La espera

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Sinopsis

Tras años de mantener un deseo en secreto, Erick decide por fin cumplir uno de sus sueños. Algo que según él le permitirá apagar todo el dolor que le ha carcomido el alma por mucho tiempo.

Genero:
Horror
Autor/a:
JorgeASolano
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo único

Mis piernas no paran de moverse. La ansiedad está fuera de control. Mis manos sudan y mi mente no para. Estoy acelerado. Hoy es el día. Desde hace un año pagué el alquiler de esta habitación en las montañas de Cartago, estoy más que decidido a hacerlo de una vez. Cuando era más joven, solía causarme heridas en mis piernas y brazos para calmar el dolor que llevo por dentro, pero el consejo de algunos amigos, el llanto de mi madre y las terapias constantes me ayudaron a detenerlo; aunque ese deseo insidioso de calmar mi angustia jamás abandonó mi mente. Por años mantuve este deseo oculto y nunca se lo conté a nadie más que a mis perros. Sé que en algún momento lo que haré hoy, en algún punto se saldrá de control aunque no me interesa lo que pueda o no pasar después. La decisión está tomada.

Llegué a las 4:15 de la tarde. Debía estar acá mucho antes de eso, pero no estaba interesado en permanecer tanto tiempo aquí solo. La verdad es que estar en compañía de las voces de mi mente por periodos prolongados se torna en una tortura que busco evitar. Llevo dos días sin comer sólidos y solamente he estado bebiendo agua, café y otros líquidos; quiero tener un hambre incontrolable que me lleve al punto de sentirme casi como un animal.

Pedí vacaciones en mi trabajo. Llevo una semana descansando. Los últimos días he ido de fiesta, bailé, bebí y me drogué un par de veces; he comido en restaurantes muy llamativos y también conocí a un par de chicas que para ser verdad no fueron experiencias memorables.

Finalmente estoy instalado en mi habitación. Son las 6:18 pm, saldré a caminar. Realmente estoy muy ansioso. Hace frío afuera. Hay mucha neblina y una lluvia ligera, algo así como un “pelo de gato” que me encanta. Aquí llevo mi café caliente en un termo para calentarme. Mi linterna está lista y voy rumbo a explorar la zona. Camino pocos metros y el frío del lugar me está congelando los huesos, no pensé que fuese tan frío aquí arriba. La niebla me rodea y el aliento de la muerte me susurra al oído. Después de algunos minutos, llegué hasta una cancha de fútbol en San Juan de Chicuá, se jugaba un partido y había varios jóvenes ahí. Caminé hacia los asientos y me acerqué a conversar con un señor que estaba viendo el partido. Vestido con jeans, zapatos bastante desgastados, una camiseta manga larga y una boina. Tenía un cigarro en la mano derecha y la pierna cruzada. Era de contextura delgada y no tenía barba ni bigote. -¡Hola!- Mucho gusto señor. - Le dije - Mi nombre es Erick y estoy hospedado en una cabaña muy cerca de aquí. Me miró detenidamente con una sonrisa humilde, me extendió la mano derecha y nos dimos un apretón fuerte. “Mucho gusto don Erick, mi nombre es Carlos pero la gente de aquí solo me conoce como Paco”. -Me dijo con cierto tono de voz alegre-. ¿Y qué hace por aquí usted? -Me preguntó- Pues la verdad, estoy de vacaciones y quise buscar un lugar especial para desestresarme. He esperado mucho este día y finalmente ha llegado. -Le respondí- ¡Qué misterio el suyo don Erick! -Dijo con un tono irónico- ¿Y qué lo hace tan especial si se puede saber? -Preguntó con curiosidad- Para serle honesto don Carlos o más bien don Paco, hoy voy a vivir una experiencia personal que he esperado por muchos años, finalmente hoy tendré el placer de liberarme. -Le conté con la voz entrecortada por la emoción que siento-. Cuando terminé de hablar, volví a ver a don Carlos a los ojos y él me veía fijamente con una expresión en el rostro que no logré determinar pero era una mezcla de alguien perturbado y asustado a la vez. Me dio un golpe por el hombro y me dijo: “Ustedes los jóvenes sí que hacen inventos ahora para ponerle nombres raros a eso de ser homosexual”. -Dijo mientras reía- Se levantó y se fue despidiéndose con un buenas noches don Erick. Buenas noches don Paco le contesté.

Minutos después me levanto para irme directo a la habitación. Me esperaba una caminata de varios minutos pero debía tomarla con calma porque estaba un poco débil y no quería desmayarme de camino.

Al llegar, comencé con lo planeado.

Me metí a la ducha para tomar un baño con agua caliente. Según dicen, el agua caliente suaviza la carne lo cual no era una mala idea puesto que eso podría ayudar con mi cometido.

Salí de la bañera. Usé fragancias exquisitas para aromatizar mi piel que llenaron de aroma toda la habitación.

Le extiendo una invitación a Chopin para que se abra paso entre las sombras y el frío de la montaña para que me acompañe esta noche. El nocturno número 2 rompe el silencio. Sus delicadas notas la delicadeza que una velada tan única como esta.

La hora ha llegado.

He puesto la mesa. Una botella de vino. Una copa de cristal. Un plato. Cubiertos en su posición. Dos velas encendidas y una sartén caliente con aceite. Me dirijo a mi cuarto, a buscar mi mochila. Encuentro un juego de cuchillos, bisturí, implementos médicos, hilo y aguja para suturar. Me los llevé a la mesa. ¡Es momento de comenzar!

¿Te preguntas qué comeré?

¿Recuerdas que mencioné que cuando era joven solía lastimarme a mi mismo? ¿Recuerdas que dije que haciendo eso calmaba mi dolor?

Guardé tanto dolor por tantos años que ya no podía más y ahora necesito desde lo más profundo de mi, buscar alguna manera, algún mecanismo que me ayude a apaciguar el dolor de mi alma con algún otro dolor más intenso que opaque la oscuridad que me abruma día con día.

Hoy, me comeré a mí mismo.

Compré algunos medicamentos que me ayudarán con los fuertes dolores que sentiré esta noche. Los tomé hace una hora y ya deberían de estar en mi sistema porque me siento un poco adormecido.

Me siento a la mesa. Doy gracias por los alimentos de manera muy irónica diría yo y comienzo a rebanar en algunos lugares específicos. Zonas de mi cuerpo que según leí en la Dark Web tienen bastante grasa y un sabor inigualable.

El bisturí, frío, hace contacto con mi piel y hace el primer corte. Cierro los ojos al sentir como todo este dolor me excita al punto de provocarme una erección. Años de espera solo silenciando la tristeza y ahora por fin puedo anestesiarla con dolor real.

Entro en desesperación a raíz de todo el placer que siento. Arrojo las partes que corto de mi al sartén y escucho el chisporroteo del aceite al entrar en contacto con mi carne y mi sangre. Mientras mi carne se cocina al punto correcto, tomo de los borbollones de sangre que se escapa por las heridas y me los esparzo por todo el cuerpo, por mi cara y bebo de ella. Su sabor metálico baja por mi garganta. Estoy bañado en sangre y mi corazón palpita intensamente.

La carne está lista y yo aún más que preparado para dar el primer bocado. Tomo el cubierto y se lo clavo a la carne. Mi boca se hace agua y me desespero por probar de mi, probar mi carne, comer de lo que soy. Pongo la carne en mi boca, siento la grasa y la sangre mezclarse con mi saliva, la textura de la carne es ligeramente chiclosa y salada pero muy similar al cerdo cuando se comienza a desmenuzar al ser triturada por mis dientes. ¡Necesito más! Debo correr antes de que sea demasiado tarde y que el sangrado acabe con mi vida. Pongo más carne en mi boca y el placer se incrementa. ¡Adoro el sabor de mi cuerpo! No puedo más y tomo mi pene con la mano izquierda, me masturbo mientras devoro mi carne en mi boca y esparzo la sangre tocando mi pecho y mi rostro. Me arrojo al suelo Tengo el mejor orgasmo que jamás había tenido y veo como el semen se torna rosado perdiéndose entre tanta sangre derramada en el piso. Mis ojos en blanco y mis fuerzas desvaneciéndose. Aquí yace mi cuerpo en un charco de sangre y porquería, semidesnudo y listo para pedir auxilio. Deseo que este momento fuera eterno y que nunca se acabe, pero para poderlo repetir debo estar a salvo. Meto mi mano en mi bolsillo, marco al 911 y pido ayuda. Luego de 20 minutos, escucho a lo lejos una ambulancia llegar. Hay anotaciones en una carpeta que dejé en el sillón. Dos litros de sangre de mi tipo están en el refrigerador, además de una lista detallada de información importante sobre mi y lo que hice. Ahora, veo a los paramédicos entrary dejo que mi cuerpo se deje ir porque es momento de cerrar mis ojos y descansar con calma sabiendo que finalmente cumplí un sueño.

¿Cuándo podré repetir?

¡No puedo esperar!