El Combustible
¿Qué es lo correcto? ¿Quién lo decide?¿Hasta qué momento una persona que cree tener las respuestas a esas dos preguntas se sostiene sobre ellas antes de simplemente hacerlas a un lado y dar el paso en la dirección opuesta?
Nuestra vida funciona, entre otras cosas, con base en filtros. A lo largo de ella los vamos creando para ayudar a dar dirección a nuestros pensamientos y acciones, para determinar que nos afecta y que no. Pero estos filtros no son inamovibles. En mayor o menor medida, y dependiendo de la persona y la razón específica de cada filtro, estos se van ampliando, estrechando, e incluso se ven completamente remplazados por otros nuevos en ocasiones.“Estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros” dice la famosa frase atribuida a Groucho Marx. Y básicamente es así como funcionan nuestros filtros. Pero estos no alcanzan el nivel de rigidez que los principios deben tener en teoría, y por lo tanto su cambiante naturaleza no alcanza a entrar en la categoría de deshonestidad o inmoralidad.Más bien, pienso yo, son parte de un mecanismo de adaptación al mundo, a la sociedad, y a los eventos que a veces, con un poco de suerte, llegan de súbito a volarnos la cabeza.Y precisamente de un evento como ese trata todo esto.
Mi nombre es Morris. A mis 49 años puedo decir que ya se un poco de lo que trata la vida. Es decir, no me considero una eminencia al respecto pero caray, algo sé a estas alturas. O eso me gusta pensar.¿Por qué le menciono esto a usted, mi lector? Porque quiero que me vea con un enfoque objetivo, que no piense que soy un desubicado emocional, que entienda al leer estas letras que ni siquiera estaba yo buscando algo como esto.Y no, no estoy queriendo “lavar culpas” o “curarme en salud” antes de contarle mi historia. Ya usted decidirá al final qué pensar sobre esto, pero voy a poner aquí toda la historia (al menos como la recuerdo yo) para que cuando inevitablemente se forme un juicio al respecto, sea con la mayor información disponible y pueda ajustar (o no) sus filtros como mejor lo considere.
Hace 2 años inició.Mi rutina en ese tiempo consistía en despertar entre las 7:30 y las 9:00 am. Nunca antes, pero tampoco más tarde, atender a mi perro que seguramente ya para esa hora llevaba un rato dedicando toda su atención a detectar el mínimo movimiento de mi cuerpo para considerarlo “La Señal” y entonces darse vuelo con colazos a todos los muebles, gemidillos de emoción por el inicio de un nuevo día, subir las patas a la cama apenas conteniendo el impulso de subirse todo, etc. Si usted tiene perro sabe a qué me refiero, si nunca lo ha tenido basta con decir que no existe ser viviente que se emocione tanto por algo tan habitual como ver a una persona despertar.Una vez superada la etapa de emoción máxima por el evento más cotidiano en la historia sigue revisar el celular, desayunar, bañarme y alistarme para iniciar con los pendientes del negocio.En ese tiempo era todavía una modesta fabrica de aderezos, y lo que tocaba era ir por unos insumos. Un amigo me había recomendado una nueva tienda y decidí ir a checarla.En efecto era una buena recomendación, y ya casi tenía todo lo que necesitaba, excepto un par de cosas, así que empecé a buscar a alguien que pudiera ayudarme a saber si lo tenían. A la distancia vi a una señorita dándome la espalda. Traía uniforme con los colores de la tienda y me acerqué a ella.
-Señorita, buenas tardes. ¿Podría decirme si tien...
Enmudecí. Al escuchar mi pregunta ella volteó y me miró directo a los ojos. Fue una sensación casi física el impacto de esa mirada. Olvidé por completo que estaba buscando y después de un par de segundos (o eso espero porque bien pudo ser un minuto) ella sonrió entendiendo perfectamente lo que acababa de suceder
-Buenas tardes señor. Con gusto lo ayudo, ¿Que está usted buscando?
Nuevamente me tomó un instante recomponerme de esa mirada, y la sonrisa definitivamente no ayudó. Baje rápidamente la vista y vi el broche de identificacion: AmberRecuerdo haber pensado si en realidad su nombre era Ambar pero alguien había cometido un error de dedo.
-Hola Amber- dije con más control en mi voz de lo que hubiera esperado después de mi reacción inicial - estoy buscando algo pero necesito diez segundos para que mi mente funcione normalmente otra vez y pueda recordar que era.
La sonrisa que está perfectamente consciente de su influencia aparece de nuevo.
-Claro que sí, no se preocupe señor. ¿Qué podría ser? ¿Algún tipo de especia? ¿Vegetales? ¿Algún utensilio?
-Simplemente no lo recuerdo Amber... O Ambar? Perdón, cual es tu nombre?
- Sí, Amber -respondió a la vez que señaló su identificador.
- Ya, ok Amber, mucho gusto. Yo soy Morris y te juro que normalmente no soy así de sonso. Así que por el momento voy a dejar de hacer el ridículo aquí, y mejor regreso en otra ocasión a buscarte.
-Será un placer ayudarlo señor.
- Morris.
sonríe de nuevo, esta vez con un toque de malicia-Será un placer ayudarlo señor Morris.
Sonrío también y me alejo meneando la cabeza. Es evidente mi derrota en esta breve esgrima verbal.
Y entonces repito, así fue como inició. No podía dejar de pensar en ese breve encuentro, trataba de razonar porqué había quedado yo tan prendado de esta mujer, mucho más joven que yo a todas luces, y no lograba explicarlo. No es como si no hubiera visto mujeres atractivas antes. Ni siquiera estaba en una de esas etapas en las que uno tiene hambre incontenible de meses.Y pasaban los días y por una u otra razón no tenía el tiempo para regresar a la tienda. E incluso en una ocasión que pude escapar de las ocupaciones al parecer llegué fuera de su horario y no la encontré por ningún lado en la tienda.¡Ah que frustrante fue! Tuve que esperar un mes para finalmente verla de nuevo.
Entré a la tienda e inmediatamente la reconocí a la distancia. Estaba platicando con una compañera suya, y jugueteaba con su cabello mientras reían de algo.“¡Qué mujer!” Pensé. Empecé a caminar hacia a ella sin importar que pudiera parecer demasiado directo o que se notara mi urgencia. Mientras me iba acercando me resultó impresionante que incluso a la distancia su atractivo era innegable. Ineludible. Era claramente algo más que solo físico. Algo emanaba de ella y se esparcía por todos lados haciéndome imposible querer otra cosa que saber todo de ella.A unos 20 pasos de distancia, ella por casualidad volteó hacia mi y le tomó una fracción de segundo reconocerme. Sonrió ligeramente ladeando la cabeza como diciendo “vaya vaya, miren quién anda por aquí“.No tengo palabras suficientes para describir mi emoción al notar que supo quien era yo y que parecía gustarle la idea de verme otra vez.
-“Bienvenido de nuevo señor Morris, ¿Ya recordó qué es lo que le faltaba?”
-“Hola Amber. Sí! Ya me acordé que necesito. Es tu número de teléfono porfa”. - le dije sonriendo de la forma más relajada posible y fijando mi mirada en la suya.
Su compañera soltó una risita, dio media vuelta y nos dejó solos.Amber esta vez pareció ser tomada por sorpresa porque la respuesta le tomó un segundo de más. No niego que me sentí un poco orgulloso de poder inquietar a una mujer con esa evidente viveza mental.
-“¿Cómo? ¿Así sin más, señor Morris? ¿Ni siquiera una plática trivial sobre el clima o un indiscreto intento por saber si tengo novio o mi edad o algo así?
-“hahaha bueno, ahora que lo mencionas, que fuerte ha estado el calor estos días, ¿No? Y bueno, el tema de la edad podemos abordarlo comiendo o cenando o tomando café, lo que tú quieras. Respecto al novio... imagino que de una u otra forma estoy a punto de enterarme sobre eso”
Se ríe un poco y yo me derrito.
-“Bueno señor Morris, sí, sí tengo novio” - mi corazón se apachurra de pronto - “y deme su cel para anotarle el mío. ” - mi corazón retoma vuelo - ” ya me dio curiosidad de saber de qué otros temas se puede hablar con usted además de nuestras edades.”
Le entregué mi celular, anotó el suyo guardándolo como Ambernoambar y me lo devolvió.
- “Listo, aquí tiene. Ahora, si necesita algo más dígame en qué puedo ayudarlo porque seguramente mi supervisora está a nada de venir a llamarme la atención ”
Sí quería algunas cosas pero por supuesto ya había olvidado de nuevo que era exactamente. Mi mente ya estaba a años luz de ese irrelevante tema.
-“Eso era todo Amber. Muchas gracias, nos escribimos pronto” me acerqué para despedirme de beso en la mejilla pero su rápido levantamiento de ceja seguido de su mano extendida me dejó en claro que eso no era opción en la tienda. Un poco apenado estreché su mano y salí de la tienda, casi podría jurar que flotando.