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El manto de la noche se extendía como un velo, ocultándonos del mundo mientras avanzábamos por el cielo, que aún estaba cargado de humo y gritos cada vez más lejanos.
El aire es denso y frío; un presagio del invierno.
Es una suerte que nos hubiéramos encontrado antes de que el clima empeorara e hiciera imposible movernos de sitio.
Un silbido rompe el silencio, tan rápido que no me da tiempo de reaccionar antes de que algo me derribe.
—¿Pero qué…? ¡No, no, no!— alcanzo a gritar antes de que el mar me envuelva.
El mundo se tornó líquido y frío. El golpe contra el agua me arrancó el aliento, y el océano me recibió con una furia helada. Lucho por mantenerme a flote y no ceder ante el peso de las olas que me empujaban hacia las profundidades.
—¡Zeeek!... ¡Puaag!... ¡Ziraaa! ¡Zek!— mi voz se quiebra y pierde en el rugido del viento.
Las corrientes me arrastran lejos de la costa, y cada intento por nadar de regreso me llena de agotamiento poco a poco.
En el agua flotan algunos restos de, lo que supongo, fue un barril y otras basuras, me aferro a una tabla sintiendo un instante de alivió. Pero el frío... el frío no perdona.
Siento que mis articulaciones se ponen rígidas y dolorosas, como si miles de pequeñas agujas se clavaran bajo mi piel. Mi cuerpo se esta entumeciendo por el frío.
Meses de búsqueda. De vuelos, de rastros perdidos, de desvelos, de promesas rotas. Todo para que la felicidad durara menos de una hora.
El dolor se vuelve lejano, las estrellas se difuminan en el cielo a medida que mi vista se nubla, mis párpados pesan demasiado.
Los sonidos del mar se desvancen, y con ellos, mi consciencia.
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Hola, ¿cómo están?
Es un gusto que nos lean. Esta es mi versión adaptada de esta hermosa historia. Por el momento estará en edición, ya que me gusta corregir sobre la marcha.
Voten y comenten si les va gustando. Eso me motiva subir contenido más seguido.
Coman sano, tomen mucha agua, duerman bien y usen protector solar.
Hasta pronto!