NO LOS SALVES A ELLOS

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Sinopsis

Mamá siempre había dicho que cuando alguien es feliz y sonríe, la sonrisa debe llegarle hasta los ojos, esas pequeñas arrugas que con el tiempo se convierten en las famosas patas de gallo es pura felicidad plasmada en la cara. Pero Leo no sonreía con los ojos, Leo sonreía hasta la nariz. Elenya lo amaba con todo su ser incluso más si eso fuera posible. Todo su ser tenía plasmado el nombre de Adrián, desde el dedo más pequeño del pie hasta el último cabello de su cabeza. Pero si hablamos de Adrián, la autora de este libro puede decirles con seguridad que Adrián no sabe amar, usar todo a su conveniencia es el mayor talento de este ser humano que tenía cautivada a Elen.

Genero:
Romance
Autor/a:
Laura
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

CAPITULI I EL INICIO DEL FIN

¿Está segura de que quieres romperlo? - Pregunto mientras sus manos aferraban una de las mías, justo al lado izquierdo de su pecho. Su ceño se arrugaba en esa mezcla de súplica y dolor que tan bien sabía fingir; sus ojos buscaban los míos, queriendo que yo sintiera lo que él decía sentir―. ¿Acaso no lo sientes, Elen? Esto... ―apretó más su agarre―. Él solo late por ti.

Liberó una de mis manos para tomar mi mentón y obligarme a mirarlo. Sus ojos transmitían dolor, o al menos lo que él intentaba que pareciera dolor.

―Solo vive para ti, Elen. Por favor, no lo hagas.

Su voz pronunciando mi nombre con tanta hipocresía disfrazada con un tono de victimismo. Si fuera actor de profesión, estoy segura de que sería uno de los mejores.

Escucharlo hablarme solo incrementaban más mis ganas de ponerle fin a todo.

Mi pecho subía y bajaba con una pesadez que casi dolía. Un escalofrío frío recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Desconocía esa sensación; tal vez era dolor, tal vez coraje... tal vez ambas cosas alcanzando su punto más alto.

Él, justo él, decía que su corazón solo latía por mí, mientras que mi mente no podía dejar de recordar las tantas veces que me hizo llorar. Recordaba cómo me hacía sentir inferior. Cómo me culpaba por querer su amor. Por no ser suficiente. Y lo único que podía pensar era:

Si de verdad era yo la villana, ¿por qué mis noches estaban hechas de lágrimas?

¿Por qué dejé que mis años se doblaran y quebraran solo para acercarme a la versión de mí que él aprobaba?

¿Por qué tuve que abandonar mi esencia para que él me amara... cuando siempre creí que el amor era un lugar donde podía ser yo misma?

-Esto es todo Adrián, no puedo seguir suplicando que me ames – mi voz salía tan firme que me asustaba, mis manos estaban temblando, tal vez también eran por causa de la lluvia y el viento.

-por favor, podemos arreglarlo, dime que quieres que haga, lo hare – sus ojos se movían desesperados buscando cualquier señal en mí.

Solté un suspiro.

-no importa que te pida, nunca lo haces – tome aire – no importa cuantas veces te lo pida, simplemente nunca lo harás por mí. - sentí como mi garganta se cerraba. Cerré por un par de segundos mis ojos y solté:

– ¿Sabes qué es lo peor de todo? Que ni siquiera sé si alguna vez lo intentaste, o si simplemente no te importaba

-vamos, Elen, voy a tratar, si eso implica que te quedes conmigo, lo prometo – trato de sonreír.

Lo miré con incredulidad. Cada vez que intentaba hablar con él, expresar cómo me sentía por su falta de iniciativa, por su falta de tiempo, me quedaba sin palabras.

No estoy diciendo que quisiera tenerlo las 24 horas del día, los 7 días de la semana, con toda su atención sobre mí. Soy consciente de que todos tenemos una vida fuera de la pareja.

Pero Adrián... me trataba más como a un conocido que como a su novia.

Siempre me repetía:

―“Trataré de llegar temprano.”

―“Trataré de llevarte a cenar.”

―“Trataré de salir más contigo.”

―“Trataré de comer contigo hoy o mañana.”

“Trataré, trataré, trataré...”

Hasta ese momento, no sabía que podía odiar tanto una frase.

Cada vez que escuchaba esas palabras, sentía que mi alma se apaga un poco más. Porque era siempre lo mismo. Un intento vacío.

Un intento que nunca llegaba a ser suficiente.

¿Cuánto más iba a esperar por un “trataré“?

¿Cuánto más tenía que tragarme esa promesa a medio cumplir, esa ilusión que se desvanecía antes de llegar?

―¡Exacto! Esa siempre es tu frase: “Voy a intentarlo”. ¿Qué significa para ti intentarlo? ¿Eh? ¿Hacer las cosas durante tres días seguidos y al cuarto volver a lo mismo? No, Adrián, estás equivocado. Estoy cansada de eso. ―

Solté el aire que había estado reteniendo, sintiendo cómo las palabras me quemaban. ―Merezco más que un intento. Merezco que alguien lo haga porque quiere, porque le nace... no porque yo tenga que estar pidiendo todo el tiempo que me elijan, que me cuiden, que me amen. Ya no voy a seguir esperando a que alguien decida darme lo mínimo.

Merezco lo que es real, lo que sale del alma, no lo que se hace porque alguien más lo pide.

Con mi mano libre traté de empujarlo y sacar mi otra mano de su agarre

-Suéltame, Adrián –

Movía mi brazo para poder soltarme, pero era imposible; él era más fuerte que yo.

Apretó aún más.

-No Elenya, no voy a dejar que hagas esto, ¿porque me lastimas así?

Detuve mi intento por soltarme de él, sentí como mi cuerpo entero se tensó, mi entrecejo se frunció más si es que eso fuera posible.

Lo sentí más como una burla, sus palabras se sentían como una burla.

Tome aire y explote:

- ¡¿Que no te lastime?! - solté una risa rota, incrédula. - ¿Tu – lo señale – tú me hablas de dolor a mí? ¡¿Acaso tienes idea de lo que se siente amar a alguien como tú? ¿tienes una mínima idea de lo que significa sufrir por amor, Adrián? ¿si quiera sabes lo que es el amor?

Sentí mil palabras acumulándose en mi garganta. Levanté mi dedo y toqué su pecho. No recuerdo cómo pasó, pero mi mano ya no estaba atrapada entre las suyas.

―¿De verdad crees que este corazón latió por mí alguna vez? ―mi pulso retumbaba en mis oídos; mis brazos hormigueaban.

Su rostro se deformo en confusión.

– ¿De qué hablas?, yo siempre te he amado – dio un paso hacia mi- cada una de tus palabras me duelen, Elenya, ¿acaso no piensas en cómo me estás haciendo sentir?

Solté una carcajada que son más a un grito frustrado.

―¿Y acaso alguna maldita vez te importó cómo me has hecho sentir tú a mí?

Mi corazón latía a mil, podía escuchar el constante “bum, bum, bum” golpeando en mis oídos.

―Siempre, siempre se trata de ti. Todo siempre gira a tu alrededor. Mientras ¡YO! ―me señalé―, yo ingenuamente esperé que algún día comenzara a tratarse de nosotros. Porque mientras tú me lastimabas, yo estaba dispuesta a detener el mundo por ti.

La frustración me recorría entera. Hormigueo y entumecimiento a la vez. Cada palabra me vaciaba más.

Un silencio se formó entre nosotros, lo único que podía escuchar era nuestras respiraciones, el ruido de los autos pasando fuera de la casa, la música de la fiesta de los vecinos.

Y por un momento irónicamente alguien celebraba mientras yo por fin era capaz de soltar todo lo que me ataba a él.

Pero juro que de tantas cosas que quería decirle no sabía por dónde seguir.

–Di algo, ¿O acaso tengo razón? –

Lo empuje levemente para hacer que reaccionara, quería que se defendiera, que dijera algo

- Siempre fue así, siempre se trató de ti y yo... yo era tu sombra. Tu sombra que se conformaba con las sobras que dejabas después de darle lo mejor de ti a los demás.

-Claro que todo trata de mí – soltó de repente - ¿Qué serias tu sin mí, Elenya?

El aire abandono mi pecho

- Dímelo... ¿Que serias sin mí? ¿A caso crees que alguien más te hubiera visto? ¡Por dios! Deberías agradecérmelo – Con uno de sus dedos golpeo mi cien derecha –. Entiéndelo, Elenya: siempre será así. Yo soy quien gana siempre y tu quien me ayuda a cargar los trofeos– Soltó una risita llena de burla.

Golpee su mano para que dejara de tocarme

– Ya no más. Ya no lo quiero más – Lloraba, pero por primera vez la lagrimas no me impedían hablar – tienes razón, ¿Quién sería yo sin ti?

Tomé aire, y le solté

Sería demasiado para ti, pequeño Adrián –

Tome mis llaves y me dirigí hacia la puerta, pero lo escuche dar pasos largos y se interpuso ante la puerta

– Quítate- Solté.

- ¿Qué? ¿Te iras y en dos días me pedirás volver como siempre? –

Tenía razón, no era la primera vez que intentaba dejarlo... pero nunca había estado segura de hacer algo como lo estoy ahora

– No voy a ir por ti. Tendrás que pedirle a alguien más que te traiga de regreso, así como te vas así regresaras – La frialdad en su voz... por primera vez las sentía como nunca antes, así había sido siempre y lo más irónico era que yo lo había permitido.

-no voy a volver - dije mientras lo miraba a los ojos y dejaba verle mi firmeza - nunca más lo hare –

Lo aparte de la puerta, escuche como soltó una carcajada y grito:

– Si Elen, siempre espero a que eso pase y siempre regresas –

Di un portazo.

Eso era todo lo que me quedaba de dignidad.