El Último Adiós

Sinopsis

Jennie es diseñadora de moda en París, construyendo su imperio. Lisa vive en Los Ángeles produciendo música. No se han hablado desde la última gira, cuando algo pasó entre ellas que nadie más sabe. La tensión no resuelta arruinó todo. Ahora, Rosé se casa en Nueva Zelanda y las obliga a compartir habitación durante la semana de la boda. Siete días encerradas con todos los "¿y si...?" que dejaron atrás. Las conversaciones incómodas en la cocina a las 3am, el roce accidental que ya no es accidental, los recuerdos de lo que tuvieron en secreto durante años. Lisa finalmente confronta a Jennie -¿Por qué huiste? Jennie debe decidir si vuelve a París o si finalmente se queda y lucha por lo que siempre quiso.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo: El Último Show

Punto de vista de Jennie

Seúl, Mayo 2025

Hay momentos en la vida que sabes, incluso mientras los estás viviendo, que van a dividir tu existencia en un antes y un después. Momentos que se graban en tu piel como cicatrices invisibles, que te despiertan a las tres de la mañana dos años después con el corazón acelerado y las manos sudando.

Para mí, ese momento fue el 15 de mayo de 2025.

La última noche de la gira Born Pink: The Final Chapter.

Recuerdo cada detalle con una claridad que duele. El rugido de sesenta mil personas en el Estadio Olímpico de Seúl. Las luces rosadas bañando el escenario. El sabor metálico del micrófono contra mis labios cuando canté la última línea de “The Girls”. El peso de la mirada de Lisa sobre mí durante todo el concierto, tan tangible como una mano en mi espalda.

Sabía que esa noche tendríamos la conversación.

La que habíamos estado evitando durante seis meses. La que se escondía detrás de cada “buenos días” forzado, cada silencio incómodo en el camerino, cada vez que nuestras manos se rozaban accidentalmente y saltábamos como si nos hubiéramos quemado.

Después del último encore, después de las lágrimas en el escenario, después de prometer a nuestros fans que “esto no es un adiós, solo un hasta luego” (mentira), regresamos al backstage. La energía era extraña—eufórica y melancólica al mismo tiempo. Jisoo abrazaba a nuestro manager, Rosé firmaba setlists para el staff, y Lisa... Lisa se quitó el in-ear y salió directo hacia mi camerino sin mirar a nadie.

Mi estómago se retorció.

Pasé los siguientes veinte minutos evitándola. Me quité el maquillaje con movimientos robóticos, respondí mensajes que no leí realmente, acepté fotos con el equipo técnico. Todo para no estar a solas con ella. Porque sabía—sabía—que cuando estuviéramos juntas, todo lo que habíamos construido, todo lo que habíamos protegido durante ocho años, se iba a derrumbar.

Fue Jisoo quien finalmente me encontró en el pasillo, escondida entre las cajas de utilería.

—Jen—dijo suavemente—. Lisa está preguntando por ti.

—Dile que estoy ocupada.

—Jennie.

El tono de Jisoo no admitía discusión. Me conocía demasiado bien. Las cuatro nos conocíamos demasiado bien, para bien o para mal.

—¿No podemos simplemente... dejarlo ir?—susurré, odiando cómo mi voz se quebraba—. ¿Fingir que Bangkok nunca pasó?

Bangkok. Febrero. La habitación de hotel que compartimos cuando el aire acondicionado de la mía se rompió. El vino de arroz que trajimos de un mercado nocturno. La forma en que Lisa me miró cuando le confesé que tenía miedo de lo que vendría después de la gira. La manera en que su mano encontró la mía. El beso que no debió pasar pero que cambió todo.

Los siguientes tres meses fueron un infierno precioso de miradas robadas, mensajes borrados, madrugadas susurradas en habitaciones de hotel, y el terror constante de que alguien descubriera que Jennie Kim y Lalisa Manobal eran algo más que compañeras de grupo.

Hasta que yo lo arruiné todo.

Hasta que me asusté y retrocedí y le dije cosas que no sentía solo porque tenía miedo de sentir demasiado.

—Sabes que no pueden evitarse para siempre—dijo Jisoo, pasando su brazo alrededor de mis hombros—. Y menos hoy. Tienen que cerrar esto bien, Jennie. Las dos se lo merecen.

Tenía razón. Por supuesto que tenía razón.

Así que respiré profundo, me recompuse, y caminé hacia el salón VIP donde estábamos celebrando con el equipo y algunos invitados cercanos.

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La encontré en la terraza, recargada contra la barandilla, mirando las luces de Seúl. Llevaba esa chaqueta de cuero negra que yo amaba en secreto, jeans rotos, y el cabello suelto cayendo sobre sus hombros. Se veía tan hermosa que me dolió el pecho.

—Lisa—dije.

Se giró. Sus ojos—esos ojos que podían encender un escenario o destruirme con una sola mirada—me estudiaron.

—Pensé que ibas a esconderte toda la noche.

—No me estoy escondiendo.

—Mentirosa.

El silencio se estiró entre nosotras como un alambre de púas.

—¿Entonces esto es todo?—preguntó finalmente—. ¿Así es como termina? ¿Sin una conversación real?

—Lisa, por favor...

—No.—Su voz se quebró—. No, Jennie. Ya tuviste tres meses para “por favor, Lisa” y “necesito espacio, Lisa”. Esta es la última noche. Mañana tú vuelas a París y yo a Los Ángeles y probablemente no nos volvamos a ver en meses, quizás años. Así que no. No te voy a dejar escapar otra vez.

—No es tan simple—dije, sintiendo cómo las lágrimas me quemaban los ojos.

—¿Por qué no? ¿Por qué no puede ser simple?

—¡Porque tengo miedo!—grité, y no me importó quién pudiera escuchar—. Tengo miedo, ¿okay? Tengo miedo de lo que siento por ti. Tengo miedo de arruinar todo lo que construimos. Tengo miedo de...

—¿De qué, Jennie? ¿De ser feliz?

—De perderte.—Las lágrimas finalmente cayeron—. Si intentamos esto y no funciona, te pierdo para siempre. Y no puedo... No puedo vivir en un mundo donde no estés en mi vida de alguna forma.

Lisa cerró la distancia entre nosotras. Su mano rozó mi mejilla, limpiando las lágrimas con su pulgar.

—Pero ¿no ves que ya me estás perdiendo?—susurró—. Me estás perdiendo ahora mismo por no intentar.

Y ahí estaba. La verdad que me había estado negando durante meses. La razón por la que no podía dormir, por la que cada canción sonaba triste, por la que París ya no se sentía como un sueño cumplido sino como una huida.

Porque estaba dejando ir lo mejor que me había pasado nunca por puro miedo.

Pero antes de que pudiera responder, antes de que pudiera ser valiente por una vez en mi vida, la puerta de la terraza se abrió de golpe.

—¡Ahí están!—Rosé entró corriendo, seguida por Jisoo—. Las hemos estado buscando. Hay una situación con...

Se detuvo al ver nuestras caras. La tensión era tan densa que podría cortarse con un cuchillo.

—Oh—dijo Rosé—. ¿Interrumpimos algo?

—Nada—respondí automáticamente, alejándome de Lisa—. No hay nada que interrumpir.

Vi el dolor cruzar el rostro de Lisa. Vi cómo sus ojos se endurecieron, cómo su mandíbula se tensó.

—¿En serio, Jennie?—Su voz era hielo—. ¿“Nada”?

—Lisa...

—No. Ya escuché suficiente.—Se giró hacia Rosé y Jisoo—. ¿Qué necesitan?

—Es que... el equipo de producción quiere hacer una última foto grupal—explicó Jisoo incómoda, mirando entre Lisa y yo—. Pero si necesitan más tiempo...

—No necesitamos nada—dijo Lisa cortante—. Vamos.

Se dirigió hacia la puerta, pero yo la detuve por el brazo.

—No puedes simplemente irte así.

—¿Observa cómo puedo?—Se soltó de mi agarre—. Tú eres experta en huir, Jennie. Pensé que apreciarías cuando alguien más lo hace.

—¡Eso no es justo!

—¿Justo?—Se rió, pero no había humor en el sonido—. ¿Quieres hablar de lo que es justo? ¿Es justo que me hayas hecho creer que sentías lo mismo que yo? ¿Es justo que me hayas besado en Bangkok como si fuera lo único que importaba y luego me trataste como una extraña durante meses? ¿Es justo que ahora...

—¡Lisa, ya!—Jisoo intervino, poniéndose entre nosotras—. Las dos están alteradas. Quizás deberían...

—No, Jisoo, déjala hablar—la interrumpí, sintiendo cómo mi propia rabia comenzaba a hervir—. Claramente tiene mucho que decir.

—¿Quieres que hable?—Lisa dio un paso hacia mí, sus ojos brillando peligrosamente—. Bien. Estoy harta. Harta de tus excusas, de tu cobardía, de la forma en que siempre eliges el camino fácil. ¿Sabes cuál es tu problema, Jennie? Que prefieres estar sola y miserable que arriesgarte a ser feliz.

—¡Y tú prefieres vivir en una fantasía que enfrentar la realidad!—contraataqué—. ¿Crees que es fácil para mí? ¿Crees que no quiero esto tanto como tú? Pero yo soy la que tiene que pensar en las consecuencias. Yo soy la que tiene que ser realista.

—Realista. Qué conveniente palabra para “cobarde”.

—¡No soy cobarde!

—¡Entonces demuéstralo!—gritó Lisa, y su voz se quebró—. Demuéstrame que valgo el riesgo. Demuéstrame que lo que sentiste en Bangkok fue real. Porque desde aquí se ve que solo fui una distracción. Algo con lo que experimentar antes de irte a París a vivir tu vida perfecta.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

Rosé tenía las manos sobre su boca. Jisoo nos miraba con los ojos muy abiertos. Y yo... yo no podía respirar.

—¿Eso es lo que piensas?—susurré—. ¿Que fuiste una distracción?

Lisa me miró, y por primera vez en la noche, vi más allá de la rabia. Vi el dolor. El miedo. La vulnerabilidad que normalmente escondía bajo esa fachada de confianza.

—No sé qué pensar, Jennie. Tú nunca me dejaste saber qué era yo para ti.

Ahí estaba mi oportunidad. Mi momento para ser valiente. Para decirle que ella era todo. Que en Bangkok no me asusté de lo que sentí sino de cuánto lo sentí. Que París era un sueño pero ella era mi hogar.

Abrí la boca.

—Eras...—empecé.

Pero las palabras se atascaron en mi garganta. El miedo las ahogó antes de que pudieran salir. Y en ese segundo de silencio, vi cómo algo en Lisa se rompía definitivamente.

—Olvídalo—dijo, su voz vacía ahora—. Ya tengo mi respuesta.

—Lisa, espera—Rosé trató de detenerla—. No te vayas así. Ustedes dos necesitan...

—¿Necesitamos qué, Rosé?—Lisa se giró, y había lágrimas en sus ojos ahora—. ¿Hablar más? ¿Para qué? Jennie ya dejó claro que esto—señaló entre nosotras—no significa nada para ella.

—Eso no es verdad—logré decir, pero mi voz sonaba débil incluso para mí.

—¿No?—Lisa se secó las lágrimas con rabia—. Entonces mírame a los ojos y dime que valió algo. Dime que Bangkok significó algo. Dime que estos tres meses no fueron solo en mi cabeza.

Me miró directamente. Esperando. Suplicando silenciosamente que fuera valiente por una vez.

Pero yo no pude. El miedo me paralizó. Y mi silencio fue más ruidoso que cualquier palabra.

—Eso pensé—dijo Lisa, su voz quebrándose completamente ahora—. Adiós, Jennie.

—Lisa...—Jisoo intentó alcanzarla.

Pero Lisa ya estaba caminando hacia la puerta. Se detuvo en el umbral sin girarse.

—Y para que sepas—dijo, su voz apenas un susurro pero cada palabra clavándose en mi pecho como un cuchillo—. Lo que siento por ti... lo que sentí desde aquella noche en Bangkok, probablemente desde mucho antes si soy honesta... Eso era real. Completamente real. Y siempre lo será. Pero ya no puedo seguir amando a alguien que no se deja amar de vuelta.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Amar.

Lisa me amaba.

Y yo acababa de dejarla ir.

—¡Lisa!—grité, finalmente encontrando mi voz. Corrí hacia la puerta, pero Rosé me detuvo.

—Déjala ir, Jen—dijo suavemente—. Ahora solo harás que duela más.

—Pero... pero yo...

—Lo sé—Jisoo estaba a mi otro lado ahora, sus propias lágrimas cayendo—. Creemos que lo sabemos. Pero Lisa tiene razón. No puedes amarla a medias. O estás dentro o estás fuera.

—Tengo miedo—admití, colapsando contra Rosé—. Tengo tanto miedo.

—Lo sabemos—murmuró Rosé, abrazándome mientras yo finalmente me derrumbaba—. Pero el miedo no es excusa para romper el corazón de alguien que te ama.

Esa noche terminó en pedazos. No hubo foto grupal. No hubo celebración final. Jisoo y Rosé me llevaron a mi habitación del hotel, me sostuvieron mientras lloraba hasta quedarme sin lágrimas, y no dijeron “te lo dijimos” aunque tenían todo el derecho.

_______________✈️💍🩵_______________

Lisa tomó el primer vuelo a Los Ángeles a la mañana siguiente. No respondió mis mensajes. No contestó mis llamadas. Y honestamente, no la culpaba.

Yo volé a París tres días después.

Y durante dos años, mantuvimos nuestra distancia. Dos años de silencio. Dos años de preguntar a Rosé y Jisoo por la otra sin preguntar directamente. Dos años de ver sus fotos en Instagram y sentir cómo mi corazón se rompía un poco más cada vez.

Dos años de vivir con el ¿y si...?

Hasta ahora.

Hasta que Rosé llamó hace una semana diciendo: “Me caso con Jisoo en Nueva Zelanda en dos meses. Y antes de que digas nada, Lisa ya dijo que sí. Así que tú también vas a estar ahí, y van a resolver esta mierda porque las quiero a ambas en mi boda y me niego a pasar el día más feliz de mi vida preocupándome de que ustedes dos se estén matando con la mirada.”

Y luego, como si eso no fuera suficiente: “Ah, y reservé solo una cabaña para las damas de honor. Tendrás que compartir habitación con Lisa durante la semana. Ya está pagado, no reembolsable. Nos vemos en Nueva Zelanda. ¡Te amo!”

Y colgó.

Clásico Rosé.

Así que aquí estoy, en un avión rumbo a Auckland, con una maleta llena de ropa que no me queda porque he perdido peso del estrés, un discurso de dama de honor sin terminar, y el conocimiento aterrador de que en menos de veinticuatro horas voy a estar frente a frente con la mujer que dejé ir hace dos años.

La mujer que me preguntó si valía el riesgo.

La mujer que me dijo que me amaba.

La mujer cuyo corazón rompí porque era demasiado cobarde para admitir que yo también la amaba.

El piloto anuncia que comenzamos el descenso. Miro por la ventana hacia las nubes, hacia ese espacio entre el cielo y la tierra donde todo parece posible, y me pregunto si en siete días voy a tener el valor que no tuve aquella noche en Seúl.

Si esta vez, cuando Lisa me mire con esos ojos que lo ven todo, voy a ser lo suficientemente valiente para quedarme.

Porque Rosé tenía razón en esa terraza hace dos años.

Ya perdí a Lisa una vez por no intentarlo.

No puedo—no voy a—hacerlo de nuevo.

Esta vez, voy a luchar.

Aunque me aterrorice.

Aunque no sepa cómo.

Esta vez me voy a quedar y voy a pelear por lo que siempre quise.

Por ella.

Por nosotras.

Por el “nosotras” que pudo haber sido y que, con suerte, todavía podría ser.

Si no es demasiado tarde.

Si ella todavía me deja entrar.

Si todavía hay algo que salvar entre los escombros de lo que rompí aquella noche.

Por favor, pienso mientras el avión toca tierra, por favor que no sea demasiado tarde