INTRODUCCION
Kiraphat fue criada para ser perfecta. Todo lo que hacía tenía que ser exitoso. Donde quiera que fuera, debía ser respetada y servir como representante de una familia influyente en la sociedad. A diferencia de ella, Kita era el hermano que trabajaba arduamente entre bastidores, brindando un apoyo esencial para el éxito de su hermana.
A pesar de estas diferencias, nunca tuvieron problemas. Al contrario, eran hermanos que se querían y se llevaban muy bien. A Kita incluso le gustaba no ser el centro de atención como a su hermana. No necesitaba que lo vigilaran ni que cumpliera con las expectativas de la sociedad, y podía vivir su vida privada como le placiera.
Para Kiraphat, sin embargo, las cosas eran completamente diferentes.
Ella no tenía esa libertad. O mejor dicho, sí la tenía, pero debía cuidar mucho su imagen para no dañar la reputación de su familia. Su padrastro era político, su madre provenía de una familia tradicional y su padre biológico era dueño de una gran empresa.
Por eso muy pocas personas realmente la conocían, Kiraphat soportaba bien la presión, pero se enojaba fácilmente cuando se trataba de su familia, especialmente de sus hermanos. Para ella, todos eran víctimas de las expectativas ajenas. «Somos producto de la sociedad y el poder, solo porque fuimos el esperma elegido», pensaba. Esto la impulsaba a esforzarse al máximo por mantener todo bajo control.
A menudo, ni ella ni sus hermanos se exigían tanto como el mundo esperaba de ellos. Necesitaban ser talentosos, ejemplares, tener opiniones que influyeran en la sociedad, respetar a sus mayores, cuidar a los pequeños y, sobre todo, seguir las reglas que todos obedecían.
— Reina, puedo ir a la fiesta mañana en tu lugar.
Kita sugirió ver el cansancio en el rostro de su hermana. No parecía físicamente agotada, pero sus ojos lo decían todo. Desde la muerte de su padre biológico, Kiraphat había asumido responsabilidades aún mayores, ayudando a sus hermanos a afrontar los desafíos que trajo consigo la herencia que les había dejado.
A pesar de la fortuna heredada por sus hermanos, Kiraphat no mostró alegría al saber que una parte también sería para ella. Por el contrario, dejó escapar un largo suspiro y murmuró:
- Qué demonios…
No quería nada de su despiadado padre. Si pudiera, no tendría ninguna conexión con él.
Kiraphat se detuvo al pie de las escaleras antes de subir a su la habitación, sin darse cuenta de que su hermano la esperaba en el sofá. Los fines de semana, ambos siempre volvían a casa, siguiendo la tradición familiar. Aunque solo fuera por las apariencias, lo aceptaban como un deber que no les pesaba demasiado.
Se esperaba que durmieran en casa de su madre los fines de semana y cenaran con su padre una vez al mes, aunque esto ya no fue necesario después de su muerte.
— ¿Sigues despierto, Rey? ¿Porque?
Preguntó, con la voz cargada de cansancio, cambiando de dirección, sentándose en el sofá frente a su hermano. Una vez acomodada, suspiró profundamente y cerró los ojos.
— Te estoy esperando. ¿De acuerdo?
— ¿Quién crees que soy?
Respondió con sarcasmo, aun con los ojos cerrados. Por muy cansada que estuviera, no quería mostrar debilidad ante Kita. Al fin y al cabo, él también llevaba una pesada carga. Si decía que no se encontraba bien, su hermano no se quedaría quieto.
— ¿Y tú quién te crees que eres? — replicó Kita.
— Soy la reina, por Dios. ¿Cómo podría no estar bien?
— No te exijas demasiado. Si no puedes con ello, házmelo saber.
— Si me canso te lo diré.
— Tómate un tiempo para descansar. El mundo sigue girando sin ti. ¿entiendes?
- Sí.
Fue su única respuesta. Así que permaneció en silencio, simplemente descansando mientras su Su hermano le hizo compañía. Casi se queda dormido ahí mismo, pero decidió levantarse e ir a su habitación.
Bonita, por otro lado, era una joven de 20 años con mucha más responsabilidad de la que debía. Primero, tenía que apoyar a su madre, alcohólica y ludópata, que siempre acababa causando problemas.
Segundo, tenía que lidiar con un vecino insistente que intentaba convencerla de casarse con el, pensando que acabaría rindiéndose.
Estaba agradecida por todo lo que ella había hecho por ella, por lo que sentía que... debería pagarle quedándose a su lado. Pero para Bonita, esto era una carga. No podía rechazarlo de plano, porque si se enojaba o hacía algo imprudente, ella sería la que sufriría las consecuencias.
Consecuencias. Estos casos eran comunes y estaban por todo internet.
Ya era pasada la medianoche y su madre aún no había llegado. Bonita ya sabía qué esperar: o estaba borracha en el supermercado, hablando con sus amigas, o frustrada tras haber perdido dinero jugando en alguna casa.
La joven suspiró. Esa noche, probablemente su madre no volvería a casa. Así que cerró bien las puertas y ventanas. Una casa alquilada tan pequeña no ofrecía mucha seguridad. Con los techos casi tocándose, la privacidad era inexistente.
Bonita soñaba todos los días con salir de allí.
Ella quería dormir tranquila, sin miedo a que alguien la acosara, trepar por la ventana para entrar en su casa o que los vecinos empezarían a pelear y se lastimarían entre ellos.
— Bo, ¿estás ahí?
La voz de Khem, el vecino, resonó a través de la puerta de madera. En cuanto oyó el tono lento, junto con el ligero olor a alcohol, el corazón de la joven se aceleró tanto que le dolió. Siempre le pasaba lo mismo cuando estaba borracho.
Khem siempre encontraba la manera de acercarse, intentando convencerla con palabras dulces y tocándola más de lo debido.
"Si eres mía, tendrás una vida cómoda. Puedo cuidarte para siempre."
Ella no creyó ni una sola palabra. ¿Cómo podría apoyarla si...?
¿Apenas llegaba a fin de mes? Todo el dinero que tenía se lo gastaba en alcohol.
Además, Bonita no quería que nadie la cuidara.
Ella ya estaba acostumbrada a valerse por sí misma, no respondió y trató de moverse lo más silenciosamente posible para entrar a su habitación. Si se quedaba callada, él eventualmente se iría.
¡BANG! ¡BANG!
Su cuerpo tembló ante los repentinos golpes en la puerta, la frágil madera de la entrada parecía a punto de ceder.
— ¡Bo! ¡Ábreme la puerta!
La joven negó con la cabeza y corrió a su habitación, cerrando la puerta con cuidado. Se sentó en el borde de la cama, esperando que se rindiera pronto, aún tenía que estudiar. En dos años terminaría sus estudios, pero el mayor problema era el dinero. La matrícula y los costos académicos eran demasiado altos, y necesitaba un trabajo extra.
Bonita leía constantemente noticias sobre finanzas e inversiones para informarse. Cuanto más aprendía, más quería probar, pero no tenia el valor de invertir el poco dinero que tenía. Si lo perdía todo, su vida se desmoronaría con él. Al final, solo pudo seguir estudiando y acumulando conocimientos.
Cuando Khem finalmente se quedó en silencio, reanudó la lectura. Pero pronto el sonido de un mensaje interrumpió su concentración.
Pertenecía a su mejor amiga, Mint. El teléfono que estaba usando lo tenia gracias a ella. Mint siempre ayudaba a Bonita, lo que la hacía sentir en deuda.
"Bo, ¿por qué no vienes a trabajar conmigo? El trabajo es rápido y paga bien." Bueno. Tienes que pagar la cuota mensual, ¿no? Al menos inténtalo. El bar necesita gente. Ya te he asegurado que no hay peligro.
El mensaje hizo dudar a Bonita. No es que despreciara este tipo de trabajo, pero no sabía si podría hacerlo bien.
"Es solo servir bebidas, hablar con los clientes, nada más. Yo me encargo de ti. Pero si no quieres, le diré al jefe que busque a otra perdona. Contáctame pronto."
Mint trabajaba en la industria del entretenimiento y se enorgullecía de su trabajo honesto. Esto hizo que Bonita lo reconsiderara.
Al final, acabó en el camerino de un bar. Mint sonrió de oreja a oreja al ver que su amiga finalmente se rendía.
— ¿Puedo hacer esto, Mint?
— ¡Claro! P'Fern te cuidará. Qué lástima que esté en otro grupo.
— ¿Qué pasa si no puedo?
— Bueno, al menos lo intentaste. Pero puede que haya clientes que intenten sobrepasarse. Si no te gusta, díselo de inmediato. Nunca pienses que tienes que aceptarlo solo porque te pagan.
— ¿Realmente puedo negarme?
— ¡Claro! Servimos comida, bebidas, hacemos compañía, preparamos bebidas. Nada más. Recuerda.
— ¿Y mi nombre...?
— ¡Elige un apodo! Todos tenemos uno, el mio es Bunny.
Bonita arqueó una ceja al oír el nombre tan bonito de su amiga, pero se dio cuenta de que era una ventaja. Un apodo la ayudaría a ocultar su identidad.
— No quiero que me llamen Bo. Si hago este trabajo, quiero... dejar a Bonita atrás.
— Entonces... ¿qué tal "Kit" o "Babe"?
— ¿Qué quieren decir?
— Son sinónimos, solo cambia la forma de hablar. Y nadie en el bar lo sabra.
Bonita asintió.
— Podría ser.
Tras casi un mes de trabajo, Bonita por fin encontró a alguien a quien no le importaban ni su cuerpo ni su rostro. En cambio, le interesaba lo que ella sabía.
¿Valió la pena la noticia que leíste antes de dormir?
— ¿Cómo te llamas?
La voz era suave, pero lo suficientemente potente como para intimidarla. Cuando levantó la vista y vio el rostro increíblemente hermoso de la mujer, y sintió aún más que estaban en mundos completamente diferentes.
— Mi nombre es Babe, pero en el trabajo todos me llaman Beb.
Fue el nombre que eligió para que otros la llamaran, pero para esta mujer, estaba dispuesta a darle una opción.
— Hm... ¿Y cómo quieres que te llame?
— Como prefieras.
— Entonces, nena, saca tu teléfono y busca la página que leíste esta mañana. Léemelo.
Bonita se sorprendió por segunda vez. Mientras leía las noticias en voz alta, la mujer simplemente cerró los ojos y se cruzó de brazos. ¿Estaba escuchando o durmiendo? Bonita decidió comprobarlo y guardó silencio.
— ¿Por qué paraste?
— Creí que habías dormido.
— No dormí. Sigue.
— ¿No necesito preparar bebidas?
La mujer abrió los ojos y le lanzó una mirada aguda a Bonita, quien estaba sentada en el sofá a su derecha. Era el lugar que la mujer había elegido para protegerse de los clientes más atrevidos de la mesa.
— ¿Te dije que hicieras bebidas?
— Aún no.
— Entonces, ¿mis órdenes no fueron claras?
— ¡Oye, Reina! Llamé a la chica para que sirviera a todos, no solo a ti, deja que ella venga a sentarse con nosotros también.
— ¿Y si quiero que me cuide solo a mí? ¿Cuál es tu problema?