Depravity

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Sinopsis

La curiosidad me llevo a una pesadilla que termine disfrutando. No debía entrar en ese lugar, debí mantenerme alejada, ser cuidadosa, invisible, lo sé. Su juego es tan macabro como su mera existencia, es un demonio. Se que debo decidir pronto, sé que es incorrecto, inmortal, que es un acto suicida, que al final todo terminara mal, pero el terror y deseo que me provoca domina mis sentidos... Su voz, su aroma, su cuerpo se han convertido en mi debilidad. Su tacto sobre mí no me deja razonar, entre sus manos soy diferente , soy libre... Estoy fuera de mí, yo no soy así pero ya no puedo detenerme Es experto en controlarme, me tiene a su mandato... Tengo pánico de morir...

Genero:
Romance
Autor/a:
DahliaUgalde
Estado:
En proceso
Capítulos:
12
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1

Odio tener que pasar tanto tiempo dentro de un auto, odio esa sucia carretera desolada que he observado desde hace más de doce horas, odio el cambio constante de mis padres de ciudad a ciudad, de país en país, sin explicación ni compasión. Odio ser tan aburrida, inexperta y recatada, andando por el mundo siempre teniendo miedo hacia todo lo que me rodea, odio no ser como mi hermana, Josselyn, quien es tan abierta y experimentada, con decenas de hombres a su espalda y con una aventura nueva por contar cada vez que la veía. Odio no ser ella, la favorita. Tan hermosa y perfecta, la única que mi madre tiene en un pedestal. Me odio por fallar en mi examen de admisión a la universidad, si tan solo lo hubiera logrado aprobarlo, me hubiera ahorrado un sin fin de regaños por parte de ambas y hubiera obtenido por fin la independencia que mi cuerpo y mi mente tanto me exigen.

Me estaba costando demasiado reponerme de eso, y para colmo ahora estaba diagnosticada con depresión. El desanimo y los constantes reclamos de mi madre me provocaron un colapso nervioso que me mandó al hospital, fue la alerta necesaria hacia mis padres para que por fin me permitieran establecerme sola en un lugar. ¡Si lo sé! Suena absurdo estar solo después de pasar por un cuadro depresivo como el mío, pero considerando mi ambiente familiar fue la mejor alternativa que pudimos encontrar los médicos y yo. Odio ser tan cobarde y común. En conclusión odio mi nueva ciudad tanto como odio mi simple vida.


—¡Vamos linda!—comenta mi padre —Sonríe un poco. Esté lugar es hermoso, hay sol, hay colores, sonidos, playa, esta fantástico.


—Si papá ya lo noto... —exprese sarcástica sin ánimos y sin despegar la cabeza de la ventana.


—¡Sólo espera ver la zona, esta perfecta!—dijo mi padre mirándome por el espejo retrovisor.


Solté un suspiro contra la ventana como ya llevaba haciendo horas atrás


—¿Y cuanto durará. Medio mes, un mes completo? —reclame.


—Mi amor tranquila.


—Saben que es verdad, nunca...


Mi lengua se trabó dentro de mi boca, lleve los ojos hacia el espejo donde me tope con la agresiva mirada de mi madre.


—¡Basta Hannah!—gritó —No puedes seguir con esa abusada actitud siempre ¡Detén tu berrinche ahora mismo!— Me reprendió mi madre con su típico gesto de mal humor, para luego regresar a los asuntos en el celular. Todo lo que le importaba era ese celular


—Descuida cariño, recuerda lo que nos recomendó el doctor Green, así que está vez es el tiempo que tu desees, ya tienes la edad y confiamos en ti—dijo mi padre.


La sonrisa que me regalaba papá a través del espejo retrovisor me hacia sentir animada y tranquila como cada vez que intenta librar la tensión entre mi madre y yo, aunque por desgracia siempre fracasaba.


—La verdad no creo que sea...


—¡Mira ya llegamos! —interrumpió mi padre.


Le seguí el juego y mire hacia la derecha, por la venta se presento ante nosotros la gran ciudad. Cómo era de esperarse en el hogar de las estrellas, famoso de sobremanera, lo primero que llego a mi atención fueron los inmensos edificios que se postraban al frente de mi con un fondo adornado por un hermoso olió de colores naranjas y violetas que brinda el cielo al inicio del atardecer. Mi padre tenia razón, el clima era perfecto, había tanta gente que me abrumaban aún en el Interior del vehículo, alejada del bullicio, esta ciudad me daba una sensación extraña, tan diferente a las anteriores. Si, en definitiva había llegado a esa ciudad tan conocida, Los Ángeles.


A pesar de que yo no era gran conocedora de autos, a lo mucho solo identificaba mi amado Mazda color cereza pero si sabia reconocer la belleza cuando lo veía y la mayoría de los autos que nos rodeaban eran preciosos, tan costosos, elegantes al igual que los transeúntes que iban con un estilo tan sofisticado, colorido y perfecto.


Quizás era el error de una novata en esos nuevos terrenos pero hasta esa moda urbana marcada en los anuncios y paredes de costosos establecimientos me parecía atractiva. Mi padre giro hacia la izquierda, se presento ante nosotros una carretera rodeaba de más edificaciones enormes, admiré todas esas altas construcciones, uno mas grande que otro, mi padre volvió a girar y de pronto se presenta ante nosotros un edificio en particular, de hermosa estructura tan grande que parecía la torre principal en esa gran ciudad, era enorme tanto en lo alto como en lo ancho. Al avanzar un poco, unas inmensas puertas de aluminio negro comenzaron a elevarse, el auto se introdujo al oscuro lugar que se presentaba ante nosotros, tan pronto como el auto entro, fuimos sorprendidos por unas luces brillantes que se encendieron indicando el camino a seguir, pronto encontramos muchos mas autos estacionados, quede sorprendida al notar que había mas lujo y belleza automovilística aquí debajo que en todo el camino por la carretera. Mentiría diciendo que no me seguí impresionando con todo lo que de pronto se presentaba ante mi vista, el lugar estaba bastante iluminado, dotado de los mejores elementos tecnológicos; luces rojas en lo alto de cada auto mostrando que estaban ocupado y otros espacios vacíos con una luz verde, nuestro auto siguió su camino lento para que papá y yo pudiéramos observar con más detalle.


Así seguimos hasta llegar a un espacio vacío en especial, encontrando una placa plateada incrustada en la pared con luces a su alrededor, tenia forma rectangular, lo suficientemente grande para que se observara bien, con letras oscuras en grande lleva escrito la palabra "Bramson", mi apellido, lo que me indico que ese sería mi lugar de estacionamiento de ahora en adelante. Mire el reflejo de mi padre una vez más en el espejo, estaba con una sonrisa animada, esperando que me sintiera un poco más feliz, entendí lo que tramaba así que sonreí aunque sin una genuina alegría, tenía un presentimiento extraño con todo esto, me parecía muy irreal.


Aunque mi padre quería dejarme claro que este nuevo hogar seria solo mío, que podía sentirme libre sin las habladurías de mi madre o sin tener que alejarme de nuevo de los poco que consideraba amigos. Aquí podría iniciar de nuevo y esta vez cuidarlo el tiempo que me pareciera adecuado, serian mis decisiones y nada mas, mis reglas. Mi padre era el único ser humano que en verdad demostraba un sentimiento de amor hacia mi, a diferencia de mi madre que en la mayor parte del tiempo juntas me repudiaba como si yo fuera el mayor error que había cometido en toda su vida. No quería que mi padre perdiera el ánimo, después de todo aun tenía un poco de esperanza en que esta fuera mi ultima oportunidad para al fin tener una verdadera vida y no solo ver el tiempo pasar de largo. Mire en el reflejo del espejo, estaba siendo bastante injusta con las intenciones de mi padre así que prepare una sonrisa más creíble, más sincera. Complacido, mi padre acomodo mi amado auto en el lugar, ese vehículo era mi mayor tesoro, regaló por mi dieciocho cumpleaños así que lo cuidaba con mi vida. Una vez que el auto quedo bien acomodado y el motor se apago, todos abrimos la puerta para salir, yo tomé la maleta que llevaba a mi lado y la cargue para sacarla del vehículo, mi padre se dirigió a la cajuela y comenzó a sacar el resto del equipaje.


—¡Buen día! —se escuchó tras nosotros.


La voz de un hombre sonaba amable, papá y yo giramos el rostro para verlo, era un hombre mayor, por su apariencia supe que era de más edad que papá, con un cabello entre rubio y cano, piel blanca y unos lindos ojos marrones, llevaba puesto un traje color gris, hacia un juego perfecto con su camisa blanca y su corbata plateada, tan limpio y perfecto.


—¿Señorita Bramson? —dijo dudoso mirando hacia mi madre.


—Claro que no —respondió mi madre molesta.


Al parecer el pobre hombre se dirigía a ella y yo no pude frenar mi sonrisita al escuchar la palabra "Señorita"


—¡Aquí!—dije levantando la mano derecha.


—¡Oh! Cuanto lo siento les ofrezco una disculpa —dijo el hombre mirándome.


—¿Quien eres tu? —cuestiono mi madre mientras me miraba con el ceño fruncido, aparentemente si me había escuchado reír ¡Demonios!


—Es un gusto, yo soy Will el guardia del edificio.


—Es un placer —respondí sonriendo.


—Estoy aquí para recibirlos por favor pasen por aquí—pidió manteniendo su sonrisa, extendió la mano derecha para señalarnos hacia unas enormes puertas de cristal.


—Permíteme llevarlo —dijo Will.


Señalando la maleta que llevaba en mi costado izquierdo.


—No tranquilo...


—Dásela Hannah —ordeno mi madre.


—Mejor ayude a mi papá —comente.


A pesar de que este era el último paso, donde por fin rompería la unión entre padre e hijo, donde por fin salía del nido. Mi madre no se contuvo al dejarme en claro que ella aun mandaba, sin importar que estuviéramos por llegar a mi propio departamento, con mis reglas, aunque ya se dirigieran a mí como una persona independiente, mientras ella estuviera presente yo debía callar, aceptar con la cabeza y seguir con lo que ella ordenará, como lo hacía desde que era pequeña, dominándome con solo una mirada, solo un gesto o en sus mejores momentos con solo su presencia, justo como lo hacia ahora, vi su postura seria, su ceño fruncido, tenia que terminar con esto pronto, ella se estaba impacientando y eso solo indicaba problemas. La había desafiado y me había burlado de ella, lo mejor por ahora era dejar de jugar a la valiente y seguir con lo que ordenara y como era de esperarse su primera indicación fue salir de el estacionamiento, ella y yo nos adelantamos mientras Will y mi padre se encargaban del equipaje.


Seguí el caminar de mi madre, como siempre se comportaba como si fuera superior a todo el mundo, con seguridad. Muy en el fondo yo deseaba ser como ella, esperaba que al tener su edad mi cuerpo se viera tan curvilíneo como el de ella y me permitiera portar cualquier vestimenta como lo hacia ahora con ese vestido manga larga color violeta oscuro que le amoldaba a la perfección el cuerpo, su larga mascada de color blanco y lila la hacían ver tan elegante sin mencionar sus zapatillas de punta del mismo tono lila que sus accesorios. Mi madre era hermosa, su cabello era mucho más rubio que el mío y sus ojos eran de un combinación entre azul y gris como el cielo en invierno, cubierto por largas pestañas, eran esos pequeños detalles sin mencionar la edad lo que nos diferenciaba una de la otra pues en cuestión de su rostro era básicamente como la vida me mostraba que yo seria en un futuro, rostro redondo y pequeño, con una nariz ni muy pequeña ni mucho menos grande, ligeramente respingada, unos labios pequeños pero perfectamente formados y carnosos, a pesar del su hermoso aspecto ella siempre tenía el rostro con un gesto molesto, totalmente diferente del mío, tan melancólico y temeroso de todo, la admire un momento, no sabría hasta cuando lo volvería a hacer. En cuestión de físico entendía perfectamente porque mi padre estaba con ella sin embargo no entendía por que ella estaba con él. Mi padre era atractivo, de piel blanca y cabello rubio obscuro, ojos color ámbar con tintes grises, de buen perfil, nariz pequeña labios medianamente gruesos, barbilla partida y podía asegurar que en su juventud tenía un físico envidiable. Pero la personalidad de mi padre contra la de mi madre era totalmente distinta, como aceite y agua. Tan distintos que había crecido la mayor parte de mi vida rodeada de discusiones sin fin.


Note como mi madre se dirigió sin vacilar hacia las puertas las cuales contaban con censor de movimientos y al estar frente a ellas estas se abrieron con lentitud, deje mis pensamientos para después y la seguí. Caminamos hacia la oficina, detrás de otras enormes puertas de cristal se encontraba una chica, de una larga cabellera dorada que caía en ondas por toda su espalda, tenia un rostro hermoso, ojos grandes azules como el cielo de medio día, nariz pequeña y respingada, su maquillaje era tan profesional, como el de las mejores actrices de cine estaba vistiendo un ajustado vestido rojo que enmarcaba perfectamente cada curva de su cuerpo, tanto la forma perfecta de sus medianos bustos, así como sus anchas caderas. La chica parecía estarnos observando también a pesar de estar atendiendo una llamada, anoto algo y rápidamente salió por un lado de su escritorio, una sonrisa se formo de inmediato en su rostro, abrió la puerta de cristal saliendo de la oficina.


—Señorita Bramson ¿Verdad? —comento. Su dulce voz estaba dudosa pero a comparación de su anterior compañero ella se dirigió hacia mí.


—Así es...


—¡Oh por fin esta aquí!


—Vaya entusiasmo —murmure.


—De verdad esperó que todo este a su gustó, la mudanza llegó hace unas cuantas semanas y todo fue acomodado de acuerdo a las indicaciones que nos otorgaron vía telefónica.


Yo la escuchaba con atención mientras que mi madre simplemente hacia acto de presencia, haciendo muecas de fastidio y aburrimiento. Lamentaba tenerla aquí en esta situación que sabia no le interesaba, yo no era Josselyn pero agradecería por un momento que frente a las personas tratara de tener un poco de empatía conmigo.


—Bueno... —dijo la chica.


—Estoy segura que todo esta listo para su llegada y con gusto yo seré su guía.


—Por fin —comento mi madre.


—Por aquí por favor — respondió la mujer.


Extendió su mano señalando el ascensor, mi madre y yo la seguimos.


—Como vera, este lugar aparte de ser uno de los mejores de la zona, nos caracterizamos por contar con un muy buen equipo de seguridad, prácticamente no hay área sin contar con vigilancia que sirve las veinticuatro horas del día y al ser esta la zona más lujosa de la ciudad, todo a nuestro alrededor es completamente seguro y accesible —explicaba la rubia cuando nos acercábamos al ascensor.


—Por lo tanto aquí se lleva un reglamento entre habitantes y los empleados del lugar para evitar algún mal entendido. Nuestra finalidad es que los residentes dentro de nuestras instalaciones lleven una vida perfecta—habló la mujer.


Aquello ultimo provoco en mi un mal sabor de boca, su mirada fija sobre mi, su sonrisa tan marcada y esa forma de hablar parecía un robot mas que una persona. Presiono uno de los botones plateados, tenia el la letra PA grabado en él, todas nos introdujimos al interior. El Interior del ascensor estaba cubierto de espejos, ese mal presentimiento volvió dentro de mi y solo me quede mirando como las puertas plateadas se cerraban lentamente.


¿Estaba haciendo lo correcto alejándome de la seguridad de mis padres?


Una repentina pregunta se alojo en mi mente, sin darme cuenta fui dando pasos hacia atrás, me recargué en el fondo del pequeño cuarto con las manos dentro del bolsillo de la sudadera dos tallas mas grandes que mi medida ideal, me mantenía esperando y escuchando lo que la chica decía. Más y más explicaciones del reglamento del edificio, como funcionaban la seguridad, como eran los alrededores del lugar y muchas más cosas que no me parecían tan importantes.


Por el rabillo del ojo note mi reflejo en los espejos de elevador, fue entonces que me di cuenta como en comparación al porte que desprendía mi madre y la abrumadora belleza de la recepcionista yo pasaba a ser completamente invisible, mi sudadera negra enorme y mis pantalones anchos con bolsos en los costados hacían ver mi cuerpo más grande de lo que en verdad era, había pasado mucho tiempo en el coche así que tenía el cabello completamente destruido en una mal moño casi deshecho, el maquillaje dejo de ser opción cuando la depresión me abrigaba debajo de las sábanas de la cama y las ojeras por las noches de desveló estudiando y pensando estaban perfectamente marcadas en mi piel, verme con ese aspecto, detrás de esas dos bellezas me hacía sentir una mancha negra en un blanco y perfecto mantel, yo era inexistente para todos, pues las pocas personas que quedaban en el ascensor para retirarse nivel por nivel nunca me notaron, pasaron de mi dándome empujones y golpes y jamás supieron que yo estaba ahí, detrás de ellos.


—Como seguramente ya notaron su piso es el ultimo—dijo la recepcionista.


—Es curioso por que nunca antes fue habitado por nadie mas.


—¿Por que no? —cuestione.


—Es un enigma, pero de pronto cambiaron esa regla y aquí estamos


—¿Estará completamente sola en este lugar?—pregunto mi madre. La recepcionista la miro nerviosa


—Si es así sería perfecto así no causaras problemas.


La rubia se quedó callada por unos segundos, parecía recapacitar lo que acababa de decir, el reflejó de su rostro la delató, cerrando los ojos con preocupación, pude incluso imaginar que comenzó a reprenderse internamente, incluso maldecirse por tener la boca tan suelta en algo que aparentemente tenia que mantener bien callado. Vi como su pecho se ensancho sosteniendo el aire que dejó salir con lentitud para que no pudiéramos percatarnos. Pero para su desgracia yo si la vi pero podía estar tranquila yo no diría nada, mi madre se limito a mirar su celular en cuanto esté comenzó a sonar. La conocía tanto que sabía leer sus muecas, estaba desesperada por terminar todo esto, seguramente de su trabajo ya la estaban necesitando y en cualquier momento me hubiera dejado ahí sola, antes no me dejo con las maletas en la puerta. La rubia giro hacia nosotras de nuevo con la sonrisa que hasta hacia un momento me pareció linda y ahora era más falsa que sus largas uñas.


—Aquí también vive el actual dueño del edificio —murmuró.


—¿El dueño?—pregunte sorprendida


No, no, no. Eso en definitiva eran problemas, una cosa es que mi vecino sea cualquier persona pero el dueño


¡No por favor! ¡Esto debe ser una maldita broma!


—Creo que entiende el tema —dijo la rubia mirándome.


—Por lo que le suplico, entienda lo que le diré, sin importar que, siga las reglas de este lugar—. La miré con mucha confusión, entendía la situación pero no creo que fuera para tanto.


—¿Y esas son? —cuestione.


—Nadie puede estar fuera del edificio después de las once de la noche, trate de ser lo más silenciosa posible una vez caiga la tarde y respetar al personal del edificio y más importantes utilizar únicamente las escaleras si es por alguna emergencia en particular de lo contrario limitarse al uso del ascensor—dijo tajante, en definitiva todo esto me era tan extraño y confuso. Era como seguir viviendo con mis padres. Y lo de las escaleras era raro...


Las puertas se abrieron anunciándonos que llegábamos a nuestro anhelado destino, mire a la rubia de inmediato, pues soltó un casi inaudible grito, su cuerpo se petrifico, incluso puedo asegurar que vi como intentaba pasar la pesada saliva de su garganta, observó fijamente hacia el frente agrandando los ojos hasta su tope. Con aquellas iris color celeste hacia las puertas, su rostro aun luchaba por mantener la sonrisa pero ahora su mandíbula temblaba, intrigada por lo que tanto le atemorizaba giré el rostro hacia el frente para toparme con algo que en definitiva no me esperaba.


Un hombre de casi dos metros de altura, con un porte asombroso, torso ancho, cintura un poco mas pequeña, de piel blanca, impresionantemente atractivo, con una presencia tan fuera de lo común y perfecta que podría doblegar a cualquiera con solo estar al frente, portaba un traje negro que se ajustaba perfectamente a su musculoso y bien formado cuerpo, su cabello corto rubio cobrizo peinado hacia atrás cayendo un poco hacia un lado le realzaba un perfil que opacaba hasta al mas atractivo Dios griego. Me asuste, parecía que estábamos entrando en el apocalipsis bíblico y los ángeles venían a condenarnos y justo en este momento tenía a uno de esos hermosos ángeles listos para reclamar mi alma o quizás no solo estaba viendo al hombre mas hermoso del mundo si no que había muerto en la carretera y este era mi primer vistazo del paraíso celestial. Su rostro levemente opacado por una barba de aproximadamente tres días, le daban un toque mas atractivo, yo con la boca abierta lleve la mirada a examinar todo su rostro, unos labios hermosos con el arco de cupido bien marcado y el labio inferior ligeramente ancho, una barbilla de diamante preciosa y varonil, su nariz griega perfecta, y sus ojos de un color esmeralda hermosos, a pesar de conservar el ceño fruncido al mirarnos. Se notaba a simple vista que el era una persona indiscutiblemente limpia, aquel aroma de Green Irish Tweed, inundo todo mi entorno y fue el aroma mas exquisito que juro jamás había presenciado, todo él me invadió la mente en un instante, su perfección, su porte y su belleza sobrehumana, su simple existencia llena de divinidad.


Quedé impactada con su presencia y sentí por primera vez en mi vida un intenso hormigueo que recorrió desde mi pecho hasta situarse al final de mi abdomen y poco a poco bajar hasta mi pelvis. Electricidad, una corriente eléctrica creció desde el interior de mi ser explotando contra todo mi cuerpo, me hizo estremecer, temblar por instantes y contener la respiración. Aquel hombre parecía al menos tres años más grande que yo pero eso a quien le importaba, ese tipo estaba impresionante, de todas los chicos que conocía, de todos los hombres que se me acercaban e incluso de todos los amantes que conocía de mi hermana, modelos, actores, de todos, este hombre estaba muy pero muy por sobre cada uno de ellos, por sobre todo, por sobre mi y por mucho. Era de esas personas que solo ves en libros, en sueños, en el paraíso, él representaba ese deseo platónico que jamás podría estar al alcance de cualquiera, eso era él y yo era cualquiera, una chica desalineada del montón aterrada por la belleza del hombre frente a mi.


Este hombre que aprecio de pronto y por que mi mente luchaba para hacerme entender que era real, que no estaba solo en mi loca imaginación, que nos estaba mirando y carajo, si esto seria lo que vería todos los días al salir de mi departamento me quedaría en lugar para siempre, sin pensarlo.


¡Por que este ángel estaba buenísimo!


Sus hermosos ojos verdes envueltos en una mirada seria, profunda y segura se dirigieron a la rubia, su entrecejo se enmarcó al verla tan tensa y luego llevó la mirada hacia mí, quien patéticamente jamás dejo de mirarlo con la boca abierta. Si no me detenía pronto comenzaría a saliva como animal hambriento. Su mirada dirigida hacia mi fue suficiente para poner al límite mi cuerpo, para vencer mi mente y de pronto esa sensación temblorosa recorrió desde mi espalda hasta mis piernas de nuevo al momento el que formo una media sonrisa, tenebrosa, burlona, excitante, hermosa... Perfecta, que logro elevar hasta el mas pequeño vello de mi cuerpo, ver esa sonrisa lo hacía ver más...


¡Oh por Dios!


Mucho más atractivo. Las puertas comenzaron a cerrarse, pero él lo impidió deteniéndolas con la mano derecha. Momento en que todas decidimos salir del ascensor y aunque claramente la chica rubia aun peleaba por mantenerse concentrada y ya no podía disimular su afectación, ese sujeto también lograba dominarte sin siquiera decir una palabra, ya no podía culpar a la recepcionista, yo también luchaba por mantenerme concentrada y no hacer el ridículo.


—Hola Ashley...—hablo por fin.


Y algo se detono dentro de mi, su voz era profunda, varonil, fuerte, dominante. Ardiente


—S-Señor... —murmuró la rubia.


—Ella es la señorita...


—Hannah... —la interrumpí. Quería llamar su atención, aunque fuera un momento quería llamar su atención.


La rubia abrió sus ojos a tope y disimuladamente me miro con enojo. Algo que no tome con mucha importancia. Aquel hombre alzo su ceja derecha confundido, pero aún mantenía esa sonrisa especial.


—Entiendo... —respondió.


—En todo caso espero que todo sea de su agrado —. Sin más aquel hombre se introdujo al ascensor.


—Señorita Bramson —dijo de pronto haciendo que rápidamente girara el cuerpo para mirarlo.


—Siga las reglas —. Las puertas se cerraron y entonces lo perdí de vista.


—¿Quién es? —pregunté de inmediato.


Deseando con toda mi alma volver a verlo.


—El dueño... —respondió la rubia —Tu vecino — finalizó e inició una caminata hacia el pasillo al que habíamos llegado.