la casa de los susurros

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Sinopsis

Una casa antigua oculta secretos que nunca descansan. Cada pasillo guarda ecos del pasado y cada susurro revela un fragmento de una verdad aterradora. Cuando alguien cruza su umbral, la casa comienza a despertar, enfrentando a sus habitantes con miedos, recuerdos y presencias que se niegan a permanecer en silencio.

Genero:
Scifi
Autor/a:
kiba2025
Estado:
Extracto
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

Nota del autor:

Esta historia es una muestra de la novela completa.

La versión íntegra está disponible en Amazon Kindle.

La casa de los susurros

Capítulo 1 — La llegada de Clara

La niebla caía como un manto denso sobre la carretera que

llevaba a la vieja casa. Clara conducía con cuidado, sus manos

blancas sobre el volante, y cada curva del camino parecía hacer

que el mundo se estrechara, que los árboles se inclinaran hacia

ella como queriendo susurrarle secretos. El aire olía a tierra

húmeda, hojas en descomposición y algo más, algo que no podía

identificar pero que le erizaba la piel.

A su lado, el radio del coche emitía un silencio pesado, roto solo

por el leve rugido del motor. Clara suspiró y recordó las palabras

de Marta, la vecina que le había advertido semanas antes:

—No la mires de noche… no dejes que la escuches —había dicho

con voz temblorosa, como si un recuerdo reciente aún la

persiguiera.

Clara no entendía del todo lo que Marta quería decir, y había

pensado que era solo superstición. Pero ahora, mientras la

carretera se perdía entre la niebla, sentía un nudo de inquietud

en el estómago. El camino se volvía más estrecho, más torcido, y

cada árbol parecía proyectar una sombra que se movía de

manera independiente.

Finalmente, la silueta de la casa apareció entre la neblina. Era

vieja, imponente y descuidada, con ventanas cubiertas de polvo y

un porche que crujía bajo el viento. La fachada oscura parecía

observarla, y un escalofrío recorrió su espalda.Clara estacionó el coche con cuidado, notando cómo el silencio

a su alrededor parecía intensificarse, como si la propia

naturaleza contuviera la respiración. Cada paso hacia la puerta

principal parecía resonar más fuerte de lo normal, amplificado

por las paredes de la casa que parecían absorber y devolver el

sonido.

Respiró hondo y levantó la mano para tocar el picaporte. Un frío

intenso la recorrió de inmediato, un frío que no pertenecía al

invierno sino a algo antiguo, algo que existía antes de que ella

naciera y que ahora estaba despierto. Retiró la mano y la colocó

sobre el corazón, sintiendo los latidos acelerarse.

—Vamos, Clara —susurró para sí misma—. No hay vuelta atrás.

Empujó la puerta con cuidado. La madera emitió un lamento

largo y profundo, un sonido que se extendió por toda la casa y

que parecía arrancar un suspiro de las paredes mismas. Al

entrar, un aire pesado y húmedo la envolvió, cargado de polvo,

humedad y algo más, algo que no podía identificar. Era un olor

antiguo, metálico, que le hizo arrugar la nariz.

La luz de la linterna que llevaba apenas iluminaba el vestíbulo.

Muebles cubiertos por sábanas blancas parecían sombras de

figuras dormidas, y cuadros antiguos colgaban torcidos, con los

ojos pintados observándola con intensidad. Clara tragó saliva y

avanzó un paso, notando cómo el aire parecía hacerse más

denso a cada movimiento que daba.

El sonido de un crujido la hizo detenerse. Giró lentamente, pero

no vio nada. Solo sombras que se retorcían en los rincones y el

silencio que ahora parecía pesar toneladas.Decidió avanzar hacia la escalera que conducía al segundo piso.

Cada peldaño crujía bajo su peso, y por un instante, el sonido le

pareció un grito apagado que atravesó el aire. Respiró hondo,

recordando otra vez la advertencia de Marta: “No la mires de

noche… no dejes que la escuches.” Ahora entendía que no se

trataba de superstición. Había algo en aquella casa que podía

ver, sentir y escuchar.

Al llegar al primer piso, la luz de la luna que se filtraba por los

ventanales iluminaba partículas de polvo que danzaban como

diminutas llamas. Cada sombra se alargaba hasta mezclarse con

la oscuridad de los rincones, haciendo imposible distinguir

dónde terminaba la realidad y dónde comenzaba el terror.

De repente, un susurro rozó su oído, suave y gélido:

—Clara…

Retrocedió un paso, su corazón latiendo con fuerza, y trató de

convencerse de que era su imaginación. Pero no lo era. La

sensación de ser observada, de que algo invisible estaba allí, era

demasiado intensa. Cada músculo de su cuerpo se tensó.

El golpe seco de algo cayendo desde el piso de arriba la hizo

saltar. La adrenalina recorrió su cuerpo y sus ojos buscaron el

origen del sonido. Nada visible se movía, pero sabía que no

estaba sola. El miedo se apoderó de ella, y aun así, una

curiosidad imposible de controlar la empujó a investigar.

Bajó con cuidado hacia el sótano, cada paso resonando como un

tambor que marcaba su descenso hacia lo desconocido. La

linterna iluminaba solo fragmentos del suelo, mostrando manchas de humedad, telarañas que colgaban como cortinas

negras y sombras que parecían vibrar con vida propia.

Al llegar al fondo, la temperatura descendió bruscamente.

Intentó encender la luz del sótano, pero los interruptores no

respondieron. La oscuridad era completa, solo interrumpida por

el haz de la linterna. Fue entonces cuando vio las primeras

marcas claras: palabras y símbolos grabados en la pared, como

si alguien hubiera arañado con sus uñas mensajes de

advertencia.

Se acercó con cuidado y leyó, con la respiración contenida:

“No vuelvas… ellos escuchan.”

El terror la dominó. La linterna temblaba en sus manos y el

corazón le latía con fuerza. Pero antes de que pudiera reaccionar,

otro golpe fuerte resonó desde las escaleras. Giró lentamente y

vio una sombra imposible de describir. No era humana, al menos

no del todo. Difusa, grande, como si la oscuridad misma hubiera

tomado forma.

—¿Quién…? —susurró, pero la voz se le cortó.

Un frío helado la envolvió y sintió la presencia detrás de ella,

respirando sobre su cuello. En un impulso, dio un paso atrás,

tropezando con un viejo baúl. Cayó al suelo, golpeándose el

hombro, pero no había tiempo para lamentarse: la sombra

avanzaba lentamente, como midiendo cada uno de sus

movimientos.

Con un grito ahogado, corrió hacia la escalera, subiendo con

rapidez mientras la sensación de ser perseguida la consumía. Al llegar al primer piso, apoyada contra la pared, intentó recuperar

el aliento. Pero un susurro nuevo la hizo temblar:

—Clara… vuelve…

Era una voz que no pertenecía a ningún humano. Melancólica,

desesperada, atrapante. Se tapó los oídos, pero el sonido

atravesaba su mente, golpeando directamente sus

pensamientos.

Sabía que no podía escapar. La casa había comenzado a

atraparla, a marcarla. Y mientras la noche avanzaba, entendió

algo que hasta entonces no había podido aceptar: la casa no era

solo un edificio. Estaba viva. Y ahora ella formaba parte de su

oscuro secreto.

Con cuidado, subió a su habitación y cerró la puerta, tratando de

poner distancia entre ella y la presencia invisible. Apoyada contra

la madera fría, las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas.

Sabía que no estaba sola, que algo la observaba, y que esa

primera noche no había sido más que un vistazo de lo que estaba

por venir.

La casa susurraba, y Clara había escuchado.