Pequeños
Sunoo, el menor, tenía la habilidad de aparecer con disfraces improvisados: una sábana en la cabeza para ser fantasma, calcetines en las manos para convertirse en monstruo, o gafas de sol gigantes para imitar a su papá Yoongi.
—Miren, soy “Papá Gigi” —decía con voz grave, cruzándose de brazos.
Jimin explotaba en carcajadas, mientras Yoongi solo murmuraba:
—Ajá… ni siquiera soy tan gruñón.
Yeonjun, en cambio, era un pequeño explorador.
Cada paseo al parque terminaba con él trayendo piedras, flores marchitas o insectos que quería “adoptar”. Una vez llegó con una rana escondida en el bolsillo de su chaqueta.
—Papá, se va a llamar Min Sapito—anunció orgulloso.
Jimin gritó, Yoongi suspiró, y Sunoo aplaudió como si fuera la mejor mascota del mundo.
Las noches eran otro espectáculo. Jimin intentaba leer un cuento, pero Sunoo siempre interrumpía con preguntas disparatadas.
—¿Y si Caperucita hubiera llevado pollo frito en la canasta en lugar de pan?
—¿Y si el lobo era vegetariano?
Yoongi, desde la cama, murmuraba medio dormido:
—Entonces hubiéramos cenado tranquilos, y ya…
Lo que provocaba que Jimin se riera tanto que no podía seguir leyendo.
A pesar del caos, la casa siempre estaba llena de abrazos.
Jimin besaba las mejillas de Sunoo y Yeonjun a cada rato y Yoongi, aunque se hacía el duro, siempre terminaba acariciándoles el cabello cuando creía que nadie lo notaba.
Un día de lluvia, los cuatro se quedaron sin luz. En lugar de quejarse, armaron una “aventura de campamento”, velas en la mesa, Yoongi con la guitarra, Jimin cantando con los niños, Sunoo y Yeonjun inventando coreografías improvisadas que parecían más caídas que pasos de baile.
Al final de la noche, los niños estaban dormidos sobre las piernas de Yoongi, y Jimin sonrió, susurrando:
—¿Te das cuenta? Esta es nuestra banda perfecta.
Yoongi, con una mirada suave, contestó:
—Sí… aunque dos de los integrantes son más ruidosos que los conciertos.
Y así, entre caos, risas y ternura, aquella familia descubrió que lo mejor no era el orden ni la calma, sino el desorden alegre que los mantenía siempre unidos.