Perverso, el amor del millonario

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Sinopsis

Gia conoció en un club para adultos a un hombre que le enseñó a explorar su sexualidad en una semana intensa y llena de erotismo, del cual, sin esperarlo, se quedó embarazada y se enamoró en un segundo: El señor Perverso. Después de seis años juntos, Gia y Luka, conocido como el señor Perverso, se enfrentan a sus propios temores y a diferentes amenazas que pueden cambiar sus vidas para siempre. Gia añora las noches pasadas en los brazos del señor Perverso y a la familia que han construido. Luka solo quiere perderse en el cuerpo de la mujer que ama y proteger a su familia. Pero ¡las cosas no serán tan fáciles! Acompaña a Gia y a Luka a vivir nuevas experiencias en un mundo cargado de amor, intriga, odio y erotismo en esta segunda entrega de la saga: PERVERSO.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
HanaCR
Estado:
Completado
Capítulos:
38
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Luka

"—¿Por qué lloras, mami? — Jean la observa fijamente, ese es el problema de tener tres hombres increíblemente inteligentes en la familia, que, como única mujer, la pobre Gia siempre está en desventaja, me pregunto si mis hijos serán como yo, hackers o algo por el estilo.

—Porque estoy realmente contenta, es vuestro primer día de escuela primaria — Los niños se ríen, ella se arrodilla y los abraza.

—Eres una exagerada — digo frunciendo el ceño y poniéndome las gafas de sol, aunque el día está un poco nublado.

Mis bebés ya tienen seis años y medio, es increíble cómo ha pasado el tiempo.

—¡Hola! ¿En serio está llorando? — Bastián se acerca a nosotros, su segundo hijo, Lyan, empieza la escuela con los nuestros, los tres son los mejores amigos.

—No te burles, es una mujer sensible — digo y miro a Gia que aprieta los dientes, estoy seguro de que quiere golpearnos, odia que hablemos de ella como si no estuviera en el mismo lugar que nosotros.

—¿Y Rita? ¿Ella no llora? — pregunta Gia sin dejar de abrazar a los niños, va a asfixiarlos.

Bastián hace un gesto que nos produce una sonrisa.

—Él es el que llora, se está haciendo el duro frente a ustedes, luego llegará a casa y se pondrá a llorar y yo tendré que calmarlo. — Me encanta Rita, es un poco tímida, pero cuando habla, lanza dardos de los que tienes que buscar rápidamente como defenderte.

— ¡Eres un hipócrita! — le dice Gia a Bastián y todos nos reímos y Gia por fin deja que los niños entren a la escuela, tomo su mano y sonrío, ella frunce el ceño.

— ¿Te sientes bien? — me pregunta, aprieto su mano y asiento, aunque sé que no me cree y odio verla preocupada, no quiero que pase su vida en una inquietud constante por mi salud— ¿Cariño, estás seguro de que te sientes bien? ¿Luka? ¿Luka? ¿Estás seguro?"

Su voz ha cambiado, se ha vuelto más masculina, ronca, abro los ojos para encontrarme en la penumbra, las cortinas de mi oficina están cerradas, me he quedado dormido después de una larga jornada de trabajo.

—¿Estás seguro? ¿Vas a firmar los papeles? — Rozo me observa con detenimiento.

Ha pasado casi un año desde que dejé a Gia y solo la vi en la celebración conjunta de los seis años de los niños, cada día la extraño más, los extraño a los tres como un condenado, pero ya no soy quien era antes, ella no merece a un hombre a medias, que se encuentra devastado por el dolor.

Así que veo a los niños que ya tienen seis años algunos fines de semana, cuando me siento bien, lo que para mí ahora ya no es suficiente.

— Sí, al fin y al cabo, está mejor sin mí. — Hoy ha sido el primer día de escuela de los chicos y soñar con ese momento no es conveniente.

Les prometí irlos a buscar al final del día y debo hacerlo, solo que no quiero verla, sé que no podría soportarlo, me ha enviado los papeles de divorcio, estoy seguro de que se cansó de llamarme, de pedirme una explicación y ha decidido retomar su vida.

—Está saliendo con el científico, la ha acompañado a la escuela. — Lo sé, Bastián, me lo ha contado y casi muero de la ira y la frustración.

No tengo la menor idea de cómo hicieron para reencontrarse después de tantos años, pero voy a averiguarlo.

—Quiere divorciarse por él, ¿Verdad? — Lo he pensado mucho, sobre los papeles de divorcio, si se los firmo perderé la oportunidad de volver a estar con mi familia y si no lo hago, ¿podré vivir momentos como el sueño que acabo de tener? ¿Quién me lo asegura?

— Eres un imbécil, ¡quiere el divorcio porque la dejaste sola con dos hijos! — Rozo levanta la voz, ya no soy su jefe, soy su amigo y cliente y se toma la libertad de tratarme como se le da la gana.

—No grites, sabes...

—Que no soportas los gritos, que nunca los has soportado, pero en este momento me importa una mierda tu puto trauma. Te estás equivocando Luka, esa mujer daría la vida por ti. — Rozo golpea mi escritorio y yo rechino los dientes. — ¿Han descubierto algo? — Niego con la cabeza, estoy cansado, aunque ahora me siento menos débil que antes.

— No, pero los dolores de cabeza han empezado a disminuir y estoy recuperando la fuerza muscular — Le digo, me han hecho muchos exámenes y al parecer todo está mejorando, pero solo son hipótesis, no hay nada seguro.

—¿Cuándo tuviste la última crisis? — Cierro los ojos, me he acostumbrado a permanecer con las ventanas cerradas, pero en realidad ahora soporto mucho más la luz.

—Hace casi dos meses — Rozo se sienta frente a mí y sonríe.

—Eso es un buen indicio ¿Por qué dices que nada ha avanzado? —Levanto la mirada.

Rozo es como un grano en el culo o un perro sabueso detrás de su presa, no te deja en paz hasta que consigue lo que quiere y es peor cuando viene acompañado de Thomas.

—Porque puede ser algo aleatorio, porque puede volver y más fuerte o no hacerlo más, nada es seguro — digo.

Tengo el mal sabor en la boca, de sentir la felicidad durante un momento y darme cuenta de que ha sido solo un sueño y que el que acompañaba esta mañana a Gia no era yo, sino el imbécil del bueno del científico.

—Tienes que volver y recuperar a tu mujer — dice Rozo enfadado y yo lo miro con los ojos entre cerrados.

—¿Y qué le digo? ¿Supe que quieres rehacer tu vida y como soy un macho narcisista y egoísta he vuelto por lo que es mío? — Comento irónicamente.

—Déjate de idioteces, dile la verdad, con eso será suficiente, al parecer no aprendiste nada de lo que les pasó hace años, siempre con tu puto complejo de mártir —dice un poco agresivo.

Rozo y Thomas nunca han estado de acuerdo con que me alejara de Gia sin decirle la verdad, al igual que Bastián, que como ellos me lo recriminan todo el tiempo, hasta ha llegado a compararme con el bueno para nada de su hermano Enzo.

Solo que ellos no han sufrido ni vivido lo que yo he tenido que pasar, llegar a sentirte tan débil que sabes que no podrás servir para nada en tu casa, ni siquiera podrás ayudar a tu mujer a llevar a los niños a la guardería o a cambiar una bombilla, la fatiga te controla y no tienes ni idea de cuándo va a llegar una crisis y cuando esta va a ser definitiva y la última, que podría acabar contigo en un segundo.

— ¿Cómo tú con Ariana? Tampoco es que hayas aprendido mucho y andas de mártir dejando que tu hija pase su tiempo con el diseñador — digo y sé que estoy poniendo el dedo en la llaga.

Ariana está a punto de casarse con el imbécil del diseñador, y Rozo no ha hecho absolutamente nada para impedirlo.

—No tiene nada que ver, no estamos casados y ella ha decidido rehacer su vida con su eterno novio — gruñe Rozo.

—Pero tiene una hija contigo, están enamorados y aparte del imbécil del diseñador al cual puedes sacar fácilmente del camino, no entiendo cuál es el problema. — Rozo frunce el ceño y se levanta de la silla, se sirve un vaso de whisky y lo toma de un trago.

—Es complicado, ella no está enamorada de mí como lo está Gia de ti y yo estoy bien con el acuerdo que tenemos sobre la custodia de Viena. — Me dice, volviendo a tomar otro trago.

— Pero te jode verla con el diseñador —repito.

—Y a ti verla con el científico, ¿vas a dejar que se ocupe de tus hijos? — Eso está claro que no voy a permitirlo, de mis hijos me ocupo yo.

— ¿Y tú vas a dejar que un diseñador, vista a tu hija? — Sé que eso ha sonado un poco cruel, pero no entiendo por qué me juzga cuando se encuentra en la misma situación y sin ningún motivo aparente.

—Dime. ¿Qué vas a hacer? — Típico de Rozo, si algo lo molesta no responde.

¡Nos parecemos bastante!

Lo que sucede es que ahora mantengo en una constante tensión, esperando que los dolores de cabeza vuelvan o me suceda algo peor, como lo que pasó hace un año, entonces solo puedo hacer lo que Gia desea.

—Firmar los papeles — respondo.

Tal vez no lo haga hoy, voy a ver a mis hijos y no quiero pensar en el divorcio.

—Eres un imbécil, me cansé de perder el tiempo contigo — Rozo sale de mi oficina y yo aprieto los puños.

Él día que me casé con Gia, juré protegerla y hacerla feliz, aunque para eso tuviese que alejarme y partir en mil pedazos mi corazón y eso, es precisamente lo que estoy haciendo ahora.

No me atrevo a bajar de mi auto, Joseph mi conductor, espera estacionado frente a la escuela, desde hace meses dejé de conducir y ahora que las cosas han mejorado todavía no me siento seguro de hacerlo y menos si estoy con los chicos.

Es extraño sentirme tan inseguro sobre algunas cosas, cuando nunca lo fui, siempre fui egoísta, autoritario y decidido, pero el sentir como mi cuerpo se rendía día a día afecto profundamente mi estado anímico y a penas empiezo a recuperarme, me encantaría que el señor Perverso volviera, pero para eso, mi cuerpo tendría que permitírmelo.

Observo a Gia bajarse de un auto, sonríe y mis ojos brillan, está más hermosa que nunca y pronto se convertirá en una excelente pediatra como siempre quiso; frunzo el ceño cuando veo al científico descender del auto.

¿En serio? ¿Es que viven juntos y el tipo no hace nada en la vida? Tendré que hablar con Thomas y pedirle la información completa de este fulano, no voy a pedírsela a Rozo porque me mandaría al carajo.

— ¡Gia! — Observo como Rita se acerca a ella y besa sus dos mejillas, para luego saludar un poco cohibida al científico.

Es extraño como Bastián y Rita pasaron de ser nuestros enemigos a convertirse en dos personas tan importantes para nosotros, descubrimos que Rita había escapado de una poderosa familia árabe que deseaba casarla con un jeque veinte años mayor que ella, por eso se escondía.

A Bastián le costó muchísimo convencerla de volver con él, pero el temor de perder a la mujer que amaba y a sus hijos, aparte del tiempo que pasó en la cárcel, hicieron que reconsiderara su vida y yo le ayudé a deshacerse de sus deudas, algo que todavía me agradece y ahora están tranquilos con sus tres hijos.

Observo mi reloj, en dos minutos mis hijos van a salir por esa puerta, me ajusto las gafas de sol y abro la puerta del auto.

— ¿Necesita ayuda, señor? — En ocasiones llegué a necesitar de la ayuda de Joseph para moverme, pero desde hace algunas semanas, todo está mejor afortunadamente.

— Gracias Joseph, podré hacerlo solo. — Él asiente y me acerco a la mujer que amo sobre todas las cosas, mi corazón late con fuerza y mi boca se reseca.

—Buenas tardes — Saludo en general, sin dejar de mirar a Gia, a quien el científico está abrazando.

Aprieto los dientes, ella todavía es mi mujer, no debería estar tocándola.

— ¡Luka! ¡Oh Dios mío! Hace mucho tiempo no te veía, haces falta en el barrio — dice Rita abrazándome, la abrazo sin dejar de mirar a Gia —No puedes firmar, tienes que recuperarla — susurra Rita rápidamente a mi oído.

—Lo siento Rita, ella está mejor sin mí. — Levanto la mirada y observo a Gia mirándome, no nos hemos vuelto a ver desde hace un poco más de seis meses, cuando celebramos los cumpleaños de los niños y las cosas se salieron de control.

—Luka. ¿Cómo estás? — Me saluda de lejos con un remedo de sonrisa y yo solo pienso en arrancarla de los brazos del imbécil del científico y besarla hasta que recuerde todo lo que fuimos.

— Hola, Gia. Estoy bien, gracias ¿y tú? ¿Cómo estás? — Rita nos observa y el idiota del científico sonríe.

La puerta de la escuela se abre y vemos a los niños salir emocionados después de su primer día de clases.

—¡Papi! ¡Papi! — Jérémie corre hacia mis brazos, seguido de Jean, me arrodillo igual que Gia lo hizo en mis sueños y los abrazo.

—Has venido, ¡qué cool! — He notado que últimamente esa es la palabra favorita de Jean — La escuela es genial y estamos en la misma clase que Lyan, súper cool. — Sonrío y alboroto su cabello rubio.

— ¿Entonces todo ha sido súper cool, chicos? — Jérémie sonríe y vuelve a abrazarme.

—Es súper cool verte, papá. Eso es de verdad genial — dice mientras su ceño igual al mío, se frunce.

—Deberías volver a vivir con nosotros. — Jean habla fuerte mirando de mala manera a Damián, Gia parece incómoda y trata de tomarlo de la mano, pero él la rechaza. — No quiero ir contigo, quiero ir con papá, te dijimos que él vendría está tarde ¿por qué has traído al idiota de tu novio? — Cierro los ojos.

No quiero que mis hijos se encuentren en medio de esta situación, Gia ha querido rehacer su vida y aunque sea difícil de aceptar, no puedo hacer nada para cambiarlo.

—Jean, ya hemos hablado sobre este tema, pídele por favor disculpas a Damián. — Me pongo de pie y tomo la mano de mi hijo.

— Voy a llevarlos al parque y a tomar un helado para celebrar su primer día de clases, si no te molesta. — Miro a Gia, no ha sido mi intención, pero hasta ahora he ignorado al imbécil de su novio — Lyan puede venir con nosotros — le digo a Rita que observa un poco apenada lo que sucede, ella asiente con una sonrisa y los niños se abrazan.

—Jean no irá hasta que no le pida disculpas a Damián, no después de lo grosero que ha sido. — Aprieto mis puños.

—Ya habíamos planificado esta salida, no era necesario que vinieras con tu amigo — digo suavemente, no quiero que los niños se inquieten.

—¿Cómo diablos iba a saber que vendrías o no? ¡Ni siquiera me hablas! — Gia levanta la voz y algunos padres nos miran.

— ¡Gia! — Rita y yo hablamos a la vez.

— Tienes que disculparte — repite Gia a Jean

— No lo haré, no quiero ir contigo, quiero ir con mi padre, ¡Tú no eres mi madre! — Jean grita y algunas personas nos miran.

— Yo tampoco quiero ir contigo, quiero irme con papá. — Jérémie habla con calma. Esta situación se está saliendo de control.

—Gia, yo hablaré con ellos ¿vale? — Tomo la mano de los chicos y empiezo a alejarme con ellos hacia el auto — Lyan ¿vamos?

Su madre le ayuda a pasar la calle y cuando hemos acomodado a los tres en el auto, escuchamos el ruido de un auto que toma el giro a una velocidad que sobrepasa la autorizada, frenando en seco a nuestro lado.

Un hombre joven desciende y atraviesa la calle corriendo, para luego volver y perderse en el auto que se aleja de nuevo a toda velocidad.

La gente grita asustada, los padres protegen a sus hijos y yo concentro mi mirada en la cara de Gia que tiene un sobre azul en sus manos.

— ¿Gia? — Corro hacia donde ella se encuentra, está pálida y sus manos tiemblan — ¿Gia? ¿Qué sucede? — Miro hacia mi auto, Rita está de pie y Joseph ha bajado del auto y habla intentando distraer a los niños.

—Es para nosotros, quieren a Jean. — Tomo el sobre en mis manos y leo rápidamente la nota.

《 No voy a dejar que me roben seis años más de la vida de mi hijo. Pronto vendré a por él, Jean me pertenece. T. 》

¿Quién diablos es “T”?

Observo a Rita y a los niños, vuelvo la mirada a una Gia aterrada que está siendo consolada por el idiota del científico.

Siento como las palpitaciones en mi cabeza empiezan de nuevo y ruego no tener una crisis en este momento

Escribo rápidamente a Thomas y a Rozo.

LUKA: Alguien quiere quitarnos a Jean

Observo mis manos e intento pensar con rapidez, tendré que volver a ser el señor perverso, así la presión acabe conmigo, prefiero morir a dejar que un desconocido se lleve a mi hijo.