Capítulo 1: Algo en común
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Nota: Este fic lo escribí con Aliss en el 2012, lo publicamos en Tokio Hotel Ficción en el 2013, pero en sí se quedó en 12 capítulos, que ella me decía que la esperase para terminarlo juntas, así pasaron los años xD y mantenía esa promesa, aunque ella dejó el fandom hace mucho. Sin embargo, le pedí con la mano en el pecho que me dijera si sinceramente iba a terminarlo conmigo, o ya mejor lo retomo y termino sola, y por fin me dijo que sí. Aún no he escrito el resto de capítulos, sólo tengo el inicio del 12, sin embargo, tampoco actualizaré diario. Decidí subirlo hoy porque es el cumpleaños de Isabella :) mi fan número uno, espero te guste este nuevo longfic, que terminaré sí, pero ya tengo once capítulos asegurados.


Tom estaba mordiéndose el labio y desesperándose; nunca había estado en esa posición, siempre era él el que recibía los golpes, no era un mero observador, sin embargo, sentía sus pies pegados al suelo. La imagen de ese chico siendo golpeado le afectaba en demasía. ¿Y por qué diablos nadie hacía nada?
«Tú tampoco estás haciendo algo», resonó una voz en su mente.
Sintió el sabor metálico de su sangre por ejercer demasiada fuerza y soltó un jadeo de frustración.
—¡Hey! —gritó Tom para llamar la atención de los muchachos. No sabía en qué demonios se metía, pero tenía que hacer algo.
Los matones se detuvieron y el moreno que estaba recibiendo la golpiza se quedó mirándolo asustado.
Todos ellos ladearon sus cabezas y sonrieron con ironía. Por un momento se imaginaron siendo descubiertos por algún adulto, pero el cuerpo petrificado de un adolescente de rastas rubias fue el que quedó registrado en sus ojos. La voz que había salido de ese cuerpo había sido más grave y rasposa que de costumbre.
A Tom le temblaron las piernas y únicamente atinó a balbucear incoherencias. Le parecía una pesadilla pues ahora todos los abusivos se dirigían hacia él a paso lento; saboreaban la intimidación. Y él, por un momento, se sintió completamente perdido.
Dio media vuelta y emprendió su huida, pero el viento deteniéndose de forma abrupta en su rostro le indicó lo que mentalmente se venía repitiendo incontables veces. Había sido detenido.
Enseguida un tirón de sus cabellos le arrancó un grito de dolor.
—¡Suéltame! —pidió mientras caía sentado al terreno empedrado, sin embargo, por más que increpó toda clase de improperios, esos tipos no soltaron las rastas de sus manos.
El moreno atravesó la acera, y abriendo su boca como un animal mordió el brazo de uno de los bravucones, el cual instintivamente alejó su extremidad y observó las marcas de los dientes del adolescente de cabello azabache, especialmente de esos incisivos tan peculiares que produjeron heridas más profundas que las otras. El otro abusador cayó al suelo cuando Tom repitió la hazaña, entonces fue en ese momento cuando el pelinegro tomó a Tom de sus vestimentas y corrió hasta la alambrada ubicada justo al fondo del callejón sin salida.
El de cabello negro cargó el cuerpo de Tom como pudo y lo ayudó a subir por la verja sin importarle arañarse con ella.
Tom se aferró con desesperación, huía de un par de locos que más parecían hambrientos de violencia; el borde de la cerca le provocaba dolor y quemazón, del cual sintió muy poco.
Él quería que el muchacho también estuviera de su lado, literalmente.
—¡Ven! —gritó con desasosiego.
El otro trepó con una sonrisa aún a pesar de estar en medio del miedo. Los otros dos estuvieron a punto de jalarlo por sus piernas, pero el moreno apresuró su ascenso y llegó al otro lado de la verja.
Elevó su dedo medio y escupió en el rostro de uno.
…
—No vuelvas a meterte en problemas que no te incumben.
Ambos observaron la sangre coagulada en el rostro del otro y sonrieron. Aunque eso les causara más dolor físico que otra cosa, poco les importó.
—No podía quedarme simplemente mirando, uhm. —Tom de pronto se sintió cohibido, a pesar de que había ayudado al joven, prácticamente no lo conocía de nada—. Mi nombre es Tom —se presentó el rubio y le extendió su mano.
El chico lo miró curioso y ensanchó su sonrisa, le tomó la mano. —El mío es Bill.
Tom asintió y luego se alejó del roce.
—¿Ellos te hacen… Eso seguido? —preguntó Tom, era terrible el pensar en ello pero no quería irse, aparte que deseaba ser comprendido.
—Bueno, no siempre, normalmente no me dejo, pero ahora se reunieron y al parecer habían tomado algo o se habían metido una porquería —comentó Bill.
La frase “no me dejo” se quedó en su mente, como si fuera una recriminación. ¿Acaso él se dejaba? Ni siquiera buscaba que le sucediese, simplemente se daba y Tom no podía hacer nada al respecto.
—¿Estás bien? —cuestionó Bill al notar su turbación.
—No, digo, sí. Yo… —lo quería ver como un desfogue, decirle las cosas a Bill para que lo comprendiese. Sin embargo, eso lo haría quedar mal, y sabía que él estaba en su escuela, no podría cruzarse de nuevo si Bill sabía—. Nada, nada, creo que debo irme a mi casa.
—Uhm, ok. ¿Nos podremos ver luego?
—Claro, en la escuela —cedió Tom—. ¿Vas unos cursos más, no? Digo, yo voy en noveno grado, no me tomes como apresurado, sino para saber y buscarte y hablar en los recreos, si no te molesta, es…
—Voy en octavo —interrumpió su verborrea y Tom se sintió estúpido. ¿Octavo grado? Bill media casi dos cabezas más que Tom e iba un grado menos.
—¿Has repetido? —interrogó Tom antes de arrepentirse, Bill lo miró divertido y sin poderlo evitar se sonrojó.— Lo siento, no debo meterme en lo que no me incumbe, ¿no? —repitió las palabras del más alto.
—Tengo catorce años, solo que soy más alto que el resto —le restó importancia alzando un hombro—. Supongo que por eso me molestan los de otros cursos, dicen que soy “una jirafa”, “roba focos”, y te estoy mencionando los menos hirientes —farfulló y bajó la mirada.
Tom tragó saliva, era su menor, un año, bueno, no era mucho. Pero era su menor, lo escudriñó con la mirada y se percató que sí, su rostro era el de un chico de esa edad.
—No quería ofenderte, lo siento. Yo tengo quince años —dijo Tom aún algo apenado.
—Oh, sí, te he visto. Un chico como tú no pasa desapercibido. —Tom se tensó de inmediato, “un chico como tú”, ¿acaso Bill lo iba a tratar como esos?
“Un chico como tú, con cara de nena y pintas de rapero marica”.
“Un chico como tú, que no se baña y es piojoso y por tiene esas porquerías colgándole de la cabeza”.
“Un chico como tú, que no tiene los suficientes huevos para defenderse y moja los pantalones”.
—Uhmn, ¿Tom? —llamó Bill sacándolo de su ensimismamiento.
—¿Para qué me dijiste que nos viéramos? ¿Quieres burlarte de mí? —soltó a la defensiva y Bill parpadeó.
—¿Qué dices? —Bill arrugó el entrecejo y achinó sus ojos.—Cálmate.
Tom titubeó en su sitio empuñando sus manos. Nunca pensó que era así de impulsivo en los momentos menos convenientes, sin embargo, vio la mirada de Bill, era de desconcierto y de alguien que no se dejaba golpear por creerse tan poca cosa.
Tom era el gruñón incomprendido.
—¿Te ocurre algo? —El de cabello negro preguntó con voz dudosa, no entendía muy bien las cosas que pasaban por la cabeza del otro, pero tampoco quería quedarse así, sin comprender. El joven del frente le producía curiosidad.
—Nada, yo… —Palmeó su hombro—. Yo ya me voy.
No opuso resistencia al ver su figura siendo reducida conforme se alejaba del lugar. «Vaya forma de empezar una amistad», pensó Bill, seguido de presentarse un tirón en la parte baja de su vientre. No por nada tenía catorce años que se excitaba por cualquier cosa, pero hacerlo con alguien acababa de conocer, ya le parecía enfermo.
Aclaró su garganta en la soledad de la calle y regresó a la barandilla de filudos bordes.
Allí observó un pedazo de las prendas de Tom. Sonrió en la inconsciencia propia de la edad y trepó hasta la parte de arriba para recogerla. Finalmente la guardó en el bolsillo delantero de sus pantalones y enseguida la estrujó entre sus dedos.
Nota: Si les gustó agradecería un comentario, que sinceramente fuera de Isa, Alejito y Meli, no hay apoyo en mis historias, y eso desmotiva, al sólo ver que aumentan las lecturas pero no los comentarios. Espero actualizar pronto.