Capítulo 1 – La Noche del Corazón Carmesí
El cielo ardía.
No con fuego… sino con luz.
Sobre el antiguo Reino de Asterion, las montañas resonaban con un temblor profundo. El aire olía a hierro y a magia.
Era la noche del eclipse carmesí, un fenómeno que los sabios temían y los sacerdotes veneraban.
Las llamas del Templo de Eldara se encendieron solas, danzando sin viento, como si el mundo contuviera el aliento.
Dentro del templo, una mujer gritaba entre sombras y luz:
Selene Valenheart, la sacerdotisa del fuego blanco. Su cabello negro estaba empapado en sudor, y sus manos temblaban mientras abrazaba su vientre.
—¡No… no es normal! —gritó una de las monjas—. ¡El fuego se mueve con su respiración!
Las antorchas del templo se inclinaban hacia ella, obedeciendo al ritmo de su corazón.
Selene alzó la mirada al cielo, jadeando.
—No… ella no está destruyendo —susurró—. Está… naciendo.
Un rayo de luz roja atravesó el techo del templo y envolvió la sala.
Los vitrales estallaron, pero los fragmentos no cayeron: flotaron, girando alrededor de la mujer como pétalos de cristal incandescente.
Entonces se escuchó un llanto.
Y el fuego se inclinó ante ese sonido.
Los monjes cayeron de rodillas. La llama se convirtió en una espiral de oro y rojo, danzando alrededor de la recién nacida.
Una niña de ojos dorados y cabello violáceo, envuelta en una sábana que no se quemaba aunque estuviera ardiendo.
—¿Cómo la llamaremos? —preguntó un anciano, con la voz temblorosa.
Selene miró a su hija, y sus labios dibujaron una sonrisa triste.
—Lyra, como la constelación del alma.
—¿Y su apellido? —dijo el anciano.
—Valenheart. Porque su corazón… ya no le pertenece solo a este mundo.
La luz se apagó.
Afuera, las campanas del reino sonaron solas.
Desde las torres de cristal de Asterion hasta los campos de ceniza del sur, todos vieron el resplandor rojo en el horizonte.
Los sabios escribirían más tarde que aquella noche “nació una llama que ningún dios podía apagar”.
Pero en el silencio del templo, Selene susurró a su hija dormida:
—Prométeme… que cuando tu fuego despierte… sabrás a quién quemar… y a quién amar.
Un último destello iluminó el rostro de la niña.
El fuego le respondió con un suave pulso de luz.
Y así, Lyra Valenheart, la Hechicera Carmesí, abrió los ojos por primera vez.
