Capítulo 1
—Toma esto y vete a Italia Tessa, termina lo que te queda del año escolar allá. Acepta antes que me arrepienta te envíe a un lugar que no te gustará —ordenó mi padre, lanzando un sobre a la camilla. Alcé la mirada, confundida, en busca de una explicación.
—Pero papá, por favor no, perdóname por lo de antes. ¿Es por eso cierto? —Alcancé a decir con la voz débil; desesperada y desconcertada. No hacía mucho tiempo desde que desperté y está diciendo que me debía ir—. ¿A qué te refieres con Italia? Por favor no me hagas esto.
Mi mamá, sentada a mi lado, tomando mi mano apretándola con fuerza, negó con un ligero movimiento, cada vez que mi papá hablaba, ella apretaba los labios como si estuviera conteniendo la furia o tal vez miedo. Me sentía igual y aunque quería protestar no tenía las fuerzas y el valor para hacerlo, tampoco quería que mamá lo pasará aún peor.
Tras unos segundos de tensión en la habitación, mi padre suspiró; estresado. Se acercó a mí poniendo su mano sobre mi hombro, haciéndome sentir un terror que no había experimentado nunca antes.
—Ya no está a discusión este tema Tessa, creo que ha quedado claro, tus infantiles acciones te han traído hasta este lugar. Si me hubieras escuchado cuando te lo advertí por primera vez nada de esto estaría pasando.
Con todo el valor que apenas pude recoger traté de verle el rostro... Un escalofrío recorrió por mi cuerpo nuevamente, no pude reconocerlo, el mismo miedo me hizo intentar apartarme, pero fue inútil su mano apretaba mi hombro con mucha más fuerza de la que yo podía resistir.
—Cada acción tiene sus consecuencias, estas serán las tuyas —dijo con frialdad, ajustando su saco y salió de la habitación.
Simplemente se fue, dejándonos a mi mamá y a mi atrás, me dolía ver como una de las personas que yo más amaba y respetaba dejó a su esposa e hija atrás como si fuéramos nada para él.
—Mamá, no quiero irme ¿En serio tengo qué? —pregunté entre lágrimas, ella abrazándome con fuerza, asintió.
—Solo serás 8 meses cariño. En ese tiempo haré que tu padre cambie de opinión... Perdóname por no haber llegado antes de todo eso mi niña, si lo hubiera hecho no estaríamos aquí.
—No tienes culpa mamá, quizá él tiene razón y por no obedecer resultó así.
—No cariño, ya no pienses así por ahora solo ve y termina el año en Italia, no te preocupes yo me encargaré que estés en buenas manos, confía en mí ¿Sí?
Asentí, mientras ella sostenía mi cara limpiando las lágrimas que no cesaban.
Ahora dos días después me encuentro en el aeropuerto, la única que sabe que me voy es mi mejor amiga Gianna. El mismo día que desperté ella ya estaba ahí para saber sobre mí, también es la única que sabe la verdadera razón, no podía irme sin decirle nada, es como una hermana para mí.
—¿Tee, sabes que las vaquitas se enferman de soledad cuando su mejor amiga se va? —me abrazó llena de lágrimas, tras unos segundos nos separamos y sentí una punzada al ver su rostro lleno de tristeza, en ella que es la persona más alegre que conozco...
Ay, Gia.
—Los días de vacaciones y para tu cumpleaños ire a verte Tee, cuídate mucho por favor, vas a pasar por momentos difíciles y eso es lo que me preocupa, no estaré contigo para abrazarte, pero sé que eres fuerte —asentí con suavidad conteniendo las lágrimas.
Vi a mis padres salir del auto junto con los mellizos, limpié mi rostro e intenté sonreírles a los pequeñines que se acercaban corriendo hacía mí, cargue a Raphael mientras Aisha daba vueltas a nuestro alrededor.
—Voy a estar bien Gia —le aseguré —. Voy a pedirte un favor, y es que visites a mamá y a mis hermanitos, ella tampoco la está pasando bien y a estos traviesos necesitaran compañía.
Ella asintió y tomó a Raphael, miré nuevamente a mis padres y supuse que ya era hora de irme.
—Creo que ya es la hora, muchas gracias por acompañarnos hasta acá.
Luego de un rato despidiéndome de mis hermanitos y mis padres, tomé mi equipaje y salí en busca de mi terminal. Pasé por el check-in y aunque no quería irme, sin pensarlo tanto abordé el avión con destino Italia, Roma.
Un vuelo directo de casi 13 horas, en las cuales pude llorar, lloré incontables veces sin sentir el tiempo hasta quedarme dormida.
Luego de muchas horas encendí mi teléfono y tenía muchos mensajes, vaya que eran muchísimos, de mis padres, de Gia y también de Garrett.
Ignoré los de Garrett y lo único que se me pudo ocurrir hacer era bloquearlo y eliminar su contacto, con mucho dolor eso fue lo que hice. Revisé el par de mensajes que tenía de mi padre.
Padre
Cuando llegues estará alguien esperándote. No te molestes en llamar un taxi ya he decidido dónde te quedarás.
He llegado padre.
Está bien.
Fui en busca de mi equipaje y en el camino iba respondiendo los 500 mensajes de Gia y de mi mamá. Y justo al momento en que le envié el primer mensaje me llamó.
—Hola, hola ¿estás bien Tee? El salón es un desastre desde que algunos supieron que te fuiste, pero tranquila yo sé cómo domar a estas bestias —escuchar el bullicio del salón me hizo sonreír y que Gia lidiara con ellos es algo que nunca me hubiese imaginado.
—Estoy bien, de alguna manera todo lo que dormí en el avión me ayudó mucho... Por cierto, Gia ¿lo has visto?
—Si... hoy vino a la escuela y la verdad se le ve con un cara de pocos amigos, lo quise saludar y me ignoró así que muy de buenas claramente no anda. ¡Ay! Tee hablamos luego la clase está por empezar, te quiero.
—Entiendo es muy probable que esté enojado, bueno gracias por decírmelo Gia. ¡Ánimo con esos animales! Igual yo te quiero mucho, cuídate.
Ya me encontraba con un mejor humor luego de hablar con Gia y también con mi mamá, hasta que veo ese convertible negro estacionado justo frente la zona de salida y a una figura alta que se me hacía conocida. Ahora ya sé a quién había buscado mi padre.
Oh, oh.
—Pero mira quien decidió aparecer por estos lados —dijo el pelinegro que estaba recostado en su auto mientras se quitaba los lentes de sol y los colocaba en el bolsillo de su camisa—. Hola fea y bienvenida nuevamente. ¿Te dijo el señor Riccardo que yo vendría por ti?
Él caminó hasta mí con una sonrisita en su rostro, tomó mi equipaje lo llevó hasta el auto, me adelanté y me recosté en el auto a soltar un largo suspiro.
—Vaya que has cambiado, te teñiste el cabello y lo dejaste crecer, me gustabas más antes, tu corto cabellito castaño era mejor. Además creciste, solo 2 centímetros, pero tranquila somos un país inclusivo —su acento italiano le daba un toque aún más sarcástico y burlón.
—Cállate, y creo que a mi padre se le pasó por alto mencionar ese importante detallito. ¿Y tú por qué aceptaste? —inquirí cruzando los brazos mientras él subía las maletas a la cajuela, él encogió los hombros y luego me imitó cruzando los brazos.
—Trata de adivinar, porque ni yo sé eso, pero tu padre lo pidió y es mi socio además también un buen amigo de mis padres, así que no podía negarme a eso —alzó los hombros un par de veces divertido, negué frunciendo el ceño, abrió la puerta del auto indicando que me subiera.
—¿Y ya? ¿Esa era toda la razón para aceptar?
—Tal vez sí, aunque saber que vendrías otra vez después de casi 2 años me alegró el día, quizá esa también sea la razón por la que acepté.
Como un niño hiperactivo dio la vuelta hasta el lado del conductor, con una sonrisa de felicidad, de quien sabe por qué.
—¿Lista? —preguntó encendiendo el auto.
—Entonces eso significa que me quedaré con tu familia este tiempo... Creo que ya he adivinado las intenciones de mi padre y sigue sin agradarme esa idea —dije evitando su pregunta, me recosté en el asiento y cerré los ojos intentando relajarme un poco.
—Tu pesimismo arruina mis momentos de felicidad querida Pallavicini.
—Es que ya sé que es lo que mi padre trama con esto.
—Ay por favor, no seas exagerada tampoco es que quiera casarme contigo, aunque no me parece una mala idea después de todo —abrí los ojos y lo miré ofendida mientras que él esbozaba una sonrisa nerviosa y se colocaba los lentes de sol, abrió la guantera sacando otros lentes y me los ofreció—. Y entiendo que tu padre quiera un yerno perfecto como yo que soy guapo, alto, millonario y aparte fiel qué más quisiera un padre para su hija.
¿Soy solo yo o se contradice solito?
Me volteé al otro lado, ofendida. De todas las personas que conozco en Italia tenía que ser él quien pasara por mi, la familia Di Marco es el socio número uno de mi padre por lo que tengo mucho tiempo de conocerlo, solíamos llevarnos muy bien antes pero cuando mi familia se mudó a San Francisco perdimos comunicación por un largo tiempo eso hizo que nos distanciáramos mucho y luego de eso solo lo veía en las reuniones cuando volvíamos a Italia.
—¿Que te trajo hasta acá? No quiero sonar entrometido, pero es curioso el que vengas tú sola y en ese estado de ánimo —se detuvo en el semáforo y se giró a verme.
—Es una larga historia... y es muy reciente por lo que tengo muchas cosas que terminar y otras que pensar —un nudo se formaba en mi garganta apenas comenzaba a recordar aquello, sentí un ardor en mis ojos—. Es mejor no hablar de eso por el momento.
—Está bien, si no quieres hablar sobre eso tomate tu tiempo para procesar todo —Stéffan puso su mano sobre mi cabello revolviendo un poco, sonreí levemente—. Ahora estás en Italia, si quieres salir a distraerte a cualquier lugar solo dímelo y yo te llevo hasta allá.
El semáforo cambió de color y continuamos con el camino hasta la residencia de los Di Marco.
Llegando a la casa nos recibió Mimie la hermana menor de Stéffan, que apenas es 4 años menor que yo, desde que vió el auto cruzando el portón salió corriendo al jardín frontal a esperarnos lucía muy alegre al parecer.
—¡Tessa! Por fin has vuelto, no te imaginas lo impaciente que estaba mi hermano desde que tu padre le llamó para que fuera por ti al aeropuerto —Mimie habló tan rápido que apenas me dio tiempo para entender lo que había dicho, cuando de la nada Stéffan le dio un manotazo en la parte trasera de la cabeza.
—Cállate Marie, y bueno ¿tienes hambre? Ah y también hay que subir tus cosas —dijo aclarándose la garganta, tomó el equipaje y se adelantó dejándonos atrás, Mimie y yo nos quedamos de pie mirándonos unos segundos.
—¿Vamos? —tiró de mi mano guiándome hacia la casa, tenía mucho tiempo sin venir aquí así que casi todo era nuevo para mi—. ¿Cuánto tiempo te quedarás aquí Tessa?
—Ocho meses, luego de eso tengo que empezar la universidad y eso lo haré en San Francisco —en el cortó camino hasta la que sería mi habitación en mi estadía aquí Mimie me hizo muchísimas preguntas las cuales algunas respondí y otras en las que ni siquiera entendí lo que decía y simplemente le sonreía asintiendo.
—Marie, la vas a terminar espantando con tantas preguntas, déjala descansar porque ha tenido un viaje muy largo —dijo Stéffan, que llegó antes que nosotras a la habitación y se llevó a Mimie casi empujándola para que avanzara, me reí al ver cómo se iban casi peleando.
—Hay cena por si quieres comer algo, estará Rosa en la cocina yo me tengo que ir a la universidad, si necesitas que te compre algo llámame ¿d’accordo? —Stéffan que se había asomado por el pasillo sonrió esperando por mi respuesta. Asentí y él se aparentemente feliz y satisfecho.
Entré a mi ahora nueva habitación, avanzando hasta la cama tirándome de espaldas, dejando que mi mente descansara un poco.
Nada ha terminado, solo es un nuevo comienzo.
Muchas gracias por haber llegado hasta el final de este primer capítulo♡