falofilia ⟡ jaedo

Sinopsis

donde diecisiete centímetros no son suficientes para doyoung.

Genero:
Romance
Autor/a:
Estado:
Completado
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

i like big cocks, i can't help it

—¿Me estás jodiendo? —exclamó, alterado. El flujo acelerado de su excitación parecía haberse cortado de golpe al conocer al pequeño... muy pequeño amigo de su acompañante.

El chico bajó la vista, confundido.

—¿De qué estás hablando? —inquirió, levemente molesto. El pelinegro había decidido pararlo todo en el peor momento. Su erección dolía y su cita de la noche sólo se dedicaba a joderlo.

—¡Ese jodido tamaño! —gritó Doyoung, rojo de la rabia—. ¿No te da vergüenza andar con esa miniatura entre las piernas?

El chico abrió la boca, pero las palabras no salieron. Necesitó un momento para procesar lo que estaba pasando.

—Debes estarme jodiendo tú a mí —murmuró, frunciendo el ceño. Miró a su acompañante apretar los dientes—. ¿Miniatura? ¿En serio? ¿Qué demonios esperas? ¿Treinta centímetros?

—Pues tampoco esperaba cinco —bufó.

—¡Diecisiete! —exclamó el chico, incrédulo—. ¿¡Diecisiete jodidos centímetros no son suficientes para ti!?

El silencio proveniente del pelinegro fue suficiente para que el aludido alcanzara su máximo nivel de vergüenza e indignación. Se alejó con furia de su cita, aún arrodillado frente a su hombría, y caminó con pasos desequilibrados y rápidos hasta su ropa, tirada en un extremo de la habitación.

—¡Espera! —exclamó Doyoung, poniéndose de pie precipitadamente—. Yo... eh... podría intentar hacerlo contigo...

Un jadeo salió de los labios del chico.

—¿Intentar? —cuestionó, sintiendo el enojo crecer cada vez más—. Vete a la mierda.

—P-pero... —se quejó, revolviéndose el cabello con frustración—. ¡Oh, demonios! No es mi culpa que no cumplas mis expectativas.

—¿Qué clase de expectativas tienes? —exclamó, haciendo una mueca de horror—. ¡Zorra tragapollas!

Doyoung se indignó.

—Quizá sí, pero solo pollas grandes. No como la tuya, amigo. Suerte con ese gusanito.

Empujó al chico fuera de la habitación sin dejarle tiempo de agarrar su camiseta ni su cartera. Lo había hecho completamente a propósito, pero su acompañante parecía cegado por la indignación, ya que no reparó en devolverse por ellas.

Se recostó contra la madera de la puerta, soltando un suspiro pesado.

—Y yo que creí que, por ser extranjero, me había ganado el premio gordo —se quejó para sí mismo—. Demonios, realmente es mejor mi vibrador.

Se mordió el labio inferior. Se sentía un poco culpable por herir el ego de su cita, pero no podía evitarlo. Simplemente, cuando un hombre no cubría aquel requisito tan importante para él, siempre enloquecía.

Caminó hasta el bolso que había llevado consigo al club esa noche. Había tenido lo que creyó que podía llamar suerte al conocer a ese guapo extranjero que acababa de salir, echando humo, de la habitación del hotel.

En el bolso, guardaba lo que él mismo calificaba como “botiquín de emergencia” para casos como este. Contenía un dildo y un vibrador de color rosa, ambos de veintitrés centímetros de largo, además de una botella de lubricante.

Se encogió de hombros y se dejó caer en la cama, dispuesto a resolver por sí mismo aquel problema que el extranjero le había ocasionado con besos, pero que no había sido capaz de solucionar con su pene.

Era un poco patético; lo sabía, pero simplemente no podía evitarlo. Así era él, y no recordaba un momento de su vida en el que hubiera aceptado que el miembro de su acompañante midiera menos de veinte centímetros. Simplemente, era su gusto. Adoraba los miembros grandes... y, aunque resultaba vergonzoso, no podía remediarlo.

[...]

—Yuta, por favor, estás llamando mucho la atención... —murmuró Doyoung, enterrando cada vez más la cabeza en su plato, al notar que las personas los miraban extraño a causa de la escandalosa risa de su mejor amigo.

—Pero, Doyo... —el rubio se tomó un momento para respirar hondo y limpiarse las lágrimas provocadas por la risa—. ¿Cómo diablos me pides que me quede callado después de lo que acabas de contarme? ¿Eh?

—Deberías tener en cuenta que fue muy vergonzoso para mí.

—En serio creí que habías tenido un buen polvo al ver la cara de felicidad con la que te fuiste del club con ese sujeto —admitió el mayor, llevándose un par de papas fritas a la boca.

—Pues no —gruñó, removiendo las verduras en su plato sin intención de dar un bocado.

—Sigo sin creer que lo hayas echado de la habitación medio desnudo solo por el tamaño de su polla —murmuró con una gran sonrisa en el rostro.

—Sabes que soy exigente en ese tema —susurró con las mejillas rojas.

—En serio, hombre, de cumpleaños te voy a regalar un viaje a África con todo pagado. Sería el paraíso para tu exigente culo —repitió Yuta con burla, pues no era la primera vez que molestaba a su amigo con ello.

Doyoung se limitó a mirarlo con odio y siguió comiendo.

—He escuchado que Kai la tiene grande —comentó de repente, llamando la atención de Doyoung.

—¿Kim Jongin? —dudó, buscándolo inconscientemente con la mirada.

—El mismo —aseguró.

Señaló disimuladamente detrás de él. Doyoung volteó y se encontró con el grupo entero de baloncesto entrando en el comedor. A la cabeza del equipo, Kim Jongin, el capitán.

Doyoung dirigió su mirada calculadora hacia la entrepierna del jugador, intentando conseguir un pequeño vistazo que le diera una idea de a qué podría estar enfrentándose. Lo poco que pudo ver lo dejó satisfecho.

—Aproximadamente veinte centímetros —murmuró para sí mismo... o eso creyó, porque al regresar la mirada al rubio frente a él, este lo observaba atónito—. ¿Qué?

—¿Puedes saber el tamaño aproximado de un chico solo con mirárselo por encima del pantalón? —exclamó en un susurro.

Doyoung se ruborizó notablemente.

—Supongo que es la práctica.

—¡Eres una perra sucia, Kim Doyoung! —vociferó.

Se ganaron un par de miradas estupefactas de las chicas que pasaban junto a su mesa. Doyoung sintió que quería enterrarse vivo, y de paso enterrar a Yuta con él.

[...]

Sabía que en cualquier momento el lapicero de su boca se rompería por las constantes y fuertes mordiscos que le daba al estar tan concentrado, mirando impúdicamente pero de forma disimulada al líder del equipo de básquetbol, que le devolvía discretas miradas coquetas mientras jugueteaba con una bola de papel junto a sus compañeros, aprovechando la ausencia del maestro.

—¿Sabes? Podrías simplemente ir y hablarle —sugirió una voz suave en su oído.

Saltó por la sorpresa y dirigió la mirada al chico.

—Mierda, Donghyuck. Casi me da un infarto —dijo, dramatizando y llevándose una mano al pecho.

—No seas exagerado, Doyoung —se burló el menor, sentándose al lado de su amigo—. No era mi intención asustarte, pero lo digo en serio. Se han estado mirando de forma nada disimulada desde hace media hora... yo ya me habría desesperado.

—No sé si debería hablarle...

Después de todo, sus intenciones con Kai no eran del todo puritanas.

—Oh, vamos. No me digas que te avergüenza. Te he visto acercarte sin dudar a tipos más guapos y grandes que ese, sin una pizca de alcohol en las venas. ¿Qué te detiene ahora?

“Que asistimos a la misma universidad”, pensó.

Los demás hombres que mencionaba Donghyuck seguro habían sido parte de sus conquistas de fines de semana, a los que usaba para complacerse, pero siempre procuraba cuidadosamente no involucrarse con nadie de su mismo centro educativo que fuera divulgando su extraño gusto por las pollas grandes en toda la universidad.

—Sólo... no estoy seguro —confesó, encogiéndose de hombros.

—Pero solo irás y le pedirás una cita porque te gusta... No es la gran cosa —admitió el teñido de rosa, mirando a su mayor con una mueca despreocupada.

—Donghyuck, a mí no me gusta Kai y no quiero pedirle una cita —le hizo saber, mirándolo seriamente.

—¿Entonces...?

Doyoung suspiró.

—Solo quiero follar con él. Yuta me dijo que hay rumores que dicen que está bien dotado —comentó despreocupado, como si no fuese la gran cosa.

—Ah, Doyoung... tú y ese extraño gusto por los miembros grandes —negó Donghyuck con la cabeza—. ¿Quieres saber lo que a mí me contaron? Que todos los del equipo de basquetbol están bien dotados.

Doyoung abrió los ojos en grande.

—Aunque no me creas —asintió el peli rosa con orgullo—, tengo una fuente bastante confiable que me asegura que todos están bien de ahí abajo.

—¿Quién te dijo eso? —inquirió, verdaderamente interesado.

—Yo tengo mis contactos —dijo con simpleza—. Sin embargo, te puedo decir que Johnny me lo ha demostrado. Ya sabes, son hombres y se duchan juntos después de los juegos... Un día le pregunté y él me lo confirmó. Aunque se puso un poco celoso, pero nada que un poco de buen sexo no pueda arreglar.

—Ugh, no sé por qué escucharte hablar de tener sexo con Johnny es como escuchar a alguien más joven hablar de sus aventuras a escondidas con el profesor —confesó, estremeciéndose.

Donghyuck golpeó su hombro, indignado.

—¡Hey! ¡Yo no me quejo de tu asqueroso fetiche por los miembros grandes! —Doyoung masajeó la zona afectada con una mueca—. A lo que quiero llegar, es que no es necesario que acoses a Kai, cualquier jugador que elijas te dará una agradable sorpresa.

Y Doyoung lo consideró.