Capitulo único
En un principio, la llegada de Tharn a mi vida fue como un puñetazo en el estómago. No me malinterpreten, el chico era atractivo, con un cabello negro que le caía sobre los ojos, pero todo en él me parecía irritante. Su manera de hablar, su sonrisa fácil, e incluso su forma de respirar me ponían los nervios de punta. Éramos compañeros de cuarto en la universidad y, para mi desgracia, parecía que estábamos destinados a convivir.
Los primeros días fueron una guerra silenciosa. Yo escuchaba música con mis audífonos a todo volumen para no oír el molesto ritmo de su guitarra, y él, por su parte, parecía disfrutar de mi evidente frustración. Pero todo cambió una noche.
El aire de nuestra habitación se puso frío de repente, un frío que calaba los huesos. Las luces parpadearon y un susurro, apenas perceptible, flotó en el ambiente. Yo, que siempre he sido un tipo escéptico, trato de ignorarlo. Pero Tharn, que estaba sentado en su cama con la guitarra en el regazo, se detuvo en seco.
"¿Sentiste eso?", me preguntó, con una seguridad que no le conocía.
"¿El qué?", le respondí, finciendo desinterés.
"Hay algo aquí", susurró, y por primera vez, no parecía estar bromeando.
Y así fue como empezó todo. Los susurros se hicieron más claros, las luces parpadeaban con más frecuencia y a veces, por las noches, veíamos sombras moverse en la oscuridad. Yo seguía negando lo evidente, pero Tharn, en cambio, se obsesionó con la idea de entender lo que pasaba. Se quedó despierto hasta tarde leyendo libros sobre lo paranormal y me arrastraba a bibliotecas en busca de respuestas. Y en esas noches, en la oscuridad, rodeados de misterios, empezamos a hablar de verdad.
Me contó de su familia, de su pasión por la música y de los miedos que ocultaba bajo su sonrisa. Y yo, para mi propia sorpresa, le conté de mi infancia, de mis inseguridades y de la razón por la que odiaba tanto la presencia de otros en mi espacio personal. La irritación que sentí por él fue dando paso a algo diferente, un sentimiento cálido y suave que me invadía cada vez que lo veía reír o tocar la guitarra.
Una noche, mientras investigábamos un viejo libro, la ventana de la habitación se abrió de golpe y una ráfaga de viento helado apagó todas las luces. Unos ojos rojos flotaron en la oscuridad. Grité. Tharn se lanzó frente a mí, abrazándome con fuerza. Su calor, su olor, la forma en que su corazón latía al mismo ritmo que el mío, me calmaron al instante.
"No dejes que te asuste", me susurró al oído, y fue entonces que lo entendí. No era solo la presencia en nuestra habitación lo que me inquietaba, era el miedo a lo que sentía por él.
Los días siguientes, las experiencias sobrenaturales se intensificaron, pero ya no me asustaban. De alguna manera, la presencia de Tharn a mi lado me hacía sentir invencible. Una tarde, después de un encuentro particularmente intenso con un espíritu, lo miré y sin pensarlo, le acaricié el rostro. Él cerró los ojos y se inclinó hacia mi mano.
"Estoy aquí", me dijo, sin abrir los ojos.
"Lo sé", respondi, mi voz apenas un susurro.
Y en ese momento, supe que todo lo que había sentido, la irritación, la curiosidad, el miedo y ahora esta calidez, era amor. Él abrió los ojos, me miró y me besó. Fue un beso lento y dulce, que no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. Fue un beso que nos unió, y que, de alguna manera, disipó todo el miedo en la habitación.
Después de ese día, las cosas raras en la habitación se detuvieron. Algunos dicen que los espíritus se van cuando el amor verdadero habita en un lugar. Yo no sé si es cierto, pero lo que sí sé es que ya no éramos solo compañeros de cuarto. Éramos Tharn y Type, dos almas que encontraron su refugio en el corazón del otro, rodeados de un amor tan real y sólido que ni los fantasmas se atreverían a molestarlo.
El Día de Muertos se acercaba, y con él, un aire pesado se instalaba en la habitación. Tharn, con su inusual entusiasmo por lo paranormal, había convertido nuestro cuarto en un altar improvisado. Velas por todas partes, calaveras de azúcar de colores llamativos, y un olor a cempasúchil que me invadía. Yo, por supuesto, me quejaba de todo.
"¿Podrías quitar esto de mi lado de la cama?", gruñí, señalando una calavera con mi dedo. "Me está mirando".
"Es una ofrenda para los que vienen de visita, Type", respondió con una sonrisa, tocando la cabeza de la calavera. "Se supone que te mira".
"Pues dile que deja de hacerlo, me pone nervioso".
Tharn soltó una carcajada y se levantó para acercarse a mí. Se sentó en mi cama y me tomó la mano.
"Tranquilo, no dejaré que nada te asuste. Pero, hay algo que he estado investigando", dijo, su voz se tornó más grave. "Resulta que la residencia universitaria se construyó sobre un antiguo cementerio...".
Antes de que pudiera terminar, un escalofrío me recorrió la espalda. Las velas de la ofrenda parpadearon con violencia, y la habitación se llenó de un silencio sepulcral. De repente, el sonido de una niña riendo inundó la habitación, y las luces de los pasillos comenzaron a parpadear. Tharn se levantó de un salto y me miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
"Eso fue... interesante", susurró, y caminó hacia la puerta. "Debemos ir a investigar".
"¿Investigar qué? ¡De ninguna manera!", dije, sintiendo mi corazón acelerarse.
Entonces me ignoró y abrió la puerta. El pasillo estaba a oscuras, solo iluminado por los faroles parpadeantes. La risa de la niña se escuchaba más fuerte, como si estuviera justo en el final del pasillo.
"¡Vamos!", me animó.
A pesar de mi miedo, no pude dejarlo ir solo. Salí detrás de él, sintiendo cómo mis pies temblaban. Caminamos lentamente por el pasillo, con la risa de la niña guiándonos. El sonido era tan claro, que parecía estar en todas partes. Llegamos al final del pasillo, donde una puerta estaba entreabierta. Era un salón de música, y la risa se escuchaba justo ahí.
Tharn, sin dudarlo, empujó la puerta y entró. El salón estaba completamente oscuro, excepto por la luz de la luna que se colaba por una ventana, proyectando sombras fantasmales en el suelo. Tharn se paró en medio del salón, con la mirada fija en un rincón oscuro, donde una pequeña figura se movía.
"¿Hola?", dijo Tharn, y la figura se volteó.
Mi corazón se detuvo. Era una muñeca de porcelana con una sonrisa maliciosa y ojos que brillaban en la oscuridad. La risa se escuchó más fuerte, y la muñeca se acercó a nosotros, flotando a unos centímetros del suelo. Tharn no se movió, parecía hipnotizado por la muñeca. Yo, por otro lado, estaba a punto de desmayarme.
De repente, la muñeca se detuvo y la risa se desvaneció, dejando un silencio aterrador. La muñeca se elevó en el aire, y giró sobre su eje, como si estuviera observándonos. Tharn, sin quitarle los ojos de encima, dio un paso al frente y extendiendo la mano hacia la muñeca.
"¿Qué estás haciendo?", susurré, sintiendo pánico.
Tharn no me hizo caso, y tocó la muñeca. Al contacto, la muñeca brilló con una luz violeta, y se desintegró en el aire. La risa de la niña se escuchó una última vez, y luego, todo se desvaneció.
Tharn se volteó hacia mí, con una sonrisa en el rostro.
"¿Viste eso?", me dijo, sus ojos brillando de emoción.
"Tharn, ¿qué fue eso?", le preguntó, todavía con el corazón acelerado.
"Una energía residual, supongo. Solo quería jugar un poco", respondió, y me tomó de la mano.
Caminamos de regreso a nuestra habitación, y en el camino, nos encontramos con un chico que nos miraba con curiosidad. Nos detuvimos, y el chico se acercó.
"¿Vieron algo?", nos preguntó, con la voz temblorosa. "Yo escuché a una niña reír".
"Sí, fue una muñeca", le respondió Tharn, con naturalidad. "Ya la ahuyentamos".
El chico nos miró con los ojos muy abiertos, y sin decir una palabra más, salió corriendo. Tharn y yo nos miramos y nos echamos a reír.
De vuelta en la habitación, Tharn se sentó en mi cama y me miró con una dulce sonrisa.
"Lo siento por asustarte, Type. Pero no te preocupes, siempre te protegeré", me dijo, y me besó.
Y mientras me besaba, supe que no había nada de qué tener miedo, porque a mi lado, Tharn siempre sería mi protector, mi amor, y mi propio especial de Halloween.
....
El tiempo pasó rápido, como suele hacerlo cuando eres feliz. Las experiencias paranormales en la residencia se volvieron parte de nuestro pasado, una especie de anécdota que contábamos en fiestas y que la gente a menudo tomaba por una broma. Sin embargo, para nosotros, era más que eso. Era el recuerdo de cómo nos encontramos, de cómo la luz y la sombra nos unieron.
Nos mudamos juntos después de graduarnos. Nuestro nuevo apartamento no tenía fantasmas, ni espíritus, solo el ruido de los vecinos y el eco de nuestra propia vida. Tharn continuó con su música, y yo, por mi parte, me acostumbré a dormir con el sonido de su guitarra de fondo. A veces, por la noche, me despertaba y lo encontraba componiendo, con la luz de la luna iluminando su rostro. Era en esos momentos que mi corazón se llenaba de una paz que jamás pensé que tendría.
Una noche, mientras Tharn tocaba una melodía suave, me senté a su lado. Se detuvo y me miró con una sonrisa.
"¿Qué piensas?", me preguntó.
"En lo mucho que han cambiado las cosas", le respondió. "Y en lo feliz que soy".
Él dejó la guitarra a un lado y me abrazó.
"Yo también, Type", me susurró al oído. "Incluso si ya no hay fantasmas para asustar".
Me reí y le di un beso.
Y en ese instante, en ese pequeño apartamento, supe que no importaba si había o no fantasmas, lo que realmente importaba era el amor que nos unía. Un amor que comenzó con miedo y terminaba en una felicidad plena. Porque al final del día, Tharn y yo éramos nuestra propia historia, una historia de amor que ni la muerte ni los fantasmas podían asustar.
....
Unos años después,nuestra casa era un remanso de paz. Nos mudado a una casa, una con un jardín y un perro ruidoso que nos encantaba. Las experiencias sobrenaturales eran ahora un recuerdo lejano, una historia para contar en las noches de insomnio. Pero el destino, al parecer, no había terminado.
Una tarde de otoño, mientras Tharn tocaba el piano, la música se detuvo. El perro, que estaba acostado en el sofá, se levantó de un salto y empezó a ladrar hacia la ventana, sus ladridos eran agudos y frenéticos. Yo, que estaba leyendo un libro, sentí un escalofrío en la espalda. Tharn se acercó a la ventana y miró hacia afuera, su rostro se puso pálido.
"Hay algo en el jardín", susurró.
Me acerqué a él, y vi lo que había visto. Era un niño pequeño, con ropa antigua, que estaba parado en medio del jardín. No se movía, solo nos miraba, con una mirada triste. El perro seguía ladrando, y el niño, con una mano, le hizo un gesto de silencio. El perro, para nuestra sorpresa, se calló.
Tharn y yo nos miramos, y él tomó mi mano.
"Vamos a ver qué quiere", me dijo.
"¿Estás loco?", le respondió, pero él ya estaba caminando hacia la puerta.
Salimos al jardín, y el niño nos miró. Sus ojos eran tan tristes, tan llenos de soledad, que mi corazón se encogió. El niño no nos habló, solo extendiendo su mano, y en ella, tenía una flor de cempasúchil. Tharn, con delicadeza, tomó la flor. El niño alarmante, una sonrisa tan fugaz como una estrella fugaz, y luego, se desvaneció.
Tharn y yo nos quedamos parados en el jardín, con la flor en la mano.
"¿Qué fue eso?", se preguntó.
"No lo sé", respondió. "Pero creo que nos trajo un mensaje".
Esa noche, mientras cenábamos, un olor a cempasúchil invadió la casa. El perro, que estaba a nuestros pies, se quedó quieto y miró hacia la puerta. De repente, una luz tenue iluminó el pasillo, y apareció la figura de una mujer mayor. Era una mujer con un vestido tradicional, con una dulce sonrisa. Nos miró y, con los ojos llenos de amor, nos hizo un gesto con la mano, como si nos estuvieran dando su bendición. La figura desapareció tan rápido como había aparecido.
Tharn y yo nos miramos, y supimos que no había nada que temer. El niño y la mujer no nos habían visitado para asustarnos, nos habían visitado para decirnos algo. Que el amor que compartíamos era tan fuerte y poderoso que era capaz de trascender la vida y la muerte. Y en ese instante, en esa noche de otoño, rodeados por el amor de un espíritu y la calidez del otro, supimos que nuestra historia no era solo de amor, sino de un amor que podía con todo, incluso con los fantasmas.
Fin.
Hasta aqui este one shot espero lo disfruten mucho
Gracias a mi editora de portadas kellyanahi23, nos leemos pronto con más locuras.