CUIDADO CON LAS SOMBRAS

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

"Oh querido lector o lectora, tal vez no conozcas quien soy, o tal vez si. Depende de que tan limpia este tu mente, o que tan perversa lo sea. -A ver, a ver.-digo con voz firme.-¿Quieren jugar un juego conmigo?..." Este es el comienzo, pero ¿como termina? Tal vez, con mucha sangre, o con un poco de sumisión ante la muerte. O simplemente ser ella. La muerte.

Genero:
Action
Autor/a:
Roselyn
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

"CUIDADO CON LAS SOMBRAS"

Oh querido lector o lectora, tal vez no conozcas quien soy, o tal vez si. Depende de que tan limpia este tu mente, o que tan perversa lo sea.

—A ver, a ver.—digo con voz firme.—¿Quieren jugar un juego conmigo?

Están asustados, lo puedo sentir, lo puedo respirar. Me oyen, me sienten, pueden hasta respirar mi aliento, pero no pueden verme. En la penumbra del salón, la discoteca perfecta para el crimen. Alejada de la población, en medio de la montaña, un lugar perfecto para despejar la mente. O para mí cometido: Jugar un juego perverso.

No me costó manipular el cableado de la corriente, para cortar la luz. Solo se ven en algunas partes, las luces de emergencia encendidas, ayudando a qué el ambiente sea más aterrador y claustrafóbico.

Me muevo entre las sombras, asegurándome que todo esté en orden. Que las puertas se mantengan correctamente cerradas, y que no haya ninguna salida.

Camino sigilosamente hasta donde una chica, de cabello rubio y ondulado, que trata de ocultarse en la sombra que hay entre las cortinas y la pared. Está de espaldas. Cuando estoy lo suficientemente cerca de ella le susurro al oído.

—¿Y tu?—da un pequeño brinco.—¿Vas a jugar?

—Yo no...—dice en un murmuró, y respira profundamente—quiero irme a mi casa—oigo que susurra en un sollozo.—¡Por favor!

Suelto una carcajada. Le agarro de la mandíbula con la mano izquierda, y hago que me mire directo a los ojos, mientras tiembla.

—No linda. Esa, no es una opción.

Y mientras ella me mira aterrorizada, meto mi mano derecha en mi chaqueta y saco una navaja. La acerco a su cuello:

—Mira, por ser la primera en morir—suelta un chillido de miedo—Oh cállate, por favor—presiono la navaja haciendo que sangre un poco—¿En qué íbamos? A si, por ser la primera, no vas a sufrir. Así que...

Muevo la navaja, y presionó. En ese momento veo y siento, su sangre manchar mis dedos, justo antes de caer desplomada, en el suelo. Suelto un suspiro de satisfacción. Me gusta, corrección, me facina está sensación, me facina ser este ser perverso y oscuro. Alguien a quien todos estás personas temen en este momento.

—¿Alguien más no quiere participar y desea irse a su casa?

Alguien tímidamente, alzó la voz para hacerse escuchar, claro intentanto forzar una sonrisa.

—¿Que tal, si nos dices las reglas y de que trata?

—Claro.

Una sonrisa aparece pintada en mis labios.

—El juego de llama: Pisando el aire. Consiste en lo siguiente: Harán todos un solo círculo. Uno por uno, dirá una palabra o acción, que me represente. Si fallan, es simple, el precio es la muerte. Y por supuesto, yo utilizaré mi creatividad. ¿Queda claro?

—Si—responden varios al unisono.

—¡Perfecto!

Rápidamente se empiezan a acomodar, formando un círculo.

Solo quedan veinte personas del total que era, ochenta y nueve. Lastima, se pierden el juego, porque sesenta y nueve se portaron mal, y tuve que castigarlas, y mis hombres ya se hicieron cargo de sus cadáveres. Para mí gran suerte, la discoteca está construida en lo alto, y tiene un barranco cerca, y en lo bajo; un río. Es perfecto.

Señalo a uno de los del círculo.

—Tu serás el primero, luego seguira el de tu derecha y así sucesivamente. ¿Entendiste?

El chico asiente, y se apresura a decir algo.

—Sombras.

No puedo ocultar mi sonrisa, aunque solo unos podrán ver mi silueta.

—Exacto, ninguno a visto mi rostro en la luz.

El siguiente habla.

—Dolor.

—Es satisfactorio—me está gustando más de lo que crei el juego.—Siguiente.

—Odio.

Oh sí. La primera en equivocarse. Y con paso firme, me acerco a ella.

—¿No deseas cambiar lo que has dicho?

—Pero...

—No. No lo hago por odio, si no porque esto me facina, el odio es una excusa y yo, yo no busco excusas.—Suelto un suspiro, fingiendo nostalgia.—Si quiero, hago lo que me dé la puta gana.

Le hago un gesto a uno de mis hombres. Ellos ya me han visto el rostro, pero solo uno tiene oportunidad de salir vivo de aquí.

—Aqui tiene.

Me entrega una jeringa, una pistola y un pequeño tarro con cloro y ácido adentro.

—Escoje, tienes tres opciones para morir.

Sus ojos están llorosos, tiembla. Si alguno trata de ocultar su miedo, igualmente lo voy a saber.

—La je-jeringa.

Si piensa que ésto va a ser rápido y sin dolor se equivoca. Le devuelvo los otros dos objetos, al chico que me los trajo.

No puedo evitar enarcar una ceja, con mi cara de burla. Creo que la mejor opción para ella, hubiese sido escojer el tarro.

Suelto una risa, en forma de resoplido.

Alzó la mano y les hago un gesto para que vengan.

Dos de mis hombres se acercan, y la sostienen, que quede ella dándome la espalda.

—Como quieras.

Paso mis dedos por su espalda, especialmente por su columna. Lleno de aire la jeringa, y la inserto en su piel, en su columna. Y expulsó dentro el aire. La retiro, hago lo mismo pero está vez, expulsó el aire en una de las arterias de su cuello. Cuando retiro la aguja, veo como se agarra del cuello, mis hombres la sultán. Ella cae de rodillas, mientras se retuerce del dolor. Una dosis de aire en tus venas, y casi seguro, será tu fin.

—Yo no odio. Simplemente este es mi pasatiempo favorito.

Señalo a la que estaba después de ella en el círculo.

—Sigues tú.

Ella asiente mientras piensa. Eso es lo único que les voy a permitir, pensar bien lo que van a decir. Cuando está segura de lo que va a decir, se hace escuchar.

—Un infierno—apreta los labios, mientras hace una pausa—Un infierno en vida.

—Exacto—le respondo mientras asiento—Y el fuego ya está ardiendo.

Miro al que sigue. Este se apresura a hablar.

—De-demencia.—se traba al hablar—Solo una persona así, es capaz de hacer esto.

—Tal vez me ofenderia por lo que dices.—no puedo evitar reír.—pero es la realidad, y me gusta, que lo sepas.—Vuelvo la mirada al chico que sigue—Te escucho.

—Muerte.

—¡Oh si! Esto no tendría sentido sin ella.

El que sigue se apresura a hablar.

—¡Por favor, a mi mátame de una vez!

Me sorprende, no lo niego.

Saco mi navaja, y se la tiro a uno de mis hombres.

—Hazlo tu.

No dice nada, simplemente se limita a hacer lo que le ordene.

—¿Alguien más desea morir?

Catorce de los que quedaban, inmediatamente se mostraron con ganas, no quieren sufrir más.

Llamo a mis hombres y les ordeno:

—Encarguense de ellos. ¡Ya saben cómo!

Ellos los guian hacia afuera, mientras les hago una seña a los que quedan, para que se mantengan en silencio. Ellos obedecen.

Minutos después, se escuchan los gritos desgarradores, provocados por el dolor, la angustia. Suena un disparo, alguno de ellos a de haber intentado huir. Pero es imposible que escapen de nosotros Los asesinos de la luna.

—No veo el miedo en ustedes.—y eso me interesa, más bien les daría una oportunidad, de ser parte de nosotros.— Presentense, por favor.

La chica que dijo que esto era un infierno en vida, es la primera que se presenta.

—Yo soy Lucia.

El que dijo, que era como sombras es el siguiente.

—Adrian.

Luego habla el chico que dijo muerte.

—Lukas.

Y por último, el que señalo el dolor.

—Mike.

Aunque todos me vieron el rostro, en ningún momento me vieron sin la capucha de mi chaqueta. Así que me la quito, para presentarme.

—Mi nombre es Orión, y soy el líder de Los asesinos de la luna.

—Un gusto, Orión.

—¿Porque no tenéis miedo como los demás, ni quisieron morir?

—Tal vez porque realmente esto es lo que reprimimos.—contesta Lucia—Solo por ser como el mundo, nos ha moldeado.

—Porque lo prohibido, es lo que más atrae.

Me sorprende, son unos chicos de... ¿Menos de veinte años?

—Interesante lo que ustedes piensan Lukas y... Lucia.—desvio la mirada hacia los otros dos—¿Ustedes piensan lo mismo?

Ambos asienten.

—Les tengo una propuesta.—me miran atentamente—¿Quieren ser parte de nosotros? Sin reglas, más que el respeto entre nosotros, y la no traición. Además de mantener el secreto.

No pueden ocultar el brillo en sus ojos. Yo sentí lo mismo cuando mi abuelo, me mostró su gran secreto.

Todos asienten a la vez, emocionados.

—Vayan a sus casas. Que esto es el comienzo.

Simplemente dicen un hasta luego.

Se van, felices.

Porque al final, las sombras siempre estarán, dónde más abundante es la luz