Capítulo 1: Y Marian consiguió dormir
Marian Cuxart salió de la ducha ligeramente mareada. Todavía no se había repuesto del todo de la bajada de tensión de hacía dos horas, cuando al levantarse de la cama casi cae al suelo desmayada. Tras apoyarse con éxito en la mesilla de noche, lo cual la salvó sin duda de una peligrosa caída, logró sentarse en el borde de la cama y serenarse un poco. Posteriormente se tomó la tensión con el viejo holotensiómetro que por fortuna esta vez le funcionó a la perfección —la noche anterior le había dado error—. Hoy había madrugado más de lo habitual. Por nada del mundo quería llegar tarde a su cita médica, facilitada por el Bienestar Social de Tierra del Este, una pujante región de Prosperia, “el país que funciona y no te abandona”, según un antiguo pero efectivo lema publicitario que seguía atrayendo a miles de personas de todo el mundo buscando el confort y la seguridad en aquellos principios del siglo XXII. Y, sin embargo, iba con cierto retraso.
La joven tomó entonces una determinación. Cogió su caro hologramófono de última generación —un capricho, sin duda— y realizó la llamada de aviso. Entonces alrededor del aparato se proyectó un pequeño miniholograma que reflejó el rostro de una operadora de impersonal y fría amabilidad.
—Buenos días, Bienestar Social. Sección médica número 3. Código 10XZT. ¿En qué le podemos ayudar?
—Hola… Buenos días. Llamaba para dar aviso de un posible retraso de mi cita médica.
—Entendido ¿Cuál es su nombre y apellido?
—Me llamo Marian Cuxart y…
—Bien, señora Cuxart. ¿A qué hora cree que puede venir?
—Pienso que puedo retrasarme una hora. Verá… es que he tenido bajadas de tensión y…
—Está bien. Daremos aviso al médico que tiene asignado… Ha tenido suerte, a la hora que puede llegar una cita ha sido anulada, por lo que le asignaríamos esa hora para usted, siempre que llegue dentro de los márgenes indicados.
—Sí. Eh… yo creo que no me retrasaría más de una hora…
—Muy bien, señora Cuxart. Queda registrado su aviso. Que pase una buena mañana. Adiós.
Marian decidió tomar un transportador público en lugar de utilizar su querida bicicleta, dada la necesidad de llegar a su cita lo más pronto posible. El vehículo procedió a elevarse progresivamente del suelo y a continuación siguió la ruta indicada por la muchacha, sobrevolando las calles que la iban acercando al hospital, su destino final. Una vez en el edificio, cogió el elevador, que la subió a la tercera planta.
En la consulta del doctor Mendes había llegado incluso con un poco de antelación respecto a la hora esperada, algo que alegró su estado psicológico alicaído por los problemas de salud que la habían atosigado durante aquella mañana.
—Buenos días, Marian. ¿Cómo se encuentra ahora? Me dieron aviso de su problema de tensión.
—Estoy bien, gracias. Me tomé la tensión antes de irme de casa y los niveles eran normales.
—No sabe cuánto me alegro. Y… acerca del otro problema que nos incumbe… ¿sigue teniendo dificultades para conciliar el sueño?
—De eso quería hablarle hoy, doctor. Últimamente estoy durmiendo peor, mucho peor. Las pastillas… no parecen hacerme efecto.
—¿Le cuesta iniciar el sueño o se despierta durante la noche y no puede volverse a dormir?
—Ambas cosas, doctor. La verdad es que no tengo un sueño continuado. Me despierto varias veces a lo largo de la noche. Si… usted… pudiera cambiarme la medicina o… subir la dosis, yo…
—Estimada Marian, no puedo subirle más. Sería demasiado arriesgado para su salud. Pero… creo que estamos de suerte. Ha salido un nuevo medicamento, aprobado recientemente tras la pertinente fase experimental, que se está comprobando muy efectivo en casos como el suyo. Podemos probarlo con usted a ver si podemos mejorar ese insomnio tan pertinaz.
—Oh, nada me alegraría más, doctor Mendes.
—Bien, entonces le recetaré el somniocalm. Tómese 5 miligramos para empezar con la mínima dosis, por la noche, procurando hacerlo siempre a la misma hora. Le registraré la holoreceta en el sistema. Pase luego a recoger el medicamento solo en la farmacia de este hospital. Es una medicina muy reciente seguida muy de cerca todavía.
—Eh... sí, pero… ¿no había indicado antes que habían hecho muchos experimentos y que era segura?
—Oh, ciertamente así es. No se preocupe. Es solo que, al ser un medicamento sacado hace poco al mercado, es necesario seguir haciendo un seguimiento de sus resultados. Pero le confirmo que es completamente seguro y… totalmente eficaz. Y… dígame… ¿cómo le va con nuestro nuevo psicólogo?
—Mucho mejor que con el anterior. La verdad, estoy muy contenta. Tengo mucha confianza con él…
—Estupendo, Marian. La emplazo hasta dentro de tres meses. Pida cita afuera y ya veremos cómo le va.
—Muchísimas gracias por todo… doctor Mendes. Hasta luego. Buenos días.
Marian salió de la consulta aliviada. Ciertamente, lo había pasado mal aquel día, pero en los momentos actuales su mente tenía en cuenta una nueva perspectiva vital. La joven creía que su situación había cambiado 180 grados y que el nuevo medicamento le iba a traer suerte y mejoraría considerablemente sus problemas de sueño. Después de cenar procedió a tomar la medicación tal y como su médico le había recomendado. Hacía cerca de un año que no se la veía tan feliz y radiante y, sobre todo, llena de esperanza en el futuro. Por fin había recuperado de nuevo la ilusión de vivir. Ante ella se abría todo un mundo de posibilidades y proyectos, aparcados desde que le sobrevinieron los problemas de insomnio.
La joven pensó en realizar una llamada holográfica mañana a su familia. Y ello la entristeció de nuevo. Realmente nunca se había podido perdonar el abandonar a sus allegados y alejarse de ellos, de la vida que hasta hacía unos cinco años había llevado en una de las plataformas elevadas sobre el nivel del mar, el cual hacía mucho tiempo había inundado varios países del mundo, entre ellos, zonas costeras del este de Prosperia. volviéndolas inhabitables, hasta que se construyeron las plataformas que se elevaban por encima de las aguas de la región de Tierra del Este. La gente que se lo había podido permitir había terminado por abandonar dichas construcciones artificiales que posibilitaban a los pobres y más necesitados una vida de incomodidades y falta de recursos, donde la existencia era dura y sometida a la más cruda subsistencia. Pero ella misma pudo escapar hacia las zonas ricas del estado no inundadas, como la de su actual residencia en la ciudad de Estevalia. Allí marchó tras aceptar un empleo como supervisora de robots de la Generación Emergente, sin duda un buen empleo al que sus numerosas becas de estudios la abocaron con éxito. Y, a pesar de que sus parientes pobres de la Plataforma 15 le continuaban recordando cuáles eran sus verdaderos orígenes, no podía abandonarlos. Eran su familia y toda su vida, sus padres, sus hermanos, su querido y entrañable abuelo…
La muchacha, que había encontrado un mundo nuevo de riqueza y prosperidad, pero alejada de sus allegados, se dispuso a dormir aquella noche, tras un día de intensas emociones. Al principio, tras tomarse el somniocalm se mostró un tanto escéptica. Pensó que no le haría ningún efecto beneficioso en su organismo, que su insomnio continuaría tan persistente como siempre. Pero transcurrida media hora después de su toma, los niveles de consciencia se desvanecieron casi en cuestión de segundos. Al día siguiente no lograría recordar el momento exacto en el que su mente quedó dormida durante ocho horas seguidas sin despertar ninguna vez durante la noche hasta que el holodespertador le dio a conocer con sus luces y sonidos que ya era hora de levantarse.
Buscador 1: No lo entiendo. La chica no cumplía los requisitos. Su ciclo de sueño se veía interrumpido varias veces a lo largo de la noche.
Buscador 2: Y, sin embargo, su Adhesión a Onírikon se ha efectuado con éxito. Debe haber algo que haya propiciado la conveniente adecuación.
Buscador 1: Sea como fuere, no somos los que decidimos la Adecuación final. Nosotros solo somos buscadores. Dejemos esto en manos de las estancias superiores.
Buscador 2: Espero que no tengamos que arrepentirnos de nada.
Buscador 1: ¿Qué es lo que quieres decir?
Buscador 2: Ya sabes que el éxito de todo el proceso depende de cada una de las piezas del engranaje. Si solo una de ellas falla…
Buscador 1: Prefiero pensar que la nueva alma que sueña no se rebelará. Aunque, realmente, no veo por qué debería hacerlo. Onírikon posee una fuerza inexpugnable.
Samuel Esteve procuraba que la joven no se diera cuenta de sus verdaderos sentimientos hacia ella. Desde que hacía dos semanas empezara a tratarla como psicólogo del sistema de Bienestar Social de Tierra del Este, apenas podía dominar sus emociones. Y ello no podía ocurrir. Su posición como profesional debía otorgarle la facultad de ser totalmente neutro con su paciente. Pero el terapeuta nunca contó con la posibilidad de enamorarse. En realidad, jamás recordaba que le sucediera algo así en su reputada trayectoria profesional. Pero lo cierto era que había ocurrido.
—Tengo entendido que tus orígenes se remontan a las plataformas de las Tierras Inundadas. ¿Cómo te sientes viviendo en la moderna y próspera ciudad de Estevalia, separada de tu familia? ¿Quieres hablar de ello?
—En realidad, no estoy preparada todavía para comentar este asunto. Yo…
—Como quieras. No debes forzar una situación que te incomoda. Háblame de otra cosa.
—Bueno… en realidad, estoy teniendo… sueños muy raros…
—Lo siento, Marian. Pero creo que es mejor centrarse en cuestiones menos… esotéricas. Yo te recomendaría que comentásemos otros temas centrados en la realidad.
—Por favor… Samuel. Necesito ser escuchada. Te ruego que me permitas contarte alguno de esos… sueños.
—Bueno. Está bien. Haré una excepción en mis creencias como profesional. Adelante, Marian. ¿Qué es lo que te preocupa?
—En primer lugar, Samuel, debes saber que, a lo largo de mis problemas de insomnio, es decir, durante todo este año, también he sufrido pesadillas, aunque no de manera constante, sino esporádicamente. Sin embargo, fue tomar el somniocalm y desaparecer prácticamente los malos sueños. De hecho, durante mi primera noche con el medicamento en mi cuerpo tuve un sueño muy apacible. Y además era capaz de recordar todos mis sueños.
Pues bien, recuerdo haber tenido imágenes de una aldea realmente acogedora. La gente era amable y llena de buenas intenciones con los extranjeros. Hay escenas en las que rememoro el olor a pan recién hecho en el horno, aromas de flores exquisitas, fragancias del césped y plantas en el campo que se hallaba junto a las casas… todo lo cual me llenaba de una felicidad indescriptible, que no podía explicar con palabras. Había que sentirlo. Prácticamente la mayoría de sueños eran de esa índole. Invitaban a la calma y la paz interior que hacía tiempo que ya no sentía.
Fue a partir de la segunda semana de tratamiento cuando… todo empezó.
—¿Qué fue lo que empezó? —quiso saber Samuel, totalmente intrigado.
Marian tardó en contestar la pregunta hecha por su terapeuta. Quizás dudaba en si sería conveniente responder con total sinceridad, dado el delicado contenido de aquello que estaba a punto de revelar. Entonces, la joven, armándose de valor y aspirando una gran bocanada de aire, dijo lo siguiente:
—Empecé a tener contactos con otras personas que provenían de otros sueños y a compartir con ellas el mismo sueño.