Prólogo.
Correr nunca había sido algo que amara hacer, pero ahora lo hacía por salvar mi vida ¿Que ironía no? Los pies me dolían y cada paso se me dificultaba más con el pasar del tiempo, la lluvia hacia todo más difícil y ni hablar de los guardias que venían pisandonos los talones.
—¿Confías en mí?— Tomó mi cara entre sus manos y nos detuvimos en la orilla del acantilado.
Me preparé mentalmente para lo que venía, el río abajo era espeluznante y la corriente violenta colisionaba contra las grandes rocas. Podía ser una muerte segura pero no me importaba si iba de su mano.
A penas podía verlo por las lágrimas, su silueta era borrosa y la oscuridad nos envolvía.
—Te he confiado hasta mi alma —Le respondí y sus labios chocaron con los míos. El beso tenía un toque de melancolía, adrenalina y despedida. Segundos después se separó de mí y entrelazó nuestras manos.
—¿Lista? —Indagó en medio del caos, estaba dejando mucho e iba para un futuro incierto.
Llené mis pulmones de aire, las balas empezaban a sonar cada vez más cerca, los gritos eran cada vez más claros, las piernas me temblaban por el miedo y el corazón me dolía por lo rápido que latía, aún en la presión del momento entendí la pregunta que me hizo semanas atrás.
"Sobrevivir o hundirte ¿Qué opción eliges?"
Lo observé y supe entonces que elegir, asentí dándole una respuesta a su pregunta anterior y luego de unos segundos, saltamos al vacío, juntos.