamorado de mi hermana.

Y no lo culpaba: Kanae era hermosa y de corazón enorme. Él era afortunado aunque nunca lo supo.

Un día la acompañé en una misión, algo poco habitual.

Al volver, pasamos por un pueblo donde encontramos a una niña pequeña, sucia y hambrienta.

Kanae apenas la vio, decidió llevársela. Fue complicado, pero logramos que el hombre que intentaba venderla nos la entregara a cambio de unas monedas.

Así llegó Kanao a nuestras vidas.

Y fue ahí cuando empezó una de las etapas más felices de mi vida.

La finca de las mariposas se llenó de risas y pasos pequeños.

Kanao era callada, observadora; sus ojos grandes y tímidos lo decían todo. Pero Kanae siempre encontraba una forma de arrancarle una sonrisa.

Yo, en cambio, me empeñaba en enseñarle juegos o a trenzar flores en el jardín.

— Mira, Kanao —le decía—. Si entrelazas los tallos así, parecen alas de mariposa.

Ella solo asentía en silencio, pero sus mejillas se encendían cada vez que Kanae la elogiaba.

Algunas noches cenábamos juntas en el patio, bajo las linternas de papel que colgaban en la entrada. Kanae siempre nos servía primero y se reía cuando yo protestaba:

— ¡Eres mi hermana mayor, deberías comer más!

— Y tú eres mi tesoro, Shinobu. Nada me hace más feliz que verte a ti y a Kanao disfrutar de la comida.

A veces, al volver agotada de una misión, la encontraba dormida en el porche, con Kanao recostada en su regazo y una mariposa posada en su hombro.

Esa imagen se quedó grabada en mi corazón.

Si pudiera congelar el tiempo, elegiría esos días con ellas.

A pesar de los demonios y la guerra, la finca de las mariposas se volvió luminosa. Nos teníamos las unas a las otras.

Hasta aquel maldito día en que mi vida perdió sentido.

Corrí desesperada y la encontré tendida en el suelo, agonizando.

— ¡Kanaeeeee! —grité, sosteniendo su cabeza entre mis brazos.

— Shinobu, escucha —susurró con esfuerzo—. Deja el clan de cazadores. Quiero que vivas y seas feliz.

— ¿Quién te hizo esto? ¡Dime!

— Fue una Luna Superior tenía sangre en la cabeza y dos abanicos afilados. Debes ser fuerte, Shinobu. Por Kanao. Las amo a ambas con todas mis fuerzas. Y dile a Sanemi que en otra vida pudo ser posible.

Sus ojos se cerraron.

Y con ellos, mi mundo se quebró.

Perdí a mis padres, y lo único que me quedaba era mi hermana.

Perderla fue el golpe más cruel que el destino pudo darme.

Pero no solo yo perdí a Kanae; el clan perdió a una defensora, y la humanidad, a una luz.

Le conté a Sanemi lo ocurrido, y él estalló en ira.

Todos los Pilares quedaron destrozados.

Kanae no merecía morir así. Merecía envejecer, tener una familia, vivir su amor, ver crecer a Kanao.

Merecía vivir.

Con el tiempo, llegaron nuevos Pilares.

Yo ya no asistía a las reuniones, hasta que finalmente pude asumir mi lugar como Pilar de la Mariposa, en honor a mi hermana.

No fue sencillo. Mi tamaño y mi fuerza eran limitados, pero siempre hay una manera. Y yo la encontré.

Una mañana cualquiera, asistí a una reunión. Puntual, como siempre.

Responsable. Silenciosa. Dedicada.

Y fue entonces cuando lo vi por primera vez:

Giyuu Tomioka, el Pilar del Agua.



EXTRAS

Hola, mi nombre es Avril Shini y este es el primer capítulo de una historia que estado preparando con mucho cariño.

Al final de cada capítulo podrán encontrar datos y fichas de los personajes que no se cuentan en la historia.

Si tuviera que pensar en una canción que defina a las hermanas Kocho , es la de las Oruguitas así que disfruten este capítulo.