Nuevo comienzo
*Isabella*
Al mirar a mi alrededor en este pequeño departamento de la ciudad, noto un vacío enorme. Ha sido mi hogar por ocho años, pero ahora el lugar se siente extraño. Ya no están mis cosas personales; solo quedan los muebles.
He decidido subarrendarlo todo amueblado mientras asimilo la importancia de mi decisión. Después de todo, esto no es un pequeño ajuste. Es un cambio de vida total y no hay garantías de que salga bien. Por ahora, el contrato es de seis meses. Ya veré si lo extiendo o lo vendo cuando llegue el momento.
Al fin y al cabo, soy una chica de ciudad de pies a cabeza. Mis raíces están enterradas en San Francisco. He pasado toda mi vida aquí, abriéndome paso como abogada corporativa en un bufete muy importante.
Sin embargo, el glamur de la ciudad y el prestigio del trabajo se arruinaron por el sexismo constante en la oficina. Ser mujer en este campo me ha expuesto a una corriente de misoginia e insinuaciones sexuales. La gota que colmó el vaso fue una propuesta inapropiada de mi jefe. Me dio a entender que, si aceptaba tener reuniones privadas con él después del trabajo, me haría socia del bufete.
Después de eso, me sentí perdida en un mar de dudas. Pero una noche, buscando trabajo en internet, encontré una oportunidad inesperada. Vi un anuncio de un pequeño despacho legal en un pueblito costero camino a Los Ángeles. El dueño estaba por jubilarse y quería vender todo el negocio. Nunca había pensado en algo así, pero en cuanto leí el anuncio, algo se encendió en mí. Supe que ese era el cambio que necesitaba.
Mi sueño siempre ha sido romper el techo de cristal. Quería ser esa mujer que abre camino a las demás. ¿Podré prosperar en un pueblo alejado de todo? Bueno, nadie dice que deba quedarme allí hasta jubilarme. Al menos no tendré que aguantar a ningún colega hombre.
Otro de mis sueños era encontrar el amor verdadero. No quería conformarme con cualquiera solo por no estar sola. Quería casarme y tener hijos. Pero a mis treinta y cinco años y siguiendo soltera, ese sueño parece una fantasía lejana que casi he abandonado.
Cada año que pasa mis opciones parecen cerrarse más. Siento que cualquier hombre que se interesa en mí es mucho mayor, un perdedor total o un completo idiota. Y cualquier hombre que me gusta ya está casado o es gay. El grupo de hombres solteros y heterosexuales de mi edad que valen la pena es casi inexistente.
Mientras meto mis últimas cosas en la cajuela del coche, siento una mezcla de emociones. La emoción por lo desconocido se junta con un poco de miedo. Estoy dejando la seguridad de mi ciudad por la incertidumbre de un pueblo. Es un salto de fe que estoy lista para dar.
La idea de un nuevo comienzo me llena de esperanza. Es una oportunidad para escapar de las expectativas asfixiantes y de la cultura laboral tóxica. Mientras salgo de la ciudad y entro en la autopista, pienso que tal vez aquí sí pueda marcar la diferencia.