Capítulo 1: Solos
La casa estaba en silencio, pero la tensión entre nosotros era un incendio que no podía esperar.Yo llevaba una falda corta, esa que sabes que me vuelve irresistible, y la blusa apenas abotonada, dejando ver un poco de piel que él ya no podía ignorar.
Jordan me miró con esa mezcla de hambre y dominio que solo él sabe tener.
No me dejó ni acercarme al sillón, me levantó en brazos y me sentó sobre él con firmeza, dejando que mis piernas quedaran abiertas y al descubierto.
Su mirada bajó directo a mi falda corta, que apenas cubría mi coño húmedo, y sonrió con esa malicia que me hizo jadear.
Sus manos no perdieron tiempo.
Metió sus dedos bajo la falda, tocándome con urgencia, acariciando mi carne mojada y suave.Empezó a deslizar esos dedos por mi interior, rápido, firme, mientras me miraba a los ojos y me decía:
“Eres mía, y te voy a hacer correr tantas veces que no vas a poder ni caminar.”
Desabotono mi blusa......
Sin aviso, me jaló hacia él, y su lengua bajó a lamer mis pezones que ya estaban duros por su tacto.
Me mordió con hambre, y luego bajó hasta mi cuello, chupándolo, dejando marcas oscuras que solo él podría hacer.
Sentí cómo su mano se movía más rápido, sus dedos entrando y saliendo de mí, haciéndome gemir sin control.
No aguanté más, y con una sonrisa perversa subio mi la falda hasta mi cadera, mientras él mismo se desabrochaba el cinturón del pantalón.
Su verga dura y caliente presionó contra mí, y sin avisar me la metió con fuerza, sin suavidad, tan profundo que me hizo arquear la espalda y gemir como loca.El sillón crujió bajo nuestro peso, pero no nos importó.
Cada embestida era más fuerte, más rápida, más salvaje.Me agarró de las caderas, apretándome, levantándome un poco para poder hundirse más en mí.Su respiración era pesada, sus gemidos profundos y llenos de deseo.
Me mordió el lóbulo de la oreja mientras me decía con voz ronca:
“Te voy a romper, puta hermosa. Vas a correr para mí hasta que no puedas más.”
Sentí cómo me corría encima de él, temblando, jadeando, con las uñas clavadas en su espalda.Pero Jordan no paró.
Me la siguió metiendo, duro y rápido, hasta que los dos estuvimos sudados, agotados y satisfechos, pegados el uno al otro, sin poder ni pensar.