Prólogo - La última noche de Eryx Vale
La tormenta golpeaba la mansión Black Hollow y los relámpagos partían el cielo.
Eryx gruñó por lo bajo.
«Sal de ahí».
Las puertas se abrieron chirriando. Una figura encapuchada entró, silenciosa y enmascarada.
Eryx apretó la mandíbula.
«¿Te atreves a poner un pie en mi casa?»
Un destello: el acero atrapó la luz del fuego.
Con un rugido, Eryx se transformó. Sus huesos crujieron y el pelaje plateado y negro brotó por todo su cuerpo. Su forma de lobo se alzó imponente con los ojos ardiendo en azul.
«Entonces aprenderás por qué me llaman Alfa».
El choque hizo temblar el salón. El acero se encontró con las garras y las chispas llovieron sobre la piedra.
El asesino atacó rápido; la daga buscaba los tendones, el costado y la garganta, pero Eryx resistió. Las hojas resbalaban sobre sus músculos y sus garras rasgaban la capa. Arrojó al intruso contra la mesa del banquete y las astillas volaron por todas partes.
«Eres muy lento», gruñó mientras se abalanzaba de nuevo.
El asesino rodó por el suelo y se levantó con una velocidad imposible. Su hoja cortó profundamente, pero Eryx apenas se inmutó y los hizo retroceder con pura fuerza. Los retratos vibraron y los rostros en ellos cambiaron a una expresión de terror mientras el Alfa aprovechaba su ventaja.
Acorraló a la figura contra la pared con las fauces chasqueando a centímetros de su garganta.
«¿Quién te envió?»
La daga se hundió en sus costillas. Eryx rugió y se tambaleó, pero se mantuvo en pie. Sus garras rasgaron la máscara y un relámpago reveló unos ojos verdes que ardían con una luz sobrenatural.
«¿Qué eres...?», graznó mientras la sangre empapaba las piedras.
El asesino susurró como la tormenta misma:
«El final de tu linaje».
Clavó la hoja de nuevo, esta vez en su corazón, con una fuerza que no era humana. Eryx tuvo una convulsión y su forma de lobo se resistió, negándose a caer. Por un momento, pareció que podría levantarse de nuevo con la furia encendida.
Pero el poder sobrenatural de aquellos ojos verdes lo mantuvo sujeto. Su cuerpo volvió a encogerse hasta recuperar su forma humana y sus ojos pálidos quedaron mirando sin vida hacia el techo abovedado.