goal 1
El entrenamiento había sido una tortura.
El calor pegado a la piel, el olor a pasto húmedo, los gritos del entrenador mezclados con el eco de los botines golpeando el balón.
Solo quería aire, silencio, algo frio para beber y también si no era mucho pedir, algo que no le recordara quién se suponía que debía ser.
Tomó su botella vacía y miró a su alrededor. No quedaba agua en el complejo y su estómago rugió como recordándole que no había almorzado algo decente desde hacía días. La temporada estaba entrando en su fase más dura y él estaba empezando a sentirlo en todo el cuerpo.
Jungkook salió del complejo deportivo luego de cambiarse de ropa sintiendo la cabeza más pesada que las piernas. No quería hablar con nadie, no quería fotos, no quería pensar en el próximo partido ni en los comentarios de esa mañana sobre su “responsabilidad como delantero joven”.
El clima cálido le golpeó la cara, caluroso y cruel al mismo tiempo.
Caminó por la vereda, aun sintiendo el cuello húmedo y las manos temblorosas.
Recordó haber pasado muchas veces por esa zona cuando iba a entrenar. Había un local pequeño, con un toldo verde, nunca había entrado, pero lo había visto lo suficiente como para ubicarlo ahora incluso con la visión borrosa de la fatiga.
“Smoothie maker.”
Había pasado frente a ese local un millón de veces, casi siempre apurado, pensando en entrenamientos, rutinas y partidos. Nunca se había detenido ni había tenido tiempo o energía.
Entró.
La campanita sobre la puerta sonó con un tintineo suave, dando un ambiente acogedor. El local era pequeño pero luminoso, con olor a fruta fresca y madera. Pero lo que realmente lo golpeó fue la presencia frente al mostrador.
Había un chico rubio con los ojos enfocados en la tabla donde picaba fruta con precisión. Luego al notar su presencia levantó la mirada, encontrándose con la suya, y Jungkook no supo porque, pero pudo jurar que sintió un revoloteo en su estómago.
¿Las famosas mariposas en el estómago? O quizás solo necesitaba pedir urgentemente un baño.
El chico ladeó ligeramente la cabeza como si estuviera analizando quién acababa de entrar.
—Hola —saludó con voz suave— ¿Qué te preparo?
Jungkook abrió la boca para responder, pero nada salió.
—Eh… —se aclaró la garganta— ¿Algo frío?
El chico sonrió como si le divirtiera la situación.
—¿Chocolate? ¿Vainilla? ¿Frutilla? ¿Banana y arándanos? —preguntó.
Jungkook parpadeó y puso las manos sobre las caderas.
Joder, ¿desde cuándo existían tantos sabores de smoothies diferentes?
—El que pienses que sea el mejor. —dijo finalmente.
El chico asintió.
—Perfecto, te haré uno que hace poco inventé, no está en el menú.
El rubio giró, abrió la heladera y empezó a preparar algo con movimientos fluidos, casi rutinarios podría decirse.
Jungkook se apoyó en la barra, sintiendo cómo el cuerpo se le empezaba a relajar y observó al chico trabajar.
En el local solo se sentía el ruido de las frutas cayendo en la licuadora, el rubio mezcló banana, mango, leche, vainilla, un poco de yogurt y encendió la licuadora.
Jungkook no sabía por qué estaba mirando tanto, él no era de hacer eso, pero había algo en la manera en que el chico trabajaba con calma, con precisión, con una serenidad que lo atrapó más de lo razonable que le impedía dejar de hacerlo.
El batido estuvo listo en menos de un minuto.
El chico lo sirvió y empujó el vaso hacia él.
—Pruébalo —dijo.
Jungkook lo hizo.
Dio un sorbo y la expresión se le aflojó sin que pudiera evitarlo.
Era perfecto, frío, suave, muy equilibrado. Demasiado rico para ser “solo un batido”.
Miró al chico con expresión sorprendida.
El chico lo observaba en silencio, como esperando una reacción.
—Está buenísimo —admitió Jungkook honesto.
El pelinegro sacó dinero y le extendió los billetes sobre el mostrador, el rubio frunció el ceño tomando el dinero.
—Es demasiado —murmuró sorprendido.
—No —respondió Jungkook, encogiéndose de hombros— Es justo lo necesario, Jimin. —señaló con la cabeza la etiqueta que llevaba sobre el delantal donde decía su nombre— Bonito, por cierto.
Jimin bajó la vista ocultando una sonrisa y luego lo miró.
—Bueno, gracias. —dijo agradecido.
Jungkook no supo qué decir, así que asintió torpemente, tomó el vaso y salió.
Una vez afuera supo inmediatamente que debía de volver allí y quizás no exactamente solo por el batido.
(⚽)
amo heated rivalry, entonces me leí por supuesto el libro game changer de scott y kip y apenas lo hice ya me dio inspiración para hacer este fic, así que, si quieren léanla para irse imaginando algo de lo que más o menos sucederá, se las recomiendo <3